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Plantas mágicas o curativas: cataplasmas, emplastos, tés y cocciones

Silvestre Augusto Hernández Rivera y Laura Escamirosa Gutiérrez

Desde la más remota antigüedad, el ser humano ha utilizado las plantas o sus derivados para tratar sus heridas y curar sus dolencias; seguramente debió buscar los remedios en su ambiente, en el trueno, el rayo y los vegetales, por lo que no es aventurado suponer que a través de sucesivos intentos al azar fue hallando plantas que tenía a su disposición y aprendiendo a diferenciar en carne propia las que le eran provechosas de las tóxicas.
En los últimos años se ha prestado mas atención a las plantas -en especial las de las regiones tropicales- debido a su gran diversidad y en algunos casos abundancia, por lo que en la actualidad se han encontrado muchas especies de la flora que por sus probables propiedades medicinales son motivo de gran interés por sus compuestos activos, metabolitos secundarios y demás. A partir de ello se han evaluado los extractos de plantas, hallándose compuestos activos a los que se les atribuyen efectos antibacterianos, antivirales, anticancerígenos y hasta citotóxicos.
El renacimiento de la medicina natural ha fomentado la atracción del público y de los científicos por las variadas propiedades de las plantas, lo que ha provocado la realización de numerosas investigaciones en este campo en los últimos años. Sin embargo, cabe preguntarse si existen plantas que tienen la capacidad de curar, o por lo menos aminorar el daño causado por una infección o de combatir las afecciones causadas por los agentes patógenos.
El cuerpo humano posee un sistema inmunológico que lo protege contra los microorganismos del entorno, por lo que debe estar siempre en alerta defensiva para evitar y superar de manera oportuna y fácil los ataques de aquellos. Muchas veces las enfermedades que dañan nuestro organismo se deben a causas que consideramos ajenas a nosotros mismos, y que se deben a que nuestro sistema defensivo no está en condiciones apropiadas, es decir, que no se encuentra funcionando de manera óptima; asimismo, el hecho de que frecuentemente seamos víctimas de enfermedades que se consideran oportunistas es por causa de una alimentación deficiente e insana, el consumo de sustancias que nos son nocivas, como el tabaco, alcohol y otros fármacos, o de una higiene inadecuada.
Muchas investigaciones ofrecen evidencias de que algunas plantas contienen compuestos activos que les confieren la capacidad para combatir microorganismos causantes de ciertas enfermedades, combate que puede llevarse a cabo mediante la ingestión de cocciones de partes de las plantas (raíz, tallo, hoja, corteza, flor, fruto o semilla) o por medio de la aplicación directa de estas partes en las áreas enfermas, disminuyendo o eliminando la enfermedad. Lo anterior nos permite presumir el posible efecto de esos compuestos activos sobre muchos microorganismos gracias a su capacidad bactericida.
Así, muchas especies se utilizan hoy en la medicina para curar afecciones respiratorias, gastrointestinales, reumatismo, dolores, inflamaciones y cortaduras; otras especies son comúnmente usadas en baños y cataplasmas para tratar afecciones de la piel debido a su actividad antimicótica. Tales estudios nos muestran que en las plantas consideradas como medicinales hay dos tipos de sustancias: las necesarias para su subsistencia (metabolismo primario), y otras no tan necesarias para ella (metabolismo secundario). Muchas de estas sustancias poseen propiedades terapéuticas esenciales en fitoterapia que pueden utilizarse en las formas más variadas para preparar compuestos con propiedades medicinales.
Algunos ejemplos que podemos citar son los siguientes:
Tomillo o tomillo vulgar, salsero, fino, remoncillo o senserina ( Thymus vulgaris L). Es de los mejores antisépticos para uso interno y externo. Su efecto es sobre el aparato digestivo y el respiratorio y las mucosas de la boca y la garganta, principalmente; también se aplica en lavados en caso de las infecciones genitales. Además se le utiliza como antiespasmódico, antigripal y antiviral.
Ajo o aglio ( Allium sativum L.). Este es un fuerte antioxidante y se dice que puede ayudar en el tratamiento del cáncer al proteger a las células del daño que provocan los radicales libres.
También se le atribuyen capacidades para combatir infecciones; es un potente antiinflamatorio que aumenta las defensas y mejora la circulación, previniendo la arteriosclerosis (disminuye el exceso de grasas en la sangre) y la hipertensión y alivia el dolor. Muchas investigaciones hechas en las últimas décadas reportan que el ajo también inhibe el crecimiento de estafilococos, estreptococos y bacterias causantes de la disentería y del tifus.
En la actualidad, ha aumentado la actividad de las industrias farmacéuticas para fabricar los llamados "fitofármacos"; estos compuestos pueden ser mezclas complejas de sustancias activas de fuentes naturales (plantas) que tienen una acción similar a la de los compuestos químicos destinados al tratamiento específico de determinadas enfermedades.
El efecto de cada planta depende del principio activo que contienen; estos pueden ser sustancias simples o mezclas complejas. Una vez identificados estos principios activos, se someten a distintas pruebas, y en función de sus resultados los científicos aceptan o no sus dotes curativas.
Los compuestos activos influyen negativamente en las bacterias, pudiendo ejercer sobre ellas dos tipos de efectos diferentes: uno inhibitorio, pues impiden el crecimiento bacteriano, o bien bactericida, en tanto que destruyen las bacterias.
Sólo una pequeña parte de todas las especies de bacterias provocan enfermedades a los seres humanos, y estas infecciones se evitan combatiéndolas de diversas maneras: una de ellas es la prevención, como se hace en las técnicas de esterilización y pasterización de los alimentos, o bien mediante antibióticos cuando ocasionan enfermedades. Pero en los últimos años el abuso y uso inadecuado de estos compuestos ha favorecido el desarrollo de cepas bacterianas que son muy resistentes a su acción. Dado lo anterior, en las últimas décadas se ha recurrido con mayor frecuencia al uso de plantas para curar o aminorar el efecto de las bacterias en nuestro organismo. Hoy podemos acudir a la fitoterapia utilizando plantas o partes de ellas. Un ejemplo de su uso es el tratamiento de cortaduras, donde se desinfecta la parte afectada con alguna crema antibacteriana preparada a base de extractos naturales, dando como resultado que la herida no se infecte. La fitoterapia en el tratamiento de cortaduras supone la utilización de una serie de plantas medicinales para desinfectarlas o cicatrizarlas.
Algunas plantas, como la flor púrpura de pradera (Equinácea), se ha utilizado para curar las heridas provocadas por serpientes y algunas enfermedades de transmisión sexual, problemas en los ojos, llagas en la boca, amigdalitis, resfriados y muchas más.
En el Instituto de investigaciones Biológicas de la Universidad Veracruzana se están realizando estudios con ejemplares de Mimosa púdica , conocida comúnmente como "dormilona", que es una planta con alta capacidad de adaptación a diversos tipos de suelo. Esta planta, cuyas propiedades no sólo la han colocado como potencial aportadora de nitrógeno a los suelos, es también poseedora de compuestos activos con posible capacidad bactericida, pues estudios recientes han demostrado la efectividad que tiene su extracto para detener o inhibir considerablemente el crecimiento de distintos aislados bacterianos que producen diferentes afecciones en la salud de los humanos.
Así, el conocimiento y uso racional del mundo vegetal es una meta llena de recompensas intelectuales y materiales. La vida del hombre está íntimamente unida a su ambiente, en especial a los vegetales, y el empleo de las plantas facilita la elaboración de productos para uso medicinal, siendo una práctica muy sencilla utilizar el patrimonio vegetal existente en bien del hombre.