REVISTA DE DIVULGACIÓN CIENTÍFICA Y TECNOLÓGICA DE LA UNIVERSIDAD VERACRUZANA
Enero•Abril
de 2012
Volumen XXV
Número 1
Editorial
Químicos vegetales: alternativa contra agentes patógenos
Bt: un insecticida verde en el mercado
Biolubricantes: una alternativa ambiental
Alimentos funcionales, ¿consumidos por gusto o por necesidad?
Los costos de la criptosporidiosis
De los fuegos fatuos al biogás
El altar de muertos: origen y significado en México
Calates, anfibios que cantan para evitar su desaparición
El pez cebra: una especie modelo
Luchar o huir: el papel del sistema nervioso autónomo
Internet en blanco y negro
La herencia de la desigualdad económica
La economía política en la detección y control de plantas invasoras
La historia del microscopio (Primera parte)
DISTINTAS Y DISTANTES, MUJERES EN LA CIENCIA
Maria Mitchell: la primera astrónoma estadounidense
CURIOSIDADES CIENTÍFICAS
Cuando la basura nos alcance
NUESTROS COLABORADORES EN ESTE NÚMERO
Contenido
 

Calates, anfibios que cantan para evitar su desaparición

Ignacio Quiroz Bartolo,
Arturo Guillaumín Tostado
y Silvia del Amo Rodríguez

Aunque rara vez tenemos la oportunidad de admirarlos, los anfibios son animales que en algunos lugares habitan frecuentemente a nuestro alrededor. Los seres humanos estamos acostumbrados a convivir con perros, gatos, gallinas y cerdos, pero en muy raras ocasiones tenemos la oportunidad de hacerlo con ranas, sapos o salamandras. Si alguna rana se introduce en nuestra casa, seguramente lo primero que hagamos será buscar una escoba para echar a la calle a este indefenso animal. También existen ranas cuyo veneno podría matar a diez o quizá cien personas adultas. Pero no se preocupe: es casi imposible que un ejército de estas ranitas invada su hogar durante una tormenta de verano y le ataque de forma sorpresiva.

La percepción sobre los anfibios está influida por interpretaciones culturales que van desde la invasión de ranas procedentes del río Nilo como plaga divina para que los egipcios liberaran al pueblo israelita, hasta la Rana René, que forma parte de la serie televisiva Los Muppets. Concepciones erradas como las anteriores demeritan la importancia que tienen los anfibios en la naturaleza, ya que se alimentan de muchos insectos dañinos para la especie humana, y son, a su vez, alimento de varias especies de aves y serpientes. A propósito, ¿sabe usted qué son los anfibios?

La palabra amphibios es un término griego que significa “dos vidas”. La mayoría de estos animales viven una parte de su existencia en el agua y la otra parte fuera de ella. En su desarrollo atraviesan por dos fases: la larvaria, en la que tienen forma de un renacuajo que respira por medio de branquias, y la adulta, en la cual respiran mediante pulmones y a través de la piel (Figura 1). Hay tres órdenes de anfibios. El primer grupo incluye los sapos y las ranas; el segundo, las salamandras y tritones, y el tercero, los ceciliae, parecidos a las lombrices y que se encuentran solamente en los países tropicales.

Los anfibios son vertebrados, como los reptiles, las aves y los mamíferos. La diferencia con esos grupos es que respiran a través de la piel y que sus cuerpos no tienen pelo ni plumas. Tienen la sangre fría, es decir, su temperatura es igual a la del ambiente, sea agua, aire o tierra. Aproximadamente 70 u 80 por ciento de su cuerpo está compuesto por agua.

Rana arborícola
Figura 1. Rana arborícola
descansando sobre la hoja de un árbol.

La mayoría de los anfibios necesita tener la piel húmeda para no morir por insolación o deshidratación. Además, el agua les es vital porque las hembras ponen sus huevos en ella y su primera etapa de vida se desarrolla en los arroyos, lagunas o charcos.

La naturaleza se ha encargado de producir una gran diversidad de anfibios, diversidad que supera nuestra imaginación y que va mucho más allá de aquellas verdes criaturas de plástico o de peluche afelpado que se venden en las tiendas de juguetes y que a veces sirven para adornar nuestra recámara. De hecho, en el pla neta existen 5,743 especies reconocidas. El continente americano posee 3,046 especies, lo que representa 53 por ciento del total mundial. Brasil y Colombia tienen el mayor número de anfibios en el mundo, con 731 y 698 especies, respectivamente.

En México existen más de 290 especies de anfibios, de las cuales 176 viven únicamente en el país. Las regiones con mayor diversidad de anfibios son las costas del Pacífico, la cuenca del río Balsas y el Eje Neovolcánico Transversal (Figura 2). Según la Norma Oficial Mexicana,1 en el año 2001 se encontraban en peligro de extinción 220 especies de anfibios. ¿Se imagina usted? ¡El 76 por ciento! Después de México está Colombia, con 208 especies amenazadas, le siguen Ecuador con 163; Brasil con 110, y China con 86 especies en riesgo.

Áreas de distribución del calate en la República Mexicana
Figura 2. Áreas de distribución del calate en la República Mexicana
(Fuente: IUCN,2008).

La rana que fue invitada al banquete

Aun cuando todos los anfibios merecen particular atención, en este texto queremos evidenciar la importancia que representa la especie Ecnomiohyla miotympamun, que es una pequeña rana arbórea nativa de nuestro país, conocida localmente como “calate”. Este anfibio fue adoptado por los habitantes de Atzalan2, pero no se trata de la mascota local, sino del exquisito platillo típico y tradicional que ha puesto a esta región en el mapa.

Los machos alcanzan una longitud total de 2.9 a 3.1 centímetros, mientras que las hembras llegan a medir entre 3.6 y 3.9 centímetros (Figura 3), siendo la cabeza tan ancha como el cuerpo. El calate es una especie nocturna que habita en los bosques

 El calate en su ambiente natural.
Figura 3. El calate en su ambiente natural.

de encino o en algunas cañadas cercanas a la zonas de cultivo, a una altitud de entre 1,400 y 2,100 metros sobre el nivel del mar. También se pueden encontrar ejemplares en algunos arroyos que surcan las cañadas rocosas que tienen encinos, palmas y cactos.

En los meses de septiembre a noviembre se le puede escuchar cantando en las orillas de los arroyos o en el pasto de los potreros. Durante el día, reposa adherido a las paredes rocosas dentro del agua. Los renacuajos se observan en sus diferentes fases entre octubre y diciembre. Los huevos en forma de racimos se encuentran en la hierba de las orillas de los arroyos en septiembre y octubre. Es ahí donde los cazadores se dan cita para atrapar a estos animalitos y convertirlos en un platillo típico. En ocasiones, las hembras son cazadas antes de haber desovado.

Atzalan, la capital del municipio del mismo nombre, es la única ciudad donde se considera al calate como una especie comestible. En un principio, los lugareños eran los únicos que la cocinaban, lo que se hacía como un pasatiempo, especialmente el 29 de septiembre, día de San Miguel Arcángel y fecha en que los calates “llegaban” con el santo patrono para servir de alimento. La realidad es que por esos días comienza su ciclo de reproducción, y es cuando descienden de las partes altas a desovar en los arroyos. Hoy en día, los habitantes de diferentes poblados aledaños acuden a Atzalan para ofrecer calates por docena. Saben que es un mercado seguro y que se debe satisfacer la demanda de estos animalitos.

La captura de este anfibio se lleva a cabo en las riberas de los arroyos y estanques. El número de ejemplares capturados dependerá de la habilidad del cazador. Cuando se considera que se tiene una cantidad suficiente, hay que marchar a casa, porque viene la parte difícil del trabajo: sacrificar a los calates. Para realizar esta tarea, se hierve agua en un recipiente, se introduce a las ranitas en una funda de trapo y se sumergen en el agua hirviendo. Los sonidos que emiten en su agonía contrastan con la aparente paz que adoptan cuando son extraídos del agua caliente; de un modo similar a la posición en que se coloca a los seres humanos a su fallecimiento, los calates cruzan sus extremidades superiores en posición de descanso eterno (Figura 4). Una etapa posterior en su preparación consiste en ahumarlos para que se conserven el tiempo que sea necesario. Finalmente, son utilizados para hacer tortas de calate, las que pueden prepararse al gusto del cliente. Se dice que su consumo se viene realizando desde las culturas prehispánicas, pero no existen fuentes de información que soporten esta afirmación.

Calate disecado.
Figura 4. Calate disecado. Posición que toman cuando son sacrificados en agua hirviendo.

El calate tiene también una importancia cultural porque se ha convertido en el emblema de Atzalan. En el escudo del municipio se puede apreciar la torre solitaria, construcción que data de 1702; en la parte superior del escudo se observan ramas de café, que simbolizan el cultivo principal de la región, y dos calates sacrificados que resaltan la importancia de las ranas en la gastronomía local (Figura 5). Las personas que nacen en Atzalan son llamados “calates” y difunden con orgullo ese gentilicio. Inclusive, existe un equipo de futbol bautizado como “Los calates”.

La actividad económica que se crea en torno a la captura del calate genera ingresos significativos a los recolectores. Después de disecarlos, venden la docena entre 30 y 40 pesos. Esta misma cantidad de calates en un restaurant de la ciudad asciende a 190 pesos. Como en cualquier actividad productiva, quien tiene la oportunidad de pagar, acaparar y almacenar es quien obtiene el mayor margen de ganancia. Desde el punto de vista utilitario, la recolección de calates es una fuente temporal de ingresos para algunas familias. No existe un límite en el número de ejemplares capturados ni reglas del juego: el que capture más, gana más.

Escudo del municipio de Atzalan.
Figura 5. Escudo del municipio de Atzalan.

Las amenazas

La importancia biológica de los anfibios en general radica en que comen insectos, por lo que ayudan a controlar las poblaciones de zancudos y otros insectos que transmiten enfermedades a los seres humanos, con lo que se reducen padecimientos como el dengue y la fiebre amarilla. Los anfibios desempeñan importantes funciones en los ecosistemas, como el movimiento de nutrientes de los medios acuáticos a los terrestres, con lo que se contrarresta la erosión. Tienen un papel importante en las cadenas alimentarias como presa y depredador. Su piel produce sustancias que eliminan microbios y virus.

No obstante su importancia, hay diversos factores que podrían contribuir a acelerar la desaparición de esta especie en la región de Atzalan. Entre las amenazas más importantes para los anfibios se encuentra la pérdida del hábitat y la fragmentación de sus poblaciones debidas a la expansión de la agricultura, el aprovechamiento forestal no planificado, el crecimiento urbano y la construcción de caminos de terracería; la contaminación ocasionada por la descarga de aguas residuales en manantiales y arroyos inhibe y evita que se efectúe el ciclo reproductivo de esta especie (Figura 6). Otro importante factor global es una enfermedad que fue descubierta recientemente, causada por el hongo Batrachochytrium dendrobatidis, el cual ha causado la rápida disminución de muchas especies en el planeta: la mitad de las que se hallan en peligro de extinción y la cuarta parte

Arroyos contaminados.
Figura 6. Arroyos contaminados que anteriormente fueron áreas de reproducción natural del calate

de las especies amenazadas. Si a esto le agregamos la explotación intensiva del calate para el mercado, su desaparición aumenta exponencialmente.

¿Qué hacer?

La situación actual de este anfibio es muy similar a la de cientos o quizá miles de animales que han sido poco valorados por los seres humanos, sin que se estén tomando las medidas adecuadas para evitar su extinción. Esto provocará que en menos de una década el calate pase a la historia como la ranita que servía de alimento y enaltecía al municipio de Atzalan por su vasta presencia en la zona. Ante este panorama tan adverso, es momento de proponer estrategias que contribuyan a disminuir su captura y aumentar el tamaño de las poblaciones de calates, así como establecer módulos experimentales para estudiar y documentar su reproducción en cautiverio.

La protección del hábitat es la forma ideal para conservar las especies, sin embargo eso es difícil dadas las condiciones actuales, cuando se cree que la tierra que no genera una renta es ociosa, es difícil que se puedan crear espacios extensos para la conservación del calate.


Por otro lado, preocupa pensar en la reproducción en cautiverio para después liberarlos en su hábitat cuando este ya no existe. La estrategia debe ser integral y abarcar todos los factores que impiden la correcta reproducción de esta fascinante especie.

El panorama que se presenta para los calates de Atzalan es incierto. Sin embargo, se pueden efectuar algunas acciones para evitar su desaparición en la zona. Por ejemplo, la protección del hábitat debe ser una actividad esencial para que se destinen áreas apropiadas que hagan posible la reintroducción de los ejemplares reproducidos en cautiverio. De igual manera, es importante diseñar talleres de sensibilización para evitar su captura indiscriminada en la zona. Con estas acciones se aumentaría el número de individuos y el de sus poblaciones.

La reproducción en cautiverio puede, por lo tanto, mantener animales vivos, pero no siempre es el método más confiable para prevenir la extinción de los anfibios en la naturaleza. Desafortunadamente, pareciera que este tipo de conservación ex situ3 es la única opción para que los calates puedan sobrevivir al avance de la “civilización” en esta región.

Las transformaciones en los ecosistemas, hechas para lograr nuestro bienestar como especie humana han logrado, hasta hoy, abastecer la demanda inmediata de alimentos, agua, madera, fibras o combustibles. Desafortunadamente estamos provocando que las tasas de extinción de especies aumenten hasta mil veces por encima de las tasas típicas del planeta. Si creemos que nuestra creación fue concebida únicamente para conquistar el mundo y dominar las especies que en él existen, es momento de declarar nuestro triunfo y volver atrás. Quizá seamos capaces de observar que el hambre de dominio nos está haciendo acabar con todo, incluso con la especie dominante: nosotros mismos.


Para el lector interesado

  • Flores V., O. (1993). Herpetofauna mexicana. Lista anotada de las especies de anfibios y reptiles de México, cambios taxonómicos recientes y nuevas especies. Pittsburgh, PA: Carnegie Museum of Natural History.
  • García, A. y Cevallos. G. (1994). Guía de campo de los reptiles y anfibios de la costa de Jalisco, México. México: Fundación Ecológica de Cuixmala, A. C./Instituto de Biología, UNAM.
  • Santos B., G., Canseco M., L. y Flores V., O. (2004). Ecnomiohyla miotympanum. En IUCN (Ed.):IUCN Red List of Threatened Species, Version 2011.1.
    Disponible en línea: www.iucnredlist.org (Consultado el 2 de julio de 2011).
  • Wieckowski, K., R. y Alanah, H. (2003). Una guía para el monitoreo de los anfibios del parque natural metropolitano. Montreal: McGill University.
  • Young, B.E., Stuart, S.N., Chanson, J.S., Cox, N.A. y Boucher, T.M. (2004). Joyas que están desapareciendo: el estado de los anfibios en el Nuevo Mundo. Arlington, V.A.: NatureServe.

1 Norma Oficial Mexicana relativa a la protección ambiental de especies nativas de México.
2 El municipio de Atzalan se ubica entre los 19° 47’ latitud Norte y 97° 14’ longitud Oeste, en las estribaciones montañosas de la sierra de Chiconquiaco. Se divide en tres zonas importantes con diferentes climas y vegetación, que van desde los 70 hasta los 1700 metros sobre el nivel del mar. La zona de reproducción del calate es la ciudad de Atzalan y comuni dades aledañas.
3 La conservación ex situ es una actividad tendiente a la conservación de especies fuera de su hábitat mediante instalaciones acondicionadas para simular su ambiente natural. Este tipo de conservación generalmente está ligada a la investigación, los talleres de enseñanza-aprendizaje y la aplicación de medidas destinadas a la recuperación y rehabilitación de especies amenazadas para introducirlas en su hábitat natural.