REVISTA DE DIVULGACIÓN CIENTÍFICA Y TECNOLÓGICA DE LA UNIVERSIDAD VERACRUZANA
Mayo•Agosto
de 2012
Volumen XXV
Número 2
Editorial
Desecho de unos, tesoro de otros: escarabajos del estiércol
Los encinos: un tesoro poco valorado
Dunas costeras: ¿las destruimos o las cuidamos?
El ecoetiquetado: estrategia para la miel melipona
El sistema olfatorio: el sentido de los olores
¿Qué son y para qué sirven los antioxidantes?
La glutamina: suplemento alimenticio estrella
La carne de calidad: cuestión de bienestar
Hacia una genética celular del cáncer
Tuberculosis pulmonar y diabetes: la salud en Veracruz
Bacterias probióticas para la prevención de la caries
Ni ángel ni demonio: la tragedia de Alan Turing
Un mundo profuso e intoxicado
La historia del microscopio (Segunda parte)
DISTINTAS Y DISTANTES, MUJERES EN LA CIENCIA
Marie-Sophie Germain: la matemática como estrategia de vida
CURIOSIDADES CIENTÍFICAS
No solo de la vista nace el amor
NUESTROS COLABORADORES EN ESTE NÚMERO
Contenido
 

Los encinos: un tesoro poco valorado

Yureli García de la Cruz

Desde el nivel del mar hasta los 3,500 metros de altitud, aproximadamente, habitan unos árboles muy peculiares e importantes llamados encinos. Quizá muchos lo ignoren, pero es notable su presencia en México ya que es uno de sus centros de origen; además, nuestro país es el más rico en cuanto a la población de encinos, pues cuenta con aproximadamente 160 especies de las 400 o 500 que se reportan en todo el mundo.


Los encinos se distribuyen en la mayoría de las regiones templadas, así como en algunas regiones tropicales y subtropicales; en las montañas mexicanas, las zonas más ricas son las del centro y el sur y la Sierra Madre Oriental, y los estados con mayor riqueza de esta especie son Oaxaca, Nuevo León, Chihuahua y Veracruz.


Los encinos aparecen en toda una gama de condiciones climáticas y de suelo, aunque a veces parecen estar mejor adaptados a ciertas condiciones específicas que prevalecen en determinadas elevaciones, según la especie. Se les puede encontrar mezclándose con otros tipo de vegetación o formando bosques dominados por una o varias especies de encino. Prosperan en terrenos moderadamente fértiles y húmedos, pero algunas especies se adaptan a terrenos pobres, aunque siempre en lugares montañosos. Son árboles cuya longevidad se puede estimar en siglos, pues se calcula que su término medio de vida oscila entre los 150 y 200 años, aunque hay reportes de ejemplares históricos que sobrepasan los 1,500 años.



Importancia

En México, los encinos son importantes debido a su abundancia y utilidad como especies forestales. Son fuente de leña, carbón, madera, productos medicinales, colorantes y corcho; las bellotas sirven de alimento para animales (por ejemplo, cerdos) y en algunas regiones la gente las come, pero también se emplean para la elaboración de artesanías. Estos árboles se asocian con hongos que tienen un alto valor ecológico y económico.

Funcionan, asimismo, como hábitat para numerosas especies vegetales, como los helechos, bromelias, musgos y líquenes; sirven de alimento para la fauna silvestre y también abastecen los mantos acuíferos; protegen contra los huracanes, mejoran el suelo y por lo tanto son apropiados para la restauración, ya que sus plántulas tienen una alta sobrevivencia dentro y fuera del bosque, sobre todo hablando de áreas deforestadas degradadas o muy perturbadas. En general, los encinos son especies clave dentro del bosque por toda la serie de servicios tangibles e intangibles que ofrecen al ecosistema.

Amenazas

El bosque de niebla, típico de las zonas de transición entre las regiones cálidas y templadas, es donde preferentemente habitan muchas especies de encinos; sin embargo, debido a la degradación de este ecosistema para convertirlo en zona agrícola, ganadera o urbana, se ha reducido a pequeños fragmentos o manchones.

En el estado de Veracruz, algunas de las regiones en que se conserva ese tipo de bosque, también llamados “focos rojos”, son las sierras de Huayacocotla y de Chiconquiaco, la región de Tlacolulan-Misantla, la zona de Xalapa y sus alrededores, la región de la montaña y parte de la zona del Cofre de Perote.

Otro problema potencial para los encinos, el cual ha sido documentado en Estados Unidos y que recientemente fue reportado en nuestro país, es el hongo patógeno de la raíz, el cual provocó en el año 2001 una mortalidad masiva en 300 hectáreas de bosque en Colima, Jalisco y Guerrero. Este peligro permanece latente en México, y por ello es necesario fomentar programas fitosanitarios para evitar brotes epidémicos de ese hongo en nuestros bosques.

En fin, lo arriba mencionado remite a la imperiosa necesidad de valorar y apreciar los encinos como una importante fuente de vida, como seres vivos que han estado presentes desde hace cientos de años y cuya permanencia depende en gran medida del ser humano. Desafortunadamente, la mayoría de los programa de reforestación y restauración que el gobierno impulsa, producen y propagan especies introducidas, cuando tenemos una gran diversidad de especies que, como los encinos, son nativas de nuestro país, de las cuales se puede aprovechar no solo la leña y el carbón, sino una gran cantidad de satisfactores.

Sin embargo, no todo el panorama es gris ya que existen sitios llamados Unidades Produc toras de Germoplasma Forestal en las que se promueve la producción de semillas y plantas de dichas especies nativas para su comercialización, las que representan un valor agregado para las comunidades rurales que existen dentro de esos reductos de vegetación original, como es el caso del bosque de niebla, pues por un lado se fomenta la conservación, y al mismo tiempo se genera un beneficio económico para la gente que ahí habita.

En la región de Xalapa y alrededores hay también viveros que tienen dentro de su lista de producción a diferentes especies de encino, como la chicalaba, el encino duela o el roble, entre otros. Algunos de estos viveros donan plantas al público en general, como el vivero del Jardín Botánico “Francisco J. Clavijero” y el de “El Haya”; hay otros destinados a proyectos de reforestación en diversas comunidades, como los viveros “Los Tanques” en Xalapa, el de la Comisión Nacional Forestal en Banderilla, el de Oxtlapa en Xico y el de la Cuenca Gavilanes en Coatepec, por solo mencionar algunos.

Los encinos son un verdadero tesoro para los mexicanos, y por ello es necesario diseñar y aplicar estrategias para la conservación de su hábitat ya que de ello depende su supervivencia. Es muy probable que en las próximas décadas, de seguir con el actual cambio de uso de suelo, México pase de ser el país que más especies de encino tiene al que más especies de encino tuvo.

Para el lector interesado

  • Martínez, M. (1981). Los encinos de México. 2a. ed. Anales del Instituto de Biología, Comisión Forestal del Estado de Michoacán, México.
  • Williams L., G. (2007). El bosque de niebla del centro de Veracruz: ecología, historia y destino en tiempos de fragmentación y cambio climático. Xalapa: Conabio-Instituto de Ecología, A. C.