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¡A movernos! ¡basta de sedentarismo!

Francisco Javier Beltrán Guzmán, Francisco Vázquez Nava, María del Carmen Barrientos Gómez y Dolores Lin Ochoa

¿Cuándo fue la última vez que realizó algún ejercicio físico de manera regular? ¿Le ha recomendado su médico cambiar su estilo de vida para mejorar su salud o para recuperarla? ¿Ha tenido problemas con su peso en los últimos tiempos? Estas preguntas nos permiten adentrarnos a un asunto que ha llegado a considerarse un tema urgente de salud pública: el sedentarismo, que, considerado como una forma de estilo de vida actual, es un problema real que ha originado que el hombre del siglo XXI enfrente padecimientos como la diabetes, obesidad, cáncer de colon y de pecho, hipertensión arterial, osteoporosis, depresión y ansiedad, entre otros muchos.
Actividades al parecer tan inocuas que llevan a cabo los adultos, como ver la televisión, practicar juegos de salón (jugar cartas, dominó, ajedrez, lotería, etc.), o bien el empleo de los videojuegos o juegos de consola y la Internet , que practican millones de jóvenes y adolescentes, se han vuelto cada vez más habituales, lo que inevitablemente, con el paso del tiempo, se ha manifestado en un aumento de problemas de salud como los referidos antes.
Relacionado con lo anterior, los resultados mostrados por las encuestas sobre salud realizadas en gran parte de los países del mundo son muy similares. El porcentaje de adultos sedentarios o casi sedentarios se sitúa entre 60 y 85%, inclusive en las zonas rurales de nuestro país.
La inactividad física, o la aplicación de la regla del menor esfuerzo, es cada vez más patente entre quienes vivimos hoy, no importa si habitamos un país desarrollado, como Alemania o Estados Unidos, o uno en vías de desarrollo, como México. Una cosa es clara: los hombres hemos optado por una vida más cómoda y menos activa.
Particularmente, en nuestro país la escasa actividad física de los habitantes se conjuga con las grandes aglomeraciones, la pobreza, la delincuencia, el tráfico, la mala calidad del aire y la falta de parques, espacios de ocio y esparcimiento, instalaciones deportivas y recreativas y lugares para pasear. Todo lo anterior, ligado a una pobre planeación del uso del tiempo libre, hace de la actividad física una elección poco viable.
Es del dominio popular que comportamientos tales como ingerir un medicamento, el baño diario, masticar suficientemente los alimentos o cepillarnos los dientes son importantes para el mantenimiento de la salud. En otras palabras, se ha comprobado científicamente que el comportamiento interviene de manera determinante en el estado de salud de las personas y de las poblaciones.
La mayor parte del comportamiento humano es aprendido y, en relación al problema que nos ocupa, aprendemos a ser activos o a ser sedentarios, a fumar o a no fumar, a beber alcohol o a abstenernos de hacerlo. A la forma particular de comportarnos en relación con nuestro entorno físico o social es lo que conocemos como estilo de vida

¿Qué son los estilos de vida?

Entre quienes estudian el comportamiento humano en relación con la salud es común definir a los estilos de vida como una forma de vivir, o como la manera en que la gente se conduce en sus actividades cotidianas; así, podemos considerarlos como un conjunto de pautas y hábitos de comportamiento cotidiano de una persona. De modo más llano, podría decirse que se refieren a la "forma de vivir".
Aplicando el término al campo de la salud, se habla de estilos de vida en referencia a aquellas conductas sobre las que un individuo tiene control, y que incluyen todas las conductas riesgosas para su salud, así como las que lo protegen. Particularmente, los profesionales de la salud que analizan el proceso de salud y enfermedad desde la perspectiva psicológica, llamados también psicólogos de la salud, han propuesto la idea de dos estilos de vida: los estilos de vida saludable y los estilos de vida libre.
Cuando se habla de estilos de vida saludables, por lo general se señalan dos elementos para apreciarlos: la sobriedad y la actividad. La sobriedad está asociada a las conductas "sanas", tales como no fumar, tomar alimentos saludables, abstenerse de beber alcohol y otras, en tanto que la actividad es entendida como la práctica regular de algún deporte o el ejercicio regular (caminar, correr, etc.), así como el hecho de mantener un peso adecuado, entre otros factores.
Por otra parte, los estilos de vida libre se identifican como aquellos comportamientos que van en dirección contraria al mantenimiento y cuidado de la salud; dentro de ellos están el consumo de alcohol, la ingesta de comida "chatarra", el descuido de la apariencia física o del ejercicio físico.
De esta suerte, en la medida en que el conjunto de pautas y hábitos comportamentales constantes del individuo tienen o pueden tener efectos importantes en su salud, y dado que cada día crece el número de enfermedades relacionadas con malos hábitos comportamentales, el estudio de los estilos de vida ha adquirido un marcado interés para las ciencias de la salud en general, y para la psicología de la salud en particular.
Otra de las razones para que esto sea así se apoya en el reconocimiento de que los estilos de vida de las personas están influidos, total o parcialmente, por las condiciones de vida que les rodean, así como por sus ideas, creencias y actitudes que asumen ante su entorno; por ello, un objetivo importante de la investigación sobre los estilos de vida se orienta a la identificación de ambientes de alto riesgo para la salud, además de la búsqueda de estrategias de intervención, entre las que se incluyen ciertos componentes psicológicos, culturales, ambientales, económicos y, desde luego, sociales.

Sedentarismo y mortalidad

Lamentablemente, la vida sedentaria se ha convertido en un trastorno de nuestro tiempo; es en la actualidad la fuente principal de mortalidad, morbilidad y discapacidad en el mundo. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud ( OMS ), tan sólo en el año 2002 cerca de dos millones de muertes anuales fueron atribuidas a la inactividad física; y si a ello se añade que, según esa misma fuente, los estilos de vida sedentarios representan un factor de riesgo trascendental asociado a la muerte que ocupa uno de los diez primeros lugares como causa fundamental de mortalidad y discapacidad en el mundo, el panorama resulta más inquietante.
En ese estudio realizado por la OMS y en otros llevados a cabo por organismos de salud en nuestro país, se ha afirmado que la inactividad física acrecienta las causas de mortalidad, duplica el riesgo de enfermedades cardiovasculares, diabetes de tipo II y obesidad, y aumenta el riesgo de padecer enfermedades crónico-degenerativas como el cáncer de colon, la hipertensión arterial, o ciertas enfermedades de orden emocional, como la depresión y la ansiedad.
Sin embargo, esta información tan alarmante no debe servir sólo para lamentarnos de las condiciones en que vivimos, sino que debe hacernos reflexionar en que se deben y tienen que tomar medidas urgentes para disminuir los riesgos contra la salud de las personas y las poblaciones; que es necesario promover estilos de vida saludables en los que la actividad física adquiera el importante papel que precisa para el fomento y conservación de la salud de los individuos y de los pueblos, y que únicamente así podremos alcanzar la meta de que todos los pobladores de nuestro planeta gocen de salud.

La salud positiva

Alcanzar una salud positiva -o sea, tener o poseer ese bien- era desde la época de los griegos un preciado objetivo. En el año 480 a . de C. Hipócrates señalaba ya la importancia que tiene para la salud el equilibrio entre la alimentación y la actividad física. A él se le atribuye el concepto de "salud positiva", mismo que es entendido como el conocimiento de la constitución primaria del hombre (concepto que en la época actual corresponde a la genética), así como a las propiedades de diversos alimentos, tanto los naturales como aquellos que son transformados por el hombre y que abarcan los alimentos procesados.
Con ese término el famoso médico griego destacaba que para tener salud no bastaba con comer bien, sino que había que hacer ejercicio físico, cuyos beneficios debían ser conocidos por el hombre. La unión de ambas cosas creaba un sistema de vida que debía considerar además la estación del año, los cambios ambientales, la edad y las condiciones particulares de vida. Si había cierta carencia en la alimentación o en la actividad física, el organismo enfermaría.
Así, era trascendental para los griegos la salud positiva, a la que dedicaban un tiempo específico para el mantenimiento de su salud mediante la práctica de deportes y la participación en torneos, que para ellos eran parte de su vida social, con lo que daban a la salud un valor estético y la pensaban como un fin en sí misma.

¿Por qué debemos hacer ejercicio?

Se conoce por las investigaciones realizadas en el campo de las ciencias de la salud que el ejercicio físico puede rendir grandes beneficios a quien lo practica. Los estudios demuestran que la salud de las personas puede mejorar de forma notoria si realizan de forma periódica alguna actividad, como caminar, nadar, correr o andar en bicicleta. Incluso en aquellos casos en que las personas padecen enfermedades crónicas, los resultados son positivos.
Por ello, el impulso del ejercicio físico como parte de las actividades para prevenir y disminuir la presencia de enfermedades crónicas no transmisibles causadas por el sedentarismo ha llevado a los gobiernos y a las instituciones de salud a desarrollar variadas estrategias de promoción y fomento de la actividad física, dentro de las cuales las que mayor impacto han tenido son las orientadas a grupos poblacionales que se hallan cautivos en un medio institucional laboral o educativo. Por ende, se puede pensar en el fomento de la actividad física a través de las escuelas, universidades, sindicatos, agrupaciones ciudadanas o clubes o asociaciones que pongan en práctica programas de actividades conjuntas, entre las que se pueden incluir las caminatas, marchas, carreras de bicicletas y torneos deportivos en general.
No obstante, también es indispensable establecer medidas orientadas a los niveles de atención individual e interpersonal, en donde el médico familiar, el terapeuta o cualquier otro profesional de la salud recomiende al paciente o al usuario incorporar el ejercicio como una rutina diaria, la cual debe ir aumentando de forma paulatina y sin descuidar su cumplimiento.
Por otro lado, son necesarias también las campañas publicitarias que inviten a la población, y muy especialmente a los grupos de adultos y de jóvenes, a practicar alguna actividad física de acuerdo a su edad o condición física. Dichas campañas deben ser creativas e incitadoras para motivar a las personas a practicar algún tipo de ejercicio físico. Lemas como "¡Caminemos juntos por la salud!", "¡La salud es la meta!" o "¡Corramos juntos por la vida!" son ejemplos que tratan de recordar a las personas la importancia de la actividad física para el mejoramiento de su salud integral.
Desde luego, no bastan las campañas publicitarias; es necesario asimismo tomar otras medidas para el fomento de la actividad física, dentro de las que se encuentran las siguientes:

  • El desarrollo y creación de ambientes favorables que sirvan como vía de acceso al ejercicio. Entiéndase por esto la creación de parques, canchas, albercas y sitios propicios para la actividad física accesibles a la población.
  • El acceso irrestricto a la información sobre los beneficios de la actividad física para la salud para que todas las personas puedan conocerlos. Para ello, se recomiendan campañas comunitarias masivas y avisos en puntos estratégicos (grandes carteles y anuncios espectaculares, como los que cada sexenio utilizan los partidos políticos).
  • El fomento de clubes deportivos o de deportes en particular, relacionados con prácticas culturales propias de cada región, tomando en cuenta las condiciones climáticas, topográficas y laborales de la población a la que se dirigen; así, bailar danzón, zapateado o rock pueden ser alternativas atractivas de ejercicio dependiendo de la edad e interés de las personas.
  • La promoción de actividades físicas en las escuelas y centros laborales, ya que se sabe por los estudios realizados en este campo que el ejercicio en grupo es más efectivo que el solitario, pues de esta manera se logra mantener la regularidad de la actividad y su duración.

Luego entonces, tenemos que pasar de la palabra a la acción, pues se requieren urgentemente medidas de salud pública eficaces para promover la actividad física y mejorar la salud en el mundo, pero muy bien podemos empezar por nosotros mismos, por nuestra familia, por nuestra colonia o barrio, por nuestra ciudad.
Escoja la actividad que pueda resultarle más atractiva y en la que pueda perseverar sin perder el ánimo, pero sí peso y riesgos a su salud.
¡Baile, camine, corra, nade, ande en bicicleta, escale cerros! ¡Hágalo con su familia o su grupo de amigos! ¡Promueva un club en su trabajo, o haga lo que prefiera! ¡Pero, por su salud, no se quede sentado!

Para el lector interesado

Organización Mundial de la Salud (2005). Día Mundial de la Salud. Por tu salud, ¡muévete! Disponible en línea: http://www.who.int/docstore/ world-health-day/2002/lecturas.es.shtml.
Calvo G. A., Fernández M., L.M., Guerrero G., L., González G., V.M.,
Ruibal L., A. J. y Hernández I., M. (2004). Estilos de vida y factores de riesgo asociados a la cardiopatía isquémica. Revista Cubana de Medicina General Integral, 20 (3). Disponible en línea: http://www.bvs.sld.cu/revistas/mgi/vol20_3_04/mgi04304.htm