Editorial
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El medio ambiente y los límites a la globalización

Gilberto Silva López

Uno de los lemas publicitarios del filme Soylent Green (que en México tuvo el título de "Cuando el destino nos alcance"), producida por la Metro-Goldwyn-Mayer en 1973, fue: "E s el año 2022.La gente no ha cambiado. Harán lo que sea para obtener lo que necesitan. Y necesitan Soylent Verde". Esta película se basó en una novela de Harry Harrison, dirigida por Richard Fleischer y actuada por Charlton Heston, Edward G. Robinson y Leigh Taylor-Young. La película, lanzada de nuevo en DVD en 2003 por la Turner Entertainment Co., nos presentaba un mundo del futuro en el que la sobrepoblación, la contaminación y otros problemas de gran magnitud habían sometido al planeta a una tremenda presión ambiental. Las tasas de mortalidad eran muy elevadas debido a este problema, pero la población humana seguía creciendo a un ritmo incontrolable, con todo lo que ello implicaba en términos de demandas, particularmente de alimento. Sólo unos pocos ejecutivos y dueños de enormes corporaciones mundiales en un mundo totalmente globalizado continuaban viviendo cómodamente en lujosos edificios, con elevados ingresos y, sobre todo, a cargo del destino de millones de personas. Para los miles de millones que vivían "fuera", adquirir una fruta, una hortaliza o un poco de mermelada era algo prohibitivo, imposible de comprar. El único alimento disponible además del agua -de dudosa procedencia y calidad-, era una comida en forma de panes o delgadas placas rectangulares que se llamaba precisamente Soylent. Supuestamente, este alimento se obtenía de la soya (soylent amarillo), de otros vegetales (soylent azul y naranja) y del plancton (soylent verde). Pero ¿cómo obtener dosis masivas de plancton y esos otros productos cuando los mares, océanos y ambientes terrestres del mundo estaban deteriorados por la contaminación y otros problemas? ¿Cómo alimentar a una población tan enorme? Aparentemente, estos "amos del universo" económico habían encontrado la "receta" en el soylent, el cual estaba hecho a partir de. otro tipo de proteína animal, por decirlo así.

Sin duda, este filme, exhibido por vez primera hace treinta y tres años, planteaba cosas que al parecer ocurrirán dentro de unos dieciséis, y puso a pensar a todos los que tuvimos la oportunidad de verlo. Pero lo más importante fue poner en perspectiva que, al ritmo actual de crecimiento poblacional, y con los problemas ambientales que nosotros mismos hemos creado y seguimos creando, la naturaleza difícilmente podrá satisfacer nuestras exigentes demandas. Pero esto debe examinarse en un contexto actual.

Un artículo para reflexionar

En el volumen 19, número 2, de abril de 2005, la revista Conservation Biology , una de las más importantes y prestigiadas en temas relacionados con la conservación del medio ambiente y la diversidad biológica, publicó un impactante artículo titulado "The environmental limits to globalization". Este trabajo fue escrito por el doctor David Ehrenfeld, investigador y profesor de la Rutgers University (New Jersey) y uno de los ecólogos más destacados de la actualidad. La premisa del artículo de Ehrenfeld es muy sencilla: las críticas y lamentos en torno a los procesos de globalización se han expresado usualmente en términos socioeconómicos (esto es, desarrollados vs. subdesarrollados, Norte vs. Sur, explotadores vs. explotados o ricos vs. pobres); también se han evocado equivocaciones socioeconómicas, y por lo tanto políticas, que hacen que muchos piensen en trabajadores semiesclavos trabajando en el Tercer Mundo para producir bienes y servicios para el mundo desarrollado. No obstante, como subraya su autor, hay otro lado no político de la situación que demanda la mayor atención en el siempre cambiante mundo nuestro: los impactos de la globalización sobre el medio ambiente. En virtud de la importancia de este trabajo y este tema, me pareció oportuno comentar el artículo y hacer partícipes a los lectores de que "eso" que a veces "vemos de lejos" (la globalización), está mucho más cerca de nosotros de lo que pensamos.  

Nota del 20 de septiembre del 2005 en el periódico Crónica :

En los últimos 35 años, en coincidencia con la presencia de los gases de efecto invernadero y la elevación de la temperatura global, se duplicaron los huracanes de gran intensidad, categoría 4 y 5 en la escala de Saffir-Simpson, con los efectos destructivos que mostró Katrina en la costa sur de EU.

Todo está interconectado

La verdad detrás de este asunto es que los efectos ambientales y socioeconómicos de la globalización están íntimamente interconectados y son igualmente importantes. Aunque son los efectos sociales y económicos los que reciben casi toda la atención, los cambios ambientales traídos o acelerados por la globalización son fáciles de describir para el futuro. Vale la pena mencionar algunos de los más importantes:

  • El cambio climático y sus efectos están ocurriendo de manera muy rápida, como lo demuestran diversos estudios.
  • La energía barata y otros recursos (por ejemplo agua fresca) continuarán disminuyendo e irán desapareciendo a un ritmo acelerado.
  • Habrá más deterioro agrícola y seguiremos perdiendo más diversidad genética en los plantíos debido a la deforestación de bosques y selvas, que son el hábitat de las especies silvestres parientes de nuestros cultivos.
  • La biodiversidad declinará más rápidamente por el daño a los ecosistemas, y muchas más especies se sumarán a las ya extintas o en vías de extinción.
  • Las especies exóticas dañinas serán más numerosas y su capacidad como invasoras ocasionará problemas cada vez más graves, en calidad y cantidad, a las especies silvestres y domésticas.
  • Las viejas y nuevas enfermedades de plantas, animales y humanos continuarán proliferando.
  • Muchas de las especies pesqueras de importancia seguirán extinguiéndose económicamente (y, en ocasiones, también biológicamente).

En general, cuando por los medios de comunicación nos enteramos de temas relacionados con la globalización, los argumentos que se manejan son más políticos que científicos. Estos últimos, cuando se incluyen, están plagados de errores, omisiones e interpretaciones equivocadas de los procesos ambientales. Pero cambios tales como los señalados arriba son reales, muy reales.

Nota del 20 de septiembre de 2005 en el periódico Crónica :

La pérdida masiva por fusión del hielo ártico los últimos veranos puede convertir en irreversible el calentamiento del planeta, lo que causaría una subida dramática del nivel de los mares, mucho antes de los pronósticos previos, advierten científicos británicos. El efecto invernadero está fundiendo el hielo ártico a un ritmo tal que la región polar absorbe cada vez más calor del planeta, lo que contribuye a aumentar ese mismo proceso. gracias a los satélites que observan el Ártico, se ha podido descubrir que las masas de hielo de esa región del planeta están 18% por debajo de sus niveles medios tradicionales.

Lo importante y trascendental de debatir

Para muchas personas que no están familiarizadas con los términos empleados y los cambios que impone la globalización, la cuestión se agrava cuando, como dice Ehrenfeld, los "iluminados" abogados de la globalización claman que ésta podría proporcionar a los más pobres residentes de los países más pobres la oportunidad de disfrutar de un ingreso decente. Por otra parte, los también "iluminados" opositores aseveran que el daño causado y la brecha creciente que la globalización origina entre ricos y pobres sobrepasan las cosas buenas que puede traer. Ehrenfeld recuerda lo que dijo Al Gore en 2004, al comentar sobre el callejón político sin salida del calentamiento global y el actual ritmo al que los glaciares se están derritiendo: "A los glaciares les importa un [ beeep ] la política. Solo reflejan la realidad".

Sobre China, por ejemplo, donde se está experimentando la más rápida ola de desarrollo en relación a la globalización, cabe preguntarse si controlará ese país la expansión industrial, el consumo de energía y la contaminación ambiental que traerá su desarrollo, y si podrán sus autoridades mitigar el impacto de la rápida industrialización sobre la escasez de agua fresca. Es evidente la necesidad de contestar estas preguntas con rapidez. La ansiedad ambiental es palpable y permanente. Sin embargo, aunque es difícil que los efectos ambientales de la globalización se puedan medir mediante números, sí se pueden encontrar ejemplos.

Nota del 21 de septiembre del 2005 en el periódico Crónica :

La extinción masiva más importante que enfrenta el planeta está bajo nuestras narices: miles de especies de insectos desaparecen a un ritmo impactante, 44 mil de ellos en los últimos 600 años, y es probable que el cambio climático y la depredación de ecosistemas tenga a otros tantos en el umbral de la extinción. Sin embargo, pasa desapercibido porque los estudios al respecto son muy pocos...afirman investigadores de la Universidad Estatal de Carolina del Norte [...] El estudio estima que este fenómeno [...] provocará cambios en los ecosistemas dado el papel vital que juegan los insectos en las cadenas de alimentación, el control de poblaciones de animales y plantas y los procesos de regeneración de las tierras [...] Una langosta de las Montañas Rocosas en EU era tan numerosa en 1800 que se consideraba una barrera natural contra las malezas. Sin embargo, la necesidad de los vaqueros por sembrar pastos adecuados para su ganado, desplazó las especies que constituían su alimento. La presión la hizo desaparecer para siempre a inicios del siglo XX. Nunca desaparece una especie sin que tenga consecuencia en otras [...] algo parecido a un efecto dominó.

Efectos y problemas: la desaparición de la energía barata

De acuerdo con Ehrenfeld, es posible observar los efectos y tendencias principales de la globalización en tres aspectos: la desaparición de la energía barata, la pérdida de la biodiversidad agrícola y la pérdida de especies silvestres. Con respecto a la pérdida de la energía barata, hay que tomar en cuenta, en primer lugar, el uso excesivo de la energía. Sin duda, este exceso ha sido inevitable una vez que cuatro quintas partes del mundo al que llamamos no desarrollado adoptaron el modelo de industrialización, consumidor de energía, de la otra quinta parte del mundo: el desarrollado. Los bienes y servicios que antes eran hechos localmente se empezaron a transportar por todo el mundo con un tremendo gasto de energía. Entre otras cosas, esto ha originado un crecimiento extraordinario en la minería del carbón (y su quema) en muchas partes del mundo. ¿Qué significa esto para el medio ambiente? Bueno, tan sólo pensemos en que uno de los efectos de la quema de carbón es el calentamiento global, que puede traducirse en muchos y muy variados problemas, incluidos el aumento del nivel de los mares, la extinción masiva de especies, las pérdidas agrícolas derivadas de cambios en la temperatura y la precipitación y la alteración de las corrientes marinas (con cambios climáticos secundarios), por mencionar sólo unos cuantos. No se pueden hacer a un lado otros efectos colaterales de la quema de carbón, especialmente la declinación de bosques y selvas asociada con un aumento en la deposición de nitrógeno, la acidificación del agua fresca y de los ecosistemas terrestres a partir de compuestos de sulfuro y nitrógeno, y un fuerte impacto en la salud humana debido al aire contaminado. ¡Vaya cóctel de problemas!, ¿no?

La cosa no para ahí. Quienes han buscado fuentes alternativas de energía también están encontrando problemas. La construcción de presas para producir electricidad sin quemar combustibles fósiles como el carbón ha originado, y sigue originando, serias alteraciones en el medio ambiente. ¿Qué significa construir una presa? La sola construcción implica una fragmentación de canales de ríos, la pérdida de planicies inundables, zonas riparias y humedales adyacentes (que, como muestran diversos estudios, contribuyen de manera clave a mantener la pesca tradicional practicada por miles y miles de familias en el mundo), el deterioro de ambientes terrestres irrigados y sus aguas superficiales y el deterioro y pérdida de deltas de los ríos y estuarios. Pero eso no es todo, pues también ha habido reducción del escurrimiento de agua a los océanos, cambios en el reciclaje de nutrientes, impactos sobre la biodiversidad, contaminación de las cadenas alimenticias por metilmercurio y emisiones de gas que causan el efecto invernadero.

Pero, ¡atención!, a pesar del carbón y las hidroeléctricas, el petróleo barato que requiere la globalización sigue siendo el principal problema. Piénsese por un momento en el número de barcos, aviones, camiones de carga, autobuses, autos, tractores, cosechadoras, palas mecánicas y motosierras, ¡uf! Sin duda hay que preguntarse cuántos más se requieren, pues eso es lo que necesita la globalización [...] ¡Ah, y contenedores de carga para transportar equipo y materiales a todo el globo! Por si fuera poco, además se necesita petróleo para procesar el carbón, hacer crecer y destilar los biocombustibles, perforar los pozos petroleros y ayudar a construir las plantas nucleares, así como a cavar y refinar el uranio que las mantiene operando.

Paradójicamente, el calentamiento global causado por esta excesiva quema de combustible está ejerciendo una retroalimentación negativa en la búsqueda de más petróleo para reemplazar sus ya mermadas existencias. Un ejemplo de ello es la búsqueda de petróleo en el Ártico, la cual se ha hecho más lenta por los cambios recientes en el clima, pues el hielo y nieve que soportan a los vehículos de extracción ya no tienen la misma resistencia. Sólo observemos esta cifra: el número de días anuales en que los vehículos pueden explorar con seguridad en el Ártico se ha reducido de 187 en 1969 a 103 en 2002, y sigue disminuyendo.

No olvidemos que el petróleo se está acabando. Los geólogos del petróleo estiman un pico de producción en esta década, pero, ¿y después? Para quienes saben de estas cosas -muchos de los cuales no las quieren decir-, es claro que ni las reservas, ni el aceite de petróleo, ni las reservas de alquitrán, ni los biocombustibles serán económica y energéticamente sustitutos del petróleo barato. Aún más, como apunta Ehrenfeld, la economía del hidrógeno y otras soluciones de alta tecnología para reemplazar al petróleo están llenas de serias dudas sobre su factibilidad y seguridad, y un miedo realista de que, si es que pueden funcionar, no llegarán a tiempo o, en el mejor de los casos, no serán suficientes. Ehrenfeld opina que ni siquiera la conservación de energía que se puede implementar tecnológicamente como parte de un estilo de vida "abstemio", será una "amiga" de la globalización. ¿Por qué? Muy simple, amigo lector: se reduce el consumo de todo tipo, y es precisamente del consumo de lo que se trata en la globalización .

¿Y la energía renovable? La luz del sol, el viento, la energía geotérmica y los biocombustibles, ¿pueden salvarnos? El mismo Ehrenfeld lo ha cuestionado. Sin duda, es notable lo que los países europeos (así como en algunas zonas de Estados Unidos) están realizando en este sentido. El aprovechamiento y uso de la energía solar y eólica siguen avanzando, pero se necesitan desarrollar más las tecnologías requeridas. Lo que es claro es que no podrán reemplazar al petróleo al ritmo actual de uso sin que haya efectos ambientales desastrosos de manera colateral. Además, estas alternativas renovables únicamente pueden darle energía a una civilización no globalizada que consuma poca energía. ¿Es ese nuestro caso? Para tener una idea de cómo contestar esto, contemos en primer lugar el número de equipos y aparatos eléctricos que hay en nuestros hogares, así como el número de focos que lo iluminan. También pensemos un momento en los equipos portátiles que cargamos con nosotros, incluidos los teléfonos celulares, por supuesto. Ahora preguntemos a nuestros padres -y sobre todo a nuestros abuelos- cómo era esto en sus tiempos, y nos sorprenderá su respuesta.

Nota del 7 de octubre de 2005 en el periódico Crónica :

Además de diluvios, el calentamiento global trae epidemias de malaria y dengue: informe del BM . [...] El cambio climático y la contaminación ambiental son las causas de la muerte prematura de millones de personas en los países en vías de desarrollo y perjudican el desarrollo económico en estas naciones. [...] Científicos de EU comprobaron que la temperatura en el Golfo de México se elevó medio grado en los últimos años, lo que induce huracanes de mayor potencia, que provocan más pérdidas humanas, damnificados que ven desaparecer todo su patrimonio y daños a veces irreversibles a la agricultura [...] (de acuerdo al Banco Mundial) Oaxaca y Chiapas son los estados del país con mayor número de casos de malaria, y Veracruz, Yucatán y Tabasco sufren cada vez más con los brotes de dengue, incluido el hemorrágico...

La diversidad agrícola se va, se va.

El segundo aspecto referido por Ehrenfeld es el relativo a la pérdida de la diversidad agrícola, lo que es considerado como el otro gran efecto de la globalización. Este es muy comprensible si pensamos que conforme se venden más semillas patentadas (de las compañías subsidiarias de las industrias petroquímicas y farmacéuticas), los campesinos abandonan sus cultivos tradicionales en favor de los cultivos de alto rendimiento (y a favor de semillas dependientes de diversos químicos). Un caso ilustra lo anterior: en la India, el científico agrícola H. Sudarshan ejemplificó esto en 2002 diciendo que de las 30 mil variedades indígenas de arroz que se siembran ahí, la cifra se reducirá a 50 en los próximos veinte años, algo verdaderamente lamentable. ¿Podremos encontrar los genes necesarios para resistir enfermedades y plagas, adaptaciones ambientales y obtener la calidad y vigor necesarios en las plantas?

También en los animales domésticos se están perdiendo variedades. Los científicos J. G. Hall y J. Ruane, en un artículo de 1993, hicieron evidente que de las 3,831 razas de burros, búfalos de agua, ganado, cabras, caballos, cerdos y chivos, 618 se habrán extinguido para fines de siglo y otros 475 se habrán convertido en especímenes raros, lo que representa una extinción económica de proporciones enormes. Como es de esperarse, los países que tendrán más razas serán los menos influidos por los procesos globalizadores. Pero aun esto puede ser un espejismo que se transforme de la noche a la mañana. Ehrenfeld lo ejemplifica con el caso del cerdo criollo de Haití, un cochino narizón, pequeño, negro, muy adaptado al clima haitiano y con muy bajo costo de mantenimiento, que representó un sustento para la fertilidad de los suelos y la economía rural isleña. Como parte de un proceso para controlar enfermedades e integrar a Haití a la economía hemisférica, muchos fueron sacrificados en ese "esfuerzo". Para hacer "mejores" las cosas, los cerdos criollos fueron sustituidos por cerdos de Iowa, que necesitaban agua limpia, chiqueros techados y alimento importado, muy caro por cierto. El resultado fue un desastre. Los campesinos perdieron alrededor de 600 millones de dólares en este "proceso". Pero el asunto -como todos los de esta naturaleza- no se detuvo ahí. La matrícula escolar cayó en 30 por ciento, hubo una declinación tremenda en el consumo de proteínas, una grave descapitalización y un impacto notorio en el suelo y la productividad agrícola. Como dijo el entonces presidente Jean Bertrand Aristide al reconocer el impacto ambiental y social de este tremendo error: "Para muchos campesinos, el exterminio de los cerdos criollos fue su primera experiencia de la globalización".

Por otra parte, los "magníficos" métodos agrícolas que requiere la globalización para lograr las cuotas de exportación (y un muy bajo autoconsumo) han significado un incremento en el uso de fertilizantes, herbicidas, fungicidas, bombas de irrigación, equipo mecánico y mucha, mucha energía. Con esto, una buena acumulación tóxica de sal, nitratos y pesticidas que corren por los suelos contaminan además el manto freático (agua subterránea) y llegan a ocasionar la declinación en la población de aves, invertebrados y parientes silvestres de los cultivos que viven en los alrededores y que dependen de esa agua.

El caso de la piscicultura rural y marina es similar y nada agradable. Como lo ha hecho notar el científico mexicano Mario Monteforte, del Centro de Investigaciones Biológicas del Noroeste (20 de septiembre de 2005, periódico Crónica ), la piscicultura puede representar un grave problema ambiental en nuestro país. Ha sido mal planeada y ha tenido, por lo tanto, efectos negativos sobre el medio ambiente. Monteforte, quien ha estudiado esto en parcelas marinas de la bahía de La Paz, Baja California Sur, señala que con esta práctica se producen cantidades importantes de desechos, tanto en forma disuelta (amoniaco, urea y ácido úrico), como particulada (alimento no consumido, heces). A ello se deben agregar los remanentes de medicinas usadas para enfermedades de las especies bajo cultivo, que se vierten al mar, y hormonas y compuestos aceleradores de crecimiento y peso, aceites, combustibles, plásticos, sobrantes de material, pinturas antiincrustantes, líquidos limpiadores y otras cosas. Todo ello, sin considerar la contaminación genética entre las especies silvestres, la que ha provocado el escape de especímenes de las jaulas de cultivo.

Adiós, especies silvestres

La pérdida de especies silvestres es el tercer aspecto examinado por Ehrenfeld en su artículo. No es de extrañar, pues la globalización acelera la extinción de muchas formas. El estar introduciendo especies exóticas por todos lados se convierte en un problema para las especies nativas porque las especies exóticas demandan cuidados y formas de mantenimiento que no comulgan con el hábitat y requerimientos de las especies nativas. De hecho, en más de un caso las exóticas y las nativas entran en conflicto, y para ello basta pensar en el elevado número de coyotes que han sido muertos por los ganaderos que han invadido sus hábitats con pastizales. En más de una manera, la globalización es responsable de los efectos adversos del ecoturismo sobre la flora y la fauna. Hay que pensar, por ejemplo, en la destrucción del microhábitat de musgos y líquenes que provoca el escalar paredes montañosas; en la interrupción del tránsito para especies pequeñas de mamíferos y reptiles, que causa la apertura de caminos en los bosques y selvas, o en los daños a zonas naturales que ocasiona la creación de infraestructura turística. El comercio global promueve el desarrollo, lo mismo que la explotación de las poblaciones y áreas naturales para satisfacer las demandas del turista.

También hay que considerar la pérdida de especies ocasionada por la tala, la sobrepesca en ambientes marinos, la construcción de carreteras y la minería, todas ellas con efectos muy adversos sobre la flora y la fauna. El mercado de la madera es un buen ejemplo. En Borneo, más de 55% de las selvas que estaban supuestamente "protegidas" (muchas de ellas en zonas muy remotas) fueron cortadas para el mercado de madera en sólo dieciséis años (de 1985 a 2001).

La introducción de especies invasoras es otro grave problema. Plantas, ostras, hongos, escarabajos, cabras y chivos, conejos, mosquitos que originan enfermedades humanas y otras especies han sido introducidas en ambientes en los que se han convertido en plagas, invadiendo hábitats de todo tipo de vegetación y hábitats desérticos y semidesérticos. Este problema es de gran magnitud, sobre todo porque ha sido pobremente evaluado en países como el nuestro. Sin duda, se requiere al respecto una poderosa regulación gubernamental, con la ayuda decisiva del público. La verdad es que muchas introducciones de especies invasoras no pueden prevenirse, pero otras sí. Australia y Nueva Zelanda son ejemplos de trabajo positivo en este sentido, pero en muchos otros casos los efectos son más sutiles. Está por ejemplo el caso citado por Ehrenfeld acerca de una enfermedad por hongos introducida a través de restaurantes especializados en ranas, la que se ha propagado al estado silvestre y ha llevado a la extinción a muchos anfibios en varios continentes. Otro caso es el de la introducción de Mycobacterium tuberculosis (la tuberculosis humana), vía el ganado, en suricatos y mangostas, mamíferos reconocidos como en riesgo de extinción.

El futuro de la globalización

Muchos efectos negativos causados al medio ambiente por la globalización son aún desconocidos. Ante este tipo de problemas, vale la pena preguntarse: ¿el ritmo de la globalización permanecerá constante? Los efectos ambientales que se han examinado sugieren que no. Pensar que podemos "controlar la situación" es risible ante la magnitud de algunos de dichos efectos. La verdad es que nuestras capacidades como "manejadores de la naturaleza" han sido equivocadas y peligrosamente exageradas. Las soluciones ofrecidas -que intentan resolver problemas específicos pensando siempre en el corto plazo- no serán la solución en un mundo natural nada estático, donde todas las relaciones ecológicas están imbricadas y son por ello tan complejas. Además, muchos problemas ni siquiera pueden anticiparse con el diseño de sistemas de "solución".

Hasta ahora, quienes han predicho la caída de la globalización sólo han dado razones sociales. Algunos, como sir James Smith en 1994, lo han expresado con oraciones como "es el pobre en los países ricos el que subsidiará al rico en los países pobres". Pero, si se colapsa la globalización, ¿qué le pasará a la gente, la biodiversidad y los ecosistemas? Un punto de partida para contestar esta pregunta es considerar que sobrevivirán a este colapso los países que sean más autosuficientes en cuanto a sus recursos naturales, lo que, como uno se puede imaginar, incluye a varios países de los denominados tercermundistas, pero no a todos. Especialmente, pensemos en países en los que diferentes autoridades y personajes diversos, con poco conocimiento, siguen recalcando en entrevistas que "nuestro país es muy rico en recursos naturales", cuando la realidad que se observa es otra. En muchos de estos países, se dice y se repite, hay abundancia de recursos; mientras tanto, los datos de estudios de campo, de fotografías digitales y de imágenes de satélite cuentan una historia diferente: que el ritmo de destrucción no disminuye sino que, en muchas áreas, aumenta año con año. Hay que quitarnos la venda de los ojos: no es lo mismo tener muchas especies que muchos recursos. Además, muchas, la mayoría, de estas especies se desarrollan en ambientes ecológicamente sensibles y, por su naturaleza, no pueden ser objeto de manejo intensivo. En otras palabras, ¿de qué riqueza natural se está hablando en estas entrevistas? Por otra parte, también hay que tomar en cuenta que muchas especies son adaptables a condiciones severas en su medio ambiente, incluyendo al pavo silvestre y al oso negro. Igualmente, que algunos sistemas ecológicos subsistirán. Pero la debacle de innumerables especies y ambientes sin duda ocurrirá.

Joseph Tainter, en The collapse of complex societies, escrito en 1988, expuso que "el colapso de imperios pasados resultó en sistemas humanos menos complejos, de menor especialización social, menor control centralizado, menor actividad económica, bajos niveles de población y menor distribución de los recursos...". Es algo para meditar. Una cosa similar en los ambientes naturales será segura, como sugiere el mismo Ehrenfeld: las especies, ecosistemas y recursos que subsistan serán mucho más pobres ecológica y biológicamente.

Tengamos siempre presente que los problemas sociales y ambientales relacionados con la globalización están fuertemente imbricados. Si el panorama no luce tan atractivo, ¿qué hacer? Ehrenfeld propone seis puntos centrales: disminuir el uso de energía, siempre buscando aprender en el proceso a ser menos dependientes de la misma; fortalecer comunidades locales y regionales para que ellos, que son quienes conocen más los ambientes naturales, tengan una participación vital en su conservación; restaurar la cultura de preocupación del uno por el otro, recordando siempre que el problema es de todos, aun de aquellos que dicen "estar fuera" del mismo porque viven en una ciudad o cerca de un buen jardín; reducir el comercio global y las finanzas no esenciales, pues sólo demandan más energía en todos los sentidos; controlar mejor las introducciones de especies invasoras, incluidas las patógenas, porque su efecto sobre la naturaleza puede ser desastroso a largo plazo, para lo cual deben unirse fuertemente la sociedad y el gobierno, y acelerar la agricultura sustentable, lo cual puede ser muy difícil debido a que esto va directamente en contra del punto central de la globalización, que es el consumo.

Yo añadiría que es muy importante considerar también que las áreas naturales protegidas tienen un valor social per se y no tienen que usarse como escudo para arreglar problemas de tipo social y económico que, en primera instancia, no han podido solucionarse en el 90% de la superficie terrestre que no ha sido protegida. Hay mucho que meditar y tenemos poco tiempo.