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Más que un simple papel

Heriberto G. Contreras Garibay y Leticia Garibay Pardo

La historia del hombre es tan diversa, tan variada y tan amplia como su paso mismo por este mundo. Grandes pensadores en todas las épocas se han referido a la historia como un bien, como una herramienta fundamental para entender la vida y entendernos a nosotros mismos. Juan Jacobo Rousseau, ilustre pensador y precursor de la Revolución Francesa , señaló que "todo pueblo que olvida su historia está condenado a volver a vivirla". Nada más atinado que esto, comprobable con el paso de los años en cualquier latitud.

Así,podríamos catalogar a la historia entonces como un tesoro o un bien tan preciado como el oro, los diamantes, el petróleo o cualquier otro que a usted le interese. Todos los anteriores se guardan en diferentes dispositivos y a través de múltiples sistemas. Las bóvedas, los compartimentos al vacío o las cajas de seguridad en los bancos, entre muchos otros, son los más conocidos y citados, pero hay lugares secretos que en ocasiones ni siquiera imaginamos.

Y la historia, ¿en dónde se guarda? Si entendemos a la historia en la misma magnitud que cualquiera de los bienes mencionados líneas arriba, deberíamos conocer los sitios en los que esta se guarda y acumula. Al contrario de lo que ocurre con los otros tesoros, la historia se multiplica todos los días; el tiempo es su constante, por lo que crecerá en la medida misma en la que la humanidad permanezca.

Paralelamente a la historia, encontramos al conocimiento y a la ciencia, ambos también invaluables. El desarrollo de la ciencia va de la mano con el desarrollo del hombre y su objetivo primario es mejorar la calidad de vida de los humanos, además de que ayuda a resolver las preguntas cotidianas. Muchos de los aportes que ha realizado la ciencia los ha hecho descifrando pequeñas incógnitas, como el que si la tierra es plana y no redonda, por qué el agua moja o si existen más sistemas solares además del nuestro.

Las soluciones de estas incógnitas han aportado mucho a las investigaciones actuales; muchas de las cosas que sabemos hoy en día es porque personas en el pasado las resolvieron con la ayuda de la ciencia. El estudio de la ciencia ha ocurrido primordialmente por la necesidad de explicar y resolver diferentes problemas.

Así que en esta muy breve historia de tan pocas líneas encontramos términos como "historia", "conocimiento", "ciencia", "hombre" y "vida", todos ellos ligados entre sí directamente, constantes, inherentes a la humanidad y tratados con la misma pregunta: ¿dónde se han guardado durante todo este tiempo?

No ha sido en bóvedas especiales ni en bancos. Por simple que parezca, el elemento por excelencia ha sido el papel. Mediante diferentes tintes, grasas, compuestos y hasta sangre, el papel guarda desde las épocas más remotas hasta el chiste aparentemente más actual que los seres humanos hayan contado.

Es cierto, el papel hecho libros se acumula en bibliotecas; sin embargo, y al contrario de los bancos y bóvedas secretas, las bibliotecas son por lo general públicas y abiertas a todo el mundo.

Así que podríamos preguntarnos entonces quién fue el autor de tan loable invento y desarrollo científico que hoy nos permite conocer la historia. Hay muchas versiones, nombres y lugares acerca de los posibles artífices del papel, pero hay pruebas en diferentes grabados encontrados por varias expediciones científicas que refieren que los egipcios, más o menos desde el mandato de la primera dinastía, alrededor del año 3000 antes de nuestra era, utilizaban una especie de papiro como alimento y combustible.

Pero su uso no sólo se quedaba ahí, sino que fabricaban con él embarcaciones y sandalias, además de una variante más delgada: una especie de papel en el cual escribían los asuntos más importantes a tratarse entre los monarcas y los sacerdotes, así como en el comercio. A partir de aquí, hallamos varios sitios, personas y lugares que desarrollaron el papiro hasta convertirlo en lo que hoy conocemos.

Una de las variantes más recurrentes y conocidas nos remite a China. El más antiguo de los protagonistas registrados en esta serie es Han Shin, quien vivió entre los años 247 y 194 a . de C. Se dice que Shin tomó fibras de seda y tejió una delicada tela que pensaba utilizar para ropa de abrigo. Poco después pegó ese fieltro sobre tabletas de bambú, pudiéndose escribir sobre ese fieltro con un pincel muy fino.

Casi doscientos años después, tras los avances logrados por Shin, entre los años 150 y 250 a . de C. en China, un ministro de nombre Tsai Lun recibió uno de los encargos más difíciles e importantes de la época por parte del emperador: buscar un material más fino y manejable sobre el que se pudiera escribir.

Lun aplicó sus conocimientos de herbolaria y de lo que hoy conocemos como química, y se dedicó a hervir un alga llamada "agar-agar", de la cual obtuvo una gelatina que unía perfectamente las fibras. Tsai Lun, gracias a sus conocimientos, obtuvo algo muy semejante a lo que hoy conocemos como papel, por lo que es considerado su inventor. Algunos estudiosos de lo anterior señalan, sin embargo, que Lun fue tal vez solo un innovador de la técnica, aunque consiguió fabricar unas hojas resistentes, flexibles e impermeables.

Tras el descubrimiento de Lun, no se hizo esperar el desarrollo de cada vez más técnicas para perfeccionarlo. Así, en el año 150 de nuestra era, en la región del Turkestán chino se comenzó a fabricar un tipo de material para escritura, pero en grandes cantidades para el uso colectivo, el cual incluía además corteza de morera, ramio, trapos y otras materias, las cuales se reducían con agua a pulpa que se secaba al sol. Unas horas después se convertía en hojas de papel rugoso.

Era de esperarse que el enemigo histórico de China, Japón, no tardara en buscar alguna forma de emular el desarrollo de sus adversarios, pero no fue sino hasta por el año 610 cuando el papel se conoció ahí. Al pueblo árabe el papel llegó mediante la guerra. Durante las batallas libradas en el Turkestán, un grupo de artesanos chinos fue capturado por los árabes, quienes los obligaron a fabricarlo.

A partir de este momento, la diseminación del uso del papel ocurrió vertiginosamente. Se tienen registros de que en Bagdad, hoy capital de Irak, se comenzó a fabricar a partir del año 793 de nuestra era. Pero esta fue solo una escala en la historia del papel y de su uso por parte de la humanidad. El registro más antiguo que se tiene de su uso en Europa se remonta a la ciudad de Xátiva, que hoy se conoce como Valencia, en España, en donde en el año de 1151 los árabes comenzaron a fabricarlo. Era de esperarse que rápidamente su uso y fabricación se extendieran por todo el continente europeo.

En América no se tienen claros ni el momento en el que se comenzó a utilizar ni si se conoció antes de la llegada de los europeos durante la Conquista ; empero, existen registros de que primero los mayas y después los aztecas elaboraron una materia apta para la impresión manual muy semejante al papel.

En 1507, los aztecas tuvieron uno de sus primeros contactos con los españoles; en esa ocasión los primeros regalaron a los segundos dos libros, entre muchos otros objetos valiosos. Los españoles, al conocer la técnica de los americanos, instalaron en 1575 la primera papelería en la Nueva España , y un año después lo hicieron en Pennsylvania, en Estados Unidos.

Así que el tema del papel, su elaboración y su uso se convirtió en un asunto de los que hoy podríamos llamar globales. Con la Revolución Industrial , el proceso, que incluía entre sus materias primas trapos de algodón, cáñamo y lino, cambió en 1843, cuando se comenzó a emplear la celulosa de los troncos de los árboles.

Hoy en día basta con volver la vista a cualquier sitio para darnos cuenta de que el papel es una parte fundamental de nuestra vida. Con papel compramos y vendemos bienes y servicios en la forma de dinero; nos comunicamos y nos informamos con los periódicos y revistas; incluso si tomamos un café o una cerveza, nuestro recipiente se apoya en un mantel hecho con base en papel. Ni qué decir de cómo soluciona algunas de nuestras funciones biológicas y fisiológicas elementales, y, claro -como decíamos al inicio de este texto-, de cómo con el paso del tiempo continúa almacenando nuestra historia.

Para el lector interesado

Enciclopedia Británica. Disponible en línea: www.britannica.com.

Instituto Smithsonian. Disponible en línea: http://www.si.edu/.

Textos Científicos. Disponible en línea: http://www.textoscientificos.com.

Grupo Pochetca. Disponible en línea: http://www.pochteca.com.mx/.

Papelnet. Disponible en línea: http://www.papelnet.cl/.