La Ciencia y el Hombre
REVISTA DE DIVULGACIÓN CIENTÍFICA Y TECNOLÓGICA DE LA UNIVERSIDAD VERACRUZANA
Enero•Abril
de 2011
Volumen XXIV
Número 1
Editorial
El pleito de los agujeros negros
El padre Sol: el origen de la ritmicidad circadiana
La variación: manantial de especies
El abominable misterio de Darwin
Aprovechamiento de plantas y animales en Mesoamérica:
domesticación de especies
Un mil usos: el plátano
La feminidad en la muerte prehispánica
La importancia de la educación para reducir la inequidad
La decreciente salud reproductiva masculina
La corrosión atmosférica y su impacto en la economía veracruzana
La inocuidad en los alimentos: un derecho del consumidor
La interacción en el aprendizaje
RESEÑA / Reflexiones en torno al significado del tiempo y la historia económica
DISTINTAS Y DISTANTES, MUJERES EN LA CIENCIA
Lady Viruela: Mary Wortley Montagu
CURIOSIDADES CIENTÍFICAS
Personalidad, perronalidad,avelanidad, pezonalidad...
NUESTROS COLABORADORES EN ESTE NÚMERO
Contenido
 

La feminidad en la muerte prehispánica1

Xóchilt del Alba León Estrada

La mujer en Mesoamérica

Entre las principales deidades del panteón mesoamericano destacan el dios del agua Tlaloc, el del viento Ehecatl y el de la muerte Mictlantecuhtli, todos ellos con representación masculina; sin embargo, hay que decir que este último dios, que moraba en el inframundo, el mundo de los muertos, era siempre acompañado por Mictecacihuatl, la diosa y señora de la muerte, cuya importancia y relevancia era compartida con otras diosas, como Chalchitlicue, diosa del agua, Tlazolteotl, la gran paridora como aparece en el Códice Borbónico y diosa de las tejedo- ras, y Tonacacihuatl, la diosa madre, la mujer de la subsistencia de nuestra carne o cuerpo, cuyo concepto los conquistadores y evangelizadores españoles supieron manipular y aprovechar para erigir el culto católico de la Virgen María.

La importancia de la mujer en el mundo mesoamericano se manifiesta de diversas maneras, como las figurillas de piernas gruesas y senos amplios, muy recurrentes en el arte mesoamericano, que son ejemplos de la idea femenina de fertilidad y fecundidad asociadas a la tierra y la agricultura.

La relación tierra-mujer-fertilidad-muerte, en la cosmovisión mesoamericana, ha sido plasmada en los ritos y calendarios agrícolas y en las obras de los especialistas que han abordado tales manifestaciones culturales. Sobre lo que la mujer representó y sigue representando en nuestra sociedad, afirma Ángel María Garibay: “México ha sido un pueblo maternalista. Tiene sed de amor materno. [Este] se traduce en las imágenes de barro de mujeres grávidas que hallamos en los ínfimos sustratos arqueológicos, pero se halla atestiguada también en [muchos] cantos” 2 (1971:116).

diosa

La diosa Tlazolteotl, la comedora de inmundicias o gran paridora, según aparece en esta imagen del Códice Borbónico.

Mujer y muerte

En lo que respecta a la muerte, la mujer se presenta no solo como una diosa, sino también como protagonista en escenarios y ritos funerarios; tal es el caso del sitio arqueológico El zapotal, en e centro de Veracruz, donde una gran escultura de barro que representa a Mictlantecuhtli es acompañada por otras figuras que encarnan a las mujeres muertas en el parto, las cihuateteo, quienes a morir iban a habitar a la casa del Sol junto a los guerreros muertos en combate, con quienes se equiparaban en valor al morir ambos en una lucha; después de transcurrido cierto tiempo, su alma renacía en forma de ave.

En ciertos contextos arqueológicos se han hallado entierros que suelen mostrar elementos y características acordes al sexo de individuo y que definen su género y rol desempeñado en la sociedad. En esta ocasión hablaremos de los entierros prehispánicos en el sur de Veracruz, pero resaltando aquellos que representan el cadáver de una mujer.

Entierros de mujeres en el sur de Veracruz

Al parecer, las mujeres eran enterradas con mucho más esmero que los hombres, lo que evidencian los objetos que suelen acompañarlas y que son características que no se encuentran en los entierros masculinos. Hay datos de tres sitios arqueológicos donde este fenómeno se repite en el sur de Veracruz, y cur iosamente están fechados en el mismo periodo cultural: el Clásico Tardío (650-750 d. de C.-900-1000 d. de C.).

Medias Aguas

Este sitio arqueológico se encuentra en el municipio de Sayula de Alemán, en la congregación del mismo nombre. Según los investigadores, es un sitio de segundo orden situado en medio de dos centros olmecas importantes: Las Limas y San Lorenzo. Fue ocupado desde el Preclásico Medio (1200 a. de C.-400 a. de C.), pero todo parece indicar que fue en el Clásico Tardío cuando tuvo su mayor apogeo cultural y poblacional. En los primeros trabajos de excavación realizados en 2004 se encontraron cinco entierros prehispánicos al norte del montículo mayor, de los cuales se han identificado tres femeninos.

En el primero de ellos se halla una mujer adulta. Es un entierro en el cual el esqueleto se encuentra en la misma posición y lugar en que fue depositado al momento de ser enterrado (tipo primario) directamente sobre la tierra (directo), en posición flexionada sedente con dirección al norte. Los restos óseos se encontraron en un grado de conservación relativamente satisfactorio. También se hallaron fragmentos de tres vasijas como parte del acompañamiento del cuerpo.

El segundo entierro es de tipo primario, pero el esqueleto o restos óseos fueron depositados dentro de una vasija (indirecto). Perteneció a una mujer adulta y fue depositado en posición sedente, flexionado sobre un plato de paredes rectas abiertas. La ofrenda consiste en tres cajetes, un jarro miniatura, malacates, cuentas de barro, una punta de flecha, una broca de obsidiana negra y una navaja de obsidiana gris veteada; además, los huesos estaban cubiertos con un pigmento rojo, quizá cinabrio. El último de estos entierros corresponde a una mujer adulta de entre 25 y 35 años de edad. Es un entierro primario indirecto, en el que el cuerpo está depositado en posición flexionada sobre un plato. Es el esqueleto más completo encontrado en el sitio. Se acompaña de varias vasijas pequeñas y una vasija globular dispuestas como ofrenda.

Matacapan

Situado en la región de Los Tuxtlas, este sitio se ubica en el municipio de San Andrés Tuxtla, muy cercano a la ciudad de Catemaco. Los trabajos arqueológicos que se realizaron en la primera mitad de la década de los 80 arrojaron importantes datos sobre la historia mesoamericana. Se encontró arquitectura y cerámica similar a la usada en Teotihuacan, además de que su periodo de auge coincide con el de la gran ciudad de los dioses. Se piensa que Matacapan funcionó como un enclave de los teotihuacanos en la costa del Golfo, de ahí la gran influencia cultural que recibió de estos. Se tiene el registro de 24 entierros prehispánicos en el sitio, siendo los de las mujeres los más complejos y ornamentados.

El primero de ellos se ubica en el barrio teotihuacano, junto a una gran cantidad de cerámica y rocas que al parecer formaban parte del relleno de una estructura. En este entierro, el cadáver de una mujer de 15 a 20 años de edad se encontró acostado sobre su lado izquierdo, con el cuerpo flexionado y con la cara apuntando al oeste. No se encontraron objetos asociados como ofrenda, pero lo interesante es que el cuerpo fue enterrado con cuatro anillos de cobre, dos en cada mano.

Cihuateteo

Cihuateteo. Las representaciones en terracota de las mujeres muertas en el parto fueron halladas en asociación con los enterramientos, el osario y el recinto sagrado dedicado a Mictlantecuhtli en El Zapotal.

El pozo donde fue encontrado dicho entierro mostró evidencia de ocupación teotihuacana y se fechó como correspondiente al Clásico Tardío, por lo que se sitúa en el marco cronológico de la ocupación teotihuacana en Matacapan. El segundo también se halla en el barrio teotihuacano. Se ubica muy cerca del entierro anterior y es similar en su postura y algunos otros elementos, por lo que pudieran estar relacionados. Con una edad aproximada de 22 a 27 años de edad, el cuerpo de esta mujer fue enterrado acostado sobre su vientre, con las piernas flexionadas y las manos cruzadas. Su estado de conservación se considera excepcional. De forma semejante al anterior, en este tampoco se encontraron objetos de ofrenda y el cadáver portaba dos anillos de cobre en cada uno de los tres dedos medios de ambas manos. El cráneo muestra deformación intencional, mucho más notable en el lado izquierdo, lo que le da una apariencia asimétrica exagerada; además, tiene los ocho dientes incisivos mutilados intencionalmente con cortaduras en forma de “v”. Por el estilo de la mutilación dentaria, los investiga dores lo ubican en el Clásico Tardío.

Hay también un entierro de una mujer sentada, con las piernas flexionadas y la cabeza volteada con brusquedad. El cuerpo estaba directamente colocado sobre una cama o base de fragmentos cerámicos previamente sepultados. Su ofrenda consistió en varias cuentas de concha, tres agujas pulidas de hueso y diecisiete vasijas completas.

La Campana

Este sitio arqueológico se encuentra dentro del municipio de Tlacojalpan, ubicado sobre el margen derecho del río Papaloapan, a unos 7.3 kilómetros de distancia hacia el sur-oeste de la villa de Otatitlán y a unos 4.3 kilómetros hacia el este de su cabecera municipal. Toma su nombre del famoso Cerro de la Campana, hoy desparecido por la continua creciente del río y la erosión, pero aún presente en el consciente colectivo a través de una infinidad de mitos y leyendas que los pobladores de la región han guardado en su tradición oral.

Durante 2001 se excavó un entierro, hasta ahora el más complejo y rico encontrado en el sitio, y por ende el más estudiado y que se ha descrito con mayor detalle en los informes, que se denomina “La Dama de Tlacojalpan”, la cual fue encontrada bien preservada dentro de una urna de gran tamaño tapada con otra vasija. Un año más tarde se encontraron cinco entierros más en la misma área, pero ninguno de ellos con esas características.

Es un entierro primario indirecto de una mujer de edad adulta (de 22 a 28 años), cuya posición era sedente, con los brazos doblados al frente y la cara hacia el este.

Se encontraron, a modo de ofrenda, varios objetos elaborados en concha con forma de clavo, una navaja de hueso, dos puntas de flecha y una navaja de obsidiana negra, además de numerosos artefactos de hueso y figurillas en forma de ave. Pero lo más sobresaliente es un collar de caracoles de sesenta piezas finamente trabajadas.

Al año siguiente del hallazgo de La Dama de Tlacojalpan, un entierro más se excavó en un área muy próxima. De tipo primario directo, se infiere que se trata de una mujer joven dado el tamaño y forma del cráneo y la pelvis. En posición flexionada, se apoyaba sobre su lado izquierdo. Los restos óseos estaban cubiertos por pigmento rojo y como elementos asociados se hallaron una orejera de jadeíta, malacates decorados con pintura roja, dos jarros de cuello largo y un cajete.

En conclusión, los seis entierros femeninos descritos compartían una característica en cuanto a su postura: estaban flexionados. Esta postura está relacionada en muchas culturas a la idea de renacer; se flexiona al difunto para que en forma fetal y enterrado en la Madre Tierra le sea más fácil reintegrarse al cosmos.

El entierro de Medias Aguas y uno de La Campana tenían malacates como parte de la ofrenda. En las crónicas y códices este elemento está asociado a Tlazolteotl (la comedora de inmundicias y paridora de hombres, cuya característica principal en su atavío es un huso que señala su condición de patrona de las hilanderas), en su advocación de Xochiquetzal (diosa del amor, las artes domésticas, la belleza y las mujeres públicas compañeras de los guerreros), quien en el Códice de Madrid aparece tejiendo. Ambas diosas del panteón azteca se vinculan con el norte, la región de la oscuridad y la muerte.

En los tres sitios se registran entierros de tipo indirecto y primario, y son los restos femeninos en vasijas los únicos que cuentan con material de obsidiana, lo que podría interpretarse como una distinción por su estatus, aunque para reafirmar tal hipótesis será necesario tener una muestra mayor.

Tres entierros presentan pigmento en sus huesos, uno en Medias Aguas y dos en La Campana, quizá de cinabrio. Los huesos pigmentados se asocian con el estatus e importancia del personaje, como ocurre con la Reina Roja de Palenque, cuyo cadáver estaba cubierto por este mineral.

En Matacapan llaman la atención los anillos de cobre que portan las mujeres. El registro arqueológico señala que la tradición metalúrgica en Mesoamérica proviene del occidente, donde la explotación de éste y otros minerales empezó en el 700-800 d. de C. Diversos estudios señalan que más de 80% de los objetos de metal indicaban el poder y status de una elite de sacerdotes y gobernantes, pues el metal no se consideraba propio del vulgo.

Uno de los ent ier ros de Matacapan muestra evidencia de que el cráneo fue girado con mucha fuerza justo antes de ser enterrado, aunque el cuerpo no está decapitado ni desmembrado. Esta práctica podría derivarse de la decapitación o el desmembramiento funerario practicado en Teotihuacan de forma ritual. En la mayoría de los entierros de Matacapan (incluyendo los masculinos) los cuerpos fueron enterrados en posición flexionada, posición que, junto con la sedente con variada orientación, es la más común en los cadáveres hallados en las fosas teotihuacanas.

En términos generales, La Dama de Tlacojalpan es el entierro que muestra una mayor calidad y cantidad de objetos en su ofrenda, consistente en objetos de material muy variado, lo que pone de manifiesto la importancia que el personaje tuvo en vida y el reconocimiento de su persona social mostrado por la comunidad en sus ritos funerarios.

Elementos como el sexo, la causa de muerte, el lugar donde ocurrió, la disposición del cadáver, la forma de la tumba y su orientación, la afiliación social y la calidad y cantidad de ofrendas son indispensables para conocer e identificar el rango del personaje enterrado y desarrollar los principios generales para la interpretación de su estatus social. En los casos mostrados, la mujer, como la muerte y la vida, son protagonistas.

Para el lector interesado

Garza T., S. (1991). La mujer mesoamericana. México: Planeta.
Oliveros M., J.A. (2006). El espacio de la muerte. México: El Colegio de Michoacán/Instituto Nacional de Antropología e Historia.
Rodríguez-Shadow, M. (1991). La mujer azteca. México: Universidad Nacional Autónoma de México.


1Versión adaptada de la ponencia “Entierros Prehispánicos en el sur de Veracruz. La feminidad en la muerte”, presentada en el 73 Annual Meeting Society for American Archaeology, celebrado en Vancouver, Canadá, 2008.
2 Garibay, A.M. (1971). Historia de la literatura náhuatl. México: Porrúa.