REVISTA DE DIVULGACIÓN CIENTÍFICA Y TECNOLÓGICA DE LA UNIVERSIDAD VERACRUZANA
Septiembre•Diciembre
de 2012
Volumen XXV
Número 3
Editorial
Arte y estética en el proceso de creación científica
La cajita feliz (o ¿infeliz?)
Lombricompostador para zonas urbanas
El bosque: elemento fundamental del agu
Cambio climático y ganadería bovina tropical
La interacción entre las plantas y los hervíboros
Xocolatl: antes alimento de los dioses, y ahora...
El huanglongbing: la tristeza de los cítricos
La fibra de la naranja y la salud
La leptospirosis: qué la causa y cómo afecta
¿Es el alzheimer un tipo de diabetes?
¿Cómo superan los fármacos la membrana celular?
Los efectos de la luz ultravioleta
Neurobiología y mutaciones genéticas xalapeñas
Lorenzo Ochoa: un estudioso de la Huasteca
DISTINTAS Y DISTANTES, MUJERES EN LA CIENCIA
Marie Meurdrac: un tratado de química para mujeres
CURIOSIDADES CIENTÍFICAS
De la magia y la hechicería a la herbolaria
NUESTROS COLABORADORES EN ESTE NÚMERO
Contenido
 

El bosque: elemento fundamental del agua

Samaria Armenta Montero

El espacio geográfico donde podemos disfrutar de arroyos, ríos o lagos que después son vertidos al mar, con-lleva también múltiples interacciones ecológicas entre el paisaje, el suelo, las plantas, los animales y los humanos, todos los cuales se encuentran unidos por la utilización del agua. A esto le llamamos cuenca hidrográfica. Son los bosques, que conforman el elemento principal de su estructura, los que nos ofrecen el paisaje, parte de la complejidad de este gran sistema.

Con frecuencia, se entiende poco la manera en que estas cuencas “funcionan”, por decirlo así, incluidos cada uno de sus elementos, como el propio bosque. En la actualidad, este desinterés se ha traducido en una maraña de problemas ecológicos. Y es que todas las actividades humanas que hacemos o dejamos de hacer en la cuenca tiene consecuencias en todos los procesos y servicios ambientales que esta nos proporciona. Algunos de estos servicios son los hidrológicos, como la retención del suelo, la captación de agua, la mitigación de sucesos extremos, como inundaciones o sequías, entre otros, los cuales dependen del equilibrio que se establece entre cada uno de los elementos involucrados, como el tipo de vegetación, el uso del suelo, las actividades socioeconómicas, las características del propio suelo, el clima, los ciclos biogeoquímicos y los flujos de energía.

Estos elementos pueden sufrir un desbalance y así alterar la estructura natural de las cuencas hidrográficas y sus ecosistemas cuando se establecen tierras agrícolas o urbanas, se modifican las vías hidrológicas, se construyen carreteras, se aplican ertilizantes y pesticidas y se implanta el desarrollo industrial. La construcción de presas, el desvío de los ríos, la urbanización o el relleno de humedales también afectan directamente el flujo y producción del agua en una cuenca. Cualquier cambio en la estructura o composición del paisaje afecta, en fin, las interacciones dentro de un ecosistema.

¿Por qué el bosque es servicial?

Uno de los elementos más importantes que regulan muchos de estos problemas son los bosques y selvas en la parte alta de una cuenca. Los bosques son serviciales; primeramente, por su capacidad de captar agua a través de la lluvia, la niebla o la evaporación, lo que amortigua el impacto de la precipitación y garantiza la recarga de los mantos acuíferos y la permanencia de la humedad en el lugar. En segundo lugar, por la labor que realizan para retener los suelos y sus propiedades (fertilidad, diversidad de bichos, humedad, etc.), evitando así el arrastre de sedimentos que pueden oca-sionar el azolvamiento de los cuerpos de agua y manteniendo la capacidad de almacenamiento y fluidez de los ríos; de esta manera se disminuye el riesgo de inundaciones en la parte media y baja de la cuenca.

También el bosque evita el escurrimiento de contaminantes y nutrientes, pues si estos se acumulan en la zona costera pueden originar la excesiva proliferación de algas y plantas acuáticas en las aguas por un exceso de materia orgánica, la pérdida de oxígeno disuelto y, en casos dramáticos, el aumento en la mortandad de peces, lo que tiene graves consecuencias socioeconómicas y ambientales.

Por consiguiente, deberíamos preguntarnos acerca de la calidad del agua que llega a nuestra casa o a nuestra mesa. En todo el mundo, muchos niños mueren al año por tomar agua contaminada o por carecer de ella, pues la disponibilidad de agua potable es otro problema de preocupación mundia.

Solo por mencionar otro servicio que obtenemos gratuitamente de los bosques es la regulación del clima. En efecto, la evaporación, el sistema de raíces y la hojarasca permiten que el área donde hay más bosques mantengan cierta humedad, regulando así el clima local.

Menos bosques, más inundaciones

Las consecuencias de la pérdida de los bosques son cada vez más catastróficas para la vida silvestre y para la misma humanidad. En el estado de Veracruz, la tasa de deforestación es de las más altas en México, siendo las selvas y el bosque mesófilo de montaña los más fragmentados, lo que ha disminuido su capacidad de mitigación en la época de lluvias en toda la entidad. Veracruz es una entidad que, por sus características fisiográficas, su ubicación en un plano inclinado, cubierta por una telaraña de ríos, con una precipitación anual superior al promedio nacional y con una alta incidencia de fenómenos meteorológicos, se ubica como un territorio vulnerable a cualquier evento natural. Las consecuencias de carecer de árboles suficientes son cada vez más desastrosas. Las pérdidas materiales y socia-les, las de infraestructura, las que se observan en la ganadería y la agricultura repercuten cada vez más en la economía del estado. A pesar de ello, las acciones se siguen enfocando en remediar los daños más que en prevenirlos.

Lo anterior ocurre como consecuencia del mal manejo y aplicación deficiente de las políticas agrarias, la falta de ordenamiento territorial dentro de las cuencas –sobre todo en los márgenes de los ríos– y actualmente el cambio climático, consecuencia, entre muchas otras, de la reducción de los bosques en todo el mundo.

Abrir los bosques a la ganadería extensiva y zonas de cultivo donde no hay el suelo adecuado para tal acción, indica una absoluta falta de visión en cuanto a sistemas tan complejos como las cuencas de los trópicos. Solo por mencionar un caso, Veracruz ocupa el primer lugar nacional como productor de ganado, pero casi nunca se habla de la introducción de vacas en áreas boscosas, inaccesibles o no, aptas para la ganadería, lo que está provo-cando su deforestación. En esta entidad, hablar de agricultura significa ocupar el primer lugar en producción de piña, cítricos y maíz, pero no se menciona el uso excesivo de agua que se emplea para estos cultivos, ni de las descargas de agua contaminada por pesticidas o nutrientes vertidos a los ríos.

Es tiempo, pues, de enfrentar y aceptar la situación en la que nos encontramos. Se ha hecho ya indispensable llevar a cabo acciones en favor de la prevención y no tanto de la remediación, apostar a los proyectos que ayuden al conocimiento del comportamiento de todos estos procesos hidrológicos y de producción y concienciar a nuestros líderes y mandatarios de la importancia de cambiar la percepción que tenemos de la naturaleza. Actualmente existen herramientas tecnológicas tales como los sistemas de información geográfica, que ayudan en el diagnóstico, simulación, predicción y prevención del manejo de las cuencas geográficas, sobre todo en aquellos casos en los que ya se han presentado pérdidas o graves problemas socioeconómicos en el estado, pero que aquí no se emplean.

Por último, es necesario también resaltar la necesidad de mantener y proteger las zonas boscosas que restan en el país. Los bosques son elementos impresionantes que albergan una gran biodiversidad y mantienen los procesos hidrológicos en el balance apropiado, lo que tiene beneficios directos en el ciclo natural de la vida. Los bosques y selvas son, por consiguiente, el principio de muchas formas de vida. Si desaparecen, cualquiera de sus vínculos también tendría este fin. A pesar de ello, resulta difícil reconocer y aceptar que su sola presencia permite la nuestra

Para el lector interesado

  • Manson, R.H. (2004). Los servicios hidrológicos y la conservación de los bosques de México. Madera y Bosques, 10(1), 3-20.
  • Tejeda M., A. (2006). Panorámica de las inundaciones en el estado de Veracruz durante 2005. En Universidad Veracruzana (Ed.): Inundaciones 2005 en el estado de Veracruz (pp. 9-20). Xalapa: Universidad Veracruzana.