REVISTA DE DIVULGACIÓN CIENTÍFICA Y TECNOLÓGICA DE LA UNIVERSIDAD VERACRUZANA
Volumen XXIII
Número 3
Editorial
Los aminoácidos, eslabones de vida
Para la hipertensión, la jamaica
El cerebelo y sus lesiones
Trypanosoma cruzi y endotelio: ¿paraíso o campo de batalla?
¿Síndrome metabólico o nuevas costumbres?
Utilidad de las redes en la prevención de epidemias
Los helechos y el bosque de niebla
Las semillas de la magnolia
La productividad ecosistémica: ¿una estrategia empresarial?
Biomonitores: desenmascarando a los tóxicos
Tecnologías de la información y cambio climático
Y la simetría, ¿qué es?
CUENTO / Legado sombrío
DISTINTAS Y DISTANTES, MUJERES EN LA CIENCIA / Sofia Kovalevskaya o el camino poético de la matemática
CURIOSIDADES CIENTÍFICAS / El Camino de la Ciencia en Veracruz
NUESTROS COLABORADORES EN ESTE NÚMERO
Contenido
 

Los helechos y el bosque de niebla

César Isidro Carvajal Hernández
y Mario Vázquez Torres

El bosque de niebla y su riqueza vegetal

Los bosques mesófilos de montaña, también conocidos como bosques de niebla, están presentes en Veracruz en la zona montañosa, justamente ahí donde la humedad acarreada del mar topa con la vegetación y se condensa en neblina, de tal forma que al recorrerlos se tiene la extraordinaria sensación de caminar por las nubes. Estos ecosistemas, además de su belleza, son refugio de muchas especies vegetales, estimándose que la biodiversidad contenida en ellos puede ser incluso mayor a la que hallamos en las selvas tropicales.

El bosque mesófilo de montaña se encuentra en la zona de transición entre los ecosistemas tropicales de baja altitud y los templados de mayor altitud. Se desarrolla en Veracruz en zonas que van de los 500 a los 1,800 metros sobre el nivel del mar, quedando aún remanentes al norte del estado en la región de Huayacocotla, en la sierra de Chiconquiaco, en Xalapa, Coatepec y Huatusco, en el centro de Veracruz y en la zona de Los Tuxtlas, al sur de la entidad.

Desafortunadamente, este bosque se está extinguiendo en la entidad y en el mundo en general, y con él la enorme riqueza que contiene. Se valora que contiene alrededor de 2,500 especies de plantas vasculares que habitan ahí de manera exclusiva o preferente. Tal cantidad representa alrededor del 10% de la riqueza florística calculada para todo el país, y significa que este tipo de vegetación es mucho más diverso por unidad de superficie que cualquier otro en México.

En esta riqueza vegetal se concentra un gran número de plantas que crecen sobre otras sin afectarlas, como las orquídeas, bromelias o “tenchos”, y helechos, principalmente. Este último grupo de plantas está muy bien representado, y para algunos autores es un componente de suma importancia en la fisonomía de tales bosques.

¿Qué son los helechos?

Los helechos y plantas afines (pteridofitas o filicofitas, como se conocen técnicamente) son plantas vasculares que se reproducen por esporas, y las podemos ubicar en la escala evolutiva entre los musgos y las plantas con semillas. Han existido en el planeta desde el periodo Devónico, hace aproximadamente 370 millones de años, y hasta nuestros días son bastante abundantes en cuanto a números de especies se refiere.

Se consideran como plantas afines las especies pertenecientes a la familias botánicas Psilotaceae, que son los primeros vegetales que aparecieron en la Tierra y que desarrollaron un sistema de conducción de nutrimentos; Selaginellaceae, llamadas también siemprevivas; Equisetaceae, conocidas como colas de caballo; Lycopodiaceae, la familia de los licopodios, e Isoetaceae, que son plantas muy difíciles de encontrar en estado silvestre.

Desarrollan una gran variedad de formas, que van desde las muy frágiles con dos capas de células, de apariencia traslúcida y que sobreviven en sitios con abundante humedad, hasta los majestuosos helechos arborescentes que pueden alcanzar de manera natural hasta más de diez metros de alto y que imprimen un toque característico a estos bosques. En condición intermedia se encuentran un sinfín de formas, tamaños y texturas que hacen a este grupo muy atractivo, por lo que son muy utilizadas como plantas de ornato debido a que brindan una amplia gama de formas para diferentes fines estéticos y condiciones ambientales.

Los helechos se pueden adaptar a diferentes condiciones de vida, como los epifitos, que viven como huéspedes sobre otras especies de plantas sin dañarlas; los palustres, que viven en zonas que en algún momento del año están cubiertas por agua; los acuáticos, que pueden vivir permanentemente en los cuerpos de agua; los rupícolas, que viven sobre las piedras, y por supuesto los que viven directamente en el suelo.

Los helechos, pese a haber surgido hace millones de años, aún conservan características consideradas como primitivas; por ejemplo, tienen un tallo subterráneo llamado rizoma, del cual surgen las hojas o frondas; no producen flores, frutos ni semillas, como lo hace la mayoría de las plantas existentes; se reproducen por medio de esporas microscópicas que están contenidas en unas estructuras llamadas soros, de tal manera que al observar ciertas formas parecidas a lunares en las hojas de algunas de estas plantas, podemos decir que son fértiles y que se encuentran listas para esparcir sus esporas.

La producción de esporas es inmensa, ya que cada planta puede producir entre 10 mil millones y 30 mil millones. Esta cantidad, así como su tamaño microscópico, permiten que se dispersen fácilmente por el viento y colonicen nuevas áreas, lo que les asegura un éxito reproductivo. Por tal razón, los podemos encontrar prácticamente en todos lados, siempre y cuando exista la cantidad de humedad necesaria para su desarrollo, pues de ella depende su sobrevivencia.

Los helechos se distribuyen principalmente en zonas templadas y cálidas, entre los 12 y 27º C de temperatura media anual, en climas húmedos a subhúmedos. Aunque prefieren vivir en las altitudes ya mencionadas, no significa que no se encuentren en otras, ya que se les puede encontrar desde el nivel del mar hasta una altura mayor a los 3 mil metros sobre el nivel del mar, si bien en menor cantidad.

Se estima que en el mundo existen cerca de 10 mil especies. En el continente americano, entre los países que cuentan con mayor diversidad de helechos se halla Colombia, con cerca de 1,300 especies, y Ecuador, con un número muy similar. Los helechos están bien representados en México, pues posee un poco más de mil especies agrupadas en 124 géneros. El estado de Oaxaca es la entidad que mayor riqueza tiene, con 690 especies, seguido de Chiapas, que posee 609. Veracruz ocupa el tercer lugar en cuanto a diversidad de helechos se refiere, pues se registran alrededor de 550 especies de helechos y plantas afines en todo el estado.

El número de especies de helechos colocan a Veracruz como uno de los más diversos en este grupo en el país, gracias a los dos tipos de vegetación presentes en la entidad: las selvas lluviosas del sur y el ya mencionado bosque de niebla.
Así, cuando hablamos del bosque mesófilo no podemos más que pensar en la gran cantidad de especies que contiene, y forzosamente en los helechos como un importante grupo en su estructura y biodiversidad.

La sierra de Chiconquiaco: refugio natural de la biodiversidad veracruzana

La sierra de Chiconquiaco se encuentra en la zona central del estado, en la parte final del Eje Neovolcánico Transversal. Comprende a los municipios de Atzalan, Altotonga, Chiconquiaco, Juchique de Ferrer, Landero y Coss, Las Minas, Las Vigas, Miahuatlán, Misantla, Tatatila, Tenochtitlan y Tonayan. Forma las partes altas de las cuencas de los ríos Nautla, Misantla y Colipa, siendo estos los ríos más importantes en la región.

Esta zona es impor tante desde los puntos de vista social, histórico, cultural y ecológico, siendo este último el que nos atañe aquí. Por encontrarse tan cercana a la zona costera del Golfo de México, la sierra de Chiconquiaco ofrece una gran variedad de ambientes que son relevantes desde la perspectiva ecológica. La conjunción de climas cálidos de la costa y los templados de las partes altas hace posible la existencia de diferentes ecosistemas y, por ende, de un gran número de especies vegetales y animales, sin considerar la inimaginable cantidad de insectos y microorganismos, por la que está considerada por la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (CONABIO) como un sitio prioritario de conservación.

Entre los ecosistemas presentes, el que más se destaca por su extensión –y desde luego por su importancia ecológica– es precisamente el bosque de niebla. Según datos del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI), en la zona aún hay más de 40 mil hectáreas de bosque mesófilo, por lo que se puede asegurar que en ella se conservan los más grandes manchones de este tipo de vegetación que todavía persisten en Veracruz, protegidos por escarpadas laderas, tan comunes en la región. De acuerdo a una revisión de los inventarios bibliográficos disponibles del lugar, en la zona hay cerca de 2 mil especies vegetales y aproximadamente 1,100 de vertebrados; de ellas, 39 especies de plantas y 238 de animales se consignan en la NOM-059-ECOL-2001 dentro de alguna de las categorías de riesgo que ahí se establecen. De estas especies, más de 70% se encuentran en la superficie ocupada por el bosque mesófilo.

Las altitudes donde se concentra la mayor cantidad de helechos coincide con los bosques de niebla. En ellas se reúnen las condiciones de temperatura y humedad necesarias para que pueda existir este tipo de bosque, características que se encuentran justamente en la sierra de Chiconquiaco, donde existen cerca de 300 especies de pteridofitas en los municipios que la conforman. Así, en un espacio que representa menos de 10% de la superficie estatal se encuentra contenida más de la mitad de la riqueza de helechos reportada para el estado y 32% del total de especies de este grupo que hay en el país.

Dicha situación pone de manifiesto la importancia que tiene el lugar para la conservación del capital natural con que cuenta nuestro estado. Si en este caso se hace referencia a los helechos, lo mismo vale para las orquídeas, bromelias y otros grupos ubicados en la zona, los que están ahí gracias a la presencia del bosque mesófilo de montaña.

Pero los riesgos de que desaparezca el bosque de niebla por la extensión de terrenos agrícolas y ganaderos constituyen un problema muy real, preocupante y que urge resolver. En la sierra de Chiconquiaco se nos ofrece la oportunidad de reivindicarnos como sociedad con la naturaleza a través de la conservación de las zonas que aún mantienen ese bosque tan especial. De esa forma, se aseguraría la permanencia de una riqueza florística y faunística que continuaría poniendo a Veracruz en el puesto de honor de ser uno de los tres estados más biodiversos de todo el país.

Para el lector interesado

Rzedwoski, J. (1996). Análisis preliminar de la flora vascular de los bosques mesófilos de montaña de México. Acta Botánica Mexicana, 35, 25-44.