REVISTA DE DIVULGACIÓN CIENTÍFICA Y TECNOLÓGICA DE LA UNIVERSIDAD VERACRUZANA
Enero•Abril
de 2012
Volumen XXV
Número 1
Editorial
Químicos vegetales: alternativa contra agentes patógenos
Bt: un insecticida verde en el mercado
Biolubricantes: una alternativa ambiental
Alimentos funcionales, ¿consumidos por gusto o por necesidad?
Los costos de la criptosporidiosis
De los fuegos fatuos al biogás
El altar de muertos: origen y significado en México
Calates, anfibios que cantan para evitar su desaparición
El pez cebra: una especie modelo
Luchar o huir: el papel del sistema nervioso autónomo
Internet en blanco y negro
La herencia de la desigualdad económica
La economía política en la detección y control de plantas invasoras
La historia del microscopio (Primera parte)
DISTINTAS Y DISTANTES, MUJERES EN LA CIENCIA
Maria Mitchell: la primera astrónoma estadounidense
CURIOSIDADES CIENTÍFICAS
Cuando la basura nos alcance
NUESTROS COLABORADORES EN ESTE NÚMERO
Contenido
 

Luchar o huir: el papel del sistema nervioso autónomo

Érika Anahí Contreras Leal, Monserrat Alheli Melgarejo Gutiérrez,
Guadalupe Cano Tobías, Carmen Sol de la Peña Cruz,
María Luisa Moreno Cortés y Enrique Méndez Bolaina

¿ Quién no ha corrido cuando se encuentra frente a frente con algún animal que amenaza con atacarnos y hacernos daño? En una situación así experimentamos muchos cambios en nuestro organismo; por ejemplo, se dilatan las pupilas, comenzamos a sudar frío, se seca la boca y se aceleran el corazón y la respiración. Estas sensaciones, de las cuales quizá ni siquiera nos percatamos, están bajo el control de la adrenalina, una de las principales hormonas que se liberan en situaciones de alerta, la que aumenta su producción en sucesos de esta naturaleza e incrementa la liberación de glucosa desde el hígado al torrente sanguíneo, proporcionando así la suficiente energía para mover las extremidades en cuestión de segundos. Paralelamente, el organismo pone en marcha otros mecanismos, tales como la disminución de la actividad digestiva, a fin de que se concentre toda la energía en la huida o para hacer frente al problema. Todos estos mecanismos los ha diseñado el organismo a lo largo de la evolución de una manera tan perfecta, que es posible salir de una situación estresante o peligrosa y conseguir con ello la sobrevivencia.

Lo que es sorprendente es la velocidad con la que estos cambios ocurren; podría decirse que si no fuera tan rápida la activación de todas estas funciones, lo más probable es que el animal se nos fuera encima antes de haber reaccionado, haciéndonos daño. Después, cuando estamos a salvo, experimentamos la desaceleración de la velocidad con la que estaba latiendo nuestro corazón y de prácticamente casi todas las demás funciones, las que vuelven a su estado normal. Si nos mantuviéramos en un estado acelerado y no disminuyera la frecuencia de los latidos del corazón, por ejemplo, muy probablemente sufriríamos un paro cardiaco. Estos dos procesos: el estado de alerta y posteriormente el estado relajado, se llevan a cabo sin que podamos regularlos de manera consciente o voluntaria; lo anterior significa que no podemos ordenarle al corazón aumentar su actividad y hacer que lata un mayor número de veces o con mayor fuerza solo porque así lo queramos; en otras palabras, funciona autónomamente. Así, el sistema nervioso autónomo se encarga de la regulación de estas funciones y es parte de nuestro sistema nervioso.

¿Cómo regulamos las respuestas autónomas?

El sistema nervioso es el centro que comanda todas las funciones que se llevan a cabo en nuestro cuerpo y que está compuesto de diversas estructuras íntimamente interconectadas que se dividen de acuerdo a las funciones que controlan. Se divide en el sistema nervioso central y el sistema nervioso periférico.

El sistema nervioso central está conformado por el encéfalo (en su mayor parte constituido por el cerebro) y la médula espinal; el sistema nervioso periférico (Figura 1) consta de los nervios que se extienden desde el cerebro o la médula espinal hacia diversas zonas corporales, como órganos, músculos, glándulas y órganos sensoriales; esto es, dicho sistema llega a todos los rincones de nuestro cuerpo (Figura 2). Estos nervios son los encargados de recibir todos los estímulos que provienen del medio ambiente, a lo cual vamos a llamar aferencia (entrada, “de ida”), así como de enviar esa información al sistema nervioso central para que sean procesados, y por lo tanto, se genere una respuesta: la eferencia (salida, “de regreso”).

A su vez, el sistema nervioso periférico consta del sistema nervioso somático y del sis- tema nervioso autónomo (Figura 1). La diferencia entre estos dos sistemas está dada principal- mente por el tipo de células, tejidos, órganos o glándulas sobre los que actúan, así como por el número de neuronas que participan y la res- puesta que se genera. El sistema nervioso somático consta de una sola neurona que sirve como un puente que conduce el estímulo del sistema nervioso central, lo que, en respuesta, excita las células del músculo esquelético y hace que se contraiga. En el sistema nervioso autó- nomo participan dos neuronas que conectan el sistema nervioso central y el órgano efector u órgano “blanco”, (por ejemplo, las glándulas o neuronas del sistema gastrointestinal, además del músculo cardiaco y liso), originando dos efectos: excitatorio (que desencadena una res- puesta) o inhibitorio (que bloquea o disminuye una respuesta).

Con base en los efectos que generan, se puede clasificar al sistema nervioso autónomo en simpático y parasimpático. Para conocer cómo se produce la respuesta, consideremos el ejemplo inicial. El sistema nervioso simpático es el que se activa primero cuando nos encontra- mos en una situación amenazante o estresante de cualquier tipo, y el sistema nervioso parasim- pático entra en acción restableciendo las condi- ciones normales del organismo.

Sistema Nervioso
Figura 1. Clasificación del sistema nervioso central y
su correspondiente clasificación del sistema nervioso autónomo.

A continuación definiremos un poco más cómo el sistema nervioso autónomo puede controlar y responder ante los diversos estímulos que recibimos.

El sistema nervioso autónomo

El sistema nervioso autónomo es una parte del sistema nervioso periférico que controla las funciones viscerales del cuerpo (funciones que no podemos controlar o autónomas), lo que hace respondiendo a las sensaciones viscerales percibidas de forma inconsciente, las que excitan o inhiben glándulas, así como al músculo liso o cardiaco que forman parte de este sistema.

Para responder a dichas sensaciones, los estímulos recibidos fluyen desde las neuronas sensitivas autónomas que se hallan en los órganos viscerales y los vasos sanguíneos hacia el sistema nervioso central. Después, a través de motoneuronas autónomas, se propaga el estímulo al músculo liso, como el localizado en los vasos sanguíneos, al músculo cardiaco que se encuentra en el corazón y a ciertas glándulas para así poder dar una respuesta a aquel. Para poder transmitir el estímulo desde una neurona sensorial a una motoneurona, las neuronas sensitivas se asocian con receptores internos o interorreceptores, que monitorean el medio interno y que se encuentran en los órganos blancos. Al enviar la estimulación sensitiva a través de los interorreceptores, las neuronas motoras pueden regular la actividad visceral, estimulando o inhibiendo la actividad de sus tejidos efectores.

En el sistema nervioso autónomo encontramos dos tipos de neuronas motoras: el primer grupo posee un cuerpo neuronal en el sistema nervioso central que llega a un ganglio autónomo (cabe mencionar que estos son un conjunto de cuerpos neuronales fuera del sistema nervioso central). El segundo grupo va desde el ganglio autónomo hasta el efector, el cual puede ser el músculo liso o el cardiaco. Algunos ejemplos de respuestas motoras efectuadas a través del sistema nervioso autónomo son la dilatación y la constricción de los vasos sanguíneos, el ajuste del ritmo de los latidos del corazón y de la fuerza de contracción del mismo. Las señales sensitivas se perciben en su mayoría de forma inconsciente; sin embargo, cuando son estímulos muy intensos, pueden producir sensaciones conscientes.

Sistemas Simpático
Figura 2. Sitios de acción de los sistemas simpático
(en negritas) y parasimpático (en blancas)
sobre los órganos efectores y las glándulas.

Clasificación del sistema nervioso autónomo

Los efectos de la estimulación recibida por la rama simpática son de mayor duración y más generalizados que los de la rama parasimpática, ya que aquella organiza las respuestas involuntarias que anticipan el esfuerzo máximo, denominado “lucha” o “huida”. Por el contrario, el sistema nervioso parasimpático organiza las respuestas involuntarias que generalmente reflejan la función visceral en un estado de relajación (Figura 2).

Como ya se había mencionado, el sistema nervioso autónomo se divide en el sistema nervioso simpático y en parasimpático; además de estos dos sistemas, encontramos el sistema nervioso entérico (Figura 1). El primero de ellas apoya funciones corporales que se realizan durante una actividad física vigorosa y la rápida producción de ATP, a pesar de que se mantiene en forma continua con cierto nivel de actividad; la división simpática tiene la capacidad de ajustar su actividad en respuesta a situaciones que producen tensión, como traumatismos, miedo, hipoglucemia, frío o ejercicio (Figura 3A).

La segunda regula las actividades relacionadas con la conservación y restauración de la energía corporal, es decir, es indispensable para las funciones orgánicas, como los procesos digestivos y la eliminación de los desechos, y es necesaria para la vida (Figura 3B). Generalmente, se opone o equilibra las acciones de la división simpática y casi siempre se sobrepone a ella en situaciones de “descansa y digiere” (Figura 3C).

Finalmente, la tercera rama, el sistema nervioso entérico, es un sistema independiente que se ubica en las paredes del tracto gastrointestinal y controla varias de las funciones digestivas. A pesar de que recibe inervación simpática y parasimpática, actúa en forma independiente del resto del sistema nervioso autónomo. Un circuito rico en neuronas sensitivas, interneuronas y neuronas motoras interconecta los diferentes niveles del intestino y coordina la actividad a lo largo de su recorrido. Por este grupo de circuitos neuronales se dice que el sistema nervioso entérico contiene más neuronas que toda la médula espinal. Esta parte del sistema nervioso autónomo es estimulado por influencias simpáticas y parasimpáticas, por lo cual gobierna la motilidad, la secreción y la transferencia de sustancias a través del epitelio intestinal.

Sistemas Simpático
Figura 3. Diversos estímulos inducen acciones simpáticas (A)
y parasimpáticas (B), es muy común que estas acciones
(simpáticas y parasimpáticas) se encuentren en oposición (C).

Áreas cerebrales encargadas del sistema nervioso autónomo

Son diversas las estructuras que participan en la integración de los estímulos que llegan al sistema nervioso autónomo. Uno de los órganos del cerebro esenciales en esta tarea es el hipotá- lamo, que controla todas las funciones vitales e integra los sis- temas autónomo y neuroendócrino. El sistema nervioso simpático está controlado por el núcleo posterolateral en el tálamo, y el parasimpático por los núcleos del hipotálamo medial y anterior.

Otras áreas encargadas de organizar las respuestas específicas del sistema nervioso autónomo son el tronco encefá- lico y las amígdalas cerebelosas, que en conjunto permiten ajus- tar los parámetros hemodinámicos momentáneos y mantener la automaticidad de la ventilación.




En consecuencia, el sistema nervioso autónomo constituye el sistema de control más importante del organismo, ya que desempeña la mayoría de las funciones de regulación y control de las actividades rápidas del cuerpo, como la contracción muscular y las secreciones hormonales, entre otras, a través de la interrelación de neuronas que reciben, procesan y envían señales de estímulo.

Cabe señalar que este sistema no actúa solo, sino que es más bien una compleja red neuronal que fungen como excitadoras o inhibidoras de su sitio blanco.

Así que cuando experimentemos una sensación de peligro o una emoción extrema, es interesante e importante recalcar que se trata de sensaciones involuntarias –entiéndase autónomas–, pues sin duda el sistema nervioso autónomo es el encargado por excelencia de la respuesta rápida del organismo ante circunstancias extremas y emocionales; por ello es importante puntualizar la variedad de funciones que ejerce en conjunto con diversas vías aferentes y eferentes encargadas de conducir la información hacia el núcleo cerebral y obtener así una respuesta integral como resultado. Finalmente, este sistema es lo que en buena parte hace al humano ser lo que es: un ente consciente, sentimental, perceptivo, que interactúa con el medio ambiente y que se adecua a los cambios que en él ocurren. Además, es el encargado de hacer la digestión, del adecuado funcionamiento del corazón y de las reacciones inmediatas para enfrentar o huir ante una agresión o un ataque, la mayoría de las veces sin siquiera pensarlo.




Para el lector interesado