Revista La Ciencia y el Hombre
Mayo•Agosto
de 2010
REVISTA DE DIVULGACIÓN CIENTÍFICA Y TECNOLÓGICA DE LA UNIVERSIDAD VERACRUZANA
Volumen XXIII
Número 2
Editorial
El alcance de la mente
La confrontación falaz
humanidad-naturaleza
Darwin y la decoloración del mar: marea roja y FAN
Las catarinas, guardianas de huertos y jardines
Cómo controlan la erosión las las raíces de las plantas
El manejo ecológico de los suelos
Periodo de ablactación en el mono araña
Obesidad: más que un problema de peso
Obesidad y disfunción sexual
El intruso no toca a la puerta
Open acces: ¿conocimiento para todos?
Nanociencia y nanotecnología
Nanorrobótica
Una mirada escéptica al mundo extraterrestre
CUENTO / Clovius en Yusímedes
DISTINTAS Y DISTANTES, MUJERES EN LA CIENCIA
Teano y la ciencia pitagórica
CURIOSIDADES CIENTÍFICAS
En contra de nosotros mismos
NUESTROS COLABORADORES EN ESTE NÚMERO
Contenido
 

El intruso no toca a la puerta

Jesús Torres Montero, Aracely López Monteón
y Ángel Ramos Ligonio

Hoy en día, las enfermedades han alcanzado altos índices de mortalidad en todo el mundo, no solo en lugares en donde existe pobreza extrema, pues se han ido extendiendo cada vez más a nuevas latitudes en las que nunca se hubiera pensado que surgirían. Se dice que las enfermedades infecciosas se transmiten por obra de roedores como las ratas o de insectos como las moscas; en verdad, estos son transmisores de las enfermedades. Sin embargo, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), una de las enfermedades que aquejan hoy a la comunidad es la tripanosomiasis americana, o enfermedad de Chagas, la cual representa uno de los mayores problemas de salud pública al afectar de 18 a 20 millones de personas en Centro y Sudamérica y en Estados Unidos, donde tiene altos índices de mortalidad. Se considera que la enfermedad de Chagas es un padecimiento endémico de América.

Las puertas de entrada

La enfermedad de Chagas es producida por un microorganismo llamado Trypanosoma cruzi. Es éste un parásito microscópico
transmitido por insectos al que le gusta nadar en la sangre de sus huéspedes vertebrados; su principal transporte es una chinche llamada Triatoma dimidiata, conocida como “chinche besucona”. El insecto se alimenta de sangre y es a través de la misma que transmite el parásito; puede llegar a ingerir tanta sangre que su estómago adopta un tamaño cercano al de una uva, tras de lo cual puede permanecer sin alimentarse durante un buen tiempo. Esta chinche llega a tener alas cuando crece y puede volar, pero solo para desplazarse a distancias cortas. En México existen aproximadamente treinta especies diferentes de insectos transmisores del parásito, las que se distribuyen a lo largo y ancho del país.

Aparte de la transmisión vectorial, existen otras formas por la cual se contagia este parásito, siendo la transfusión sanguínea y la vía congénita las dos vías más importantes de transmisión después de la ocasionada por la picadura del insecto vector. Si bien hay otras maneras de contagio, como el descuido en el manejo en los laboratorios que hacen estudios con el parásito, la leche materna, el trasplante de órganos y la manipulación de animales silvestres, todavía no han cobrado la magnitud e importancia de las tres primeramente mencionadas, aunque no dejan de ser importantes.

El intruso entra sin tocar

El parásito no se crea por sí solo en la chinche. Para eso la chinche besucona se infecta con el parásito T. cruzi al alimentarse de sangre de algún animal infectado, y a su vez infecta a otros. La chinche besucona, cuando se alimenta, expulsa heces y orina de su estómago para que, una vez desocupado, lo pueda llenar de sangre; así que no es por medio del piquete como transmite al parásito, sino que, al defecar, en sus heces y orina viaja el intruso; al rascarse la herida, es la misma persona quien lo introduce hacia la sangre. Sin embargo, como el parásito no le causa ningún daño a la chinche, tal pareciera que ésta es un verdadero cómplice en el proceso de transmisión.

Pero tal complicidad no puede atribuirse solamente a ese insecto. Hoy se sabe que el intruso T. cruzi puede entrar de varias maneras. Como se dijo antes, otra vía puede ser la donación de sangre, cuando algunas personas no analizan adecuadamente la que pasan de un paciente a otro, sangre que puede estar contaminada por el parásito. Lo mismo sucede con el trasplante de órganos infectados, o bien alimentarse de carne de animales silvestres (como el conejo o el armadillo que han sido picados por chinches) y que no está bien cocida. Incluso una mujer embarazada que está infectada puede pasar el parásito al bebé antes de que nazca, o a través de la leche una vez que ha nacido, aunque esto último no es tan frecuente.

Del ruido al silencio en la sangre: el mal que mata

La enfermedad de Chagas se caracteriza por presentar tres fases. La primera de ellas es la fase aguda, la cual se hace notar por el beso de la chinche cuando es sintomática y que deja una hinchazón en el lugar donde se alimentó, conocida como “chagoma
de inoculación” o “signo de Romaña” (figura 3). En esta fase se detectan parásitos en la sangre durante los dos primeros meses
de la infección. Al principio, aparecen síntomas como dolor de huesos, fiebre u otros síntomas que se confunden con los de otros
malestares. También puede haber una fase aguda asintomática, en la cual no hay síntomas. Una vez que pasan esos malestares, en caso de presentarse, ocurre la segunda fase, cuando se observa una etapa de silencio que es conocida como “fase indeterminada”, llamada así porque puede durar de diez a quince años; como no aparecen síntomas y mucho menos se observa la presencia del parásito, los pacientes tienden a creer que ha pasado el peligro; sin embargo, el intruso T. cruzi permanece en el organismo escondiéndose como si tramara algo. La tercera fase, conocida como “fase crónica”, se caracteriza por afectar de manera irremediable el corazón, el colon, el esófago y el sistema nervioso. Finalmente, el destino del enfermo que se halla en esta última fase de la enfermedad es el de padecer insuficiencia cardiaca.

Cuando entra el intruso en la persona y viaja por la sangre va cambiando su forma y a la vez se va replicando; la forma de viajar
del intruso a través de la sangre es por medio de un flagelo, parecido a la aleta de un pez, que le permite nadar, desplazarse por la sangre y llegar a otros lugares del cuerpo donde se alojará para vivir, se alimentará y al mismo tiempo seguirá reproduciéndose
hasta llegar a invadir gran parte de aquéllos, principalmente el corazón. Sí, eso es lo que tramaba el parásito: dañar el corazón para que la persona muera.

El mal puede estar en cualquier lugar

Debido a que la chinche se alimenta de sangre, puede encontrársele en distintos lugares silvestres, donde sus víctimas son animales salvajes (felinos, zorros, mapaches, zarigüeyas, conejos, etc.). Pero también la sangre de los animales de granja es un buen alimento para ella, por lo que chupa la sangre a los perros y gatos en lugares cercanos a las viviendas, incluso en los patios de las casas. En las zonas rurales, la chinche ingresa a los hogares, donde unos de sus principales alimentos es la sangre de quienes viven ahí. Es por ello que son muy importantes las condiciones de las viviendas y de sus alrededores, ya que a la chinche le encanta el desorden; se esconde en árboles, palmeras, techos de paja o de teja o grietas en las paredes. También es muy importante cuidar las diversas costumbres alimenticias, pues en algunos lugares se acostumbra comer carne semicruda de
animales, sin saber que por ahí puede estar el intruso; pero sobre todo es necesario combatir la falta de información sobre este insecto vector y el posible daño que provoca tener como huésped incómodo al intruso T. cruzi.

La enfermedad de Chagas se ha extendiendo no solo por toda América Latina, donde se descubrió inicialmente, sino que ha habido ya casos aislados en el norte de continente; de hecho, muchas personas migran de las zonas rurales a las ciudades, incluso las de otros países, buscando nuevas oportunidades de vida, sin saber muchas de ellas que han sido picadas por la chinche y que portan al intruso en su sangre.

Si se busca, se encuentra

Hoy se conoce la forma del intruso, que es el que en realidad produce todo el mal. T. cruzi se puede observar al microscopio cuando se extraen muestras sanguíneas, y alimentando a la chinche con sangre de pacientes supuestamente infectados
(xenodiagnóstico); sin embargo, esto depende de la fase de la enfermedad en la que se encuentre la persona. Gracias a los avances científicos y a que existen técnicas refinadas en la biología molecular, se estudia hoy más a fondo al parásito. Se sabe que hay distintas cepas de T. cruzi, de las que se obtiene cada vez mayor información que permite conocer el comportamiento
del parásito y cómo influyen sus características en la gravedad de la enfermedad. Es por ello muy importante identificar a T. cruzi a partir de las chinches besuconas que puedan estar en contacto con el hombre. Por otra parte, hay pruebas serológicas (ELISA, western blot, inmunofluorescencia indirecta, etc.) mediante las cuales, a partir de muestras de sangre obtenidas de los pacientes, se puede identificar la presencia de anticuerpos que luchan contra el parásito, que sugieren indirectamente la posible infección por T. cruzi. Los datos serológicos y epidemiológicos son de vital importancia para contar con información más certera y eficiente sobre la enfermedad, así como para desarrollar herramientas para prevenirla vigilando a los insectos que transportan al
intruso, la población que se encuentra en riesgo de adquirir la enfermedad, y las áreas endémicas para que las autoridades de salud puedan intervenir de forma más eficiente e implantar medidas de control más oportunas.

¿Y la cura?

No se cuenta actualmente con una cura definitiva para la enfermedad. Existen solamente dos medicamentos que son eficaces durante la fase aguda de la infección, es decir, cuando T. cruzi se encuentra nadando en la circulación sanguínea. Estos medicamentos son el nifurtimox y el benzonidazol, pero tienen muchas reacciones secundarias que incluyen diarrea, náuseas, dolor de estómago o vómitos entre los más habituales, por lo cual no son candidatos de excelencia para un tratamiento seguro. Con base en lo anterior, resulta de gran importancia la búsqueda de nuevas fórmulas que sean eficaces para destruir el parásito. A la fecha, existen varios reportes de algunos principios activos que se han obtenido a partir de ciertas plantas medicinales, pero desgraciadamente todos se encuentran en la etapa de prueba y no han mostrado ser lo bastante eficaces para combatir al parásito. Además, también se trabaja en el desarrollo de una posible vacuna contra la enfermedad. Hay algunos trabajos en los que se han utilizado animales como el ratón, pero son trabajos que tienen resultados aún preliminares y por ende nada concluyentes, pero los grupos de investigación dedicados al estudio de esta enfermedad trabajan para que algún día podamos erradicar por completo esta afección de la humanidad.