REVISTA DE DIVULGACIÓN CIENTÍFICA Y TECNOLÓGICA DE LA UNIVERSIDAD VERACRUZANA
Septiembre•Diciembre
de 2012
Volumen XXV
Número 3
Editorial
Arte y estética en el proceso de creación científica
La cajita feliz (o ¿infeliz?)
Lombricompostador para zonas urbanas
El bosque: elemento fundamental del agu
Cambio climático y ganadería bovina tropical
La interacción entre las plantas y los hervíboros
Xocolatl: antes alimento de los dioses, y ahora...
El huanglongbing: la tristeza de los cítricos
La fibra de la naranja y la salud
La leptospirosis: qué la causa y cómo afecta
¿Es el alzheimer un tipo de diabetes?
¿Cómo superan los fármacos la membrana celular?
Los efectos de la luz ultravioleta
Neurobiología y mutaciones genéticas xalapeñas
Lorenzo Ochoa: un estudioso de la Huasteca
DISTINTAS Y DISTANTES, MUJERES EN LA CIENCIA
Marie Meurdrac: un tratado de química para mujeres
CURIOSIDADES CIENTÍFICAS
De la magia y la hechicería a la herbolaria
NUESTROS COLABORADORES EN ESTE NÚMERO
Contenido
 

Lombricompostador para zonas urbanas

Roxana López Zavaleta
y Jorge Miguel Uscanga Villalba

La concentración de basura en la periferia de las ciudades constituye una de las imágenes que más identifican nuestra sociedad de consumo. La generación de residuos ha aumentado considerablemente en las últimas décadas y es previsible que continúe creciendo. Este problema se encuentra fuertemente relacionado con el modelo productivo actual y representa, hoy en día, una de las principales formas de deterioro del medio ambiente. Asimismo, una inadecuada gestión de los residuos supone; por un lado, un derroche de energía y recursos insostenibles; por el otro, una fuente de problemas ambientales entre los que se encuentran la contaminación de las aguas subterráneas, la emisión de gases perjudiciales, humos y malos olores, el impacto sobre el paisaje, y el incremento del riesgo de incendios forestales.

Aunque la aplicación de residuos orgánicos, lodos de aguas negras, residuos agrícolas e industriales a la tierra puede beneficiar la calidad del suelo debido a la incorporación de elementos nutritivos y materia orgánica, dichos residuos pueden contener metales pesados, compuestos orgánicos y organismos patógenos que son nocivos para la calidad del suelo y persistir durante largo tiempo.

Los desechos sólidos orgánicos son una parte importante de los desechos sólidos municipales. La mayoría se originan, principalmente, en los hogares y comercios, y de forma secundaria en instituciones y centros industriales. Los desechos orgánicos son biodegradables y pueden ser procesados en presencia de oxígeno para su compostaje, o en la ausencia de este mediante la digestión anaeróbica. Ambos métodos producen un efecto acondicionador de suelos, una especie de abono o fertilizante que, si se prepara correctamente, puede también ser utilizado como una valiosa fuente de nutrientes en la agricultura urbana. La digestión anaerobia también produce gas metano y, por tanto, supone una importante fuente de bioenergía.

Una alternativa para aprovechar todos los residuos orgánicos es producir abonos orgánicos mediante los llamados composteo y lombricomposteo. Una composta es el producto que se obtiene del compostaje y constituye un “grado medio” de descomposición de la materia orgánica, que ya es en sí un buen abono. Se denomina humus al grado superior de descomposición de esa materia. El humus supera al compost como abono, siendo ambos orgánicos.

La lombricomposta, por su parte, es la descomposición controlada de materia orgánica utilizando lombrices de tierra, que se alimentan del terreno que excavan; según avanzan en este, depositan sus desechos en el terreno, convirtiéndolo en uno extremadamente fértil, mucho mejor que el que podría lograrse usando abonos artificiales. Los excrementos de la lombriz contienen cinco veces más nitrógeno, siete veces más fósforo, cinco veces más potasio y dos veces más calcio que el material orgánico que ingirieron. Por estas razones, la lombricomposta ofrece una excelente alternativa para la conservación del terreno, pues le saca provecho a la mayoría de los desperdicios orgánicos que son generados en una finca. Además, esta práctica ayuda a reducir el empleo de abonos y fertilizantes químicos que contaminan nuestros cuerpos de agua. Existen muchas variedades de lombrices, pero la más común para el lombricomposteo es la llamada “californiana” porque se reproduce rápidamente.

Para conocer más de cerca la utilidad, véase el siguiente trabajo en que se utilizó un prototipo de lombricompostador que se ubicó dentro de una vivienda en la población de Banderilla, Ver. Dicho prototipo está compuesto por dos contenedores: uno externo, de plástico reforzado, de 90 por 50 centímetros, y otro contenedor interno, fabricado con una tela de alambre tipo criba con abertura de 4 milímetros, sujeta a un tubo de fibra de vidrio y un eje central de fierro, el cual permite su rotación cada cierto tiempo, y cuyas medidas son de 70 por 25 centímetros.

En su interior se colocaron dos sensores cuya finalidad es medir la temperatura y humedad dentro del lombricompostador. En la parte baja del contenedor externo hay dos llaves que permiten la extracción del líquido que se ha filtrado a través de los residuos sólidos u otros medios, también llamado lixiviado, generado por la degradación de alimentos y por las excretas de las lombrices, el cual se deposita en botellas para su conservación y posterior utilización.


Figura 1. Lombricompostador


Figura 2. Pantalla LCD para visualización de datos.

Para prepararlo, se colocó en el contenedor interno una capa de tierra de un kilo, se añadieron dos de lombrices y des-pués se introdujeron dos kilos de desechos orgánicos sólidos triturados, todo lo cual se cubrió con otro kilo de tierra; después se cerraron ambos contenedores y se procedió al encendido del sistema automatizado, que cuenta con una especie de reloj para que cada ocho días el contenedor interno haga una rotación completa. Este proceso se lleva a cabo con la finalidad de remover tanto la tierra como los desechos, y así permitir a las lombrices que tengan un mejor aprovechamiento del alimento dispuesto. A través de sensores de temperatura y humedad dentro del lombricompostador, se llevó un mejor control del proceso de degradación de los desechos por las lombrices. Los datos de estos parámetros se pueden observar diariamente por medio de una pantalla LCD, además de que se les guarda en una com-putadora central para su posterior revisión.

Después de tres meses, dentro del contenedor externo se encuentra depositada lombricomposta, lista para su almacenaje y posterior utilización dentro de jardines o huertas, o bien para su venta. La ventana central del contenedor externo se abre para sacar el humus y colocarlo en contenedores de plástico debidamente etiquetados. Parte de ese humus se regresa al contenedor interno para que siga fungiendo como sustrato de los desechos sólidos y las lombrices. La cantidad que se deposita es aproximadamente de dos kilos, y en esta etapa el proceso se vuelve a repetir.

Después de tres meses a partir de la fecha de inicio se obtuvieron seis kilos de lombricomposta, cuya coloración era café oscuro, con olor semejante a la tierra húmeda, sin que se detectaran plagas, moho u otros agentes externos; la textura era de buena calidad para su venta o utilización en casa.

Aunado esto se obtuvo un total de 3,600 mililitros de lixiviado de lombricomposta, los cuales sirven como biofertilizante sólido para las plantas o los cultivos de traspatio.

Este lombricompostador presentado como un prototipo para su instalación y utilización dentro de las casas urbanas es una opción viable para aprovechar los desechos sólidos orgánicos que se generan en las viviendas y que tienen como destino final los tiraderos municipales, lo que propicia enfermedades debidas a la degradación de la materia orgánica. Con este tipo de prototipos se fomenta además la separación correcta de esos desechos y la sustentabilidad por los recursos obtenidos.

De igual forma, se puede considerar como un sistema de aprovechamiento dirigido a dos metas: el aprovechamiento interno (jardín, huertas de traspatio) y el aprovechamiento externo (venta de humus de calidad y lixiviado como biofertilizantes). Con ello, se fomenta la utilización de productos orgánicos amigables para el medio ambiente.