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      ENTREVISTA
     
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Samuel Cruz Sánchez: constancia y disciplina, el mejor camino

Liliana Calatayud y Aída Pozos

Doctor en Ciencias en la especialidad de Química Orgánica en el Departamento de Química del Centro de Investigaciones y de Estudios Avanzados del CIN - VESTAV del Instituto Politécnico Nacional (2002), maestría en Ciencias en la especial idad de Química Orgánica en el Departamento de Química de esa misma institución (1985), licen - ciado como Químico Farmacéutico Biólogo en la Facultad de Ciencias Químicas de la Universidad Veracruzana (1981), Samuel Cruz formó parte de la generación de jóvenes prominentes, egresa - dos de la UV en el área de las ciencias básicas, que en la década de los ochenta diera una inyección de energía positiva a nuestra Casa de Estudios, algo así como echarse agua fresca en la cara después de un larga faena de chamba ininterrumpida. Una gran adquisición en las filas de los científicos locales, prudente y visio - nario, férreo en sus objetivos, platicamos con él.

Desde los 26 años es usted investigador del Instituto de Ciencias Básicas. ¿Cómo llegó ahí?, ¿qué lo llevó a ese puesto?

Tuve la buenaventura de contar entre mis maestros al doctor Miguel Ángel Domínguez, quien logró que el CINVESTAV diera la sede de sus Cursos en Providencia para Profesores en mi facultad cuando cursaba el sexto semestre. A pesar de mi condición de estudiante, el doctor Domínguez me permitió, junto con tres de mis compañeros, asistir a los cuatro cursos del programa. El último de estos se basó en la esteoquímica y fue impartido por el doctor Eusebio Juarista, quien me ofreció una beca para realizar una estancia de trabajo en su laboratorio del Departamento de Química del CINVESTAV. Agradecido, acepté la invitación; fue así como, durante el periodo vacacional, tuve mi primer encuentro con el quehacer de la investigación. Con la asesoría de Antonio Martínez Richa trabajé durante un par de meses en la síntesis del bifenilmetanol, compuesto que funciona como indicador en la determinación de la concentración de alquilitios. Ese trabajo fue publicado en el Journal of Organic Chemistry. Los que saben cuánto tiempo y esfuerzo hay que dedicar a obtener resultados, dirían que lo mío fue suerte de principiante.

Naturalmente, al término de mis estudios regresé para ocuparme de mi tesis de licenciatura. Cuando estaba por terminar la maestría y comenzar mis estudios de doctorado, de nueva cuenta el doctor Domínguez hizo caer la balanza invitándome a incorporarme al Instituto de Ciencias Básicas como investigador. Fue así como regresé a mi universidad. Años más tarde, retorné al CINVESTAV y obtuve mi doctorado.

¿Qué logros siente que obtuvo el Instituto de Ciencias Básicas (también muy joven, de 28 años, bajo su liderazgo?

En 1985, cuando me incorporé al Instituto de Ciencias Básicas, este se encontraba en una casa de la calle Clavijero, de Xalapa, cuyas instalaciones eran rudimentarias y los exiguos resultados que se obtenían eran producto del ingenio y la buena disposición para el trabajo. Unas mesas de ping-pong eran las superficies de trabajo. Más adelante, una colorida mesa que ya tenía los cajones y las repisas necesarias para el trabajo químico, misma que había sido fabricada por un carpintero, contribuyó al crecimiento de nuestro mobiliario. Si mal no recuerdo, fue en 1986 cuando nos trasladamos a las actuales instalaciones del instituto gracias a las gestiones de muchos de mis compañeros. Ahí, nuestros laboratorios ya contaban con mesas de trabajo adecuadas y campanas de extracción de vapores. Me hice cargo de la Dirección en una é poca en que las carencias presupuestales eran evidentes, más no fueron óbice para que obtuviéramos recursos de la Dirección General de Investigación Científica de la Secretaría de Educación Pública y del CONACyT mediante el concurso de proyectos de investigación. Paulatinamente, empezamos a equipar nuestros laboratorios con las herramientas indispensables. Rescatamos un edificio contiguo al nuestro que se hallaba abandonado, lo que nos permitió tener más cubículos y sendos laborator ios de Alimentos y de Química Orgánica con el equipamiento necesario. Logramos obtener una importante cantidad de recursos y el que nuevos investigadores se incorporaran a esas áreas. Yo apenas si fui un eslabón intermedio de la cadena, pues los otros hay que acreditárselos a Raúl Cortés, Miguel Ángel Domínguez, César Ignacio Beristáin, María Cristina Díaz, Iñigo Verdalet y otros que ahora no recuerdo.

¿Cuáles han sido sus líneas de investigación desde el principio y a la fecha?

En un principio me dediqué al área de los productos naturales colaborando con el doctor Domínguez. Más tarde, junto con el doctor Cortés, trabajé en la química de carbohidratos y, a la par, en la síntesis y el análisis conformacional de heterociclos, es decir, ciclos que incorporan, además de carbonos en su estructura, a átomos como el oxígeno, azufre y fósforo. Hace poco, junto con algunos de mis compañeros, incursionamos en la química computacional, donde mediante software especializado es posible predecir la viabilidad estructural de un compuesto y eventualmente su potencial de aplicación, además de sustentar datos experimentales.

¿Hay algunas investigaciones destacadas en las que haya partici - pado y que dejaron huella en usted?

Naturalmente, aquella en la que colaboré en la síntesis del bifenilmetanol, porque acentuó mi gusto por la química orgánica e influyó definitivamente para dedicarme a esto. Otra fue la síntesis y el análisis conformacional de 1,3-ditianos sustituidos con grupos polares y voluminosos, debido a las complicaciones sintéticas que enfrentamos y que en determinado momento nos colocaron en niveles de frustración tales que, como decimos los químicos, “ni el agua deshidrataba”. Por fortuna, encontramos cómo resolverlas una a una y logramos nuestro objetivo. Lo reconfortante es que todo proyecto en el que participo me deja enseñanzas, porque esa es una de las bondades de nuestro trabajo, pues al ocuparnos de temas originales, muchos de los resultados que obtenemos son nuevos. Nuestra actividad es interesante y emocionante porque en un momento dado puedes dar a luz en el laboratorio a un producto cuyo origen no es la naturaleza sino tu inventiva y que nadie más ha hecho en el mundo.

Cuando lo escuchamos hablar con esos términos especializados, más difícil nos parece la química.

Discúlpenme por usar esta jerga y déjenme decirles que la química no es difícil y que nuestros temores hacia ella nacen en que, por desgracia, muchos de nuestros profesores a partir de la secundaria son improvisados o están mal preparados. Pero no, para nada es difícil. Es tan cercana que si la relación entre dos seres humanos funciona, decimos que “hubo química”, y ciertamente la química interviene mucho en esto y hay infinidad de ejemplos en los reinos animal y vegetal al respecto. Podemos determinar el número de átomos y su tipo que están presentes en una molécula, y establecer por ende su constitución, luego procedemos a estudiar la forma o secuencia en que esos átomos se unen entre sí, es decir, su conectividad; a continuación, podemos conocer su conformación, en otras palabras, los diferentes arreglos que estos átomos adoptan por giros alrededor de enlaces sencillos, y, finalmente, como las moléculas tienen volumen, la forma en que se disponen en un espacio tridimensional, a lo que llamamos configuración. Estas cuatro cualidades estructurales son la base del análisis estructural y debieran ser el punto de partida del estudio de la materia y sus transformaciones, que es el objeto de la química. Muy pronto deberemos ref lexionar sobre lo que enseñamos y cómo lo hacemos en la secundaria y el bachillerato.

¿Está en la Unidad de Servicios de Apoyo en Resolución Analítica (SARA) desde su fundación? ¿Por qué se creó esta dependencia y cómo llegó a ser su coordinador?

No obstante que habíamos tenido éxito en la obtención de recursos para nuestro trabajo, aún no lográbamos despegar del todo por falta de equipamiento para el análisis instrumental, de modo que a mediados de los noventa dependíamos del auxilio de otras instituciones. El doctor Carlos Contreras convocó a un grupo de investigadores con intereses afines de los Institutos de Investigaciones Biológicas, Ciencias Básicas y Neuroetología y sometimos un proyecto al CONACyT, que por fortuna recibió buenas calificaciones y nos asignaron una cantidad de recursos importante, aunque no la solicitada. Reunidos para redefinir el destino de los recursos autorizados, nuestros compañeros decidieron generosamente otorgar a los químicos la mayor cantidad, y con ellos se inició el proceso de licitación para la adquisición de varios equipos y, particularmente, un espectrómetro de resonancia magnética nuclear, herramienta indispensable en el área de la química para el análisis estructural de compuestos orgánicos. Se decidió que los equipos se instalaran en un laboratorio ad hoc, que fue construido por la propia Universidad para que diera servicio a la comunidad universi taria con costos apenas significativos. En 1997, siendo Rector de la Universidad Veracruzana el doctor Emilio Gidi Villarreal y Directora General de Investigaciones la doctora Carmen Blázquez, nace la Unidad SARA bajo la coordinación del doctor Carlos Contreras. Cuando este asume la Dirección General de Investigaciones, me honra al encargarme de la coordinación de la Unidad SARA; junto con los doctores Oscar García Barradas y Fernando Rafael Ramos Morales, me di a la tarea de instalar y poner a funcionar todos los equipos.

Hoy contamos con las técnicas de resonancia magnética nuclear, cromatografía de líquidos de alta resolución, cromatografía de gases acoplada a espectrometría de masas, espectroscopia de ultravioleta-visible y tenemos acceso también a espectroscopia por infrarrojo. Las técnicas cromatográficas nos permiten separar los componentes de mezclas de diferente origen, para luego, y en el mejor de los casos, identificar cada componente por comparación de su espectro de masas con los contenidos en una base de datos de alrededor de 270 mil compuestos o mediante el uso de estándares. Si lo anterior no permite establecer la identidad y la estructura de un compuesto, acudimos a la espectroscopia, es decir, aplicamos una frecuencia particular del espectro electromagnético sobre las moléculas de un compuesto puro; sus átomos la absorben y obtenemos el efecto de esta frecuencia sobre los núcleos de átomos cuando de resonancia magnética nuclear se trata, generamos vibraciones en los enlaces de la molécula cuando usamos el infrarrojo, y transiciones electrónicas en el caso del ultravioleta-visible. Cada técnica nos da piezas de información a manera de un rompecabezas; cuando las acomodamos en la forma adecuada, obtenemos la estructura del compuesto. Es así como podemos apoyar instrumentalmente proyectos de diversa índole.

¿Puede mencionar algunos ejemplos que destaquen por su importancia?

Hemos participado en un sinnúmero de proyectos importantes, entre los que destacan los relacionados con los derrames de hidrocarburos, por lo que PEMEX nos ha contratado para caracterizar los productos derramados y su seguimiento después de procesos de biorremediación y hemos supervisado compañías dedicadas a los servicios ambientales contratadas por esa empresa. También hemos hecho el análisis de los ácidos grasos contenidos en la grasa de la epidermis de ballena con la intención de determinar su contenido calórico, de pesticidas en agua y de carotenos en el tomate; el análisis de aceites esenciales, de extractos de vainil la y de feromonas. Han sido muchos proyectos. En teoría, podemos analizar compuestos orgánicos con pesos moleculares de hasta mil unidades de masa atómica, y digo en teoría porque en ocasiones las limitaciones instrumentales, la carencia de un aditamento o de un reactivo nos lo impiden.

¿Qué tipos de cursos de capacitación se imparten en su depen - dencia?

Básicamente los relacionados con el análisis instrumental, que tienen gran acogida entre profesores y estudiantes de posgrado y licenciatura.

¿A qué instituciones le da servicio el SARA?

A la propia Universidad Veracruzana, a los Institutos de Ciencias Básicas, Neuroetología, Investigaciones Biológicas, Ciencias de la Salud y Medicina Forense; en Xalapa, a las Facultades de Química Farmacéutica Biológica, Ingeniería Química y Ambiental, Agronomía, Biología y Bioanálisis; en Orizaba- Córdoba, a las Facultades de Ciencias Químicas y Ciencias Biológico-Agropecuarias; en Coatzacoalcos, a la Facultad de Ingeniería Química, así como al Laboratorio de Alta Tecnología de Xalapa. Fuera de la UV y en Xalapa, al Instituto de Ecología, a la Dirección de Servicios Periciales de la Procuraduría de Justicia del Estado; en Veracruz colaboramos con la UNIDA del Instituto Tecnológico de Veracruz. Fuera de Veracruz lo hacemos con la Facultad de Ciencias de la UNAM, la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco, la Universidad Autónoma del Estado de Morelos, la Escuela Superior de Medicina del IPN, la Universidad Autónoma Metropolitana y la Universidad de Guanajuato, entre otras. Además, auxiliamos a laboratorios farmacéuticos como Streger y Fardel en Xalapa y Unipharm en Veracruz. También a un buen número de particulares que se acercan a nosotros.

¿Qué proyectos propios desarrolló la Unidad bajo su coordi - nación?

Durante los últimos años nuestra actividad de investigación se realiza en torno a una línea de investigación denominada “ Preparación y análisis estructural y computacional de compuestos naturales y sintéticos con potencial actividad farmacológica”, de la que se derivan proyectos relacionados con la síntesis y análisis conformacional de heterociclos, la síntesis asimétrica de derivados con aplicaciones biológicas, la síntesis de nuevos materiales, particularmente los llamados dendrímeros, y la síntesis de bases nitrogenadas para dar lugar a análogos de ácidos nucleicos.

Junto con compañeros del Instituto de Ciencias Básicas constituimos el Cuerpo Académico de Química Bioorgánica, uno del los 23 cuerpos académicos en consolidación con que cuenta nuestra Universidad.

Tenemos programas de apoyo a la formación integral de los estudiantes en las áreas de nomenclatura, modelado y espectroscopia, y también un proyecto innovador en el que estudiantes se ocupan –bajo nuestra dirección– de proyectos de investigación, cuyos resultados presentan en congresos nacionales e internacionales, lo que supone para ellos una sólida formación ya que defienden sus resultados ante los especialistas.

Doctor, ¿qué le hace falta para desarrollar en condiciones óptimas sus investigaciones y proyectos?

En principio, espacio; con el paso de los años hemos adquirido más equipos y otros compañeros se nos han unido; empezamos tres y ahora somos nueve. Atendemos a un promedio de veinte estudiantes en nuestro laboratorio, y probablemente quince más trabajan en química computacional. Espero lograr dentro de poco que se nos construya la segunda planta de nuestro edificio. Y es que en algunas ocasiones las normas administrativas debieran aplicarse con base en criterios más académicos y así facilitar nuestro trabajo.

Parecerá raro que no pida presupuesto, porque nuestra Universidad nos otorga lo mínimo indispensable para trabajar y nosotros generamos recursos adicionales, ya por servicios o atendiendo convocatorias para formular proyectos.

¿Qué pediría para mejorar el desarrollo de la inves - tigación en el país y particularmente en la UV?

Es un hecho indiscutible que el desarrollo y bienestar de los habitantes de un país va en relación con el desarrollo de la ciencia y la tecnología. Ejemplos los hay muchos ya, y por ello es incomprensible que en México se destinen cantidades ridículas a la ciencia y la tecnología. Si ya se sabe qué debemos hacer, ¿por qué seguimos posponiendo la decisión? La actual administración universitaria es la primera en reconocer a la investigación como el eje de la transformación y la organización de sus tareas. El Programa de Trabajo 2005-2009 otorga a la investigación un nuevo papel, y esperemos que con la participación comprometida de todos se logren los objetivos.

¿Con qué sueña?

Con estudiantes con una sólida formación que les permita encontrar, como siempre les digo, un trabajo interesante, emocionante y divertido por el que, para colmo, les paguen excelentemente bien. Con estudiantes que sean buenos ciudadanos porque los valores que adquirieron en su Universidad los hacen respetuosos de las normas de convivencia que estamos obligados a observar. Con una universidad en donde no existan pretextos para no trabajar, en la que todos asumamos la parte que nos corresponde y por la que nos pagan, donde la simulación no sea algo cotidiano, donde ningún sector se sienta enemigo de la propia Universidad y aspire a ser parte activa de la transformación.

Hace algún tiempo, al término de sus estudios de secundaria, el mayor de mis dos hijos me di jo que no deseaba estudiar en la Universidad Veracruzana porque se decía que los profesores faltaban mucho, había carencias y poca organización, y en todo eso tenía algo de razón. Y digo “algo” porque sé que mi Universidad no es así; existen ejemplos y muchas actividades y acciones que demuestran lo contrario, porque la gran mayoría de los profesores, investigadores y estudiantes día a día dan lo mejor de sí. Le pedí a mi hijo que reflexionara sobre sus apreciaciones, porque sus comentarios me hicieron pensar que yo no desarrollaba bien mi trabajo, a pesar de la disciplina y pasión con que lo hago, y estoy cierto que no soy el único. Si é l aspira a estudiar en la UV, así será si gana un lugar.

¿Qué va a hacer cuando se retire?

De no haber un impedimento físico, seguramente me moriré antes de retirarme.

Usted, que empezó tan joven en la investigación, ¿ qué le aconseja a los universitarios de ahora? ¿ Qué experiencia y enseñanzas le ha dejado?

La Universidad les brindó una oportunidad maravillosa y la deben aprovechar. La constancia y la disciplina son el mejor camino para lograrlo. Deben acudir a todo evento que les permita conocer qué se hace en su área y, por cultura general, en otras; ello les hará posible reunir información que finalmente les ayudará a tomar la decisión sobre cuál será en el futuro el área a la que se dedicarán profesionalmente. Deben conocer los laboratorios y a los investigadores, platicar con estos y absorber lo mejor de cada uno, porque eso les permitirá ir creciendo profesionalmente. Deben saber qué van a hacer al día siguiente de su fiesta de graduación; si no tienen una necesidad apremiante de dinero y, por ende, de trabajar, seguir estudiando es una excelente posibilidad, y quizá procurar ganar una beca que les permita estudiar un posgrado, que si bien no ase gura una posición, sí hace más fácil el recorrido por el campo de la química.

Apenas entren a la Universidad, que busquen aprender inglés lo más pronto posible y luego francés; qué mejor que “chapurrear” italiano u otro idioma, como dice Pérez Reverte en su Carta a María. Este autor escribe ahí: “No hay varitas mágicas ni á brete sésamos. Ésos son cuentos chinos. De lo que sí estoy seguro es que no hay mejor vacuna que el conocimiento. Me refiero a la cultura en el sentido más amplio y generoso del término: no soluciona casi nada, pero ayuda a comprender, a asumir, sin caer en el embrutecimiento o en la resignación. Con ello quiero sugerirles que lean, que viajen y que más que mirar, observen”. Qué mejor experiencia que haber influido –como lo hizo el doctor Domínguez conmigo– en algunos de mis estudiantes para que continuaran sus estudios de posgrado, que se hayan doctorado y luego realizado estancias posdoctorales en reconocidos centros de investigación y que ahora sean mis compañeros de trabajo y podamos hablar de química y luego hacerla realidad en el laboratorio. Qué mayor riqueza que saber que nuestro trabajo es estudiar, amar lo que hacemos y que además nos paguen por ello. Durante casi 22 años he sido profesor en la Facultad de Química Farmacéutica Biológica, en ocasiones en más de un curso por semestre, por lo que ya muchos grupos han pasado por mi aula. Así que me puedo sentir orgulloso de enseñar, y esa es la mejor enseñanza, porque cuando se enseña se aprende, pues al preparar un curso necesariamente se estudia y entonces se actualiza uno y se hace mejor el trabajo. Es motivo de orgullo para mí saber que mi sección es de las primeras en llenar su cupo, a pesar de que los estudiantes saben que deberán trabajar muy duro para aprobar mi curso.

Profesor del curso de Química Orgánica I en la Facultad de Química Farmacéutica Biológica; miembro del Consejo Asesor del Rector de la Universidad Veracruzana; miembro del Consejo Editorial de la Universidad Veracruzana, y miembro de la American Chemical Society, Samuel Cruz Sánchez ha participado, sólo en los últimos cinco años (su humildad no le permite enlistarnos la gran cantidad de publicaciones en años anteriores), en revistas internacionales, aquéllas por las que se miden el impacto y activi - dad de la investigación en un país. Con él cuenta uno, cuentan sus alumnos, cuentan la Universidad, cuenta la sociedad. Enhorabuena.