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Esteroides anabólicos:
bonitos por fuera, muy malos por dentro

Mario Caba

Una y otra vez hemos escuchado que “lo importante son los sentimientos, no lo físico”, queriendo decir la frase que para expresar un juicio sobre una persona debemos atender más los aspectos psicológicos que la apariencia física.
Sin embargo, en realidad ocurre exactamente lo opuesto: en nuestra sociedad hay un enorme interés por nuestra apariencia física. Basta con tener televisión para “disfrutar” la incesante gama de productos destinados a mejorar la apariencia: jugos, aparatos, cremas…; el colmo son unas cápsulas ¡para “aumentar los senos de las mujeres”!.
Entre los comerciales que aparecen con mayor frecuencia se halla una extensa gama de aparatos para hacer ejercicio. No importa cuántos de esos aparatos hayan desfilado ya por el televisor, pues siempre habrá uno nuevo que reclama ser mejor que todos sus predecesores.
Un hecho es evidente: todos estos productos apuntan a tener un cuerpo que llame la atención, que nos separe automáticamente de la masa sin tener que demostrar que terminamos la educación primaria o que conocemos la filosofía budista de la iluminación. No es necesario. Un cuerpo perfecto, atractivo, será suficiente para obtener pareja, intimidar al enemigo y demostrar rápidamente a todo el mundo que somos dignos de respeto, diferentes, especiales… “soñados” pues. Esta obsesión, que fácilmente se adjudica a las mujeres, en realidad alcanza ampliamente a los hombres y de manera más peligrosa, ya que frecuentemente combinan el ejercicio físico –con aparatos o no– con una “ayudita”: los esteroides anabólicos.

Todos tenemos esteroides

Los esteroides, desde el punto de vista químico, son lípidos (grasas) derivados del colesterol, el cual proviene a su vez de tejidos animales. Las plantas no lo sintetizan, pero los animales producen su propio colesterol, indispensable para la estructura y funcionamiento celular. En los últimos años, mencionar la sola palabra colesterol equivale casi a invocar algo prohibido, tenebroso y peligroso debido a que se asocia con los problemas de la circulación sanguínea y los infartos cardíacos.
Como dije antes, este lípido es esencial para la vida; el problema es su consumo excesivo, principalmente a través de lácteos, carne roja y aceites monosaturados, como el aceite de coco. A partir del colesterol, las células producen un enorme número de compuestos denominados esteroides, a los que pertenecen las hormonas masculinas, como la testosterona; las femeninas, como el estradiol y la progesterona; los glucocorticoides, como la corticosterona y el cortisol, relacionados con el estrés, e inclusive vitaminas como la D. Como se puede ver, el organismo sabe cómo manejar los esteroides que produce –a los que llamaremos endógenos– mediante complejas rutas metabólicas. El resultado de tal coordinación son sucesos tan importantes como la reproducción, la lactancia y la expresión de los caracteres sexuales secundarios. Para que estos acontecimientos ocurran, se requiere una dosificación determinada, en el momento adecuado y en un sexo particular. Esto es, en el macho no se requieren las variaciones constantes de las hormonas estradiol y progesterona que ocurren cada mes, como en las hembras, ya que no ovulan. Por otro lado, se necesitan cantidades específicas de esteroides en el periodo crítico en que se determinan las características sexuales y durante la pubertad. No es difícil imaginarlo: un desequilibrio en estas etapas críticas provocará desastrosas consecuencias físicas y psicológicas en los individuos. Pero aparte de estos periodos críticos, también la ingestión de esteroides en cualquier momento de la vida provoca efectos que aparecen inmediatamente, no así, por desgracia, muchos otros. Se recurre a los esteroides anabólicos invocando precisamente
su efecto positivo en el crecimiento muscular; sin embargo, el cuerpo reconoce que también poseen propiedades androgénicas; esto es, la ingestión de dichos esteroides ayuda de manera dramática a desarrollar una poderosa musculatura, pero a la vez provoca efectos negativos para el organismo, desde calvicie e irritabilidad, hasta infartos cardíacos y cerebrales.


¿Qué son los esteroides anabólicos?

Los esteroides anabólicos son lípidos derivados de la testosterona, la hormona masculina, una hormona que de manera natural posee efectos tanto androgénicos (el desarrollo de las características sexuales y la producción de espermatozoides) como anabólicos (el crecimiento de músculo esquelético). Los esteroides anabólicos son esteroides sintéticos, lo que significa que, a diferencia de los que llamamos endógenos, no se producen en el organismo sino en laboratorios farmacéuticos. No existe sólo uno, sino que hay disponibles aproximadamente sesenta, todos ellos diferentes; si bien poseen la estructura básica de la hormona testosterona, tienen diversas variantes. Concretamente, se sustituyen las moléculas químicas del compuesto original por otras con el propósito de retardar la degradación y, en general, el metabolismo, ocurriendo lo que técnicamente se conoce como aumento de la vida media del compuesto. El resultado final es que el esteroide permanece más tiempo en el organismo ejerciendo su acción androgénica. Sin embargo, a consecuencia de su afinidad con la molécula de la testosterona, también llega a ser metabolizado en el organismo en la forma de otros esteroides, los cuales poseen propiedades muy distintas de las anabólicas. Algunos ejemplos de estos compuestos son el propionato de testosterona y la nandrolona.
Existen en el organismo diversas enzimas que convierten los esteroides de los andrógenos (hormonas masculinas) en estrógenos (hormonas femeninas) y viceversa. Los esteroides anabólicos no escapan de estas rutas metabólicas, y por esa razón no son “anabólicos puros”, por lo que ocasionan muchos otros efectos que se describirán adelante. Fueron desarrollados a finales de los años treinta para tratar problemas médicos debidos a la falta de esteroides endógenos; por ejemplo, se utilizaron para tratar casos de hipogonadismo (esto es, la reducción del tamaño de los testículos que incluyen una disminución en la producción de espermatozoides). Actualmente se siguen utilizando desde el punto de vista clínico en problemas similares por su función androgénica, pero también se prescriben atendiendo a su propiedad anabólica; por ejemplo, se recetan para que los enfermos de sida ganen musculatura. No obstante, su utilización para aumentar la masa muscular con un objetivo puramente estético y para un mejor desempeño físico en competencias atléticas está prohibido.
Pero, ¿cuál es el problema? El problema es que se ha visto una y otra vez que los propios entrenadores proporcionan a los atletas dichos anabólicos, y en los gimnasios se dice que su venta es cosa de todos los días. En los Estados Unidos sólo se venden por prescripción médica, pero en México se pueden adquirir sin receta, y también se les puede hallar en las farmacias veterinarias con una ventaja adicional: son más baratos. Al no ser recetados por un médico, se recurre a la automedicación, y se calcula que los consumidores se administran cantidades de hasta cien veces la dosis recomendada y, además, con base en las historias que circulan, se administran varios esteroides en combinación. ¿Que tienen efectos adversos? Eso no importa. La ilusión de obtener un cuerpazo los vale.
Es tal el problema actual que el Instituto Nacional de las Drogas de Abuso (NIDA) de Estados Unidos ha decidido incluirlos en la lista de drogas de abuso, junto con la marihuana, la nicotina y la cocaína, entre muchas otras.

Todo sea por el cuerpo

¿Quiénes abusan de los anabólicos? Su uso ha estado ligado a los atletas y deportistas que requieren tener una gran fuerza y considerable masa muscular. Ya se rumoraba desde hace años que tales personas consumían esteroides anabólicos frecuentemente. Pero eso dejó de ser un rumor en el año 2002 gracias a una entrevista concedida por el beisbolista profesional Ken
Caminiti a la revista de deportes Sports Illustrated, en la que aceptó que los consumía para mejorar su desempeño, por lo que obtuvo la distinción como el jugador más valioso de la Liga Nacional de Beisbol de Estados Unidos en 1996. A esa declaración se unió la del también ex jugador de beisbol José Canseco, en la que admitió haberlos usado durante su carrera, agregando que alrededor de 85% de los jugadores activos entonces se administraban “jugos”, como se les denomina comúnmente. Estas declaraciones desataron una gran atención del público y de los medios de comunicación. “¿Cómo es posible que esto esté ocurriendo en el deporte nacional?”, se decía. El escándalo fue tal que el Senado de ese país emitió una resolución en abril del 2004 que ordenaba análisis antidrogas en los jugadores de beisbol para detectar esteroides anabólicos, argumentando que dan ventajas competitivas inaceptables, ponen en riesgo la salud y además son un mal ejemplo para los adolescentes, quienes tratan de emular a sus héroes deportivos.
Pero la relación entre deportistas y anabólicos tiene una larga tradición, en la cual figura como uno de sus máximos exponentes el físicoculturista Arnold Swarzenegger, ahora gobernador del estado norteamericano de California.
El tamaño de la musculatura de este personaje en los concursos de físicoculturismo y más tarde en el cine dejó bien claro en la cultura popular el efecto de los esteroides sobre el desarrollo muscular. En 1977 reconoció públicamente que había consumido anabólicos, ¡y tanto se asoció su nombre con dichas sustancias que se les llegó a llamar “Arnolds”!
Como se mencionó antes, hay un problema cada vez más agudo entre los adolescentes. La página del NIDA muestra estadísticas que señalan que va en aumento su uso en este sector de la población, pues los jóvenes están ansiosos de destacar en los deportes y de llamar la atención del sexo opuesto. En otras palabras, su uso ya no es exclusivo en competidores y deportistas profesionales.

Desde acné hasta infartos

Pero, ¿causan realmente los esteroides anabólicos problemas de salud? Las consecuencias del uso ilegal de los esteroides anabólicos es tema de numerosas historias. Se dice que en los hombres provoca calvicie, ginecomastia (crecimiento de los pechos) e ira, y que en las mujeres provoca androgenización. Se cuenta la historia de una competidora de la antigua República Democrática de Alemania que fue obligada a cambiar de sexo… ¡debido al crecimiento excesivo de su clítoris!
Lo que tengan de cierto estas historias es difícil de comprobar por la siguiente razón: es necesario administrar experimentalmente esteroides anabólicos a las personas. No obstante que, como se señaló arriba, estos compuestos se administran a los seres humanos con fines terapéuticos, los esquemas de administración son muy diferentes. Se han estudiado científicamente los efectos de muy diversas sustancias en ciertos animales de laboratorio, particularmente en la rata blanca, y gracias a esos estudios ha sido posible desarrollar numerosos medicamentos, vacunas o procedimientos quirúrgicos. Nos guste o no, la fisiología y los mecanismos biológicos básicos en general de dichos animales son muy similares a los nuestros, a pesar de su apariencia tan distinta. La Fundación para la Investigación Biomédica de Estados Unidos calcula que en virtud de la investigación en animales, la expectativa de vida de la población en ese país ha aumentado recientemente en 20.8 años. Ello ilustra la gran utilidad que tienen los estudios que se practican en animales en el bienestar de nuestra especie. En relación con los esteroides anabólicos, se han estudiado detenidamente sus efectos en diversos niveles: conducta sexual masculina y femenina, conducta agresiva, aprendizaje y memoria, así como sus efectos farmacológicos sobre diversos sistemas de neurotransmisores, es decir, las sustancias químicas encargadas de la transmisión de la información entre las células para el adecuado funcionamiento de nuestro sistema nervioso.
En lo que se refiere a la conducta sexual masculina, se ha encontrado que los efectos de los esteroides anabólicos son muy variables ya que dependen del anabólico utilizado, las dosis y el esquema de administración, y van desde un efecto nulo hasta la eliminación total de la conducta sexual, efecto provocado por la 17 –methyltestosterona. En este punto, es importante recalcar que en los experimentos en ratas se utiliza un solo esteroide, pero en la vida real las personas utilizan varios, lo que dificulta el llegar a conclusiones. En un estudio hecho en atletas que aceptaron administrarse anabólicos, se concluyó que en dichos usuarios había una disminución en la producción de espermatozoides y de la hormona testosterona, su andrógeno natural. En relación con las hembras, los efectos son aún más dramáticos, pues se produce tal alteración de su sistema hormonal que se vuelven infértiles –o sea, no ovulan–, y además se afecta notablemente su conducta sexual.
Pero los efectos de los anabólicos van mucho más allá de la sola relación con el sistema reproductivo. En los animales de laboratorio se han documentado consecuencias en diferentes sistemas de neurotransmisores; particular importancia reviste su compleja relación con el sistema del ácido gamaamino-
butírico, conocido como GABA, y con el sistema de la dopamina. El GABA es un neurotransmisor muy abundante en el organismo, y en los años ochenta se demostró que los esteroides son capaces de unirse a dicho receptor , afectando el sistema de enzimas involucradas en dicha neurotransmisión. El GABA tiene que ver con diversas funciones en el organismo, que van desde la conducta sexual hasta los desórdenes conductuales, y particularmente la ansiedad. En relación con la dopamina, se ha descubierto que los esteroides afectan el funcionamiento del llamado “sistema de recompensa del cerebro” al producir una alteración en la transmisión dopaminérgica. Dicho sistema está implicado en la sensación de bienestar y placer. Finalmente, está ampliamente demostrado que los anabólicos inducen agresividad; en los seres humanos, por ejemplo, producen trastornos psiquiátricos de violencia e ira incontrolada.
Como dije antes, no es fácil concluir que un determinado anabólico tiene efectos específicos, ya que se necesitan hacer experimentos de administración controlada. Es importante recordar que hace años el uso de esteroides no estaba prohibido oficialmente, por lo que numerosos deportistas, atletas y físicoculturistas los usaron en grandes cantidades y durante largos periodos. Con base en ello, se han inferido sus efectos sobre la salud humana. Tomando de referencia dichos reportes, junto con los resultados de experimentos en sujetos de laboratorio, se ha llegado a las siguientes conclusiones acerca de tales efectos, los cuales se enlistan en la página del NIDA.
En los hombres produce disminución de espermatozoides, reducción del tamaño de los testículos, calvicie, ginecomastia (desarrollo de los pechos). En las mujeres produce masculización generalizada, esto es, disminución del tamaño de los pechos y de la grasa corporal, mayor grosor de la piel, caída del cabello, crecimiento del vello facial y corporal y crecimiento del clítoris. En
ambos, se produce amarillamiento de la piel, mal aliento, excesiva sudoración de los pies y dolor de articulaciones; además, paranoia, delirio y completa alteración del juicio, asociados a un sentimiento de superioridad, esto es, el individuo confía excesivamente en su apariencia física, lo que le produce el sentimiento de ser invencible. Hay daños hepáticos en forma de tumores, y asimismo al sistema cardiovascular –infartos incluidos–, acné y quistes en la piel. Lo esteroides pueden provocar adicción, depresión e intentos de suicidio cuando el individuo se los ha administrado por largo tiempo y decide no hacerlo más, similar a lo que ocurre en el síndrome de abstinencia.
Es evidente que hay una notable falta de educación para que el usuario potencial conozca los altos costos que acarrea el uso indiscriminado de los esteroides anabólicos. El deseo de tener un mejor desempeño físico y una mejor apariencia resultan más importantes que analizar detenidamente los problemas que su uso podría acarrear. Si bien pensamos en la población adulta en relación a este problema, existe una población que corre un riesgo mayor: los adolescentes. En Estados Unidos se ha documentado una tendencia creciente en el uso de anabólicos en individuos jóvenes, en cuyo caso los riesgos son mayores. Durante la pubertad y la adolescencia hay un delicado balance de los esteroides endógenos indispensables para la aparición de los caracteres sexuales secundarios y, en general, para el completo desarrollo físico y psicológico del individuo. Al exponer el organismo a un torrente de hormonas exógenas, se ocasiona una total desorganización del proceso de maduración. Los efectos pueden ser desastrosos, pues además de los problemas mencionados, se corre el riesgo de que el organismo ya no se desarrolle completamente.
Por si fuera poco lo anterior, hay todavía otros problemas. Como toda droga ilegal, los esteroides anabólicos pueden sufrir alteraciones en su composición, con el riesgo de que el usuario ni siquiera puede saber qué compuesto o compuestos se está administrando y en qué concentración, e inclusive si está recomendado su uso en humanos. Finalmente, al ser parte del “mercado negro”, los anabólicos se encuentran con sustancias más peligrosas que, no olvidemos, también ejercen efectos sobre los sistemas de neurotransmisores, como el de la dopamina, involucrado en el sistema de recompensa ya mencionado.
En buena medida, el uso –o más bien abuso– de estas sustancias tiene que ver con un problema de educación que nos deja indefensos ante la mercadotecnia en que vivimos, la cual repite insistentemente que es necesario un cuerpo musculoso, atractivo, bien formado para tener éxito en la sociedad. Es evidente que el ejercicio y el deporte son necesarios para nuestro desarrollo físico y psicológico, pero no vayamos a los extremos de jugar por cuenta propia con sustancias peligrosas. El costo puede ser fatal.

 

Para el lector interesado
Se recomienda la página del Instituto Nacional para las Drogas de Abuso de los EE.UU., que está disponible también en español:
http://www.drugabuse.gov/NIDAEspanol.html.
Asimismo, la página que describe el uso de anabólicos por Arnold Swarzenegger:
http://hjem.get2net.dk/JamesBond/www/artikler/steroidemisbrug/arnoldandsteroids.htm
Clark, A.S. y Henderson, L.P. (2003). “Behavioral and physiological responses to anabolic-androgenic steroids”. Neuroscience and Biobehavioral Reviews, 27: 413-436 (Artículo de revisión científica sobre los efectos de los esteroides anabólicos sobre la fisiología y conducta)