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Representación acuática: el atuendo de las figurillas sonrientes veracruzanas
 
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CURIOSIDADES CIENTÍFICAS
 
El pasado de la belleza
 
     

Representación acuática: el atuendo de las figurillas sonrientes veracruzanas1

Chantal Huckert

La historia prehispánica de Veracruz, una de las entidades estatales que integran el territorio del Golfo de México, se va reconstruyendo progresivamente. En su quehacer, el arqueólogo y el historiador del arte lo hacen a partir de las manifestaciones materiales que legaron y a su vez definen a las culturas del Golfo. La naturaleza fragmentaria de la información ha conducido a la subdivisión del estado en tres subregiones culturales, cuya especificidad se acostumbra tratar por periodos, subáreas y afiliación linguística. En este ensayo me enfoco en la cultura del centro de Veracruz, famosa por una tradición alfarera en la que destaca un estilo de figuras llamadas “figurillas sonrientes”.

La cerámica del centro se clasifica con base en tres procedencias culturales denominadas de acuerdo a la zona geográfica que les corresponde: Cultura Remojadas, Cultura de la subárea Río Blanco-Papaloapan o Mixtequilla, y Cultura de las serranías o Sierra Madre Oriental. Fue precisamente en los sitios Remojadas y Loma de los Carmona, en la cuenca baja de los ríos Jamapa y Cotaxtla, en Dicha Tuerta y Los Cerros en la cuenca de los ríos Blanco y Papaloapan, que el arqueólogo Alfonso Medellín Zenil excavó los primeros modelos de figurillas sonrientes y fechó su manufactura en el Protoclásico (400 a. C.-150 d. C.) y Clásico Temprano (300-600 d. de C.). Medellín Zenil no siempre pudo trabajar en las condiciones de una estratigrafía controlada, por lo cual, en ausencia de un contexto cerámico científicamente determinado, establece una secuencia temporal que se apoya en el logro estético y distingue en la producción de las figurillas cuatro fases: la de los primeros modelos dotadas de un silbato colocado detrás de la cabeza; la fase de Los Cerros I, con ciertos rasgos distintivos, y la fase de Los Cerros II, que corresponde al Clásico Tardío (600-900 d. C.), cuando la destreza del alfarero llegó a su mayor perfección. En los sitios de la Mixtequilla y cerca de Remojadas, en el sitio El Faisán, en la cuenca del río de Los Pescados se fabricaban figurillas sonrientes con gran detalle en los atuendos, peinados y expresiones, y en El Zapotal se manufacturaron verdaderas esculturas de barro de tamaño humano natural. La cuarta fase corresponde al Posclásico Temprano (1000-1250 d. C.) cuando las figurillas dejan de producirse y la tradición alfarera del Centro se transforma debido a influencias externas.

En la planicie costera veracruzana del sur, en el territorio que es núcleo de los olmecas arqueológicos, al finalizar el Preclásico Temprano (300 -100 a. C.) y durante el Protoclásico, nace el estilo junto con la escritura llamada “epiolmeca”. Hasta finalizar el Clásico Temprano se encuentra evidencia del uso de una escritura linear y de un calendario “de cuenta larga”, asociado con el maya. Cherra Wyllie ha buscado demostrar que durante el Clásico Tardío en Veracruz perduró una escritura abreviada, en la forma de signos de días, que constituirían la versión local del calendario mesoamericano de 260 días, y en la región mencionada se inscriben en cartuchos cuadrangulares, apegándose a la norma panmesoamericana de escribir los glifos calendáricos. Aquí se muestra un glifo de origen maya inscrito en la cabeza de un ser sobrenatural que adorna el panel central de la falda de dos figurillas sonrientes. Su presencia indica cierto conocimiento y uso de la escritura glífica maya fuera del calendario entre las culturas del Centro veracruzano del Clásico Tardío.

La identidad étnica de las culturas prehispánicas veracruzanas previas al Posclásico temprano permanece incierta. El cronista fray Bernardino de Sahagún consigna en el siglo XVI que los habitantes de la costa del Golfo son los olmecas (“la gente del hule”), los huixtotin (“la gente del agua salada”) y los mixtecas (“quienes hablan un idioma bárbaro”), entre los cuales también “muchos hablan náhuatl”. Sahagún describe y caracteriza asimismo a los totonacas (totonaque) y huastecos (cuextecas). Estas referencias corresponden a la realidad de ese siglo, cuando los grupos étnicos mayoritarios de este espacio regional eran los nahuas en todo lo que hoy es Veracruz, los popolucas (los “mixtecas” de Sahagún) en el sur y centro-sur, los totonacas en el centro norte y los huastecos en el norte. Se puede imaginar una continuidad en la composición étnica de las sociedades que participaron en la fundación y desarrollo de las culturas mayoritarias de Veracruz conforme a un proceso o historia que se inscribe en la “larga duración”, y en la cual, además, “todos los pasados se encuentran en el presente”, siendo éste el de los albores de la Conquista. Henry B. Nicholson sostiene la misma tesis de larga duración cuando propone que en el Clásico, las poblaciones nahua y popoluca fueron las portadoras de la tradición alfarera del Centro veracruzano.

Las figurillas sonrientes deben su nombre a sus rasgos faciales –boca abierta, dentadura visible y ojos rasgados–, en general interpretados como la muestra expresiva de una sonrisa, y la particularidad de orden kinético consistente en alzar uno o ambos brazos. Me propongo dar a conocer un diseño textil, entre otros que he encontrado, que pertenece a la iconografía acuática. Existe el diseño en la muestra de dos figurillas hechas posiblemente en el mismo molde. La información sobre la procedencia de “Costa del Golfo”, y la relativa a la señala que proviene de El Zapotal, aun cuando no provee los datos de su excavación.2

El diseño se ubica en el panel central de las faldas y se mira estando la figurilla de pie; se trata de la cabeza de un ser con forma de animal (teriomorfo) de ojo cuadrangular que tiene un pico de ave; éste, junto con el cuerpo serpentino, son propios de su contraparte maya. En la parte de la frente ostenta el glifo maya T501 que representa la flor de un lirio de agua y que se lee como naab’ o ja’, ambos con el significado de “agua”. La cuenta tubular enganchada al nivel de la nariz y el pico de ave curvado hacia abajo y dotado de un colmillo son rasgos adicionales que sirven para identificar estos seres. En el caso del ejemplar bajo escrutinio, hay volutas que adornan su perfil superior, trae orejeras, y otro par de volutas le sirven de mandíbula inferior. La cabeza de un teriomorfo adornado por un lirio de agua en flor está clasificado como el glifo maya T1031a; se lee ja’, que significa “agua”.

La identidad de la figura revela que el glifo es la cabeza de un ofidio acuático compuesto.3 Este ser acuático, que se caracteriza por llevar el glifo maya naab’ en la frente, solía recibir en los estudios mayas la denominación de “Monstruo del lirio de agua” y pertenece al grupo de los seres que personifican el entorno de la superficie del inframundo acuático. De acuerdo al pensamiento de los antiguos mayas, los lirios abundan en esta región de aguas dulces, donde radica la tortuga, representación zoomorfa de la tierra, y renace la planta de maíz, deificada para simbolizar la abundancia.

Se han excavado en los sitios de la Mixtequilla y de la región al sur, en Los Tuxtlas, cerámicas antropomorfas clasificadas como “figurillas mayoides”. El arqueólogo Medellín Zenil las describe enfatizando su “contemporaneidad y […] relación estilística con las figuras mayas de la isla de Jaina, Campeche y del bajo Usumacinta”.4 Llama la atención la importancia de la cultura maya, representada por una contribución combinada de figurillas y glifos de estilo maya en las figurillas sonrientes veracruzanas. Es lógico suponer que la cultura que creó las dos figurillas conocía y compartía los elementos que sustentaban la percepción del mundo a la que remiten los glifos.

Hago de este presupuesto el punto de partida de un trabajo iconográfico que se apoya en los datos arqueológicos y en una etnografía enfocada en los sistemas simbólicos de origen prehispánico vigentes en la actualidad entre las poblaciones indígenas del Golfo. Al mismo tiempo que se observan manifestaciones de origen maya, es notorio que no son los únicos componentes “foráneos” que permean en las figurillas sonrientes en general. Entre otros, se hacen patentes los rasgos diagnósticos teotihuacanos y zapotecos. Planteo que esta diversidad es el reflejo de la idiosincracia multivariada de las sociedades que dominan el mundo mesoamericano en el Clásico tardío.

1 Las figurillas mencionadas en este texto se encuentran registradas en la base de datos (12/02 2005) entregada al Museo de Antropología de Xalapa como parte de los avances del proyecto: Estudio sobre las representaciones en la vestimenta de las figurillas en barro de la costa del Golfo: Catálogo y Análisis Interpretrativo, 2003-2004 (Huckert 2005).

2 Se trata de una representación femenina. El huipil –una camisa rectangular compuesta por tres lienzos tejidos en el telar autóctono todavía en uso hoy día, llamado telar “de cintura”– se distingue por una cenefa con motivos romboidales en relieve reiterados en diagonal a manera de retícula; la parte restante se divide en secciones verticales cuyo diseño alterna entre motivos de greca escalonada, llamada Xicalcoliuhqui en la lengua náhuatl, y puntas lanceoladas.

3 El término compuesto hace referencia a un ser que integra múltiples aspectos, tanto zoomorfos y antropomorfos como otros.

Para el lector interesado

Hangert, W. (1958). Informe sobre el Edificio núm. 1 de El Faisán. La Palabra y el Hombre: 267-274.

Huckert, Ch. (2006a). Representaciones textiles del México precolombino: Variaciones en torno al motivo de Xicalcoliuhqui. Actas, III Jornadas Internacionales sobre Textiles Precolombinos (Victòria Solanilla Demestre, ed.), Grup D’Estudis Precolombins, Departament d’Art de la Universitat Autònoma de Barcelona, Barcelona, pp. 111-128.

Huckert, Ch. (2006b). Mesoamerican cosmological model on the clothing of the smiling figurines of the Gulf coast of Mexico. Cosmos, 20:57-96.

Ladrón de Guevara, S. y Vásquez Z. S. (Coords.) (1997). Memoria del Coloquio Arqueología del Centro y Sur de Veracruz. Universidad Veracruzana, Xalapa.

Medellín Z., A. (1960). Cerámicas del Totonacapan: exploraciones arqueológicas en el centro de Veracruz. Universidad Veracruzana, Xalapa.

Medellín Z., A. (1987). Nopiloa: exploraciones arqueológicas. Universidad Veracruzana., Xalapa

Morante L., R. (2003) Guía Oficial. Museo de Antropología de Xalapa. Gobierno del Estado de Veracruz, Xalapa.