REVISTA DE DIVULGACIÓN CIENTÍFICA Y TECNOLÓGICA DE LA UNIVERSIDAD VERACRUZANA
Mayo•Agosto
de 2011
Volumen XXIV
Número 2
Editorial
Dejad que los niños (y todos los mamíferos) jueguen
Pulp Fiction: las drogas y los tiempos violentos
Con tomates no hay cáncer
La enfermedad de Alzheimer y su costo familiar y social
Historia de la brucelosis
La teoría disidente del sida
El frijol maya del siglo XXI
El copite: una especie forestal maravillosa
El ensilaje: ¿qué es y para qué sirve?
El dualismo de las tecnologías de información en el cambio climático
Si se descuidan, los enfermo; si me presionan, hago plásticos naturales
ENTREVISTA / Teun van Dijk: Las ropas nuevas del racismo
DISTINTAS Y DISTANTES, MUJERES EN LA CIENCIA
Anna Maria Sibylla Merian: La ciencia de una artista
CURIOSIDADES CIENTÍFICAS
De tabaco, tabaquismo y otras hierbas
NUESTROS COLABORADORES EN ESTE NÚMERO
Contenido
 

Historia de la brucelosis

Olivia Padrón Tello, David I. Martínez Herrera,
Álvaro Peniche Cardeña,
y Lorena López de Buen

La brucelosis es una enfermedad propia de los mamíferos, ya que son capaces de alojar en forma natural a distintas especies de brucela, el microorganismo que la causa; provoca grandes pérdidas económicas en la ganadería y es una zoonosis de importancia mundial a la que se conoce como fiebre de Malta o fiebre ondulante. Su impacto en la economía ganadera se debe a que la manifestación clínica más evidente de la brucelosis es el aborto, el cual, además de implicar la pérdida de la cría y del periodo de producción de la leche, merma la salud del animal.

Los animales pueden infectarse porque tienen la costumbre de lamer las membranas fetales, los fetos abortados, las crías recién nacidas y los órganos genitales de otras hembras infectadas. Más de las dos terceras partes de las vacas preñadas abortan, cursando el resto de ellas una gestación sin incidentes, lo que propicia que, de manera accidental, el personal a cargo de los rebaños se contagie. Así, los animales que en apariencia están sanos, mantienen la bacteria dentro de la unidad de producción, diseminándola por la leche o durante los partos. La vía de infección más importante es la digestiva u oral. En los seres humanos, el contagio ocurre por la ingestión de leche o de sus derivados no pasteurizados. También hay contagio por vía cutánea si hay lesiones en la piel que faciliten la penetración del microorganismo.

Las personas que enferman de brucelosis presentan síntomas que van desde periodos de aparente mejoría hasta periodos en los que sufren fiebres, por lo que su diagnóstico es difícil. Dado que el número de muertes producidas por esta enfermedad es baja, el interés de los médicos por ella es poco frecuente si se les compara con los médicos veterinarios, quienes enfrentan los problemas concernientes a esta infección; son ellos, además de los trabajadores de zonas rurales, quienes están expuestos al contagio por las prácticas rutinarias en el campo. No obstante, el grupo más vulnerable a la brucelosis humana son mujeres cuya ocupación es ser amas de casa o estudiantes y con edades de entre 14 y 45 años de edad, que en conjunto representan 60% de los casos y que nada tienen que ver con las actividades agropecuarias.

Especies de brucela

Los microorganismos del género Brucela tienen forma esférica, un tanto alargados, por lo que fueron llamados micrococos o bacilos. Son gramnegativos y tienen una estructura compleja, a pesar de que carecen de flagelos o pelos, estructuras que les permiten a las bacterias moverse y adherirse a las células. Miden 8 micras de longitud por 0.6 micras de ancho. Son parásitos intracelulares que se alojan dentro de las células, lo que los mantiene protegidas de la acción de los medicamentos y de los mecanismos propios del sistema de defensa; por ello la infección puede volverse crónica y diseminarse hacia los órganos que más se ven afectados: el bazo, el hígado, las glándulas mamarias y el útero.

Existen varias especies de brucela que se clasifican como lisas o rugosas. Las cepas lisas infectan por lo general a las hembras: Brucella abortus a las vacas, B. melitensis a las cabras y B. suis a las cerdas; estas tres especies son capaces de infectar a los humanos. Los individuos del sexo masculino son infectados por las especies rugosas, como B. ovis, que infecta a los ovinos, y B. canis a los perros.

Antecedentes de la enfermedad

Las informaciones más antiguas referentes a casos humanos se atribuyen a Hipócrates (450 a. de C.). Durante la guerra de Crimea (1854-1856) se observaron numerosos casos de fiebres prolongadas, por lo que se sospechó una infección nueva, la cual se extendió a los países del Mediterráneo, en particular a la isla de Malta. Tres años después, Marston hizo cuidadosos estudios clínicos y autopsias en los individuos con tales síntomas, detalló la enfermedad según apareció en la isla y confirmó la presencia del padecimiento en otras zonas. En 1886, el médico inglés David Bruce aisló e identificó la cepa de Brucella melitensis a partir del bazo de un militar, la primera especie conocida del género. También demostró el alto grado de capacidad del microorganismo para producir la enfermedad y su diseminación a los diferentes órganos en un individuo infectado.

En Portugal aparecieron casos de fiebre ondulante desde 1893, los que fueron en aumento en los años subsiguientes. Se dice que en España –específicamente en Málaga, Cádiz, Murcia y Toledo– ya existía desde el siglo XVI, pero su presencia se confirmó en 1905, así como el incremento de los casos en la población caprina.

La enfermedad en el ganado bovino es conocida desde mediados del siglo XVIII. En 1864, Jenning señaló que el aborto ocurría “por simpatía”, ya que si una vaca preñada observaba abortar a otra, lo hacía también a los pocos días o semanas, por lo que recomendó el aislamiento de la vaca afectada. En 1895, en Dinamarca, Bang y Stribolt describieron también cuadros de brucelosis, ratificando que era el aborto su principal signo. Se supuso que el toro distribuía la enfermedad entre las hembras, y también la leche de vaca debido a la identificación de Micrococcus abortus, o bacilo de Bang, que hoy se conoce con el nombre de Brucella abortus, agente que ocasionaba la enfermedad en los humanos, lo que se confirmó mediante estudios epidemiológicos posteriores.

En 1897, Wright y Semple hicieron un estudio para diagnosticar a los individuos enfermos de Micrococcus melitensis, y en 1904 se nombró una comisión inglesa presidida por el doctor David Bruce (1855-1931) para revisar la enfermedad, la que toma su nombre de aquel. Un año más tarde, el doctor Zammit, miembro de la comisión, encontró reacciones positivas en casi la mitad de las cabras de Malta y que un número muy importante de ellas secretaba los organismos infecciosos a través de la leche. Este descubrimiento relacionó por primera vez la infección humana con la leche cruda de cabra, por lo que se prohibió su consumo y se redujo por consiguiente el número de personas enfermas y el número de muertes.

A principios del siglo XX, la incidencia de brucelosis en los humanos aumentó en las zonas mediterráneas, y después la infección se difundió a los países europeos y sudafricanos. Pero el mayor conocimiento de la enfermedad y el desarrollo de los recursos de laboratorio dieron lugar a que se identificaran con mayor seguridad los casos. En el año de 1900 la infección fue identificada en Córcega y doce años después en Sicilia debido al contacto con cabras. En 1935, Italia fue el país con más personas infectadas en el mundo, aumentaron los casos en el ganado bovino y se diseminó la enfermedad a otros países mediterráneos, como Grecia, Turquía, Argelia, Túnez y Egipto.

En 1909, en el sur de Francia se estudió la coincidencia entre una epidemia humana y los casos de abortos caprinos, al igual que en Rusia, donde también las infecciones de brucelosis eran más frecuentes cuando las borregas y las cabras abortaban. En 1910, los doctores Dalrymple-Champneys y Oxson dieron a conocer que la brucelosis había llegado a límites que comprendían, al norte, el litoral mediterráneo desde España a Turquía; al este, de Beirut a Jerusalén, y al sur, Túnez y Egipto.

En Estados Unidos el aborto contagioso era ampliamente conocido, pues se cree que la brucelosis había llegado muchos años antes a Texas y Nuevo México; sin embargo, los primeros casos se demostraron hasta 1905, lográndose también identificar al bacilo de Bang en la leche de vacas en apariencia sanas. Los doctores Mohler y Traum aislaron en 1914 el Micrococcus suis de cerdos prematuros y también de las amígdalas de niños que se alimentaban con leche cruda. Alice Evans, presidenta del Comité Interamericano de Brucelosis, estudió las bacterias de la leche y relacionó al bacilo de Bang con el Micrococcus melitensis. En 1920, las tres especies de bacterias descritas recibieron el nombre genérico de Brucella en honor al doctor David Bruce.

En 1956, Buddle aisló del carnero la especie Brucella ovis, asociándola con algunos abortos en las ovejas; Stoenner y Lackman, en 1957, hicieron lo mismo con Brucella neotomae, especie que aloja el ratón del desierto, y finalmente Carmichael, en 1967, aisló e identificó como Brucella canis al agente del aborto contagioso en los caninos.

La predominancia de casos producidos por Brucella abortus fue notable en las poblaciones pequeñas y en las zonas rurales y pronto se diseminó a Canadá y a Alaska. Grhenfeld y Butts, en 1934, consideraron que el contacto con las vacas era la principal fuente de infección para los humanos. Aunque Meyer y sus colaboradores confirmaron los casos de brucelosis caprina, el contagio en humanos fue raro porque ahí se empleaba muy poco la leche de las cabras.

Se dice que, durante la Conquista, la enfermedad se extendió a América Latina con las primeras cabras, pero hasta 1912 en Perú se notaron los primeros casos en humanos, y diez años después Morales Otero refirió abortos en el ganado bovino. En Argentina, D’Alessandro informó la aparición de la brucelosis bovina en 1930, Miravent reportó el hallazgo en humanos infectados y Fernández Ithurrat obtuvo Brucella melitensis de algunas cabras.

Desarrollo y extensión en México

En 1905, el doctor Valenzuela supuso que algunos de sus pacientes padecían fiebre de Malta por las fiebres intermitentes que sufrían, y Carbajal trató, sin éxito, de aislar Micrococcus melitensis de un paciente con los mismos síntomas. En Querétaro, Reséndiz relacionó la aparición de la enfermedad con la llegada de cabras murcianas, e incluso llegó a hablarse de una epidemia, pero los estudios bacteriológicos fueron negativos.

El doctor Manuel Vergara planteó en 1921 el problema de la existencia de la enfermedad en el estado de Puebla, confirmada por Pláceres aportando las pruebas serológicas y bacteriológicas necesarias. En 1924 se observó el primer caso de brucelosis en el Distrito Federal, y en 1935 en el estado de Jalisco. El doctor López Portillo recopiló información de todos los estados de la República, siendo los más afectados Coahuila, donde ocurrían diez muertes por cada 100 mil habitantes; después, Durango, Chihuahua, Querétaro, Guanajuato, Tamaulipas, Nuevo León y el Distrito Federal; en el resto de las entidades había menos de tres muertes.

El primer laboratorio especializado en brucelosis fue fundado en 1937 por el doctor Ruiz Castañeda, quien encaminó sus esfuerzos al conocimiento clínico. Debido al número de casos, la comunidad médica organizó el primer Congreso Nacional de la Brucelosis, acto que el siguiente año se realizó en Guadalajara, donde se dieron a conocer nuevas técnicas de laboratorio. Esto hizo que más casos humanos se lograran diagnosticar, y en el tercer Congreso, realizado en Guanajuato, se recopilaron datos del incremento de casos.

En los años de 1941 a 1945 Ortis Mariotte señaló un total de 1,339 casos en promedio por año, cifras inferiores a las reales pero que de todos modos iban en aumento. A pesar de los esfuerzos, se desconocía la incidencia real, motivo por el cual, en 1946, se celebró el primer Congreso Interamericano de Brucelosis, donde epidemiólogos de diversas poblaciones confirmaron la situación y reconocieron que la transmisión se efectuaba con más frecuencia a través de la leche, el queso fresco y otros derivados lácteos no pasteurizados.

En 1939, a partir del suero sanguíneo de 68 empleados del rastro de la Ciudad de México, se obtuvieron 21 resultaron positivos. Borbolla Mora encontró una incidencia de 31% en las personas que manejaban el ganado vacuno. En 1941, Torres estudió a 360 trabajadores del mismo rastro y a 3,100 personas con condiciones laborales y edades diferentes; 114 personas fueron consideradas como positivas porque tuvieron una reacción positiva a la intradermorreacción, procedimiento mediante el cual se conoce la respuesta del sistema de defensa del organismo ante estructuras propias de la bacteria; esta prueba también fue utilizada en otras regiones, como en Morelia, gracias a lo cual pudo detectarse que eran más las personas infectadas de lo que se creía.

Por su tendencia a la cronicidad, la brucelosis es de carácter acumulativo, por lo que hay motivos para creer que en México al menos 200 mil personas padecieron brucelosis clínica en los años setenta debido a que de 1974 a 1988 la tasa de incidencia aumentó 7.62%. La especie responsable de la mayoría de los casos humanos es Brucella melitensis porque en el territorio nacional el consumo de la leche de cabra y sus derivados es elevado en las áreas con gran densidad de cabras, como las zonas centro, sureste y costera.

En 1996 se publicó en el Diario Oficial de la Federación la Norma Oficial Mexicana 041, en la cual se establecen los procedimientos de la Campaña Nacional contra la Brucelosis en los animales. A pesar de los esfuerzos, solo el norte de Sonora se encuentra libre de la enfermedad desde 1994; en fase de erradicación están Yucatán (2002) y el sur de Sonora (2003); el resto de los estados se encuentra en fase de control.

En el estado de Veracruz el panorama respecto a la brucelosis no es diferente, a pesar de ser el estado con el mayor número de cabezas de ganado bovino en México. Por esta razón, la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia tiene una campaña permanente. Se han realizado estudios para conocer la prevalencia de la enfermedad y la eficacia de las vacunaciones con las cepas antibrucela y se promueve de manera activa la vacunación. Gracias a los estudios para conocer las prevalencia de la enfermedad en el estado, se sabe que las hembras son las más afectadas y mediante la realización de encuestas se han identificado los factores de riesgo que aumentan las posibilidades de infección. En la actualidad, se realizan pruebas moleculares para identificar genéticamente alguna especie de brucela en los productos lácteos que se expenden en zonas de mercado y en la descendencia de las vacas infectadas.

Los esfuerzos encaminados para erradicar la brucelosis en animales consisten en minimizar o suprimir la incidencia de brucelosis humana. Es necesario dar a conocer la enfermedad, la forma de identificarla, la vacunación y eliminar los animales infectados. Llevar a cabo de manera permanente estas medidas permitirá controlar y erradicar la brucelosis en los animales, tras de lo cual habrá mayores oportunidades para las exportaciones e intercambios con los estados que poseen un mejor estatus sanitario.

Para el lector interesado

Castro H.A., González S.R. y Prat, M.I. (2005). Brucelosis: una revisión práctica. Acta Bioquímica Clínica Latinoamericana, 39(2), 203-216.
López M., A., Migranas O., R., Pérez M., A., Magos, C., Salvatierra I., B., Tapia C.,R., Valdespino, J.L. y Sepúlveda, J. (1992). Seroepidemiología de la brucelosis en México. Salud Pública de México, 34, 230-240.
Ruiz, C.M. (1986). Brucelosis, diagnóstico diferencial, pruebas de laboratorio, métodos de identificación, complicaciones, terapéutica y descripción clínica (3ª ed.) México: Universidad Nacional Autónoma de México.
Secretaría de Agricultura, Ganadería y Desarrollo Rural (1995). Norma Oficial Mexicana NOM-041-ZOO, Campaña Nacional contra la Brucelosis en los Animales. México.