Revista La Ciencia y el Hombre
Mayo•Agosto
de 2010
REVISTA DE DIVULGACIÓN CIENTÍFICA Y TECNOLÓGICA DE LA UNIVERSIDAD VERACRUZANA
Volumen XXIII
Número 2
Editorial
El alcance de la mente
La confrontación falaz
humanidad-naturaleza
Darwin y la decoloración del mar: marea roja y FAN
Las catarinas, guardianas de huertos y jardines
Cómo controlan la erosión las las raíces de las plantas
El manejo ecológico de los suelos
Periodo de ablactación en el mono araña
Obesidad: más que un problema de peso
Obesidad y disfunción sexual
El intruso no toca a la puerta
Open acces: ¿conocimiento para todos?
Nanociencia y nanotecnología
Nanorrobótica
Una mirada escéptica al mundo extraterrestre
CUENTO / Clovius en Yusímedes
DISTINTAS Y DISTANTES, MUJERES EN LA CIENCIA
Teano y la ciencia pitagórica
CURIOSIDADES CIENTÍFICAS
En contra de nosotros mismos
NUESTROS COLABORADORES EN ESTE NÚMERO
Contenido
 

En contra de nosotros mismos

Leticia Garibay Pardo
y Heriberto G. Contreras Garibay

Tal pareciera que los seres humanos desconocemos que somos entes biológicos y, por ende, sujetos a la evolución, pero también producto de las leyes físicas y químicas. Resulta curioso que en estas áreas del conocimiento nos hayamos perdido en tantos avances científicos y tecnológicos (que sin duda han dado las bases para el desarrollo) que ya no nos detenemos a hurgar
en nuestra esencia.

Y todo esto surge a propósito de los problemas ambientales que a diario nos aquejan, los que vivimos y sufrimos de manera directa o indirecta, o bien nos damos cuenta de ellos en las noticias. Y es que vemos incendios, calor excesivo y escasez de agua en una época, y en otras, por el contrario, frío extremo, lluvias, deslaves e inundaciones que asustan y que sin embargo no son suficientes para recuperar el agua necesaria. Este absurdo ciclo vuelve hoy a cerrarse y aún más recrudecido.

Por curiosidad, hagamos una revisión de nuestros conceptos básicos y esperemos que al final esta reflexión nos proporcione una perspectiva de hacia dónde vamos como humanos, como especie, Homo sapiens que ha dispuesto de la naturaleza y de las leyes de la física y la química en el mundo e, incluso, en el espacio exterior.

La física es la primera de las ciencias empíricas que se constituyó en la forma en que hoy se piensa se constituye una ciencia. Los primeros intentos ocurrieron cuando los antiguos trataron de entender los fenómenos naturales y el movimiento de los astros, y así escribieron y formularon las primeras teorías y leyes.

Así también se llegó al conocimiento de las leyes que hoy nos rigen y que tal parece hemos olvidado; por ejemplo, la tercera ley de Newton, que nos dice que a toda acción se opone una reacción de igual magnitud y en sentido contrario. Cuando estas leyes salieron a la luz se pensaba que tener una mayor comprensión del mundo iría de la mano de mejores condiciones de vida. Pero ahora nos preguntamos si hemos mejorado la calidad de vida con tanta tecnología; el avance científico, ¿nos ha hecho más fácil la vida?, ¿tenemos más certezas? No lo sabemos. De lo que sí estamos seguros es que hemos empleado para mal todos esos avances. Para ello, revisemos las actitudes características de los tiempos actuales que son resultado de nuestra esencia biológica.

México es un ejemplo de lo anterior, biológica y evolutivamente hablando, de algo tan esencial como la alimentación; la hemos cambiado desde la natural y original, propia de los primates, pasando por la propia de nuestra cultura, hasta la tan promovida y tan de moda comida fast food, es decir, comida rápida y de chatarra, llena de aditivos para mejorar su sabor y facilitar su conservación; hemos pasado ahora a la llamada “natural”, que quizás integra transgénicos o es obtenida a base de auxinas (hormonas vegetales), fertilizantes y pesticidas, o a la de origen animal, es decir, de animales estabulados, criados en corrales y ya no en las praderas en donde antaño se veían crecer, igualmente logrados a base de hormonas en alimentos especiales, ricos en grasas, sobre todo. Hallamos igualmente alimentos que ni remotamente son de nuestro país, pero que ahora ya forman parte de nuestra dieta, junto con una serie de bebidas exóticas, complejas y artificiales que han sustituido las infusiones de hierbas y frutas o el chocolate y los atoles propios de nuestra cultura mexicana. De los granos ni hablar: importamos más de los que requerimos para subsistir.

Tenemos grandes avances en la medicina, pero observamos un aumento en diversas enfermedades en las que ahora estamos en los primeros lugares, por ejemplo la diabetes, y no nos quedamos muy atrás en cuanto a colesterol, triglicéridos, papiloma humano y sida.

Lo mismo ocurre con nuestra esperanza de vida; tal parece que ha aumentado a medida que han aumentado los medicamentos, analgésicos, antibióticos de n generaciones y fármacos “curalotodo”, pero con ello obviamente hemos sumado otro problema más a nuestra existencia: el consumismo y, por ende, la generación excesiva de residuos sólidos. Y es que somos tantos humanos en la lucha por la existencia que si bien animales como los gorilas ven reducidas sus poblaciones a unos cuantos cientos, nosotros hemos sobrepasado los seis mil millones y amenazamos con duplicar la cifra y aumentar el índice de longevidad a 80 años o más en los países desarrollados. ¿Y qué del planeta? ¿Lo soportará? ¿Lo soportaremos los humanos?

Aun así, la mayor preocupación debe ser en lo más elemental: el agua y el aire. Son tan absolutamente indispensables e irremplazables, que su obtención puede desembocar en una lucha frenética en las colonias de una ciudad, en las regiones de un estado o en naciones enteras.

De la misma manera el aire, el que usted, yo y cualquiera respira, pero también contamina con esa misma respiración, con la emisión de gases del transporte que usamos, el auto que recién compramos y usamos a diario, o los vuelos comerciales que a veces emprendemos.

Paradójicamente, el ser humano anhela cada vez más poseer cuatro ruedas por encima de una casa o de la alimentación diaria. Cada día la relación directa entre número de personas y de automóviles aumenta, y nuevamente la física y la química hacen su aparición, pues es energía fósil, es calentamiento global, es emisión de gases de invernadero, es simplemente más calor, más consumo de oxígeno y más aumento de dióxido de carbono, con el consecuente gasto excesivo de agua, sí, porque en todos los procesos metalúrgicos y en la mayoría de las empresas se requieren miles de millones de litros de agua.

Un concepto que hoy está de moda es la llamada “huella ecológica”, que nos dice entre otras cosas que requerimos cinco planetas iguales a la Tierra para soportarnos, tanto por lo que consumimos de ella como por lo que desechamos. Pero esto es una paradoja, por supuesto; no hay otro planeta como éste, salvo que, como en la reciente película Wall E, nos mudemos a una estación espacial mientras la Tierra se repone.

¿Por qué no mejor pensar en reducirnos, en analizar cada uno de nuestros actos consumistas, desde el agua del baño diario, hasta la ingesta de refrescos en botellas plásticas, o la compra de juguetes que requieren baterías, o el uso de detergentes o el cambio anual del auto para presumirle al vecino? Ni qué decir del innecesario viaje al centro comercial para ver qué compramos.

Replanter nuestra existencia, nuestros hábitos, nuestra forma de vida, nuestra terquedad en desafiar a las leyes de la naturaleza,
es sin duda no una curiosidad, sino un verdadero misterio, pero que urge analizar. Es algo que estamos postergando aun cuando este clima tan delicadamente equilibrado, esta tierra tan noble y acogedora, esta agua tan vital y generadora de vida, este aire tan protector de la vida, nos lo están avisando desde hace ya un buen tiempo.

Para el lector interesado

http://www.cricyt.edu.ar/enciclopedia/terminos/PoblacMund.htm.
http://tsocial.ulagos.cl/apuntes/doc_2_huella_ecologica.pdf.
http://ideasverdes.com.mx/index.php?option=com_content&view=article&id=76:huella&catid=39:articulos&Itemid=154.