REVISTA DE DIVULGACIÓN CIENTÍFICA Y TECNOLÓGICA DE LA UNIVERSIDAD VERACRUZANA
Septiembre•Diciembre
de 2012
Volumen XXV
Número 3
Editorial
Arte y estética en el proceso de creación científica
La cajita feliz (o ¿infeliz?)
Lombricompostador para zonas urbanas
El bosque: elemento fundamental del agu
Cambio climático y ganadería bovina tropical
La interacción entre las plantas y los hervíboros
Xocolatl: antes alimento de los dioses, y ahora...
El huanglongbing: la tristeza de los cítricos
La fibra de la naranja y la salud
La leptospirosis: qué la causa y cómo afecta
¿Es el alzheimer un tipo de diabetes?
¿Cómo superan los fármacos la membrana celular?
Los efectos de la luz ultravioleta
Neurobiología y mutaciones genéticas xalapeñas
Lorenzo Ochoa: un estudioso de la Huasteca
DISTINTAS Y DISTANTES, MUJERES EN LA CIENCIA
Marie Meurdrac: un tratado de química para mujeres
CURIOSIDADES CIENTÍFICAS
De la magia y la hechicería a la herbolaria
NUESTROS COLABORADORES EN ESTE NÚMERO
Contenido
 

La fibra de la naranja y la salud

Román Jiménez Vera, Nicolás González Cortés,
Arturo Magaña Contreras y Alma Corona Cruz

Mejorar la salud a través de la alimentación es una de las principales actividades en las que se ha enfocado la investigación actual, por lo que la búsqueda de sustancias que puedan estimular la flora intestinal del ser humano ha adquirido gran importancia. Se ha encontrado que la fibra, al ser ingerida como alimento, es fermentada por las bacterias presentes en el intestino grueso y produce sustancias que ayudan a prevenir el cáncer, entre otras enfermedades. En la actualidad, sin embargo, el bajo consumo de vegetales y de fibra ocasiona que los alimentos que escapan a la digestión y que llegan al intestino grueso sean muy pobres, lo que ocasiona que disminuyan las bacterias benéficas que habitan ahí. Tal desequilibrio de la flora intestinal propicia la invasión y crecimiento de microorganismos dañinos que causan diversos problemas intestinales, como úlceras, estreñimiento o cáncer.

Fibra dietética

Se conoce como fibra dietética a la parte de los vegetales y frutas que se consumen pero que no se digieren ni absorben en el intestino delgado humano. Al provenir de diferentes vegetales, las sustancias que forman la fibra son muy distintas; aun así, se clasifican, de manera general, en solubles e insolubles. Las solubles se llaman así ya que se disuelven en el agua y son viscosas, como la pectina y las gomas provenientes de la cáscara de naranja, mientras que las insolubles no lo hacen y son más duras, como la cáscara de trigo o el bagazo de la caña de azúcar.

Se recomienda que el consumo diario de fibra sea alrededor de 20 a 35 gramos, a pesar de lo cual, en las dietas más usuales de Estados Unidos y América Latina, el consumo de fibra se encuentra muy por debajo de la cantidad recomendada por la Asociación Americana de Dietética. Esta cantidad se puede alcanzar mediante el consumo de alimentos naturales que aportan una gran variedad de fibras, minerales y vitaminas, aunque también existen en el mercado alimentos procesados con alto contenido de fibra que pueden complementar el consumo adecuado.

El consumo regular de fibra dietética tiene diversos efectos benéficos en el organismo: es laxante y disminuye la concentración de colesterol y glucosa en la sangre; también tiene influencia en el peso corporal, en el riesgo de sufrir diabetes tipo II y en las enfermedades cardiovasculares. En la colitis, la fibra soluble funciona como protectora y reparadora de la mucosa intestinal.

La fibra es fermentada en el intestino grueso por las bacterias intestinales, produciendo así ácido acético, propiónico y butírico. El ácido butírico facilita el flujo sanguíneo local, estimula la proliferación de las criptas o glándulas intestinales, mejora la proliferación de las células del colon y ayuda a la regeneración de la mucosa actuando directamente como antiinflamatorio. El ácido propiónico interviene en el hígado para formar glucosa y lípidos, lo que disminuye la concentración de estos compuestos en la sangre. El ácido acético, por último, es metabolizado como glutamina, que es la principal fuente de energía de las células del intestino delgado.

Se puede decir, pues, que cada tipo de fibra tiene propiedades diferentes en función de los ácidos grasos que produce, su solubilidad en agua, viscosidad y capacidad para ser fermentada o para producir efectos fisiológicos deseables en el ser humano.

Fibra de naranja

El cultivo de cítricos como la naranja, el limón, la mandarina, la lima y demás, es una actividad agrícola importante en México, especialmente en el sureste, y es la naranja el principal de todos los cítricos procesados (80%). Cuando tales frutas se procesan para obtener sus jugos y otros productos, quedan como residuos las cáscaras, hollejos y semillas, cuyo peso suma casi la mitad. Debido a su contenido de fibra, la pulpa se emplea en la alimenta-ción de bovinos y cerdos en crecimiento y engorda. Cuando se evalúa la composición de la harina de naranja, se halla una alta concentración de fibra dietética, como se muestra en el Cuadro 1.

Cuadro 1. Algunos componentes de los residuos fibrosos de la naranja.

Aunque la fibra de naranja es baja en proteínas, la concentración de fibra dietética es alta y tiene concentraciones similares de la fibra soluble e insoluble. En general, la fibra soluble es fermentada por las bacterias en el intestino grueso y produce los ácidos grasos mencionados, pero no tiene un efecto laxante, en tanto que la fibra insoluble produce efecto laxante y contribuye a la formación del bolo fecal. Se ha reportado que el mejor efecto de la fibra dietética se obtiene en una proporción de 50 a 70% de fibra insoluble y de 30 a 50% de fibra solu-ble. En este sentido, la fibra proveniente de naranja es muy completa ya que posee tanto fibra soluble como insoluble, y la ingestión de cada una de ellas aporta muchos beneficios a la salud de diferentes maneras. El contenido de fibra dietética en los residuos de naranja se halla por arriba de frutas como la manzana, cuya cáscara contiene solamente 0.91%.

Se ha encontrado también que la fibra de los residuos de naranja posee una gran capacidad para absorber agua y aceites. Fisiológicamente, la absorción de agua contribuye a aumentar el bolo fecal, lo que mejora la evacuación; la retención de aceites contribuye a la excreción de grasas, impidiendo su absorción en el intestino delgado, lo que contribuye a evitar su acumulación excesiva en el cuerpo. Además, se ha observado que la fibra de naranja es estable a pesar de los cambios de temperatura, lo que hace posible que pueda emplearse como aditivo en alimentos cocidos, pues este proceso no altera sus propiedades funcionales.

De igual manera se ha evaluado el efecto de la fibra de la naranja en el crecimiento de bacterias probióticas y patógenas en estudios de laboratorio, cuyos resultados demuestran que esta fibra posee efectos similares a los de la inulina, que es una sustancia ampliamente probada que estimula el crecimiento de bacterias benéficas en el intestino grueso. Además, la fibra de naranja ha sido capaz de disminuir la concentración de bacterias patógenas que causan salmonelosis, disentería, infecciones del aparato excretor, cistitis, meningitis, peritonitis, mastitis, septicemia, neumonía gramnegativa e incluso el síndrome urémico hemolítico. En cuanto a la producción de ácidos grasos, se obtiene principalmente el ácido acético, relacionado con la buena salud en el intestino delgado

En cuestiones de seguridad alimentaria, una de las mayores preocupaciones es la contaminación de alimentos por bacterias patógenas y las enfermedades que estas puedan causar en los consumidores; sin embargo, muchas veces no se puede evitar que las bacterias patógenas ingresen al tracto intestinal y ejerzan su acción. Uno de los recursos en estos casos es la ingesta de antibióticos, aunque su uso frecuente ha llevado a acentuar la resistencia de los agentes patógenos, por lo que en la actualidad es de primordial importancia encontrar alternativas a su uso. La fibra de naranja ha mostrado poseer un efecto funcional como fuente de fibra dietética, pero también tiene la capacidad para inhibir el crecimiento de algunos microorganismos patógenos del ser humano.

En fin, los residuos de la naranja son una excelente fuente de fibra dietética ya que poseen cantidades suficientes de fibra dietética soluble e insoluble, una gran capacidad de absorción de agua y aceites, un efecto positivo en el crecimiento de las bacterias benéficas y negativo en el de las patógenas. Es además, una buena fuente de ácido acético, el cual es necesario para mantener una buena salud intestinal.