Editorial
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      ENTREVISTA
     
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    RESEÑA
     
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      CURIOSIDADES CIENTÍFICAS
     
      Ser o no ser bello
   
 
     

Ser o no ser bello

Heriberto G. Contreras Garibay y Leticia Garibay Pardo

Giovanni Sartori, en su libro Homo videns, señala que las sociedades actuales están constituidas por hombres que centran su atención en todo lo que ven, más que en cualquier otra cosa. Así, hemos dejado de leer, de escuchar, de reflexionar inclusive, y nos hemos entregado a los estímulos visuales.

De ahí que desde la década de los setenta del siglo pasado la televisión sea el medio de comunicación con mayor impacto y mayor influencia en la toma de decisiones de las personas. De esta manera, la publicidad ha desempeñado un papel primordial para entender en primera instancia, y en segundo para convencer al espectador sobre “lo que es mejor” y que, como materia de este artículo, abordaremos como “lo más bonito”.

Así, pues, hay un dicho popular que afirma que “la suerte de la fea la bonita la desea”; sin embargo, la investigación científica nos señala cosas distintas, o al menos ofrece otra perspectiva.

Hace unos meses, el Departamento de Psicología de la Universidad de Pennsylvania publicó en la revista Emotion, de la Asociación Psicológica de Estados Unidos, un estudio en el que parece que nada ni nadie se resiste a una cara bonita. Dicha investigación sugiere que los seres humanos tenemos grabados o escritos en el cerebro diversos mecanismos muy particulares que nos permiten juzgar lo que es atractivo.

Lo más curioso de este mecanismo es que en una fracción de segundo, es decir, de un solo  pestañazo, podemos evaluar si una persona es “bonita” o no, claro, según los estereotipos que conocemos a través de la publicidad y de las imágenes que a diario observamos.

La responsable del estudio, la doctora Ingrid Olson y su colega Christy Marshuetz, de la Universidad de Yale, señalan que el observar un rostro bonito está directamente relacionado con que una persona tenga pensamientos y actitudes positivas. Olson precisó que los seres humanos podemos juzgar el atractivo con una velocidad sorprendente y sobre una base de muy poca información; además, detalló que al parecer las caras hermosas instruyen a nuestras mentes para que tengamos más probabilidad de asociar la belleza con una emoción positiva.

Tal investigación surgió a raíz de que las dos científicas analizaron lo que parece ser un fenómeno producto de la modernidad, de los estereotipos y de la hipótesis de que la gente físicamente atractiva tiene más ventajas con respecto a las personas poco atractivas.

Para sorpresa de las investigadoras, los resultados del citado estudio han demostrado en diferentes escenarios y bajo distintas situaciones que hay demasiados beneficios sociales y económicos derivados de ser atractivo, según señaló Olson.

Entre otros resultados, las investigadoras encontraron que la gente atractiva recibe una mejor paga por trabajos semejantes, se le juzga como más inteligente y recibe más atención en la mayoría de  las facetas de la vida, como las relaciones familiares o las reuniones con compañeros de trabajo;  incluso logra captar más fácilmente la atención de desconocidos.

No obstante la etapa en que se halla el estudio, las científicas señalan que todas esas ventajas –ese “favoritismo”, como lo llaman– no están bien comprendidas; sin embargo, plantean que parece ser innato y transcultural, ya que algunos estudios consultados sugieren que incluso los bebés prefieren los rostros hermosos.

La antedicha investigación se conformó por dos experimentos, mediante los cuales se intentó  demostrar la predisposición de las personas hacia los rostros bellos y hermosos.

En el primer experimento, las doctoras Olson y Marshuetz tomaron de diferentes anuarios estudiantiles fotografías con rostros de hombres y mujeres no famosos –esto es, fuera de la vida pública–, las cuales mostraron a un grupo de voluntarios. Cada imagen se les presentó durante  0.013 segundos, por lo que los participantes no pudieron ver los rostros conscientemente ya que no les daban margen ni tiempo de analizarlos.

Pese a ello, un alto porcentaje de las respuestas de la mayoría coincidieron con los mismos rostros, los cuales fueron catalogados como los más hermosos. Las investigadoras señalaron entonces que en esta etapa la evaluación no fue consciente pero sí precisa.

En el segundo experimento mostraron rostros feos y bellos alternadamente durante una fracción de segundo; luego exhibieron una palabra escrita en color blanco sobre un fondo negro. Se pidió a los sujetos ignorar el rostro y definir con toda la rapidez posible si la palabra que leían era buena o  mala. Casi invariablemente, los participantes del estudio respondieron con más rapidez a palabras positivas (risa, felicidad) inmediatamente después de ver un rostro atractivo.

Cierto que el estudio no fue concluyente ni mucho menos, pero demuestra las tendencias hacia las  que apuntamos los seres humanos en la actualidad y nos ayuda a entender algunas situaciones cotidianas que a veces vivimos sin entenderlas.

Cabe, pues, la siguiente reflexión a propósito de la belleza. Se trata de un fragmento del tratado 6 de la Primera Eneada, “Sobre lo bello”, que uno de los discípulos de Plotino reunió tras su muerte. Plotino fue el último gran filósofo del helenismo nacido en Licópolis de Egipto en el año 204 de nuestra era.

El hombre no debe quedar aprisionado por las bellezas de los objetos sensibles; antes bien, ha de reconocer en ellas sombras, reflejos de otra Belleza que es su fuente y ha de tratar de remontarse por esta escala de seres y bellezas relativas hasta llegar a la Fuente de todas ellas.Por encima de todos los grados en que la Belleza es participada en la escala de los seres está la Belleza en sí, que se identifica con el Bien, Belleza eterna e inmutable, inagotable, fuente de las demás bellezas.

Para el lector interesado

Plotino. El alma, la belleza y la contemplación.
Buenos Aires: Espasa-Calpe (Colección Austral), 1950.