REVISTA DE DIVULGACIÓN CIENTÍFICA Y TECNOLÓGICA DE LA UNIVERSIDAD VERACRUZANA
Volumen XXIII
Número 3
Editorial
Los aminoácidos, eslabones de vida
Para la hipertensión, la jamaica
El cerebelo y sus lesiones
Trypanosoma cruzi y endotelio: ¿paraíso o campo de batalla?
¿Síndrome metabólico o nuevas costumbres?
Utilidad de las redes en la prevención de epidemias
Los helechos y el bosque de niebla
Las semillas de la magnolia
La productividad ecosistémica: ¿una estrategia empresarial?
Biomonitores: desenmascarando a los tóxicos
Tecnologías de la información y cambio climático
Y la simetría, ¿qué es?
CUENTO / Legado sombrío
DISTINTAS Y DISTANTES, MUJERES EN LA CIENCIA / Sofia Kovalevskaya o el camino poético de la matemática
CURIOSIDADES CIENTÍFICAS / El Camino de la Ciencia en Veracruz
NUESTROS COLABORADORES EN ESTE NÚMERO
Contenido
 

Cuento:Legado sombrío

Christian Arturo Hernández Hernández

Aún evoco ese día, aún cargo en mis hombros el peso de la muerte de aquellos astronautas. ¿Por qué los envié allá? Creo que nunca lo sabré; tal vez fue por el mero mérito científico. Queríamos colonizar otro planeta, contactar otra civilización. O tal vez fue por mis propias ambiciones, por sentir el éxito y ser recordado por la historia. Sin embargo, al recordar sus gritos de agonía mientras sus cuerpos se quemaban, desdeño cualquier avance científico o memoria eterna… nada vale la pena.

Pero hay algo que me turba todavía más que la culpa de haber dado la orden de explorar aquel extraño planeta, de hallar la razón de que su civilización hubiera desaparecido.

Recuerdo que la expectación comenzó el día en que un extraño objeto cayó en nuestro planeta. Al principio pensamos que se trataba de un pequeño meteoro, pero cuando nuestro equipo lo recuperó nos percatamos de que era algo más interesante: se trataba de una cápsula creada por alguna forma de vida inteligente. Pronto se volvió noticia. nuestros científicos trabajaron mucho examinándola y encontraron que ese dispositivo guardaba una serie de datos en su interior, entre los cuales se encontraba su lugar de origen.

—Es una sonda, enviada para nosotros –pensamos. no podíamos creer lo que teníamos en nuestras manos. Algunos tuvieron miedo, otros sólo emoción, pero la realidad era que de alguna manera habíamos hecho un contacto con otra forma de vida en el universo.

Los políticos comenzaron a ambicionar ir a aquel planeta para establecer un nexo con otros seres inteligentes. Entonces, asignándome el mando de la misión Ekualus Bios, me pidieron que contactara a los creadores de la cápsula.

Sin pensarlo dos veces tomé el mando de un equipo conformado por los mejores científicos de todo el mundo y el trabajo comenzó. Rastreamos la ruta de la sonda, hicimos los cálculos necesarios sobre el tiempo y la distancia que necesitábamos atravesar para poder llegar al planeta objetivo, se presupuestó el viaje, hicimos unos trajes espaciales perfectos, entrenamos a los astronautas… ¡Ah!… y los entrenamos para su muerte. Dos años tardamos en preparar la misión, en la que viajarían más rápido que la misma luz.

El día del lanzamiento de la nave todos los habitantes del planeta estaban a la expectativa sobre lo que iba a ocurrir; estábamos escribiendo un nuevo capítulo en nuestra historia… y yo era el autor principal. Todo salió perfecto: el despegue, el viaje. El ánimo no podía estar más alto. Luego de unos meses, la nave localizó el planeta objetivo.

—Señor, solicitamos permiso para ingresar a la atmósfera del planeta T-03 –recuerdo bien aquellas palabras–. Procedan con precaución –indiqué.

Los astronautas hicieron descender la nave hasta la superficie rocosa del planeta y entonces comenzaron su crónica.

—Ivalion, aquí la misión Ekualus Bios. Hemos empezado a hacer un análisis de la atmósfera del T-03, que al parecer se compone de 78% de nactotita, siendo su temperatura de 1413 itcilones. Condiciones estables. Procedemos a salir.

Los astronautas descendieron de la nave y pisaron por primera vez el lejano planeta.

—El cielo es gris, pero no hemos descubierto alguna forma de vida, a menos que… ¡Esperen!
—Líder Alpha, ¿qué ocurre? –pregunté a través del micrófono.
—Hay unas estructuras bióticas inertes de color verde.
—Proceda e investigue, pero hágalo con sumo cuidado –ordené. Los astronautas se acercaron a los seres verdes que lo único que hacían era moverse suavemente con el viento.
—Se trata de una forma de vida inferior. Carecen de conciencia.
—Líder Alpha, conecte su transmisor.
—Conectando...

En ese momento, cuando el transmisor de imágenes del astronauta Alpha se enlazó a nuestra base, todos quedamos atónitos. Estaban de pie en un paraje extraño, totalmente diferente de nuestro planeta. El suelo estaba cubierto por un tipo de aglomerado verde, y las estructuras vivas que habían descubierto, de formas muy raras, se erguían muy por arriba de la altura de los astronautas, pero no se movían, como si estuvieran clavadas en el suelo.

—Comenzamos en este momento la caminata de exploración.

Todos, ansiosos, no despegamos la vista de la pantalla, que reflejaba el camino que los astronautas iban descubriendo. Al parecer, esos seres vivientes inferiores eran la especie dominante del planeta, pues los había por todos lados.

—Líder Alpha, ¿hay alguna señal de vida inteligente? –quise saber.
—negativo, Ivalion, no hay nada que muestre la menor capacidad de pensamiento.

La tropa continuó su camino por un rato más, hasta que, luego de subir una colina, hizo un gran descubrimiento.

—¡Es impresionante¡ –dijo el líder de la tropa– solicito instrucciones.

Realmente tardé en reaccionar. Estaba tan asombrado con lo que veía en la pantalla que no pude contestarle de inmediato.

—Acérquese más y verifique la naturaleza de esas cosas… ¿Son estructuras artificiales?

La cámara nos mostraba una serie de columnas gigantescas de varias formas, pero la mayoría tenía forma rectangular; eran imponentes y el cielo grisáceo les daba un aspecto aterrador.

—Líder Alpha, presumiblemente eso es una ciudad. Estén preparados para un contacto directo con seres inteligentes.

Los astronautas se acercaron más y más, hasta que pisaron un suelo distinto

—Señor, el suelo aquí parece roca sólida, y además sigue un patrón demasiado perfecto como para ser natural. Supongo que se trata de un camino.
—¿Puede ver hacia donde se dirige?
—Tal parece que va hacia las estructuras gigantes.
—Entonces sígalo. Hemos dado con la civilización que buscábamos –dije emocionado.

Los astronautas comenzaron a ponerse nerviosos, lo que supimos por su respiración; pero su entrenamiento los había preparado para jamás claudicar. Entonces, luego de recorrer una distancia regular, penetraron en un laberinto de caminos y grandes torres.

—¡Es increíble! ¡Por todos lados hay evidencias de vida inteligente! Pero todo se ve…
—Abandonado –dije, completando la frase.

Efectivamente, la ciudad descubierta estaba derruida, abandonada al tiempo; además, ningún ser, inteligente o no, había emergido al encuentro de nuestros emisarios.

—no hay señales de habitantes, señor.
—no se confíen. no sabemos la arquitectura que utilizan estos seres ni sus costumbres. Ésta sin duda es una gran revelación y prueba que están muy cerca.

Los astronautas miraban la extraña ciudad, en la que destacaban unos objetos corroídos y manchados que descansaban amontonados en los caminos de piedra.

—Líder Alpha, examine aquellos objetos –le ordené.

El grupo de astronautas se acercó a uno de aquellos objetos amorfos y desgastados, colocados sin orden ni concierto sobre los caminos.

—Creo que es una antigua máquina, posiblemente un vehículo; tiene ruedas y cristales, pero ha estado abandonado aquí por mucho tiempo. Está roto y cubierto de esta vegetación verde y sin conciencia.

“¿Qué ocurre aquí?”, me pregunté. Ahora el que se ponía nervioso era yo y la curiosidad me carcomía por dentro. ¿Dónde estaban los creadores de esta ciudad?

La imagen transmitida nos reveló cómo los astronautas levantaban la vista hacia las torres en busca de algún movimiento, pero éstas no mostraban sino sombras en sus enormes ventanales, manchados por la suciedad, que expresaban la nostalgia de un pasado que ya no existía.

—La ciudad está abandonada –confirmó el líder Betta–.
—¡no puede ser! ¡Busquen más!

Esa orden fue, según yo, la última de una serie de malas decisiones que tomé, mi último punto de retorno. De haber escuchado al astronauta Betta, habrían regresado a salvo.

El líder Alpha condujo al grupo explorador por las calles, pero el panorama era el mismo. ningún ser inteligente se hallaba ahí, y la singular desolación persistió hasta que, para sorpresa de todos, un escalofriante hallazgo emergió.

—¡Oh, Dios! –exclamó el astronauta Delta. Su cámara nos había revelado un enorme cráter en el camino, un cráter de más de treinta metros de diámetro.
—¿Qué habrá pasado?
—Ivalion, parece ser que se trata del impacto de un meteoro. Estoy seguro, ¿de qué otra cosa podría tratarse? –me dijo el líder Alpha.

Los que estábamos siguiendo la transmisión rápidamente comenzamos a especular y a tratar de dar una explicación a la ausencia de los seres inteligentes.

—Tal vez fueron destruidos por una lluvia de meteoros –algunos comenzaron a decir.
—Los meteoros debieron haber barrido su civilización –aventuró alguien más.

Yo no me encontraba tan seguro. Sólo había un cráter, y la ciudad era muy grande. A menos que el impacto hubiera provocado un gran incendio, o que…

—¡Contacto! ¡Vida inteligente! –se escuchó en las bocinas.
— ¡Líder Alpha, ubíquela! –grité.
—¡Se ha esfumado, señor! ¡Por allá!
—Astronauta, confirme apariencia. ¿Cómo era?
—Muy pequeña. Es un organismo minúsculo. no pude verlo bien, pero se ocultó en una torre.
—¡Así que son seres muy pequeños! ¡Por eso no los habíamos visto!

La cámara del líder Alpha comenzó a dar tumbos mientras aquél corría hacia la entrada de una torre.

—Equipo, extremen precauciones –les pidió el físico Barnan, un gran científico y parte del grupo.

La cámara mostraba imágenes irregulares debido a la agitación de los astronautas, y siguió así hasta que se estabilizó a la puerta de una de las torres de piedra.

—Valnéar, entonces la ciudad no estaba abando… –mi señal de silencio interrumpió el comentario de mi compañero.
—Aguarda –le dije.

El astronauta Alpha se encontraba en la entrada de la torre mirando la oscuridad del interior; vaciló un momento y luego entró lentamente a la primera sala, con las manos abiertas y hacia adelante, mostrando que no era una amenaza. Sin embargo, la sala estaba tan oscura que no se podía ubicar a ningún ser en el lugar.

—Ivalion, procedo a intento de comunicación. Seres inteligentes, escúchenme –fueron sus palabras. Todos sabíamos que las vocalizaciones humanas no podrían ser entendidas por aquellos seres, pero si tenían la inteligencia para hacer una sonda, la tendrían para saber que estábamos tratando de transmitirles un mensaje.
—Venimos desde otro planeta –continuó Alpha–. no somos una amenaza.

Luego de decir lo anterior, los astronautas fueron encendiendo sus luces de neón una a una, iluminando tenuemente la habitación; pronto dos seres aparecieron a la vista del equipo. Eran muy pequeños, andaban a cuatro patas y tenían dos cuencas oculares en la parte de la cabeza, una nariz que movían constantemente y el cuerpo cubierto de pelo.

El líder Alpha se acercó un poco más a uno de ellos y se arrodilló para no parecer imponente.

—Reciba los saludos de los terrícolas –le dijo mientras bajaba levemente su cabeza y observaba al extraño ser.

Los que estábamos en la base espacial guardábamos total silencio esperando una respuesta del pequeño alienígena, pero éste parecía no interesarse mucho por el astronauta.

—¿Líder Alpha? ¿nota algo?
El astronauta suspiró.
—no, señor. Creo que no me entiende.

El enviado de la misión Ekualus Bios esperó un momento, y entonces, con gran velocidad, el organismo corrió hacia una grieta en un muro y desapareció allí.

—El ser se ha ido –confirmó el grupo de la misión.
—¡Demonios! –exclamé desesperado.
—no parece que esa forma de vida sea inteligente –comentó el astronauta Betta. Luego palpó uno de los muros–. no es posible que un ser así pudiera crear algo como esto –añadió.
El líder alpha se levantó y se reunió con sus compañeros.
—Exploraremos esta torre. Creo que hallaremos más pistas sobre la civilización y sobre los creadores de este lugar en las habitaciones.

El equipo comenzó a recorrer las salas de ese lugar, pero todas eran lúgubres y estaban abandonadas, húmedas y desgastadas. Era claro que nadie había estado cerca de ahí en mucho tiempo. Ahora el enigma era descubrir qué había pasado con los constructores. ¿Cómo esos seres superiores habían desaparecido? ¿Por qué abandonaron su ciudad?

Los astronautas llegaron a una sala llena de objetos y muebles muy diversos, hechos con materiales que nunca habían visto.

—Esto es una prueba de su cultura –dijo el astronauta Betta y procedió a tomar uno de los objetos que reposaba sobre una mesa. Era un cuadro de un material amarillento muy delgado que tenía una especie de escritura en una de sus caras.
—Ivalion, ¿ven esto?
—Afirmativo, líder Betta.
—Parece que se trata de un tipo de escritura, pero no puedo decodificarla –El astronauta Betta se la acercó a su visor y la examinó más de cerca–. ¡Qué antigua es!

El equipo registró el lugar, tomaron fotografías con escáner para tener un registro y luego se asomaron por una de las ventanas que daban al exterior.

—Líder Alpha, ¿qué es esto? – preguntó el astronauta Delta señalando un objeto metálico que estaba apoyado en una de las ventanas; era alargado y tenía un cañón que apuntaba hacia afuera.
—no tengo idea –el líder alpha lo palpó por todos lados, cuando sus manos tocaron un pequeño gatillo que uno de sus dedos jaló, produciéndose un tremendo estallido.
—¡Qué fue eso? –exclamaron los astronautas, asustados–. ¡Alpha!, ¿qué hiciste?
—¡nada! –respondió. En la base también nos pusimos muy inquietos.
—Equipo Ekualus Bios, ¿se encuentran bien?
—Estamos bien, sólo que nos sobresaltó ese sonido.
—¿Qué clase de objeto es? –pregunté. El astronauta Alpha se acercó de nuevo, pero esta vez con más precaución. Tocó el gatillo y lo presionó de nuevo, y un nuevo estruendo quebró el silencio.
—Algo se dispara por el cañón… Esto es… un arma.
—¡Un arma!

El líder Alpha comenzó a respirar de forma arrítmica y su cuerpo comenzó a responder a la adrenalina.

—Estos seres fabricaban armas –dijo preocupado.

Entonces, preso de cierto temor, el astronauta Betta dio un ligero paso hacia atrás, tropezó con algo y bajó la mirada para ver de qué se trataba. Un bulto yacía en el piso hecho un ovillo, cubierto por una especie de manto deteriorado que se pegaba a lo que parecía ser una seca osamenta. El esqueleto sostenía un arma parecida a la anterior y aún tenía una especie de pelambre en el cráneo y dientes en la mandíbula.

El astronauta Betta sintió que todos sus fluidos corporales se helaban.
—¡Cielos!
Sus compañeros se volvieron a verlo.
—Betta, ¿qué ocurre?
—Creo que encontré a los seres inteligentes –respondió tratando de tranquilizarse, y luego nos señaló al esqueleto que yacía en el piso.
—¡no es posible!

En la base estábamos estupefactos con el descubrimiento. Habían encontrado el cadáver antiguo de uno de los seres que gestaron aquella civilización, pero no podrían hablar con él, no. Estaba muerto. Tenía mucho tiempo de muerto.

—Señores… ¿qué es lo que ocurrió allá? –dije sin poder dejar de ver la horrible imagen del alienígena que había terminado su vida en esa habitación.
—¡Alpha! –exclamaron los demás miembros de la tripulación.
—¿Qué ocurre? –respondió éste al grito de sus compañeros.
—¡Por allá hay más!

La cámara del astronauta Alpha nos mostró lo que había en la sala siguiente: toda una colección de viejos esqueletos, vestidos y sosteniendo armas. De hecho, había armas por todos lados.

—Está claro, estos extraterrestres murieron en una batalla –dijo como un veredicto el astronauta Delta.
—¡Qué batalla tan cruenta debió haber sido para que hubiera tantos muertos!

El equipo entró silenciosamente a la sala siguiente y encontraron el cuadro más horrible que veré en mi vida: decenas de restos muertos yacían en aquel lugar.

—¡Pero qué especie más salvaje! –exclamó uno de nuestros científicos.
—Creo que no encontraremos aquí a los creadores de la sonda, o al menos no los hallaremos vivos. Se mataron hasta su extinción –dijo el astronauta Betta.

Esas palabras me sirvieron para crear una explicación al misterio de la desaparición de esa raza, una verdad que no me puedo imaginar pero que creo que es incontrovertible.

—Salgamos de aquí –ordenó el líder Alpha a su equipo.
—¡Miren! –dijo el astronauta Delta señalando una imagen colgada en una pared, la que representaba el planeta en el que se encontraban: el T-03.

Era una imagen realmente bella. El planeta lucía azul en su mayor parte y verde en las zonas de suelo firme; en la imagen también había unos signos que seguramente correspondían a la escritura de aquellos seres bárbaros. La frase decía: “La Tierra”. Hasta el momento no sabemos que es lo que quiere decir esa frase, y probablemente nunca lo sabremos, porque lo que ocurrió después fue el peor desenlace que una misión espacial haya tenido en toda la historia de nuestra civilización.

El astronauta Delta miró un recipiente lleno de objetos de forma ovalada, duros y con una pequeña argolla en uno de sus lados; tomó uno, lo sujetó de la argolla y la separó del cuerpo ovalado.

—Miren, es una cosa bastante…

Esa fue su última palabra, un resplandor fue la última imagen transmitida, y el principio de un estruendo fue el último sonido que emergió de nuestras bocinas.

Luego, todos los sistemas fallaron y perdimos el contacto… para siempre.

Ahora me siento tan culpable de sus muertes que me retiré del programa espacial para no volver jamás. Para ser franco, el misterio de la desaparición de aquella civilización y de la muerte de sus habitantes ya no es un enigma para mí: murieron por su naturaleza bélica, luchando con armas que ellos mismos crearon, no sé con qué fin. Tal vez estaban tan confundidos como yo cuando envié la misión Ekualus Bios, tal vez estaban sedientos de poder, tal vez no eran tan inteligentes como los creímos. Sea de la manera que sea, el planeta T-03 no será explorado de nuevo. Permanecerá oculto a nuestro conocimiento, porque aunque todavía existan seres vivos de aquella raza, establecer un contacto con una vida así no tiene caso.