REVISTA DE DIVULGACIÓN CIENTÍFICA Y TECNOLÓGICA DE LA UNIVERSIDAD VERACRUZANA
Mayo•Agosto
de 2012
Volumen XXV
Número 2
Editorial
Desecho de unos, tesoro de otros: escarabajos del estiércol
Los encinos: un tesoro poco valorado
Dunas costeras: ¿las destruimos o las cuidamos?
El ecoetiquetado: estrategia para la miel melipona
El sistema olfatorio: el sentido de los olores
¿Qué son y para qué sirven los antioxidantes?
La glutamina: suplemento alimenticio estrella
La carne de calidad: cuestión de bienestar
Hacia una genética celular del cáncer
Tuberculosis pulmonar y diabetes: la salud en Veracruz
Bacterias probióticas para la prevención de la caries
Ni ángel ni demonio: la tragedia de Alan Turing
Un mundo profuso e intoxicado
La historia del microscopio (Segunda parte)
DISTINTAS Y DISTANTES, MUJERES EN LA CIENCIA
Marie-Sophie Germain: la matemática como estrategia de vida
CURIOSIDADES CIENTÍFICAS
No solo de la vista nace el amor
NUESTROS COLABORADORES EN ESTE NÚMERO
Contenido
 

La glutamina: suplemento alimenticio estrella

Mariel González Calatayud

¿Qué cantidad de proteína debe consumirse al día?

Los aminoácidos son las moléculas formadas en el organismo y los nutrientes que se hallan en los alimentos, los que se enlazan y forman las proteínas. Existen veinte aminoácidos conocidos que forman cientos de proteínas de diferentes estructuras y mezclas; estos aminoácidos se encuentran en prácticamente todos los alimentos, algunos con mayor valor biológico que otros, como la leche materna, la soya, la carne, el huevo, el pescado y el pollo, entre otros, y son los que aportan la mayor cantidad de proteínas al organismo. La cantidad de proteínas que se requieren cada día es un tema controvertido puesto que depende de muchos factores, tales como la edad (en el periodo de crecimiento las necesidades se duplican y hasta triplican, a diferencia del individuo adulto) y del estado de salud de nuestro intestino y nuestros riñones, lo que hace variar su grado de asimilación o su pérdida a través de las heces y la orina. Asimismo, depende del valor biológico de las proteínas que se consuman; de hecho, todas las recomendaciones se orientan al consumo de proteínas con alto valor biológico; si no lo son, la necesidad de ellas será aún mayor.

En general, se recomienda la ingesta de entre 40 a 60 gramos de proteínas al día para un adulto sano. La Organización Mundial de la Salud y las RDA (Recommended Dietary Allowances), publicadas en Estados Unidos por la Academia Nacional de Ciencias, sugieren un valor de 0.8 gramos por kilogramo de peso y día. Por supuesto, durante el crecimiento, el embarazo o la lactancia tales necesidades aumentan.

El máximo de proteínas que podemos ingerir sin afectar nuestra salud es un tema todavía más delicado. Las proteínas que el organismo no necesita para el crecimiento o para el recambio proteico, consumidas en exceso, se queman en las células para producir energía. A pesar de que tienen un rendimiento energético igual al de los carbohidratos, su combustión es más compleja y deja residuos metabólicos –como el amoniaco– que son tóxicos para el organismo. El cuerpo humano dispone de sistemas eficientes de eliminación, pero todo exceso de proteínas supone un cierto grado de intoxicación que provoca la destrucción de tejidos y, en última instancia, la enfermedad o el envejecimiento prematuro. Por ello, debemos evitar comer más proteínas de las estrictamente necesarias para cubrir nuestras necesidades.

Las funciones de las proteínas son muchas, se pueden resumir en ocho grupos principales:

Enzimas. Sirven para degradar compuestos del organismo para formar productos; por ejemplo, las grasas ingeridas en la dieta necesitan enzimas para degradarse y así poder ser utilizadas por el organismo. Lo mismo sucede con los carbohidratos y las proteínas. Cuando existe una infección o un cuerpo extraño, nuestro organismo utiliza enzimas para combatirlos.

Reserva. Algunas proteínas funcionan como reserva energética, lo que significa que cuando ayunamos o padecemos una enfermedad grave el cuerpo utiliza proteínas para obtener energía y combatir así los estados de estrés.

Transporte. Las más importantes son la albúmina y la transferrina, que funcionan como transporte del oxígeno, los medicamentos, las hormonas y demás en la sangre.

Protección. Todos los anticuerpos son proteínas, pues bloquean las sustancias o microorganismos ajenos al cuerpo y evitan su expansión. Las vacunas contienen proteínas que ayudan a proteger el organismo.

Hormonas. Todas las hormonas producidas por el organismo son proteínas, como las hormonas sexuales; las hormonas que ayudan al metabolismo, como la insulina o el cortisol; las hormonas tiroideas; la hormona del crecimiento; las hormonas que ayudan a regular los líquidos, como la hormona antidiurética, o la producción y excreción de leche materna, como la prolactina, entre muchas otras.

Estructura. Las células de nuestro cuerpo tienen una membrana que funciona como recubierta. Esta membrana está compuesta principalmente por lípidos y proteínas, siendo la función de estas últimas la de mantener el equilibrio; son también las encargadas de las “puertas”, por así decirlo, por donde entran o salen las sustancias de la célula, esto es, del intercambio con el medio externo.

Fuerza y crecimiento. Los músculos de nuestro cuerpo están constituidos principalmente por proteínas; de hecho, el músculo es el órgano con mayor cantidad proteica ya que no solo utiliza proteínas para su función, sino que también las reserva para tener siempre un número suficiente de ellas para realizar su función.

Amortiguadores. Las proteínas en la sangre también funcionan como amortiguadores; esto quiere decir que mantienen el equilibrio de los líquidos y sustancias entre la sangre, las células y el espacio entre ellas.

La glutamina

La glutamina se destaca como el aminoácido más abundante del organismo, pues corresponde a más de la mitad de todos los aminoácidos de las células, por lo que es precursor de múltiples proteínas, tanto en la salud como en la enfermedad. En un buen estado de salud o normalidad se mantiene en balance y es formada por las células del organismo, principalmente las de los músculos, pero también las del cerebro y los pulmones. Cuando aparece una enfermedad –sobre todo las enfermedades más graves, como el cáncer–, o bien cuando hay quemaduras, trauma o infecciones graves, se utilizan las reservas de este aminoácido hasta en 85%, haciéndose insuficiente, lo que lleva a agravar la enfermedad o el trauma e incluso a la muerte del enfermo.

El anticatabolismo ayuda a disminuir la utilización de las proteínas como fuente energética y favorece la utilización de carbohidratos (glucosa), lo que significa que, para realizar esta función, en lugar de que el organismo use la energía de las proteínas (en especial del músculo) y éstas se agoten o gasten, emplea la de la glucosa, como ocurre en el estado de salud; además, ayuda a la insulina a realizar su función, pues en las enfermedades graves se encuentra bloqueada o es deficiente. El efecto antioxidante protege los tejidos y las células de la muerte y así favorece su función (este efecto también se logra con las vitaminas C y E y el zinc).

La glutamina ayuda a controlar la inflamación y la respuesta exagerada del organismo ante una enfermedad, mejorando la salud del paciente al evitar la muerte celular y la falla pulmonar; establece el equilibrio entre la dilatación y la contracción de los vasos sanguíneos, lo que evita que se pierdan sustancias y líquidos de la sangre; hace que lleguen los linfocitos y neutrófilos al sitio de agresión (ejemplo, en una cirugía llegan dichas células al sitio que fue “agredido” u operado, haciendo que sane), y ayuda a las células del intestino a que funcionen como una barrera ante las infecciones y favorece su función de absorción de nutrientes y de protección.

Todas estas virtudes de la glutamina se han descrito en diversos artículos publicados en todo el mundo, por lo que se concluye que gracias al aminácido “estrella” se logra una menor estancia hospitalaria, un menor riesgo de infecciones intrahospitalarias, menos días de ventilación en caso de estar intubado y de días de estancia en terapia intensiva. Vale la pena resaltar que en algunos de los artículos mencionados se ha reportado incluso una menor mortalidad.

Es importante decir que el suplemento de glutamina se puede dar tanto por vía oral como parenteral a través de la vena, y que solo es útil en pacientes con enfermedades graves. En un paciente sano o con una enfermedad leve, la glutamina no mantiene estas propiedades ya que el organismo se hace cargo de dichas funciones sin necesidad de un suplemento como el descrito.

Para el lector interesado

  • Mier, J., Pérez, P., Sánchez, P. y Blanco, R. (1994). Complicaciones de la apendicectomía. La importancia del diagnóstico temprano. Cir. y Ciruj., 62, 132-137.
  • Windle, E. y Mark, R.D. (2006). Glutamine supplementation in critical illness: Evidence, recommendations, and implications for clinical practice in burn care. Journal of Burn Care Research, 27, 764-772.
  • Wischmeyer, P. E. (2007). Glutamine: Mode of action in critical illness. Critical Care Medicine, 35 (9 Suppl.), S541-S544.