Editorial
      La creatividad como técnica intelectual
     
      Los rumbos del universo en El Tajín
     
      Electrones cacarizos
     
      Esteroides anabólicos: bonitos por fuera, muy malos por dentro
     
      Cambio climático global: ¿una realidad ignorada?
     
      La salicaria purpúrea: invasión y destrucción de humedales y vida silvestre
     
      Paisajes veracruzanos: breve historia de manejo
     
      Los usos y maravillas de la jamaica
     
      Hongos en los alimentos... ¿estamos realmente informados?
     
      Los abonos naturales
     
      Cuidar a un enfermo, ¿pesa?
     
      ¿Por qué les caigo mal si soy de sangre dulce?
     
      La gripe aviar: ¿nueva amenaza para la salud?
     
      ENTREVISTA
     
      Mario Caba:
semilla y motor de la investigación biológica en la UV
     
      DISTINTAS Y DISTANTES: MUJERES EN LA CIENCIA
   

 

      Oliva Sabuco: una científica del Renacimiento español
     
      CURIOSIDADES CIENTÍFICAS
     
      La niña que imaginó Plutón
   
 
     

Mario Caba:
semilla y motor de la investigación biológica en la UV

Liliana Calatayud y Aída Pozos

Mario Caba Vinagre, miembro del Si stema Nacional de Investigadores desde 1992, se le ha visto crecer incesantemente en el terreno profesional desde comienzos de la década de los ochenta. Han pasado 26 años y encontramos en él un currículum fuera de serie. Es doctor en Ciencias en Biología de la Reproducción, egresado del Centro de Investigación en Reproducción Animal del CINVESTAV-UAT en Tlaxcala y actual investigador del Laboratorio de Biología de la Reproducción del Instituto de Investigaciones Biológicas de la Universidad Veracruzana .
Inmerso en áreas de especialización tales como la neuroendocrinología, la biología de la reproducción y los ritmos circádicos, Mario hace un recuento de su crecimiento, al mismo tiempo que otorga los créditos respectivos a sus compañeros y maestros con vehemencia. “Juntos comenzamos una aventura extraordinaria que marcó el inicio de la investigación en el campo de la biología en nuestra Universidad”, comenta Caba, nostálgico del grupo de ami gos que aún conserva.
Oriundo de Coatzacoalcos, egresado de la licenciatura en Biología de la Universidad Veracruzana, ¿cómo fue que se interesó en la biología?

Fue a partir de que observé organismos bajo el microscopio. Aún lo recuerdo. Me impresionó verlos desplazándose en el agua, así como su gran variedad de formas. Esto reforzó mi idea de dedicarme a las ciencias naturales. También tenía un gran interés por la literatura desde que la maestra de esta asignatura en la Secundaria “Miguel Alemán”, allá en Coatzacoalcos, nos impulsó a leer. Pronto me apasioné por la lectura a partir de Viaje al centro de la tierra, de Julio Verne, y continué con la mayoría de títulos de este autor y con varias obras clásicas. Por supuesto, mis lecturas fueron cambiando, pero siempre me ha apasionado leer. No obstante, nunca dudé en estudiar biología.
Así como de la lectura, ha sido siempre un apasionado de la investigación. ¿Cuál fue su experiencia como estudiante de la licenciatura?
Estudié biología en la Universidad Veracruzana, en Xalapa, y pronto me di cuenta de que deseaba dedicarme a la investigación. De hecho, visité algunos laboratorios del CINVESTAV y de la UNAM con la idea de incorporarme en alguno de ellos al terminar la carrera. No obstante, mi futuro se decidió en la misma Facultad de Biología, curiosamente a partir de mi interés por la literatura. A través de este interés, cultivé la amistad de un compañero de clase sumamente inquieto y amante de los libros: Ernesto Rodríguez Luna. Él era líder estudiantil y se estaba involucrando en el manejo de la colonia de macacos de la Universidad Veracruzana que se halla en Catemaco. Durante el último semestre de la carrera me invitó a formar parte de este incipiente grupo, al que pronto se unieron otros compañeros, y juntos comenzamos una aventura extraordinaria que marcó el comienzo de la investigación en esta área en nuestra universidad. Nos reuníamos diariamente a estudiar, íbamos a la biblioteca del Instituto de Investigaciones Biomédicas de la UNAM a buscar literatura y comenzamos a delimitar líneas de investigación. Tal vez debido a nuestro gusto por la lectura, no fue extraño que nos sentáramos durante largas horas a estudiar bibliografía especializada, y pronto tuvimos una idea general del entorno científico en el que podríamos movernos. La gran oportunidad ocurrió cuando fuimos invitados a presentar proyectos para la Dirección General de Investigación Científica de la Secretaría de Educación Pública. Presentamos tres proyectos: uno sobre los monos nativos de México, otro sobre el comportamiento reproductivo de los macacos y uno más
sobre aprendizaje y memoria, firmados por Francisco García Orduña, por un servidor y por el mismo Ernesto Rodríguez, respectivamente. El dictamen de la SEP fue favorable; de hecho, se entusiasmaron por nuestros proyectos, motivo por el cual la Universidad Veracruzana nos contrató como investigadores a los tres. Fuimos los primeros investigadores contratados para realizar investigación en biología en la institución, y ese fue el inicio del Centro de Investigaciones Biológicas (CIB), el 1 de junio de 1980.
Miembro de la Academia de Investigación en Biología de la Reproducción (AIBIR), de la Sociedad Mexicana de Ciencias Fisiológicas, de la Society for Neuroscience, de la New York Academy of Sciences y de la Society for Behavioral Neuroendocrinology (SBN), Caba continúa rememorando.
Durante los primeros años como investigadores desarrollamos muchas habilidades, desde visitar oficinas dentro y fuera de la universidad para obtener recursos, hasta presentar nuestros resultados en foros internacionales. En 1980 organizamos el Simposio Internacional de Primatología aquí en Xalapa, y en 1982 asistimos al de Atlanta; en 1984, al de Nairobi, y en 1986 al de Gotinga, en Alemania. En todos estos foros presentamos los primeros resultados de nuestras investigaciones. En ese lapso establecimos los cimientos del futuro desarrollo del grupo, empezó de manera sostenida el estudio sobre los primates nativos de México, y conseguimos para nuestra universidad un terreno en las cercanías de la ciudad de Catemaco, en el que propusimos la creación de un Parque de la Flora y Fauna Silvestre Tropical. Debo mencionar que la infraestructura con la que empezamos fue nula; no teníamos un lugar físico donde desarrollar nuestras actividades. Al principio estuvimos en un pequeño salón en la Facultad de Biología, y luego en una casa que amablemente nos proporcionó un familiar de Ernesto en el fraccionamiento Ensueño. Más tarde logramos un espacio en el ex Convento de Las Capuchinas, cerca de la avenida 20 de Noviembre, y, finalmente, gracias al doctor José Velasco Toro, en ese momento director general de Investigaciones, obtuvimos el edificio que actualmente ocupa el que es ahora el Instituto de Investigaciones Biológicas.
No sólo a este familiar de Ernesto le debemos nuestro agradecimiento; también reconocemos al psicólogo Raúl Carvallo. En 1984, siendo director de la Facultad de Psicología de nuestra universidad, nos permitió impartir clases para cubrir el requisito de docencia establecido en el reglamento. Habíamos llamado demasiado la atención, y mucha gente pensaba que éramos demasiado jóvenes para ocupar los puestos que teníamos, por lo que pretendieron aprovechar que no teníamos carga docente para buscar nuestra renuncia o la desaparición del C I B. Gracias al maestro Carvallo logramos cumplir dicho requisito, y así el CIB pudo continuar su desarrollo. Quiero enfatizarlo nuevamente: comenzamos sin la menor infraestructura y actualmente se han generado al menos dos institutos de investigación: el de Investigaciones Biológicas y el de Neuroetología, que cuentan con numerosos laboratorios.
Otro asunto que me parece importante recalcar es l creación del Parque de la Flora y Fauna Silvestre Tropical. En 1982 o 1983, unos estudiantes regresaron de una práctica de campo en Catemaco con la noticia de que se habían puesto en contacto con una persona que tenía intenciones de donar un terreno a la Universidad Veracruzana. La noticia nos resultó muy interesante y
logramos hablar con dicha persona. Se trataba del señor Hugo Absalón, quien nos confirmó la propuesta y nos enseñó el terreno: 220 hectáreas en las cercanías de Catemaco que contenían una porción de selva alta perennifolia, la vegetación original de la región. Este terreno había sido solicitado por ejidatarios de la zona hacía muchos años. Mantuvimos varias pláticas con el señor Absalón, pero las autoridades universitarias nada concretaban.
Entre nosotros habíamos platicado sobre la necesidad de hacer algún documento sobre la donación. Una mañana que nos visitó en nuestro domicilio del ex Convento de Las Capuchinas, decidí hacerle dicho planteamiento. Él estuvo de acuerdo y acudimos a la oficina del licenciado Luis Espinoza Gorozpe, entonces notario de la Universidad en la ciudad de Coatepec, para redactar dicho documento, que incluía la donación gradual del terreno. Muy poco tiempo después, apareció en el Diario Oficial de la Federación la noticia de que se había expropiado el terreno en favor de los ejidatarios, quienes comenzaron inmediatamente a derribar árboles y a posesionarse de aquél. Pero nosotros teníamos el documento de donación, lo que sirvió como argumento para que la Universidad considerara suyo el problema.
Ernesto Rodríguez y Francisco García realizaron entonces una gran labor que culminó en que ese terreno se convirtió en lo que es ahora: un predio que pertenece a la Universidad Veracruzana. Todo este proceso representó una gran cantidad de trabajo de equipo en la que Ernesto Rodríguez desempeñó un papel preponderante. Se tocaron muchas puertas y se obtuvo ayuda de mucha gente. De repente, la mayor parte de nuestra actividad se enfocó a dicho parque, y en 1985 escribimos una propuesta sobre su función en la que se plantearon ideas fundamentales aún vigentes. Por ejemplo, se le dio mucho énfasis a la conservación de los monos nativos de nuestro país, área que ha tenido un desarrollo extraordinario en nuestra Casa de Estudios.
Sin embargo, a pesar de mi trabajo en el equipo, continué mis estudios sobre la conducta social de los macacos confinados en la isla de Tanaxpillo, en Catemaco, especie sobre la que realicé mi tesis de Licenciatura en Biología.
Caba Vinagre obtuvo menciones honoríficas en las tres tesis presentadas para obtener los grados de Licenciado en Biología, Maestro en Ciencias y Doctor en Biología de la Reproducción. Comparte ahora con nosotros sus experiencias como estu diante de posgrado.
En 1987 decidí explorar dónde podía realizar estudios de posgrado, interés generado desde mi paso por la licenciatura, y en ese momento consideré indispensable adquirir de manera formal las herramientas básicas para mejorar mi desempeño como investigador. Fue entonces que tuve la fortuna de ingresar al grupo del doctor Carlos Beyer, investigador del CINVESTAV en Tlaxcala. El doctor Beyer es un científico renombrado y Premio Nacional de la Academia de Investigación Científica, quien ha formado a varias generaciones de investigadores en nuestro país. Pronto estaba haciendo experimentos sobre la modulación del dolor en la médula espinal en ratas y sobre la conducta maternal en ovinos. En ese tiempo, el doctor Beyer era profesor de la Universidad de Rutgers en Nueva Jersey y me invitó a realizar estancias de investigación en 1988 y 1989 en Newark, en el laboratorio que compartía en esa universidad, prácticamente enfrente de Nueva York.
Comencé a desarrollarme en este campo, y mi tesis de maestría, presentada en 1991, fue sobre la modulación del dolor. Durante la estancia de 1989, el doctor Beyer me propuso visitar el laboratorio de la doctora Rae Silver , de la Universidad de Columbia en Nueva York, donde aprendí técnicas de inmunohistoquímica que continúo utilizando hasta hoy en mi laboratorio. A mi regreso, intenté montar dichas técnicas en el laboratorio de Tlaxcala, pero sin éxito.
Con mi poca experiencia y todavía sin que hubiera ni por asomo correo electrónico, me era prácticamente imposible resolver los múltiples problemas que enfrentaba. Realizar la técnica en sí no era difícil; las limitantes eran de otro tipo:desde falta de infraestructura y equipo especializado hasta carencia de agua destilada. ¡Increíble! Pero no desistí. Poco a poco logré conseguir piezas de equipo y aprendí a adaptar la técnica a la realidad en que me encontraba. Tanto me entusiasmé con dicha metodología que decidí dedicarme en el futuro a explorar el sistema nervioso con esas técnicas. En 1995 logré mi doctorado con un estudio sobre las hormonas oxitocina y vasopresina en el cerebro de la coneja, y aún sigo desarrollando estudios en el cerebro de esa especie, pero ahora sobre ritmos circádicos. Ambos grados los obtuve en la Universidad Autónoma de Tlaxcala, y luego, entre 1998 y 1999, con el apoyo de nuestra Universidad y de una beca de la Fundación Fogarty, hice una estancia posdoctoral en el Centro Nacional de Primates de Oregon, en Estados Unidos.
¿Qué opina del Sistema Nacional de Investigadores, del que ha formado parte ininterrumpidamente desde 1992?
A pesar de las constantes críticas que se hacen a dicho sistema, considero que es definitivamente un referente de la labor que realiza un investigador.
En mi caso, ha sido un motor sumamente importante para el desarrollo de mi actividad investigativa y personal. Primeramente ingresé como Candidato a Investigador al terminar mi maestría en 1992, y desde 1995 hasta la fecha soy Investigador Nacional. La pertenencia al SNI me ha obligado a mejorar y mantener la calidad del trabajo que realizo, lo que ha tenido una clara repercusión en mis alumnos; por ejemplo, me ha facilitado obtener donativos del CONACYT y a la vez me ha permitido tener mejores apoyos por parte de la propia Universidad.
La investigación que realizamos es cara, pues requiere infraestructura, gasto corriente y apoyo administrativo. Para quien lo desee, es un verdadero reto que puede darle muchas sat isfacciones.
Desafortunadamente, es lamentable el bajo número de investigadores que pertenecen a dicho sistema en nuestra institución (aproximadamente una quinta parte), y peor aún es que algunos que salen cada año no tienen posibilidades de reingresar en el corto plazo. El doctor Víctor Alcaraz, Director de Investigaciones de la Universidad Veracruzana, ha estado apoyando decididamente a los investigadores que pertenecen al SN I o que tienen dicho perfil, lo cual me parece muy encomiable. Sin embargo, creo que es necesario emprender un plan institucional para que los investigadores con tal perfil se mantengan en el Sistema. Es más, pienso que deberíamos organizarnos y diseñar conjuntamente una estrategia para mantenernos y estimular la pertenencia a éste. En la medida en que aumente la plantilla de investigadores que pertenecen al SNI, se logrará no sólo una mejor producción
académica sino a la vez una mejor formación de recursos humanos. Esto lo he entendido desde que entré al SNI, y en este sentido me parece muy importante que el doctor Raúl Arias Lovillo considere a la investigación como uno de los ejes rectores de su actual plan de trabajo. Ello implica una modificación radical de una universidad simplemente transmisora de conocimiento en una generadora de conocimiento, en la que la investigación se vincule fuertemente con la formación académica en la licenciatura y en el posgrado. Espero que en su administración logremos los cambios que plantea.
En su opinión, ¿qué aspectos de su trabajo son más importantes? ¿Cómo sintetizaría, en términos llanos y sencillos, la trayectoria de su investigación?
A partir de mi tesis sobre el sistema nervioso en el conejo, conocí acerca del ritmo circádico de la lactancia en esta especie. Los ritmos circádicos son variaciones diarias en la fisiología o la conducta que ocurren en un lapso de veinticuatro horas. Para nosotros, los seres humanos, el ritmo circádico más evidente es el ciclo sueño-vigilia.
Sin embargo, tenemos ritmos circádicos en prácticamente todas las células de nuestro cuerpo. Ello se refleja en los ritmos de concentraciones hormonales y en la expresión de genes en el nivel molecular. No es algo particular de nuestra especie. Toda la naturaleza es circádica; todos los organismos que hay en ella –plantas, animales, vertebrados, invertebrados y organismos unicelulares– tienen, incluido el hombre, genes que se comportan de manera circádica; son los llamados “genes reloj”, que se descubrieron originalmente en la mosca de la fruta y en los mamíferos en la década de los noventa.
En nuestro laboratorio hemos estado estudiando un ritmo circádico de lactancia único entre los mamíferos. Analizamos molecular, celular, fisiológica y conductualmente el funcionamiento de dicho reloj en relación con el amamantamiento en los críos de conejo. Después del parto, la hembra de esta especie abandona a su camada y regresa cada veinticuatro horas a amamantarlos durante unos cuatro minutos. En ese breve lapso los críos ingieren leche en una cantidad que equivale a la tercera parte de su peso corporal, lo que significa para nosotros ingerir unos veinte kilos en una comida. A pesar de que –como mencioné– existen múltiples relojes en un organismo, hay un reloj maestro que en el caso de los mamíferos se localiza en una región del cerebro llamada hipotálamo.
En el ámbito mundial, la mayoría de las investigaciones sobre dichos relojes se realizan en animales adultos, y se sabe que muchas especies no exhiben ritmos circádicos al nacer. Por ejemplo, en la rata se observa un ritmo de la hormona corticosterona hasta el catorceavo día de vida. Sin embargo, hemos reportado que los conejos de siete días de edad tienen ya bien establecido un ritmo de esa hormona, por lo que esta especie significa una oportunidad para estudiar el desarrollo de tales ritmos. Es importante mencionar que los ritmos circádicos en los adultos dependen de la luz para su óptimo funcionamiento; en el caso de los críos de conejo, su principal influencia ocurre al momento de la lactancia; en otras palabras, su principal sincronizador es el alimento.
Nuestros estudios nos están conduciendo al campo de los desórdenes alimenticios, de gran interés para nuestra especie y un verdadero problema mundial.
A partir de que regresé de mi posdoctorado en 1999, decidí dedicarme a esta línea de investigación, lo que ha resultado un acierto. Desde luego, han sido muchos años de adquirir experiencia, pero los frutos están a la vista: varias tesis de licenciatura, maestría y doctorado, numerosos artículos de divulgación y de investigación y varios logros en la obtención de recursos.
¿Cuál es su perspectiva acerca de la formación de investigadores científicos?
En la Universidad Veracruzana se está gestando un gran número de investigadores. Creo que nuestro desempeño ha sido exitoso ya que cada día acuden más y más estudiantes de licenciatura con deseos de incorporarse a la investigación. Desafortunadamente, no podemos atender a todos en razón de que tenemos serias carencias, principalmente de espacio, y este problema se debe corregir; no puede seguir siendo la limitante que trunque las aspiraciones de jóvenes interesados en realizar una carrera científica. Los que son aceptados es con el propósito de que ingresen a un posgrado y se hagan cargo de un proyecto de investigación, lo cual no es fácil ya que las jornadas de trabajo son largas y las carencias a las que nos enfrentamos son de diversa índole. Pero creo que el camino para quien desee convertirse en investigador es integrarse inmediatamente a un posgrado al terminar la licenciatura y trabajar de manera intensa para publicar.
¿Está de acuerdo en que se formen en el extranjero y retornen después?
Más bien considero que lo ideal es que logren su doctorado en México y realicen un posdoctorado en el extranjero. Por desgracia, muchos no regresan, principalmente por la falta de oportunidades de contratación en nuestro país. Este no es el caso de nuestra Universidad, la que contrata mexicanos que están en el extranjero y que desean regresar, lo que inyecta una gran dosis de experiencia a los grupos a los que se están integrando.
El realizar una estancia posdoctoral en el extranjero, aparte de ser una exper iencia académica muy enriquecedora, lo es también desde el punto de vista del desarrollo personal. Es muy loable que esto esté ocurriendo en la Universidad Veracruzana.
¿Se siente privilegiado en su desempeño científico?
Completamente. Tengo toda la libertad de estudiar lo que deseo, recibo reconocimiento por lo que hago y tengo la oportunidad de interactuar con estudiantes que son un motor fundamental para mi trabajo. Gracias a ellos me obligo a tener más disciplina y a ser más ambicioso en mis metas académicas. Es muy satisfactorio ver que he podido influir en ellos y saber que se están formando nuevas generaciones que continuarán la labor que realizamos aprovechando los cimientos que han demorado muchos años en consolidarse.
Por otro lado, el trabajo posibilita el conocer constantemente gente nueva y ofrece la posibilidad de que uno se mantenga siempre activo.
¿Qué planes tiene para su futuro profesional?
Creo que he pasado una larga etapa de autoaprendizaje y estoy listo para nuevos retos. Además de continuar expandiendo las actividades de mi laboratorio hacia nuevas técnicas y, en general, nuevas estrategias experimentales, deseo involucrarme más en la formación de recursos humanos en mi universidad. Es urgente abrir nuevos espacios con enfoques novedosos, pues cada vez hay más estudiantes interesados en ingresar a un posgrado y, por otro lado, se han contratado investigadores con un excelente perfil académico que, en mi opinión, deben participar activamente en la formación de tales recursos humanos.
¿Qué lo hace feliz?
Viendo en retrospectiva, me hace feliz el haber participado en el grupo que inició la investigación en biología en la Universidad Veracruzana. Comparando eso con lo que hay ahora, veo que el salto ha sido muy grande. Cuando comenzamos nuestras actividades no teníamos infraestructura, como dije antes, y ahora, por caminos diferentes, hemos creado, directa e indirectamente, amplias posibilidades de desarrollo. Cuando salimos de la Facultad de Biología no había un solo laboratorio en la universidad, y los estudiantes de esta carrera y otras afines, interesados en la investigación, tenían que emigrar forzosamente a los institutos de investigación de la Ciudad de México. Hoy día se pueden formar aquí, donde hay varias opciones, y eso ha sido un logro en el que he participado y que me satisface enormemente. Por supuesto, haber contribuido igualmente al establecimiento de lo que es ahora el Parque de la Flora y Fauna de nuestra Universidad me llena de satisfacción. Otras cosas que me hacen feliz –como a todo investigador– es cuando logro la publicación de un artículo, la titulación de uno de mis alumnos o la obtención de donativos económicos, indispensables para el desarrollo del trabajo. Como ya mencioné, he obtenido, en varias ocasiones, donativos del CONACYT, la SEP y la Fundación UCMEX US. Sin embargo, uno de mis mayores orgullos académicos ha sido el donativo que obtuve de los Institutos Nacionales de Salud (NIH) de Estados Unidos. Considerando que habíamos logrado suficiente producción académica y que teníamos una buena idea, decidí someter al N I H, en 2003, un proyecto sobre el ritmo circádico de lactancia; en realidad con pocas esperanzas, pues sabía que la competencia con investigadores de ese país sería muy difícil. No obstante, decidí enfrentar el reto, y junto con mis estudiantes organizamos el proyecto. Para mi sorpresa, un año después me comunicaron que había sido aprobado. Es la primera vez que en la Universidad Veracruzana se obtiene dicha distinción, lo cual me llena de legítimo orgullo. Es un reconocimiento a mi grupo de trabajo y nos ha colocado en una nueva perspectiva de gran crecimiento. Al mismo tiempo, es un reto, pues el donativo se divide en partes iguales a lo largo de cinco años y está sujeto a la producción de artículos científicos que deben reportarse cada año.
Cuando observo que mis ex alumnos han obtenido mejores expectativas de vida, logrado una contratación para desempeñarse como investigadores u obtenido becas para continuar su preparación, es algo que me hace pensar que estoy ayudando a cumplir una de las metas primordiales de la universidad, esto es, su compromiso con el mejoramiento de nuestra sociedad.
¿Qué perspectivas se ha planteado de aquí en adelante?
Muchas. Creo que estoy frente a un verdadero desarrollo de la línea de investigación sobre ritmos circádicos en nuestra institución. Esto es algo que me ha llevado varios años y que ha requerido un gran esfuerzo en diversos niveles: conceptuales, metodológicos y, sobre todo, financieros. Nuestro trabajo requiere equipo, reactivos, viáticos y demás, y ha sido posible básicamente gracias a los donativos que he conseguido. Debo reconocer que la Universidad Veracruzana ha sido extraordinariamente generosa conmigo y con mi grupo de trabajo. Desde hace años hemos recibido apoyos directos a través de la Dirección de Investigaciones como complemento de los recursos externos. Mi grupo de trabajo le debe mucho a la doctora Carmen Blázquez, al doctor Carlos Contreras y, hoy, al doctor Víctor Alcaraz, todos ellos directores de Investigaciones que han sabido comprender nuestro trabajo y que nos han apoyado de manera decisiva. Actualmente, he logrado entusiasmar a otros dos investigadores: los doctores Juan Santiago García y Aleph Corona, ambos con doctorado en la UNAM y posdoctorado en el extranjero, quienes ha sido contratados por la Universidad Veracruzana recientemente para formar parte de mi grupo de trabajo. Ellos traen consigo nuevas metodologías –principalmente en biología molecular– que complementarán extraordinariamente los trabajos llevados a cabo en los últimos años.
Además, soy tutor de cuatro estudiantes de maestría y dos de doctorado, todos ellos interesados en estudiar diversos aspectos de los ritmos circádicos tomando al conejo como modelo. En total, somos once personas en mi pequeño laboratorio, por lo que tenemos en este momento una verdadera crisis de espacio.
El cumplimiento del compromiso de nuestra Universidad con el NIH nos ha proporcionado una estabilidad financiera suficiente para ser muy ambiciosos en nuestros planteamientos. Toda esta actividad nos ha colocado en un ritmo acelerado, debido a lo cual estamos redoblando esfuerzos para conseguir más donativos ya que la fuente principal termina en 2008. En este sentido, hemos sometido aún más propuestas en virtud de que no deseo encontrarme en la situación de no poder continuar nuestros trabajos ni formar nuevos estudiantes por falta de financiamiento externo.
Es muy importante para mí, en este punto de mi desarrollo profesional, dar seguimiento a los estudios proyectados, pues cada día se genera información importantísima para la ciencia; por ejemplo, visto en perspectiva, se observa un cambio enorme entre estudiar la conducta de primates y los ritmos circádicos. Sin embargo –como bien lo aprendimos hace muchos años–, la conducta puede estudiarse en diversos niveles, desde el molecular y el propiamente conductual, hasta el poblacional. Todas las experiencias acumuladas a lo largo de mi carrera como investigador han sido útiles para el fenómeno que estudiamos puesto que analizamos el comportamiento individual de los sujetos con cajas de registro automatizadas, las que nos han tomado aproximadamente dos años diseñar en unión de un ingeniero especializado de la UNAM. Estudiamos el fenómeno desde el punto de vista fisiológico analizando hormonas; en el nivel celular, investigando la expresión de moléculas en las células, y en el nivel molecular, examinando el comportamiento de los genes. Soy un apasionado de mi trabajo y me complace mucho tener un grupo que comparte dicha pasión como Yael Zavaleta, Claudia Juárez, Elvira Morgado, Aníbal Tovar, Ma. de los Ángeles Jiménez, Enrique Meza, Nahum Nolasco y Laura Flores, sin mencionar a todos mis anteriores alumnos. Estoy convencido de que estamos en un momento crítico de desarrollo de nuestro trabajo que tendrá beneficios académicos no sólo para nuestro grupo sino para la UV. Y un agradecimiento especial a Mercedes Acosta, del Bioterio de la Unidad de Ciencias de la Salud, su labor es sumamente valiosa para nuestro trabajo.
Considero, en fin, que estamos contribuyendo a cambiar la conciencia y la imagen del investigador universitario, y es reconfortante saber que cada día somos más. La semilla que ayudamos a germinar hace 26 años está hoy dando frutos en varios lugares.
Con alrededor de 26 ponencias en congresos y reuniones académicas nacionales, 38 en congresos internacionales, 23 en eventos académicos, varias publicaciones en las revistas Pharmacology, Biochemistry and Behavior, Physiology and Behavior , Brain Research y Neuroendocrinology, sin olvidar a La Ciencia y el Hombre, de cuyo Comité Editorial forma parte; con 26 años como docente e investigador y con un sinnúmero de tutorías en tesis de licenciatura y posgrado, Mario Caba continúa en la brega convencido y comprometido, confiado y ansioso por una universidad prometedora: la UV.