Editorial
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      ENTREVISTA
     
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    RESEÑA
     
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      Mary Shelley y la ciencia de Víctor Frankenstein
     
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Reseña


François Augiéras (2006). Modernidad y estoicismo.
Domme o el ensayo de ocupación. México:
Sexto Sentido y Embajada de Francia en México, 162 pp.

Los psicólogos tenemos la manía de encontrar en el otro algún defecto o perversidad que lo acuse frente a la media común de su estirpe. Un buen diagnóstico nos agrada y culmina en la elección de una etiqueta desde el DSM IV, la clínica cognitivo- conductual o el psicoanálisis. En un mundo de indiferencia hacia la naturaleza, el primer olvido es el de nosotros mismos. Una depresión bipolar o un trastorno de conducta social no se configura ni teórica ni funcionalmente como una gastritis o una otitis. Existe una diferencia inherente en cuanto a la diversidad de sus manifestaciones, porque la primera es en gran parte una construcción social y la segunda un derivado individual del proceso filogenético.

El ensayo de ocupación es una propuesta metafísica sobre la conducta humana que tiende a excluir a todo aquel que se atreve a violar los códigos éticos, semióticos y de comportamiento social de la sociedad globalizante actual. La lectura del libro de François Augiéras es un recordatorio sobre la plasticidad de la naturaleza humana para encontrar sentido a la existencia, sin necesariamente hablar de patologías sino más bien de tendencias epistemológicas y ontológicas. Se trata de la edición de la novela que vio la luz por primera vez en F a t a M o r g a n a en la primavera de 1992, pero que excluyó por razones incomprensibles el décimo capítulo y que esta versión en español presenta de manera completa.

En su relato autobiográfico, el autor se dibuja a sí mismo como alegre, paciente, parsimonioso en su relación con el entorno del hospital psiquiátrico y la pequeña población que le rodea, mientras construye su propio y abstracto espacio de ocupación entre las cuevas, ruinas y acantilados que hay en el lugar. Dicho sea de paso, la estancia en el hospital fue por una decisión propia y voluntaria de autoexilio.

El relato nos plantea la necesidad del hombre por recuperar el sentido existencial que ha sido arrebatado por las rutinas de consumo, trabajo y competitividad que han desvirtuado la naturaleza, el universo y la paz inter ior, el reconocimiento de sí mismo y la reflexión sobre la relación universal, que por subversiva fue sacada del juego en los albores del neoliberalismo y la globalización, radicalizándose todas las tendencias religiosas e irrumpiendo los fundamentalismos.

El relato critica a las tres religiones del Oriente Medio por servir de mecanismos de retracción, opacidad y confusión para apartar al hombre de su esencia universal, tal y como tenía lugar en las civilizaciones primarias antes del judaísmo. Descubre en esta aventura de ocu pación que no es fácil burlar al hombre, pues construye en todo lugar monitores, policías, psicólogos y psiquiatras que se encargan de regresar al orden o desaparecer a las almas insurgentes en búsqueda de su esencia, no vaya a ser que sea “contagioso”. En los primeros cuatro capítulos, el relato nos describe primero la manera en la cual se construye un hábitat con lo necesario para alimentar y descansar el espíritu, para iniciar un proceso de ocupación abstracta, un lugar cerca de donde el mar y el cielo se unen y por la noche es difícil cerciorarse si se está en el cielo o la tierra.

Describiendo la forma de relación cordial, ecuánime y prudente con la Iglesia, la comunidad y los cercanos, trata de no levantar sospechas para no ser molestado; simula ser devoto de María y combina su condición de extranjero, invasor y persona non grata con la del enfermo que se victimiza y obtiene la compasión, la que usa contra quienes se sienten halagados por poder ayudarlo. Critica y analiza la victimización como rasgo comportamental de la cultura latina, automodificación pasiva que nos lleva a ajustarnos a los cambios de la sociedad sin intentar cambiarla o enfrentarla.

El autor no reta, no le interesa, no desafía, no arremete porque no es su naturaleza; se somete y evade para lograr un espacio, tal y como lo hicieron los indígenas mesoamericanos ante la invasión española, portuguesa e inglesa y la subsecuente masacre; construyeron sus espacios de ocupación cuando se levantaron las iglesias encima de sus pirámides sagradas y se llevó a cabo un proceso de sincretismo conceptual para evitar la pérdida de la identidad primaria, la que se conecta “no con un dios sino con el universo”.

Después de encontrar el camino reflexivo dentro de una pequeña cueva, se da a la tarea en los cuatro capítulos siguientes de encontrar la esencia misma de lo infinito, la perfección, la entelequia, la tendencia hacia lo que nos rebasa o lo que nos ilumina, y en la noche de San Juan describir el contacto con Céline como el encuentro con lo sagrado, con la creación divina que finalmente es reconocida como un mero sentimiento espurio, banal, que estorba y no cabe en un plan de ocupación. En el corazón de la piedra, el prado bajo las estrellas y la destrucción voluntaria, describe cómo su sistema de ocupación va tomando sentido dentro de sí mismo, y se siente cada vez más indiferente y alejado de la inmundicia humana, de sus pinturas en telones sobre la gran cueva y la manera de disponer un altar, fuego y cama. Todo llega hasta aquí a un i m p a s s e d e meditación preventiva en la suposición de que Céline denuncie su raro comportamiento y la ansiedad de saberse vigilado, perseguido. Al final, en el capítulo de “Khrisna a la puerta de Combes” –que en su mayoría era inédito y que aparece en esta edición como un regalo para el lector–, el plan de ocupación se cristaliza a través de un fauno terrenal que en su perfección física y espiritual, en su acomodo e ingenuidad, logra que ambos se identifiquen como seres de la nada social y del todo universal entre la vasta naturaleza, y hace suponer una relación amorosa que es más un vínculo con la perfección del universo.

François Augiéras nació el 18 de julio de 1925 en Rochester, en el estado de Nueva York, hijo de dos emigrantes: un pianista francés y una polaca: Suzanne Kaczynsiza. En 1933, la madre se establece en el Perigueux tras la muerte del padre. El autor se retira a vivir a una gruta en el Périgord, donde pasa hambre y mil calamidades sin dejar de escribir. Muere en 1971, siendo enterrado en el cementerio de Domme. La gente de esta región francesa le llamaba “El diablo ermitaño”.

José Ángel Vera Noriega