Editorial
      El parteaguas: fábula robótica
     
      Los modelos experimentales en el estudio de las emociones
     
     

La relación de consecuencia lógica

     
      La fábrica de la histeria
     
      ¿Te caen bien los murciélagos?
     
      Primates, víctimas de la mezquindad del hombre
     
      La importancia del olfato en los primates
     
      La informática y el adulto mayor
     
      La agroindustria y sus coproductos: oportunidad interdisciplinaria
     
     

Tortillas de maíz: una tradición muy nutritiva

     
      Obesidad síndrome metabólico y cáncer: fallas al compás del reloj
     
    Tuberculosis bovina: ¿zoonosis re-emergente?
     
    Genotoxicidad y potencial teratógeno
     
      ENTREVISTA
     
      Jacobo Finkelman: Construir la equidad en un sistema inequitativo
     
    RESEÑA
     
    Ginzburg C. Señales. Raíces de un paradigma indiciario
     
      DISTINTAS Y DISTANTES: MUJERES EN LA CIENCIA
   

 

      Sor Juana Inés de la Cruz y la ciencia en un sueño
     
      CURIOSIDADES CIENTÍFICAS
     
      Ser o no ser bello
   
 
     

¿Te caen bien los murciélagos?

Jorge Galindo González

¿Sabías que los murciélagos son expertos cuidando el ambiente? Trabajan muy duro para mantener en equilibrio muchos procesos ecológicos de las selvas, bosques y zonas desérticas; también nos ayudan en el cuidado y producción de varios de nuestros alimentos. ¿Sabes cómo lo hacen? La respuesta es sencilla: simplemente buscan su alimento y lo consumen, y al hacerlo realizan todo este trabajo tan importante para el equilibrio ecológico.

Los murciélagos son los únicos mamíferos capaces de volar de la misma manera que lo hacen las aves, sólo que casi todos lo hacen durante la noche, en plena oscuridad. Aunque tienen ojos y pueden ver bien en la penumbra, para realizar sus vuelos nocturnos, orientarse dentro de las cuevas donde algunos se refugian y obtener su alimento entre la vegetación de las selvas y bosques, se valen de un sofisticado sistema llamado ecolocalización. Este sistema es en realidad la versión biológica de un radar, que desarrollaron los murciélagos hace más de 70 millones de años. Los murciélagos emiten una serie de vocalizaciones a través de la laringe compuestas de sonidos de alta frecuencia (o ultrasonidos que nosotros no podemos escuchar ya que están por arriba de los 15 kilohertz); algunos murciélagos lo hacen por la boca y otros por la nariz. Estas ondas sonoras viajan por el aire a una velocidad de 340 metros por segundo hasta que chocan con algún objeto produciendo un eco, el cual viaja en sentido opuesto y es escuchado e interpretado de manera sorprendente por el cerebro del murciélago. Esta serie de ecos les proporcionan una gran cantidad de información (semejante a la cantidad de información que nosotros recibimos a través de la vista) que les hace posible decidir la dirección de su vuelo, esquivar obstáculos, localizar y elegir su alimento, ubicar un refugio o un sitio donde beber agua y demás.

El sistema de ecolocalización de los murciélagos es realmente sorprendente y consiste en dos operaciones básicas: la emisión de sonidos de alta frecuencia y la recepción y análisis de los ecos que regresan; mediante el cálculo del tiempo transcurrido entre la emisión de una señal y el regreso de su eco, les es posible conocer la distancia a la que se halla un objeto; por supuesto que los murciélagos determinan instintivamente las distancias y no mediante un cálculo deliberado. Los ecos que regresan son recibidos por los oídos, cuyo tamaño y forma ayudan a amplificar las ondas sonoras. En el oído interno el sonido es transformado en impulsos eléctricos, los cuales se transmiten a través del nervio auditivo hasta el cerebro. Y ahí, la parte analítica de la operación incluye el cronometraje de la diferencia entre las pulsaciones de salida y los ecos de entrada, así como la comparación de las diferencias entre las características de ambas pulsaciones: la original y su eco. Integrando y evaluando estos datos, el cerebro de los murciélagos proporciona información sobre la dirección y distancia del objetivo. La percepción resultante es tan precisa que, por ejemplo, algunos murciélagos pueden distinguir entre diferentes especies de insectos; así, si este es comestible, lo captura; si no, lo deja irse. Todo este proceso es casi instantáneo, y el análisis se realiza en cosa de nanosegundos. En términos generales, la ecolocalización es más eficiente a distancias relativamente cortas, de entre cinco y diez metros, pues el aire absorbe rápidamente los sonidos –especialmente los de alta frecuencia–, aunque algunas especies pueden detectar objetos hasta a unos veinte metros.

Existen un poco más de mil especies de murciélagos en el mundo; en las regiones tropicales son muy diversos, pero en las templadas son más abundantes durante el verano. Habitan en todo el planeta salvo en el Antártico, y son el grupo de mamíferos terrestres más ampliamente distribuido; en América se distribuyen desde Alaska hasta Argentina, y en el Viejo Mundo desde el Círculo Polar Ártico hasta la punta de Sudáfrica, y lo mismo ocurre en Australia y Oceanía. Habitan en sierras escarpadas, montañas nevadas o desiertos, así como en costas, regiones tropicales y bosques remotos, e incluso en las ciudades más urbanizadas.Durante el día, sobra decirlo, duermen y se refugian en diversos sitios dependiendo de la especie y del lugar en el que viven. Por lo general utilizan cuevas, pues ofrecen grandes ventajas: los protegen del sol y de los depredadores, y les brindan la posibilidad de ahorrar energía ya que poseen condiciones relativamente constantes de temperatura y humedad; ahí, algunas de las especies de clima templado pasan el invierno en hibernación. Igualmente, utilizan minas en desuso, túneles, incluso áticos de iglesias y todo tipo de construcciones más o menos abandonadas, así como techumbres o puentes. En las regiones tropicales, además de utilizar las cuevas disponibles, muchas especies se refugian en troncos y árboles huecos; también duermen entre la vegetación, donde algunas especies construyen incluso sus propios refugios con las hojas de las palmas de plátano: mordisquean el caquis (“costilla”) de la hoja y forman un toldo que los protege del sol y de la lluvia, refugio que utilizan por algunos días para después mudarse y construir uno nuevo. En las zonas templadas algunas especies se refugian asimismo entre el heno de los árboles.

El tamaño y el peso de los murciélagos varían mucho; los más grandes –que por cierto se alimentan de frutos y se encuentran sólo en África, Asia y Oceanía– pueden medir casi dos metros de envergadura y alcanzan un peso de hasta 0.75 kilogramos ; mientras que el más pequeño, que habita únicamente en Tailandia, es apenas del tamaño de un abejorro, pesa tan sólo dos gramos y mide tres centímetros de la cabeza a los pies, por lo que es considerado el mamífero más diminuto del mundo. La mayoría de los murciélagos pesan menos de cien gramos y son del tamaño de un pájaro común.

Algo que es notable en un mamífero tan pequeño es su longevidad, pues se tienen registros de murciélagos que han vivido más de treinta años, aunque su promedio de vida es sin duda mucho menor. Algunos datos experimentales han mostrado que los murciélagos frugívoros (o comedores de fruta) tropicales Artibeus jamaicensis pueden vivir más de nueve años, y el Carollia perspicillat a más de diez. Tal longevidad es sorprendente, sobre todo si la comparamos con la que tienen la mayoría de los roedores, que en general viven menos de un año. Algunos de los murciélagos que habitan zonas de climas templados hibernan durante el invierno, lo que significa que pasan casi la mitad del año en ese estado, por lo que viven mucho más tiempo que los tropicales; por ejemplo, el Myotis lucifugus norteamericano, que hiberna durante el invierno, tiene el record de longevidad: ¡33 años! La hipótesis que la hibernación prolonga la vida de los murciélagos quizá sea sólo parte de la explicación de tal longevidad.

Los murciélagos son mamíferos, al igual que los seres humanos, los perros, los caballos o los conejos; nacen vivos, como un cachorro, y se alimentan con la leche que producen sus madres. Casi todas las especies tienen sólo una cría al año, aunque unas pocas pueden tener gemelos. El murcielaguito recién nacido se mantiene aferrado a su madre mientras ésta vuela en busca de alimento por el campo, aunque al poco tiempo, al aumentar de peso la cría, ya que crecen muy rápido, a la madre ya no le es posible cargar con él, de modo que lo deja en su refugio mientras sale a forrajear. A las tres o cuatro semanas de edad las crías ya tienen casi el tamaño de un adulto, aprenden a volar y se independizan.

Ya vimos que los murciélagos son los únicos mamíferos voladores y sabemos la manera en que navegan en plena oscuridad y encuentran su alimento; ya sabemos también cómo se distribuyen y dónde se refugian, de qué tamaño son y cuánto viven. Pues bien, ahora veremos cómo es que intervienen en tantos procesos ecológicos que mantienen el equilibrio, favoreciendo la producción de alimentos para los humanos e incluso preservando su salud. Como dije al principio, lo que hacen es simplemente comer.Una de las características más sobresalientes de este grupo de mamíferos es la amplia diversidad de sus hábitos alimenticios; la gran mayoría se alimenta de insectos y otros artrópodos, es decir, son insectívoros, y al comer protegen el ambiente pues devoran millones de insectos dañinos, como los mosquitos que transmiten enfermedades infecciosas y mortales o las plagas de nuestros cultivos. Un sólo murciélago puede comer más de mil insectos del tamaño de un mosquito cada hora. El murciélago migratorio ( Tadarida brasiliensis ), que pasa el verano en Estados Unidos y el invierno en México, forma enormes colonias; una de ellas, que habita en la cueva Bracken, en Texas, tiene más de 20 millones de individuos –la más grande conocida hasta ahora– y cada noche puede consumir 225 toneladas de insectos. Esto es sorprendente. ¡Imagínate el volumen de esta cantidad de insectos que les sirve de cena cada noche! Una colonia de apenas 150 individuos del murciélago Eptesicus fus - cus consumió durante un verano suficientes escarabajos del pepino como para proteger a los agricultores del ataque de 18 millones de sus larvas, las cuales atacan la raíz del cultivo. Además, su guano es uno de los mejores fertilizantes naturales del mundo por su alto contenido de nitrógeno. Con la ayuda de los murciélagos insectívoros se evita la aplicación de más insecticidas, como los que actualmente ya utilizamos, que contaminan nuestros alimentos y todo el planeta.

El sistema de ecolocalización de estos murciélagos es uno de los más sofisticados que hay pues su presa se encuentra en movimiento, de modo que debe calcular su dirección, velocidad y distancia a la que se mueve para ubicar el ángulo de intercepción. Para defenderse de tan eficientes cazadores, algunos insectos han desarrollado mecanismos de defensa. Un tipo de mariposas nocturnas son capaces de detectar los sonidos ultrasónicos de los murciélagos; al aproximarse el murciélago, pliega sus alas y se deja caer como una piedra, esquivando así el ataque.Otras palomillas, al detectar las vocalizaciones de los murciélagos, emiten un sonido ultrasónico que distorsiona el eco que recibe el murciélago, confundiéndolo, con lo que igualmente evitan ser atrapadas. Muchos insectos han logrado producir o adquirir a partir de su alimento ciertas toxinas que los hacen muy poco apetecibles, y los murciélagos han aprendido a detectarlos sin la necesidad de probarlos. Algunos murciélagos se han especializado en capturar grandes insectos, como grillos, langostas y cucarachas; incluso una especie, inmune a su picadura, se dedica a comer ciempiés y alacranes, los que captura en la superficie del suelo.

Un grupo de murciélagos muy abundante en los trópicos es el que consume frutos silvestres, del cual ya hablamos ampliamente en un artículo anterior; ellos dispersan por el campo las semillas de cientos de plantas, las que crecen y se transforman en nuevos árboles y arbustos, regenerando así las selvas y bosques tropicales. Definitivamente, son indispensables para revertir los daños que los humanos hemos causado a esos parajes.

Los murciélagos que se alimentan del néctar y polen de las flores (nectarívoros) son igualmente importantes por los servicios que llevan a cabo en los ecosistemas, pues son responsables de la polinización de muchas especies de plantas tropicales y cactos. Al igual que los colibríes, revolotean frente a las flores, introduciendo en ellas sus afilados hocicos y sus largas lenguas para extraer el néctar de las flores; así, polinizan cientos de plantas que producen frutos, algunos de los cuales nosotros comemos posteriormente, como los plátanos. Las temporadas de lluvias y secas obligan a los murciélagos nectarívoros a cambiar de tipo de alimento; de esta manra, algunas especies complementan su dieta con ciertos frutos e insectos disponibles, mientras que otras emigran siguiendo los ciclos de floración de las especies de plantas.

Otro grupo de murciélagos son carnívoros, es decir, auténticos cazadores. Capturan, someten y matan a pequeños animales, como ratones, aves, lagartijas e incluso otros murciélagos. La gran especialización de algunos de los murciélagos carnívoros los han llevado a ciertos extremos realmente sorprendentes. El caso de los murciélagos pescadores es uno de ellos. Capturan pequeños pececillos a los que sacan directamente del agua, en pleno vuelo rasante sobre la superficie de algún arrollo calmo o de un lago; al detectar mediante la ecolocalización una pequeña aleta de algún pez, tan fina como un cabello humano, introduce las garras de sus patas traseras y engancha la presa e inmediatamente la lleva a la boca, tras de lo cual localiza alguna percha donde pueda consumir tranquilamente a su presa. Otro de estos casos interesantes es el del Trachops cirrhosus , que siente predilección por las ranas; estos murciélagos, que viven en Centroamérica y Sudamérica, localizan a sus presas por sus cantos de apareamiento y las capturan directamente con su boca; pueden distinguir el canto de una rana comestible del de una tóxica. Al igual que todos los carnívoros en la naturaleza, son poco abundantes por encontrarse en la cúspide de la pirámide alimenticia.

Muchas de las especies que hemos mencionado, pese a tener tan diversos hábitos alimenticios, se ven obligadas en ocasiones a combinar diferentes tipos de alimento (por ejemplo: frugívoro-insectívoro, o nectarívorofrugívoro, o carnívoro-insectívoro).

De las más de mil especies de murciélagos que hay en todo el mundo, únicamente tres son verdaderos vampiros, es decir, se alimentan de sangre de animales (hematófagos), al igual que un mosquito, aunque son bastante más grandes, sin duda. Este es el hábito de alimentación más extraño entre todos los vertebrados. Por cierto, a tales murciélagos sólo se les encuentra en el continente americano. Originalmente, su alimento lo obtenían de aves y mamíferos silvestres, por lo que eran poco abundantes en la naturaleza; sin embargo, con el desarrollo de la ganadería y avicultura, su población aumentó considerablemente, en particular la del vampiro común ( Desmodus rotundus ), que se alimenta principalmente del ganado vacuno, porcino y caballar. Estos murciélagos consiguen su alimento dando una pequeña mordida con sus dientes filosos como navajas de rasurar y lamen la sangre que escurre fluidamente, pues la saliva de estos murciélagos contiene un anticoagulante muy eficaz; de hecho, ciertos científicos mexicanos han elaborado una medicina que ayuda mucho a personas con problemas de circulación o enfermas del corazón a partir de la saliva de estos murciélagos. Un ejemplo más de cómo es que los murciélagos indirectamente nos ayudan.

Por todo lo anterior, ¡a mí los murciélagos me caen rebién!

Para el lector interesado

Galindo G., J. (1998). Dispersión de semillas por murciélagos: su importancia en la conservación y regeneración del bosque tropical. Acta Zoológica Mexicana (nueva serie), 73, 57-74.

Galindo G., J., Guevara, S. y Sosa V., J. (2000). Bat-and bird-generated seed rains at isolated trees in pastures in tropical rain forest.Conservation Biology, 14 (6): 1693-1703.

Galindo G., J. (2003). La verdad, son a todo dar. La Ciencia y el Hombre, 16 (3), 5-8.

Galindo G., J. (2005). ¿Regeneración de la selva? Los murciélagos, expertos en el asunto. La Ciencia y el Hombre, 18 (2), 37-40.

Wilson, D. E. (2002). Murciélagos: Respuestas al vuelo. Xalapa, México, Universidad Veracruzana.