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¿Qué es el fenómeno de lo complejo?1

Enrique Sánchez Ballesteros

No existe únicamente una ciencia que estudie el fenómeno de lo complejo; tal fenómeno es examinado por esa gama de disciplinas llamadas ciencias de la complejidad. Así pues, el paradigma de la complejidad se articula con el aparato conceptual bajo el cual han estudiado este fenómeno disciplinas como la física, biología, psicología, neurología, economía, sociología y pedagogía.
¿Dónde radica lo complejo? La complejidad se ubica en sistemas, entendiendo como sistema la interacción de un grupo de elementos que hacen emerger una conducta global; ejemplos de estos sistemas los encontramos en fenómenos tales como la conciencia humana, las fluctuaciones económicas, el lenguaje, el conocimiento, la conducta del hombre, la evolución de las especies, la geometría fractal o la autopoiesis celular.
En el caso de la conciencia humana, sus elementos son las neuronas, las que forman una interacción entre ellas de tal forma que emerge la conciencia como algo cualitativamente distinto de los elementos. Esto no es sorprendente. Lo verdaderamente sorprendente es que no existe ningún patrón que rija las interacciones neuronales: éstas se forman en la interacción azarosa con el entorno del sistema y dan como resultado cierta forma de conciencia en el individuo. En este punto vale la pena resaltar que el paradigma de lo complejo incluye al caos y la contingencia como elementos estructurantes de la realidad.
Los sistemas complejos son dinámicos y no lineales, turbulentos, no predecibles con exactitud; su funcionamiento no se basa en un algoritmo o patrón por encima de la conducta de sus elementos, sino en sus relaciones; esa interacción ocurre gracias a una entrada de información proveniente del entorno, provocando una salida o resultado conductual del sistema hacia el entorno.
La no linealidad del sistema significa la ruptura de la concepción de la necesidad de una causa con su efecto determinado: una perturbación o entrada de información al sistema, por mínima que sea, tiene efectos desproporcionados. Lo anterior se puede ejemplificar en el llamado efecto mariposa, que alude al sistema climático, en el que una perturbación como el aleteo de una mariposa en el continente americano puede provocar un ciclón en el continente asiático. Quizá esta afirmación suene un tanto descabellada, pero ejemplifica al extremo este modelo de la realidad, ya que, en otro caso, una variación decimal en un cálculo periódico, prolongada en un tiempo considerable, se separa por cifras inimaginables de su proporcionalidad. Otro ejemplo, pero ahora en el ámbito cultural, lo encontramos en la actividad epistémica del individuo en el acto de la interpretación, donde sopesa diversas variables como sus experiencias, prejuicios y el acontecimiento del ser en un lenguaje con multitud de sentidos, obteniendo una interpretación de lo que le acontece, interpretación que puede cambiar de un tiempo a otro sin una causalidad proporcional; es decir, que a determinados factores epistémicos necesariamente resulta una, y sólo una, concepción especifica del acontecimiento.
La visión en la que los fenómenos naturales o culturales son en cierta medida caóticos, es opuesta a la noción de ciencia moderna, cuyas máximas expresiones las hallamos en la mecánica newtoniana, que intenta determinar matemáticamente el funcionamiento de todo fenómeno físico, y en el positivismo comteano, que busca hacer de los fenómenos culturales estructuras rígidas con su propia “física social”. Podríamos resumir la fuerza intencional de estas posiciones con el postulado del llamado “demonio de Laplace”, que consiste en descubrir una ecuación que lo explica todo, o desde un punto de vista cualquiera poder mirarlo todo. Sin embargo, siguiendo a Briggs y Peat, lo complejo y el caos se encuentran vertebrando todos los fenómenos que nos acontecen; es más, el caos es la condición de posibilidad de que se presente el orden, postulando así que la presencia del caos es la regla en lugar de la excepción2.
Pues bien, para complementar la caracterización de los sistemas complejos, a continuación puntualizamos su comportamiento, cuyas características son las siguientes:

  • Presentan un gran número de elementos dinámicos; su dinámica es no lineal y responde al peso de las relaciones, esto es, a la frecuencia con la que dos o más elementos interactúan a través del tiempo. La interacción de los elementos ocurre porque el sistema recibe información de su entorno; el estímulo hace que los elementos interactúen entre sí para que posteriormente acontezca una conducta emergente, que hace las veces de respuesta informativa del sistema a su entorno. Cabe mencionar que esta conducta emerge sin un plan a priori o intencional por parte del sistema, pues cada elemento opera con información local y sin ayuda de un algoritmo que le indique el camino a seguir. Lo anterior provoca que la conducta del sistema no sea monótona.
  • Dado que los sistemas complejos admiten una entrada y una salida de información, son denominados sistemas abiertos ya que están efectivamente abiertos a la interacción con su entorno.
  • Los sistemas complejos son irreversibles. La no linealidad de los sistemas imposibilita retornar a las condiciones iniciales, pues sucede que se pierde información o energía que no es posible recuperar al emerger una nueva conducta del sistema. Esta entropía es necesaria para la vida del sistema; en condiciones de equilibrio (estaticidad y rigidez), el sistema perece. Supongamos un individuo que sólo se alimenta y no tiene desgaste energético; como es claro, moriría a causa de la obesidad; en el caso contrario, si no se alimentase (entrada de energía) también perecería.
  • La complejidad es “ontocreativa”, es decir, la interacción entre sus elementos da como resultado –no causalmente, en el sentido fuerte– bifurcaciones, ampliaciones, fluctuaciones, emergencias. Su desestabilidad crea orden. Los sistemas complejos son capaces de autoorganizarse porque el caos crea nuevas conductas. Prigogine, teórico de la complejidad, propone las que denomina “estructuras disipativas”3 como forma de autoorganización de los sistemas complejos; esas estructuras disipativas consisten en la configuración de una nueva conducta del sistema basándose en la pérdida o disipación de información o energía.
  • Los sistemas complejos son históricos en tanto que su estado actual tiene una trayectoria distinta en su pasado; como sistemas dinámicos no lineales, sus variables cambian a través del tiempo.
  • Todo sistema complejo tiende a su subsistencia en virtud de que busca adaptarse mediante conductas emergentes que lo hagan exitoso u óptimo en la interacción con su entorno. A este comportamiento se le llama innovación.

A manera de conclusión, cabe resaltar el cambio paradigmático que ocurre bajo la perspectiva de la complejidad. La ciencia moderna se constituyó por idealizaciones del mundo, esto es, marcaba sin más la conducta que debía seguir un fenómeno; en cambio, el paradigma de lo complejo modela conceptualmente los fenómenos naturales o culturales después de haberlos experimentado, después de dejar que se muestren tal como son, lejos de las idealizaciones.
En esta empresa de esperar el comportamiento de los sistemas dinámicos no lineales, el paradigma de lo complejo dista mucho de mostrar un mundo en completo caos y falto de fundamentos; antes bien, acepta el orden provisional de los sistemas complejos, pero únicamente como una conducta que es resultado de la constante imprevisibilidad de la conducta de sus variables.

Para el lector interesado

Prigogine, Ilya. El fin de las certidumbres. Andrés Bello. Santiago, Chile, 1996.
Prigogine y Nicolis. La estructura de lo complejo. Alianza. Madrid, 1994.
Prigogine y Nicolis. Self – Organization in Nonequilibrium Systems. John Wiley. New York, 1977.
Stengers y Prigogine. Tan sólo una ilusión? Alianza. Madrid, 1983.

1 Este breve artículo es un panorama general de mi experiencia en el seminario “Paradigma de lo complejo y teoría del caos”, impartido por el Dr. Darin MacNabb Costa en cursos de la Maestría en Filosofía de la Universidad Veracruzana.

2 Esta tesis es defendida, por estos teóricos de la complejidad y el caos, a lo largo de su libro Espejo y reflejo: del caos al orden. Guía ilustrada de la teoría del caos y la ciencia de la totalidad. Gedisa. España, 1994.

3 Ilya Prigogine, premio Nóbel en 1977 gracias a su propuesta de las estructuras disipativas. Esta idea la desarrolla a lo largo de una serie de textos, incluso, algunos de ellos en conjunción con otros teóricos.