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La importancia del olfato en los primates

Rosa Mariela Rivas Bautista, Laura Teresa Hernández Salazar y Matthias Laska

En la comunicación animal, los individuos emiten una gran cantidad de señales químicas para obtener información sobre su conducta social, sexual y alimenticia. El sentido encargado de percibir la información odorante es, claro está, el olfato, un sistema que se ocupa de la detección química de diferentes moléculas que viajan a través del aire produciendo estímulos que son enviados directamente al cerebro para ser interpretados.Evolutivamente, los primates han reducido sus estructuras olfativas debido a los ajustes posturales de la visión, como el desplazamiento de los ojos hacia el frente de la cabeza, lo que ha tenido como resultado una reducción de la nariz y, por consiguiente, un decremento del tamaño del bulbo olfatorio.Por lo anterior, los primates se consideran como especies con un sentido del olfato poco desarrollado, en comparación con la rata o el perro, que tienen una capacidad olfativa mayor.

Opuesto a esto, diversos estudios señalan que su olfato desempeña un papel importante en muchas de sus conductas, como la búsqueda de alimento, las señales de alerta ante un depredador, la capacidad para discriminar entre un animal sano de uno que no lo está, el reconocimiento de las crías y la determinación del estado reproductivo de las especies.Todos estos despliegues conductuales indican lo importante que es el olfato en la conducta de los primates.  

Conducta social 

La conducta social se define como aquella que influye y es influida por el comportamiento de otros individuos de la propia especie, llamados también “conespecíficos”. El grado de las interacciones y lo complejo de la organización social se relacionan así con la eficacia de los mecanismos que utilizan para establecerlas.  

Los primates están dentro de los animales que se consideran sumamente sociales, por lo que se involucran de maneras muy complejas en la comunicación, la transmisión y percepción de distintas señales visuales, auditivas, táctiles y químicas que pueden ser detectadas en la oscuridad y que requieren poca energía.

Los olores sociales provienen de distintas zonas asociadas a las glándulas de secreción, como las axilas, las regiones anal y vaginal y la piel, y son emitidos al medio ambiente a través del sudor, la orina, las heces, la saliva y las secreciones vaginales y anales. Las señales químicas que se muestran durante las interacciones sociosexuales se deben a la emisión de feromonas, descritas como señales odorantes que libera el organismo y que afectan la conducta o fisiología de otro individuo.  

Las feromonas se han clasificado de acuerdo al tipo de respuesta que generan en el receptor; así, hay feromonas primarias, referidas como aquellas que actúan en un periodo largo produciendo cambios en el sistema neuroendócrino (por ejemplo, la sincronización de los estros) y feromonas de señal, que son las que cambian inmediatamente la conducta del receptor.Ejemplos de las anteriores son las que inducen el mantenimiento de las jerarquías, como lo hacen algunos machos entre los cébidos, quienes depositan una gran cantidad de excremento con un olor característico asociado a la presencia de un macho dominante, o bien, ciertas señales de reconocimiento individual, como ocurre entre los pichicos comunes y los lémures de cola anillada, los que mediante el olor emitido por la orina identifican a los miembros de su grupo. Algunas otras especies de primates utilizan el olor de la orina de las hembras para identificar su estado reproductivo, como los monos rhesus y el mono araña; en estos últimos se ha documentado que la hembra desprende pequeñas cantidades de orina que los machos toman entre sus dedos para después olerla.  

Tales estudios muestran que los olores influyen en sus despliegues conductuales y son sustancias que están presentes en la comunicación química de las especies. En el laboratorio se ha podido valorar la sensibilidad olfativa por medio de modelos conductuales en el mono ardilla, el cual discriminó sustancias en cuya composición hay la misma molécula, identificó una mezcla de olores, distinguió los olores de orina de la misma especie y mostró una memoria de largo plazo; demostró asimismo tener una alta sensibilidad hacia los ácidos carboxílicos, que son sustancias que caracterizan el aroma de la orina, el sudor y las secreciones vaginales y anales.  

Conducta alimenticia 

En la búsqueda de las fuentes potenciales de alimento, los primates conforman subgrupos que son variables en cuanto al tamaño y composición de los individuos. Su rango alimenticio tiene una forma circular, lo que les permite abarcar una mayor amplitud en la búsqueda diaria de alimento.

Sin embargo, en el caso de la conducta de alimentación, se reconoce que el aroma es uno de los elementos principales en el reconocimiento del sabor. Los registros hechos de algunas especies de primates del Nuevo Mundo, como el machín negro, han demostrado su capacidad para diferenciar entre olores novedosos de dos tipos de alimento: frutos como la fresa, que se asocian más a los olores de su dieta habitual, y pescados como el salmón. Otro ejemplo es el mono lechuza, un primate de hábitos nocturnos, que es capaz de guiarse únicamente por los aromas frutales para localizar su alimento.Gracias a los resultados obtenidos, se ha planteado que existe una relación entre los hábitos de actividad diurnos o nocturnos y la capacidad para guiarse utilizando pistas olfativas para identificar las fuentes potenciales de alimento. Sin embargo, no sólo en la vida silvestre se tienen registros experimentales; se ha podido valorar la capacidad olfativas de diversas especies mediante pruebas psicofísicas, lo que ha permitido determinar de forma muy precisa la sensibilidad y discriminación olfativa que tienen especies muy distintas. En consonancia con lo anterior, se han desarrollado modelos conductuales de tipo experimental, lográndose valorar esa sensibilidad olfativa en primates tales como el mono ardilla, el macaco y el mono araña. Los resultados de la aplicación de un modelo conductual de dos opciones mostraron que estos primates tienen una notable capacidad olfativa y una alta sensibilidad hacia diversas sustancias: ésteres alifáticos, alcohol, aldehídos y sustancias naturales aisladas, las cuales emiten olores que conforman el aroma de los frutos.

En términos de la capacidad olfativa, el mono araña mostró tener una gran sensibilidad hacia los ácidos carboxílicos de cadena corta, muy similar a la del mono ardilla, mientras que en los macacos se observó que, a pesar de tener un número más reducido de receptores olfativos funcionales en comparación con el mono araña y el mono ardilla, tienen una mayor sensibilidad hacia algunos ácidos carboxílicos de cadena larga.

Cabe mencionar que estas tres especies de primates muestran una mayor capacidad olfativa en comparación con los humanos. Comparación con otras especies de mamíferos en cuanto a la sensibilidad olfativa de los ácidos car boxílicos de cadena larga (ácidos propiónico y valérico), el mono araña demostró tener una mayor capacidad olfativa que la rata e incluso que el perro.

Los investigadores afirman que los primates responden de manera más clara a los olores que tienen relevancia biológica para la especie, así como en relación con su ambiente. Por ello, puede decirse que el olfato en los primates es un sistema importante en la conducta de los individuos. El aumento del volumen de la neocorteza a lo largo de la evolución o la reducción del tamaño relativo del bulbo olfatorio (es decir, del lugar en donde se lleva a cabo la primera decodificación de la información odorífera) no predicen adecuadamente la capacidad olfativa de los primates, ya que hay pruebas más que suficientes de que su olfato desempeña un papel primordial en la organización social y en su conducta alimenticia.

Con base en esos estudios, se ha planteado que no son las estructuras olfativas las que modulan la percepción en los individuos, sino que esa sensibilidad se asocia con la importancia que el odorante tenga para el individuo.