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ENTREVISTA
 
Roberto Bravo Garzón: problemas reales necesitan soluciones multidisciplinarias
 
TRADUCCIÓN
 
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CURIOSIDADES CIENTÍFICAS
 
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Roberto Bravo Garzón: problemas reales necesitan soluciones multidisciplinarias

Liliana Calatayud y Aída Pozos

Doctor Honoris Causa por la Universidad Veracruzana, la obra de Roberto Bravo Garzón es un parteaguas en el ámbito nacional, entre otras cosas por la realización del Programa de Desconcentración de la Oferta Educativa en el estado y por su gran apoyo a las artes y a la difusión cultural universitarias. Sin embargo, es de su incursión en el desarrollo científico especializado en la caña de azúcar, al lado de un grupo diverso de expertos, de lo que nos habla en esta ocasion:

“Hacer investigación aplicada no puede ser estrictamente pura y orientada en una sola dirección. Tiene que ser multidisciplinaria, porque los problemas reales, no los teóricos, son multidisciplinarios”. Con estas palabras entramos en materia durante la entrevista concedida por el ex rector de nuestra Universidad a la revista La Ciencia y el Hombre. Y en ese tenor, en el concepto de la multidisciplinariedad, podemos describir al doctor Bravo Garzón, quien se ha desempeñado en grandes empresas gracias a su visión y compromiso, en las que siempre ha destacado su inmensa creatividad, cuya impronta sostiene como fuerte cimiento la obra de sus sucesores.

¿Qué nivel tiene el estado de Veracruz en la agroindustria cañera?

En Veracruz nos enfrentamos al problema del azúcar desde cada una de nuestras trincheras de trabajo por las características de nuestro estado, en tanto que su producción depende de veintidós ingenios –ningún otro estado tiene más de cinco, como Jalisco, Oaxaca, Chiapas o Tabasco. Para el estado de Veracruz es un problema muy agudo porque hay mucha gente que depende de la agroindustria. Entre obreros, transportistas, cortadores, almacenistas, productores y sus familias, suman aproximadamente dos millones. El problema cañero, como el más recientemente ocurrido –en el cual no se ponen de acuerdo en el precio de la tonelada–, a nosotros nos afecta muy fuertemente, aunque no de la misma forma que a los demás estados. De ahí que hayamos empezado a analizar el problema desde un punto de vista general, en principio; no obstante, tenía que haber una serie de miradas sobre el objeto de conocimiento, es decir, visualizarlo desde muchos ángulos y ponernos de acuerdo entre todos para trabajar en la misma dirección.

Como director del Centro Virtual de Investigaciones Multidisciplinarias (CEVIM), ¿cómo comenzó este proyecto de trabajo alternativo con la caña de azúcar?

Vi venir estos problemas –mismos que empezamos a analizar en la Facultad de Economía hace muchos años– debido al efecto negativo que traería, entre otros efectos positivos, el Tratado de Libre Comercio (TLC), porque sabíamos que en Estados Unidos se estaba produciendo desde hacía tiempo un maíz transgénico que genera alta fructuosa, la cual tiene un poder edulcorante mucho más fuerte que el azúcar. Aunque todavía no estamos seguros de que tenga efectos dañinos para el ser humano, en Europa está prohibida la entrada de ese maíz transgénico. Los italianos trataron de sembrarlo en el sur de Italia y les ordenaron quemarlo ya que se contaminarían los demás campos debido al fenómeno polinizador. Ellos tienen dudas de que provoque daños indirectos a los seres humanos cuando se le da como alimento a los animales, pues sabemos que la gente no consume el maíz, y hablamos tanto del maíz como de los edulcorantes que produce.

En Estados Unidos lo lograron con base en una agricultura sobreprotegida gracias a una gran cantidad de subsidios. La política interna de los estadounidenses considera la autosuficiencia alimentaria con un valor estratégico de nivel bélico; es decir, la autosuficiencia es un valor estratégico y, por lo tanto, debe estar sobreprotegida. Otorgan un subsidio, no declarado, a la maquinaria agrícola, a los carburantes para la agricultura, a los fertilizantes y demás. Cuando tienen sobreproducción, preguntan al productor cuál es su ganancia, no sus costos: “¿Cuánto ganas por hectárea de tal producto? Te lo vamos a pagar, pero no lo siembres”, con el fin de no excederse en la producción y evitar la baja del precio. Hay un control estatal. Ahora bien, la apertura del TLC implicaba la posibilidad de que abriéramos la frontera a la alta fructuosa, aunque todavía no estábamos en el momento culminante, que fue ahora, en enero de este año. El TLC es muy ambiguo cuando habla de un intercambio en el que se establecen cuotas iguales, o sea, lo que nosotros podamos exportarles en cualquier tipo de producto, ellos también lo harán a nosotros. Lo anterior fue advertido desde antes sobre la base de un punto de vista económico y jurídico, y entonces fuimos al Senado a hablar con el ahora gobernador Fidel Herrera –por cierto ex alumno mío–, quien era entonces presidente de una comisión especial sobre la caña de azúcar, a fin de que se tomaran medidas para proteger la tercera parte de la producción de azúcar del país, la que absorben los refresqueros, a quienes les llama la atención la alta fructuosa por barata, ya que es un producto subsidiado. Sabemos que todo eso traerá como consecuencia el riesgo de una sobreproducción de caña.

¿Es cierto que en México se produce más azúcar de la que se necesita y que además no tiene las características necesarias para exportarse?

Desafortunadamente, nuestra azúcar ya no es competitiva en el mercado internacional desde hace tiempo. En los últimos diez o quince años solo producimos para el consumo nacional. México es el país que mayor consumo per cápita tiene en el mundo –lo que por cierto tiene que ver con el alto índice de diabetes. Ni siquiera se consume toda la que se produce en México. Depende del volumen de la zafra e intervienen también las características climatológicas, pues hay zafras que, aunque se cultiven muchas hectáreas, su rendimiento de azúcar disminuye de acuerdo a la humedad y otros factores. La caña es un producto de temporal. En México, en primer lugar, es cara debido a que no cuenta con subsidio; luego, porque las organizaciones de productores no se ponen de acuerdo, entre otras cosas porque unos son ejidatarios y otros pequeños propietarios, por lo que hay un jaloneo con los ingenios; además, porque la Secretaría de la Reforma Agraria decidió volver minifundio todo lo ejidal; esto es, cuando inició la reforma agraria, las parcelas ejidales eran aproximadamente de veinte a treinta hectáreas, pero cada generación heredaba los derechos ejidales, lo que ocasionaba que se dividieran las parcelas. En este momento, en el sector cañero, el promedio de la parcela ejidal del productor de caña es de dos y media a tres hectáreas, lo que quiere decir que ninguna familia puede vivir de eso. La mayor parte de los agricultores cañeros o ejidales no viven de la caña, sino de alguna otra cosa, como la burocracia, por ejemplo. Dejan la tierra abandonada o en manos de los ingenios a través de su gerente de campo, el que cuida y hace trabajos de campo, incluyendo la fertilización y otras tareas; al final del año, cuando concluye la zafra, les dan las participaciones que les corresponden.

Entonces, ¿la producción de azúcar no es un negocio redituable en México?

Para los ejidatarios no. En cambio, sí lo es para los pequeños propietarios, sobre todo para aquellos no tan pequeños que atienden personalmente sus campos, porque tienen mayores rendimientos.

Es una ironía, porque la caña, originaria de Asia, que dio la vuelta al mundo, es un producto muy noble. Los árabes la sacaron de la India y de allí a China y demás naciones. Es un producto agrícola que tiene características botánicas muy interesantes.

Hablando de bondades, ¿cuáles son los beneficios ecológicos que nos brinda su producción? Se habla actualmente de una reconversión hacia los subproductos de la caña.

Requiere de ocho a diez meses para su crecimiento total; esto es, desde el suelo hasta los tres metros y medio, lo que significa que la caña es limpiador de dióxido de carbono, porque todo vegetal está hecho del carbón que toma de la naturaleza (los nutrimentos los toma de la tierra); es decir, es un limpiador de dióxido de carbono al absorberlo. Se calcula que una hectárea de caña absorbe tanto dióxido de carbono como una hectárea de selva amazónica en virtud de su rápido crecimiento. Todos los árboles absorben dióxido de carbono, pero la caña, dado su rápido crecimiento, lo hace todavía más. Esa es una de sus ventajas. Otra es que su rendimiento está en relación directa con sus características morfológicas y genéticas. Hay una gran cantidad de variedades. En nuestro país tenemos la caña propicia para su clima y suelo; sin embargo, hay cañas modificadas para que sean exclusivamente forrajeras. Veracruz, el primer productor nacional de caña y de ganado, utiliza a la primera como forraje, pero no lo hace adecuadamente. La caña tradicional tiene un problema para la producción de azúcar ya que ocasiona una enfermedad denominada timpanismo; esto es, el animal, al hacer la digestión, produce gases; no obstante, las nuevas variedades forrajeras que nos regaló Cuba tienen la virtud de que su ingestión no provoca ese padecimiento.

Usted participa en el diseño de la Maestría en Manejo y Explotación de los Agrosistemas de la Caña de Azúcar. ¿Qué tipo de seguimiento le han dado a las investigaciones realizadas por otros países sobre la caña, la cual es la base de su economía?

La maestría de Agrosistemas Cañeros, impartida en la zona de Córdoba-Orizaba, le está dando seguimiento a procesos como los antes mencionados. Una de las más importantes investigaciones tiene que ver con uno de los derivados de la caña: el etanol; es el subproducto más utilizado y tiene mucho que ver con la historia de los motores de combustión. A fines del siglo xIX y principios del XX los juniors franceses, brasileños y norteamericanos jugaban a hacer motores de combustión interna, pero entonces no había gasolina, por lo que consumían alcohol. Luego, viene el boom del petróleo y se dan cuenta de que la gasolina es más barata y la pueden utilizar con muchas ventajas. Se nos olvida que el primer carburante fue el alcohol, pero ahora que el petróleo es muy caro, pues su precio es de alrededor de los cien dólares el barril, nos damos cuenta de que el etanol puede ser más barato que la gasolina. Los primeros en percatarse de ello hace ya cuarenta años fueron los brasileños, por lo que empezaron a utilizar en grandes cantidades la caña para producir etanol, que ahora obtienen en dos formas. Le han apostado mucho al etanol y tienen un gran desarrollo tecnológico. Nosotros nos acercamos a ellos a través de la Universidad de Itabuyá, que se halla cerca de Bahía, Brasil; incluso vinieron a Xalapa a dar conferencias y a trabajar con nosotros durante el festival de Junio Musical, que tuvo como invitado a Brasil. Nos han apoyado para hacer ciertos tipos de análisis químicos; se les envían las muestras y nos remiten los resultados. Existe una red internacional que se ha ampliado a Colombia, Argentina y Cuba. Por cierto, las redes soy muy efectivas y no necesitan la firma de convenios burocráticos.

Entonces, es Brasil el país que inicia el desarrollo científico sobre la caña en Latinoamérica. Sin embargo, hay noticias de que los ingleses lo hicieron antes, no porque tuvieran un interés directo, ya que ellos no cultivan caña, pero Australia sí; de hecho, es el tercer productor de caña del mundo, y es por eso que trabajan en esa dirección.

Actualmente existe una controversia acerca de las desventajas que puede acarrear el uso de la tierra para la producción de biocombustibles como el etanol; específicamente, se habla de que competirá con la superficie dedicada al cultivo de alimentos.

¿Qué nos dice al respecto?

Es cierto. En Cuba se abandonó la investigación sobre la caña y ya no hay apoyo oficial.

La disyuntiva está entre alimentos o energía. Así de drástico. La utilización de vegetales para producir energéticos o para comer. Yo creo que es un planteamiento muy exagerado. Hay otras fuentes de energía, como la eólica, la solar y otras, pero seguimos dependiendo mucho del diesel; necesitamos sacar biodiesel no sólo de la caña, sino también de la palma africana, impulsada ya en el sur del estado y que tiene una gran cantidad de aceite.

La Universidad de Toronto, apoyada por una fuerte empresa canadiense, está también trabajando con nosotros en el área de los biocombustibles. Estamos por firmar un convenio para adquirir maquinaria, de la que ellos tienen el prototipo, con el fin de obtener los residuos de las cosechas agrícolas y sacar aceite para uso combustible, evitando con ello la quema para limpiar. Así disminuiríamos el riesgo de provocar incendios por la roza, tumba y quema. Podríamos incluso establecer toda una industria.

Es cierto que tenemos que acelerar el paso, pues ya nos alcanzó la entrada en vigor del TLC. Estamos al principio de una zafra que promete arrojar una mayor cantidad de toneladas de caña que la pasada, pero ¿para qué? Es parte de la discusión del precio de la caña con los industriales; si estos se percatan de que entrará la alta fructuosa, no van a comprar toda la caña. ¿Para qué producir entonces cinco millones de toneladas de azúcar? Se necesitan estrategias políticas para redireccionar el producto de la caña: utilizarla para sacar el etanol, negociar un precio.

Si entra la alta fructuosa y pierden los industriales, en el mercado los refresqueros no comprarán toda la caña. Se sugiere, entonces, utilizar parte de la producción cañera para obtener etanol.

¿Estamos a tiempo de hacerlo?

Sí, de hecho ya se están estableciendo dos etanoleras. Desde que era senador el gobernador del estado, Fidel Herrera Beltrán, se ha estado tratando el problema con él. La ley dice que no se utilice maíz para producir etanol, pero nada dice de la caña. La producción de alcohol tiene un impuesto sobrevaluado por aquello de que creen que sólo sirve para beberse. Pero el etanol que se produce de caña que se desnaturaliza ya no se puede tomar y se puede utilizar como combustible.

¿Tenemos la tecnología para el procesamiento de estos subproductos?

La melaza es el primer residuo del proceso de producción de azúcar y de ahí se obtiene el alcohol; es por eso que el azúcar mexicana es más cara; es un proceso muy atrasado, de la época de la Colonia… Los brasileños la toman del jugo de la caña directamente; es una industria tepachera. Eso ahorra energía puesto que es un proceso de fermentación, como el del pulque, a través de “cepas” que fermentan. En nuestra entidad, algunos investigadores del Instituto Tecnológico de Veracruz trabajan sobre cepas que permitan obtener un etanol más puro.

¿Cómo se emplea el etanol como combustible? ¿Podría dársele ese uso en México?

Los brasileños utilizan el alcohol solo o combinado con gasolina. Claro que los motores necesitan adaptarse para su uso. Las gasolineras en su país tienen bombas tanto de etanol como de gasolina. En México, PEMEX tiene el monopolio de los hidrocarburos, de modo que hay una discusión jurídica sobre lo que dice la Constitución mexicana en lo que se refiere a los hidrocarburos, ignorando al etanol, que no lo es a menos que sea combinado con gasolina. Habrá seguramente razones de alta política internacional.

Salvar a la agroindustria cañera en Veracruz de esta manera traería grandes ventajas de carácter económico; por ejemplo, importamos la cuarta parte de la gasolina que consumimos; vendemos petróleo y compramos gasolina porque no tenemos capacidad para refinarla. Si sustituimos la gasolina por etanol, salvaremos la agroindustria cañera y tendremos un combustible menos contaminante.

¿Entonces, en el futuro, en lugar de petroquímicas habrá “sucroquímicas”?

Eso sería a largo plazo y es un asunto que nosotros queremos dejar establecido en la Universidad Veracruzana como una investigación de punta.

El petróleo, por ser de tipo vegetal, tiene una composición molecular similar al azúcar. El petróleo barato ya se acabó y el caro se va a acabar en treinta o cuarenta años; la única posibilidad que queda para sustituir toda la petroquímica secundaria es la caña.

En la ciencia, tecnología e investigación todo es una posibilidad, de modo que hay que plantearse alternativas. ¿Podríamos pensar en obtener plásticos de azúcar, biodegradables?

Ahora necesitamos una inversión considerable; sin embargo, podemos obtener créditos blandos de largo plazo de los consorcios internacionales que apoyan cualquier medida a favor del medio ambiente, pues evitaríamos la quema, utilizaríamos biocombustibles, biodiesel, etcétera.

Ante el panorama que nos ha expuesto y se vive en México, ¿qué proyectos a futuro se plantean en el CEVIM?

Varios. El estudio completo de las características de suelo y clima de Veracruz para orientar la vocación de la tierra al tipo de productos necesarios y con valor comercial, para que la gente que se dedique al agro tenga la seguridad de su comercialización.

Por otra parte, hay otras opciones de producción agrícola en Veracruz; por ejemplo, los cítricos. Somos grandes productores de cítricos, pero los vendemos como fruta, cuando sería mucho más efectivo si se vendiera su aceite esencial.

Las pocas cadenas productivas existentes en nuestro país se han roto, en parte por la entrada al TLC; por eso el campo está cada vez más deteriorado y la migración se incrementa. Los datos de la CEPAL no mienten: se ha reducido la pobreza porque los pobres que se van envían dinero a los pobres que se quedan.

La Ciencia y el Hombre ha abierto así sus páginas para dar cuenta del trabajo de un investigador incansable. El doctor Bravo Garzón nos ha hablado de los combustibles obtenidos del procesamiento industrial de algunos vegetales, los llamados biocombustibles, a los cuales presenta como ecológicamente beneficiosos, como una esperanza; pero lo que no sabemos aún es si su empleo y expansión en el mundo para producir combustibles para automóviles pueda agredir de tal forma la tierra que la deje exigua, sin esperanza para el agro en la lucha que sostiene debida a la expansión de la industria, sobre todo la automotriz, que tanto caos genera en nuestras ciudades. Esa es nuestra realidad.

En su otra faceta, como promotor de la descentralización universitaria estatal durante su rectorado en los años setenta y ochenta –idea surgida de un estudio que partió de la Facultad de Economía, fundada por él en la década de los sesenta–, de la regionalización del estado, en la que se analizaron productos, población, vocación económica, agrícola, industrial, de servicios y demás, Bravo Garzón habla, al finalizar la entrevista, del replanteamiento que debe hacerse a dicha descentralización a fin de distribuir el conocimiento en las Huastecas y en la zona de Los Tuxtlas, entre otros. Además –según externa–, sería positivo otorgarle más autonomía a cada región universitaria para que tuvieran su propio Consejo Universitario Regional, lo que favorecería una sana competencia entre ellas.

“Un curso de historia de la ciencia que le escuché a Miguel Ángel Barberena –el primer ingeniero nuclear mexicano–, me ofreció un amplio panorama del desarrollo de la ciencia”, dice. Pero en cuanto a ideas y proyectos no para ni ha parado en su productiva vida el doctor Roberto Bravo Garzón, quien agrega que uno de los trabajos más difíciles que ha desempeñado es su actual encomienda como Coordinador General del CEVIM, donde debe aunar criterios y poner de acuerdo a muchos especialistas para que trabajen en una misma dirección, pues dicho centro, que comprende a más de veinte académicos de la Universidad Veracruzana, del Instituto Tecnológico de Veracruz y de otras instituciones nacionales y extranjeras, está abocado al estudio y solución del problema cañero de nuestro país, y especialmente del estado, abarcando por consiguiente los aspectos agrícolas, de fábrica, de productos y derivados de la agroindustria, de reconversión industrial y de producción de biocombustibles para sustituir los hidrocarburos. Los resultados de esta investigación se están editando por la Universidad Veracruzana, presentando en diversos foros de especialistas nacionales y extranjeros y publicando en revistas indizadas. Esperamos que las investigaciones y el desarrollo dicten la pauta a seguir sobre este tema ahora tan controvertido.