REVISTA DE DIVULGACIÓN CIENTÍFICA Y TECNOLÓGICA DE LA UNIVERSIDAD VERACRUZANA
Mayo•Agosto
de 2012
Volumen XXV
Número 2
Editorial
Desecho de unos, tesoro de otros: escarabajos del estiércol
Los encinos: un tesoro poco valorado
Dunas costeras: ¿las destruimos o las cuidamos?
El ecoetiquetado: estrategia para la miel melipona
El sistema olfatorio: el sentido de los olores
¿Qué son y para qué sirven los antioxidantes?
La glutamina: suplemento alimenticio estrella
La carne de calidad: cuestión de bienestar
Hacia una genética celular del cáncer
Tuberculosis pulmonar y diabetes: la salud en Veracruz
Bacterias probióticas para la prevención de la caries
Ni ángel ni demonio: la tragedia de Alan Turing
Un mundo profuso e intoxicado
La historia del microscopio (Segunda parte)
DISTINTAS Y DISTANTES, MUJERES EN LA CIENCIA
Marie-Sophie Germain: la matemática como estrategia de vida
CURIOSIDADES CIENTÍFICAS
No solo de la vista nace el amor
NUESTROS COLABORADORES EN ESTE NÚMERO
Contenido
 

Dunas costeras: ¿las destruimos o las cuidamos?

Rigoberto Guardado France

Cuando escuchamos la palabra “vulnerable”, inmediatamente nos imaginamos a un bebé recién nacido, ese ser que nos despierta ternura y que depende de nosotros para su sobrevivencia. De acuerdo a la Real Academia de la Lengua Española, esa palabra se refiere a la posibilidad de ser herido o de recibir alguna lesión física o moral, por lo que no estamos muy equivocados al considerar a un recién nacido como un ser vulnerable, ya que si no lo protegemos es muy probable que sufra alguna lesión. No hace mucho tiempo me encontraba en la playa con mis alumnos realizando una práctica de campo; mientras ellos hacían las mediciones que les había solicitado, no pude dejar pasar por alto la belleza de la costa, y es que en verdad es un deleite para todos los sentidos: cierras los ojos y escuchas el romper del oleaje y el canto de las aves, sientes la arena con tus manos, hueles el mar y puedes saborear la sal cuando el agua te salpica en la cara. De repente, mi momento de profunda meditación se vio interrumpido por un fuerte ruido, y al abrir los ojos vi un vehículo que circulaba por la playa a toda velocidad, y lo peor era que avanzaba hacia donde yo me encontraba; justo después de pasar frente a mí, giró bruscamente para enfilarse hacia el campo de dunas. Para mi sorpresa, unos segundos más tarde ya se encontraba sobre las dunas; subía y bajaba por sus costados y pasaba sobre la vegetación. Y así como llegó, también intempestivamente desapareció en el horizonte. Después de recuperarme de la impresión de este acto vandálico, pensé en voz alta: “Pobres dunas. Mira nada más como quedaron. Son tan vulnerables como un bebé y no tienen quien las proteja. Los seres humanos somos quienes las estamos dañando”.

Las dunas de la playa de Ensenada

Después de esta experiencia tomé mi cámara, le pedí a las dunas que posaran para mí y me mostraron una cara que muy pocas veces había tenido la oportunidad de observar, ya que cuando iba a la playa no volteaba a verlas y solo sabía que estaban allí. Es increíble la cantidad de huellas que dejan los vehículos que transitan sobre ellas (Figura 1). Como resultado de este tránsito, su vegetación se vedañada, y en casos extremos, como en las dunas de la playa municipal de Ensenada, ese daño ha sido muy considerable (Figura 2)


Figura 1. Fotografía del campo de dunas en Ensenada,
donde se observan las huellas de los vehículos que
transitan sobre ellas (Fotografía del autor)


Figura 2. Fotografías áreas de la playa municipal de Ensenada,
donde se observa la disminución en la cobertura vegetal y
los senderos dejados por peatones y vehículos (Fotografía de Google Earth)

La verdad es que la gente casi nunca tiene idea del perjuicio que puede ocasionar, ya que las dunas no son simplemente montículos de arena ni solamente un atractivo visual, sino que cumplen varias funciones

¿Cómo se forman las dunas?

Para entenderlo, podemos iniciar comentando que para que existan dunas en la playa debemos tener tres ingredientes básicos: arena, viento y vegetación. El viento mueve la arena que se encuentra en la playa en dirección a tierra firme, donde es atrapada por la vegetación y nace así una duna. Pero ¿qué ocurre si, al igual que en cualquier receta de cocina, falta algún ingrediente básico? El resultado final no es el esperado, y en nuestro caso no se forman las dunas. La naturaleza por sí sola ha estado durante mucho tiempo encargándose de formarlas, pero nosotros hemos quitado un ingrediente básico de su receta: la vegetación. Como resultado de esta acción no se pueden formar, y las que ya estaban formadas pierden arena rápidamente, pues la vegetación en una duna funciona de manera similar a la malla que, para no despeinarse, utilizaban en el pelo las mujeres del pasado; esas mallas hacían que el pelo quedara en su lugar y que el viento no les deshiciera el peinado que a veces parecía un edificio de varios pisos con formas extrañas. Pues bien, la vegetación de las dunas funciona más o menos igual: primero detienen la arena y luego la mantienen en su lugar, de tal forma que si destruimos las plantas, el viento mueve la arena y poco a poco desaparece la duna.

¿Qué ocurre si las dunas desaparecen?

Como diría mi difunto padre, “Déjame, te platico”. Todos sabemos que la costa tiene algo mágico que atrae a las personas, y eso ha hecho que muchas ciudades hayan sido construidas cerca de la costa.

Desde tiempos muy remotos las costas han sido un punto clave para el desarrollo de la humanidad, ya que precisamente era en los puertos donde se intercambiaban mercancías esenciales para el desarrollo. El punto es que en las costas hemos construido una sólida infraestructura y que mucha de la actividad económica del país depende directa o indirectamente de la costa. Una persona que viva en el interior del país pudiese cuestionar este razonamiento, pero si esa persona, por ejemplo, tiene una televisión de manufactura mexicana, es muy probable que muchos de los componentes que se utilizaron para fabricarla hayan sido introducidos al país por vía marítima, así que nuevamente reforzamos nuestra idea de la importancia de la costa.

Regresando al tema de las dunas, una pregunta que nos asalta es: ¿para qué sirven las dunas, además de ser un atractivo visual y un lugar para diversión en un día de playa? Trataré de dar una respuesta a esta pregunta.

Supongamos que tenemos una casa detrás de las dunas y que todos los días vamos a la playa. Una de las cosas que observaríamos es que las olas rompen lejos de la costa (Figura 3), lo que nos da una sensación de seguridad si pensamos en la integridad de nuestra casa.


Figura 3. Oleaje rompiendo lejos de la playa (Fotografía de César Garcia)

Figura 4. En la fotografía se observa la diversidad de vegetación característica de las dunas en la playa municipal de Ensenada (Fotografía del autor).

Es importante saber que las olas rompen porque la profundidad disminuye a medida que las olas se acercan a la playa. Imaginemos ahora un día en que haya una tormenta; entonces las olas son más grandes y rompen más cerca. Si el oleaje alto persiste por mucho tiempo, las olas alcanzarán las dunas y nuestro temor se incrementará, pues seguramente nuestra casa se inundará cuando el oleaje destruya las dunas y el agua llegue hasta ella.


Figura 5. Ratón que habita en las dunas
(Fotografía de J. B. Miller)


Figura 6. Fotografía donde se observan un nido de ave
con huevos en su interior (Fotografía de Lizzy)

Lo que no sabemos es que a pesar de que tratamos mal a las dunas, nos protegerán hasta donde puedan. Y es que las dunas son altos montículos de arena, lo que hace que funcionen como una barda que impide que el agua las rebase, y esta función la seguirán cumpliendo mientras puedan, y digo mientras puedan porque una vez que el oleaje las empiece a atacar y les quite arena, disminuirá su altura y eventualmente las cubrirá, y como resultado de esto se inundará nuestra casa. Pero las dunas cuentan con otra táctica de defensa; como los soldados en una batalla, su objetivo es defender, y lo harán aun cuando eso signifique su desaparición.

El arma secreta de las dunas es la siguiente: cuando el oleaje les quita arena, esa arena es transportada hacia la playa, donde se deposita y hace que la profundidad disminuya, de tal modo que eso provoca que las olas rompan un poco más lejos, logrando así proteger durante un tiempo mayor.

Las dunas no dejan de sorprendernos porque también son el hogar de un sinnúmero de plantas (Figura 4) y animales (Figura 5), muchos de los cuales están en peligro de extinción y solo pueden sobrevivir en un ambiente de dunas; incluso algunas aves migratorias las utilizan como un lugar de descanso en su largo viaje, y muchas ponen sus huevos en ellas (Figura 6)

Amigos míos, después de haber leído este breve artículo, podemos afirmar que las dunas son muy vulnerables y que su existencia depende con mucho de las acciones y actitudes que nosotros como seres humanos adoptemos. La decisión está en nuestras manos: ¿las destruimos o las cuidamos?