Revista La Ciencia y el Hombre
Mayo•Agosto
de 2010
REVISTA DE DIVULGACIÓN CIENTÍFICA Y TECNOLÓGICA DE LA UNIVERSIDAD VERACRUZANA
Volumen XXIII
Número 2
Editorial
El alcance de la mente
La confrontación falaz
humanidad-naturaleza
Darwin y la decoloración del mar: marea roja y FAN
Las catarinas, guardianas de huertos y jardines
Cómo controlan la erosión las las raíces de las plantas
El manejo ecológico de los suelos
Periodo de ablactación en el mono araña
Obesidad: más que un problema de peso
Obesidad y disfunción sexual
El intruso no toca a la puerta
Open acces: ¿conocimiento para todos?
Nanociencia y nanotecnología
Nanorrobótica
Una mirada escéptica al mundo extraterrestre
CUENTO / Clovius en Yusímedes
DISTINTAS Y DISTANTES, MUJERES EN LA CIENCIA
Teano y la ciencia pitagórica
CURIOSIDADES CIENTÍFICAS
En contra de nosotros mismos
NUESTROS COLABORADORES EN ESTE NÚMERO
Contenido
 

El alcance de la mente

Rolando García Martínez

Estas líneas fueron escritas durante un periodo de descanso después de haber concluido mis estudios de posgrado. Fue en una tarde lluviosa de invierno en mi bella ciudad de Xalapa cuando surgió espontáneamente la necesidad de plasmar en papel una serie de ideas que en ese momento venían a mi mente. Lo que quise escribir fue acerca de cómo la concepción del universo, de la naturaleza y de la propia existencia humana han surgido como una abstracción de la realidad, y en muchas ocasiones como un “chispazo” de ideas creativas. Fue de esta manera como aquellas mentes privilegiadas de épocas pasadas dedicaron su tiempo a pensar. Por supuesto, tenían un espacio donde pasaban largas horas de meditación para esclarecer el pensamiento y luego llevarlo al papel; un lugar que carecía de distracciones y donde la concentración era máxima. A veces por la mañana, a veces por la tarde o hasta altas horas de la noche –no importaba–, se tenía que escribir en el momento en que la idea surgía y “revoloteaba” en los diversos núcleos del pensamiento y la conciencia. Era de esta manera, casi siempre espontánea, como los hombres dedicados a la ciencia concibieron las grandes invenciones que revolucionaron la manera de pensar y de observar el mundo.

Pero ¿qué llevó a estas mentes prodigiosas a tener tales concepciones? Probablemente fue el persistente deseo de saber, el hambre por conocer la esencia de los procesos y fenómenos de la naturaleza y su motivación para tratar de explicar el mundo que les rodeaba. Se formularon hipótesis y teorías, pero fue la práctica científica el camino hacia el conocimiento de la realidad objetiva y la única forma válida de transformarla.

No debemos olvidar que la ciencia de aquella época no era vista con buenos ojos, sobre todo por parte de aquellos que comulgaban con ideas creacionistas e interpretativas del mundo, de modo que los personajes de la ciencia tenían que reunirse a escondidas para poder intercambiar el conocimiento. Este atrevimiento tuvo un impacto positivo e irreversible sobre la manera de pensar y concebir el mundo. Así, conforme la vida fue transcurriendo, era cuestión de tiempo para que la ciencia ganara terreno y se posicionara en un lugar privilegiado.

Lo anterior no fue fácil. Las falsas o equivocadas concepciones sobre los fenómenos de la naturaleza y de la propia existencia humana fueron cediendo ante los descubrimientos de nuevos hechos comprobados por la práctica científica.

Desde luego, los recursos teóricometodológicos y técnicos de entonces eran limitados, pero la génesis del conocimiento solo parecía necesitar dos cosas: la capacidad de abstracción (para formular hipótesis, leyes y teorías) y la persistente y casi obsesionada idea de llevar a la práctica lo que se pensaba. Muchos de los aparatos construidos eran muy sencillos y hasta rudimentarios, pero llenos de ingenio y creatividad.

Mencionar aquí a todos aquellos que forjaron el camino de la ciencia rebasaría la intención de este escrito, además de que, seguramente, omitiría a otros tantos. Sin embargo, simplemente quise exponer, desde mi particular concepción de la vida científica, cómo estas mentes brillantes externaron su pensamiento creativo, no sólo en el terreno de la ciencia sino también en las artes, dejando evidencia palpable, a través de sus invenciones o creaciones, del alcance de la mente.

Hoy en día los avances tecnológicos nos han convertido en seres dependientes de aparatos sofisticados que poseen infinidad de funciones. Esto es parte de la vida moderna y del cúmulo de conocimiento adquirido a través de años de esfuerzo y dedicación, y ha permitido especializarnos en un campo particular del conocimiento.

Si bien las condiciones actuales favorecen las interacciones con otros grupos de científicos, la generación de conocimiento siempre estará precedida, finalmente, por la concepción de ideas de manera particular, como lo hicieron nuestros predecesores, a los que se les veía como personas solitarias y excéntricas. No obstante, y como parte de esta modernidad, al científico no solo le corresponde generar el conocimiento, sino también llevarlo de manera clara y sencilla a la gente, y ese es un reto que hablará también del alcance de la mente.