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Tuberculosis, nueva oleada de la peste blanca

Roberto Zenteno Cuevas

La tuberculosis es una de las enfermedades infectocontagiosas que más han afectado al hombre en toda su historia. Las campañas sanitarias de comienzos del siglo pasado y el advenimiento de los antibióticos en la década de los cincuenta hizo pensar en su erradicación, pero al principio de los noventa, en una acción sin precedentes, la Organización Mundial de la Salud declaró a la tuberculosis como un grave problema de salud e instó a todas las instituciones encargadas de la salud a tomar medidas inmediatas contra esta enfermedad.

Qué es la tuberculosis y qué la causa

La tuberculosis es una enfermedad cuyo agente causal es un bacilo, una micobacteria. Si bien existen más de setenta especies diferentes de micobacterias capaces de infectar al hombre, la mas común es Micobacterium tuberculosis. Estas bacterias pueden ingresar al organismo a través de varias vías, pero lo hacen sobre todo a través del tubo digestivo y los sistemas genitourinario y respiratorio, siendo esta última la vía de infección más frecuente, ya que las partículas liberadas al toser por un paciente con tuberculosis contienen bacterias que, al ser aspiradas por un individuo sano y depositarse en sus pulmones, generan la tuberculosis pulmonar. En algunos casos la infección se traslada a través del sistema linfático o la sangre a otras partes del cuerpo, tales como los riñones, vértebras, meninges, espina dorsal, cerebro y otras, generándose así una tuberculosis extrapulmonar. La tuberculosis pulmonar es la más común y la más contagiosa, pues los individuos que la padecen infectan con mayor facilidad a las personas con las que conviven habitualmente, es decir, familiares cercanos, amigos y compañeros de trabajo. Es importante mencionar que la tuberculosis es completamente curable, siempre y cuando se lleve correctamente el tratamiento, pero puede ser mortal si no se trata adecuadamente. Por esta razón, todas las dependencias de salud del país (IMSS, ISSSTE, SESVER) tienen programas específicos para ello. La mayoría de los individuos que respiran la micobacteria y que pudieran infectarse son capaces, gracias a su sistema inmunológico, de contenerla e inactivarla por un largo período, es decir, sufren una tuberculosis latente; sin embargo, el bacilo aprovecha cualquier debilidad del sistema inmune para activarse. Esta es una de las razones por las que ciertos procesos que suprimen el sistema inmunológico (como la infección del virus del sida y la desnutrición severa) han propagado la tuberculosis al funcionar como fuentes de infección y generar bacterias patológicamente más agresivas y, en casos extremos, resistentes a numerosas drogas. Una tuberculosis latente no muestra síntomas aparentes; sin embargo, es posible detectarla mediante una reacción positiva a la prueba de piel (tuberculina), o recientemente a través de la cuantificación del interferón gama producido por los linfocitos T al ser estimulados por los antígenos de tuberc u l o s i s .

Historia y epidemiología de la tuberculosis

Se cree que la tuberculosis nos ha acompañado desde el Neolítico. Con la domesticación de animales salvajes ocurrió un proceso de transferencia del ganado vacuno al ser humano y la consiguiente adaptación de la bacteria. En términos generales, se considera que la tuberculosis es la enfermedad infectocontagiosa más exitosa que jamás haya conocido el hombre; fue tal su impacto en la antigüedad que se le denominó “peste blanca”, a la que se consideraba como una inevitable sentencia de muerte; ahora, en pleno siglo XXI, más de un tercio de la población mundial tiene o ha tenido la infección. La prevalencia global es superior a 70 casos por cada 100 mil habitantes, y aún es mayor en ciertas zonas geográficas, como algunos países africanos, donde llega a ser de 400 casos por cada 100 mil habitantes. Anualmente se reportan 10 millones de nuevos casos, de los cuales 3 millones fallecen; en otras palabras, 6% de todas las muertes en el planeta se deben a esta enfermedad. La distribución de tuberculosis en el mundo muestra que Á frica, Asia y América ocupan el primero, segundo y tercer lugares en incidencia; en este último continente, Brasil, Perú y México son los que tienen mayor cantidad de enfermos. En México, más de la mitad de la población tiene una infección latente, pero afortunadamente en los últimos diez años la tuberculosis ha disminuido en su morbilidad y mortalidad. De acuerdo al Sistema Nacional de Vigilancia Epidemiológica de la Secretaria de Salud, el año pasado se determinó que había en México una tasa de catorce casos por cada 100 mil habitantes, ocupando el estado de Veracruz el primer lugar nacional al tener 1,500 casos cada año. La segunda oleada Las características patológicas de la tuberculosis la convierten en una enfermedad sumamente compleja, pero en los últimos cincuenta años han sido varios los factores que han contribuido a su reemergencia para ubicarla como una de las enfermedades más importantes y con serias repercusiones para la salud pública actual y futura. Entre ellos tenemos la pobreza y la desnutrición, la creciente resistencia a los antibióticos, los sistemas de diagnóstico, y el virus de la inmunodeficiencia humana. Estos factores se están combinando de tal manera que se espera que en los próximos diez años la tuberculosis haya causado la muerte a más de 40 millones de personas e infectado a más de cien millones, principalmente en los países en vías de d e s a r r o l l o .

Poniendo a prueba a la salud pública

Ante el gris escenario que plantea el desarrollo de la tuberculosis, varios investigadores coinciden en que la forma en que se aborda actualmente la enfermedad debe modificarse completamente. Es necesario replantear los programas y normas que rigen el proceder de los sistemas de salud en contra de esta enfermedad, y es asimismo urgente llevar a cabo más investigaciones microbiológicas, inmunológicas, epidemiológicas, económicas, sociológicas y de comunicación en salud, tanto básicas como aplicadas, con la finalidad de comprender en su justa dimensión las características generales de la bacteria y su entorno, es decir, pasar de una mera comprensión médico-clínica a una visón transdisciplinaria e integradora en la que participen componentes sociales, médicos, económicos y biológicos de una manera coordinada; en otras palabras, debe abrirse paso a las nuevas funciones esenciales de la salud pública. De entrada, podemos mencionar la necesidad de incorporar procedimientos de punta para el diagnóstico, la c a r a cterización de la enfermedad mediante perfiles moleculares de resistencia a las drogas, su patogenicidad, las huellas de ADN, la determinación de especies circulantes, el desarrollo de nuevas vacunas o fármacos, la implementación y aplicación de estrategias educativas novedosas que hagan énfasis en la prevención para incrementar en el paciente el conocimiento de su enfermedad y est imular su apego al tratamiento, así como incluir a los familiares y conferirles una participación más activa en la vigilancia y supervisión de los tratamientos.

Por consiguiente…

La tuberculosis es una enfermedad infecto contagiosa que se mantiene como un serio reto para la salud pública. Afortunadamente, los esfuerzos por parte de las autoridades sanitarias en México han permitido su manejo ó ptimo y eficiente. Sin embargo, el disminuir su prevalencia para ya no considerarla un problema de salud pública o erradicarla está directamente relacionado –como se dijo antes– con el desarrollo de nuevas tecnologías y aplicación de las ya existentes, producto de la ejecución d e proyectos de investigación multidisciplinarios derivados de convenios de colaboración y vinculación entre las instituciones de salud y de educación superior. Sin duda, lo anterior ayudará sustancialmente a contener la segunda oleada de la peste blanca: la tuberculosis.