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Los abonos naturales

Ramón Zulueta Rodríguez, Dora Trejo Aguilar,
Liliana Lara Capistrán, Héctor López Moctezuma
y César E. Moreira Arana

Aunque a raíz de la llamada Revolución Verde algunos beneficios traídos por la mejora de los rendimientos agrícolas son innegables, también resulta incuestionable la multiplicación de los impactos negativos que en términos ambientales ha acarreado. Entre ellos, la contaminación de ecosistemas debida al uso indiscriminado de plaguicidas y fertilizantes, la deforestación de bosques y selvas, el agotamiento de mantos acuíferos, la pérdida de biodiversidad genética, la erosión del suelo, la salinización y anegamiento de suelos muy irrigados, la extracción excesiva de combustibles fósiles y la liberación de gases que producen el efecto invernadero, entre otros.
Por tal motivo, en el mundo hay en este momento una tendencia creciente para obtener y consumir productos inocuos generados sin emplear insumos sintéticos, como insecticidas, herbicidas o fertilizantes inorgánicos.
En consecuencia, el diseño e instrumentación de sistemas agrecológicos de producción sostenida, en los que la adaptación y adopción de alternativas tecnológicas a menudo facilita el diálogo entre los saberes tradicionales y los modernos, beneficia tanto a los agricultores como a los consumidores. A los primeros, en tanto que en sus propiedades se alarga la vida económica y la rentabilidad del suelo, del agua y del aire después de reducir la contaminación de manera significativa; a los segundos, porque tienen la seguridad de consumir productos naturales, libres de químicos y con un alto valor nutritivo.
Si bien es cierto que al conjunto de actividades agrícolas diversas se les puede identificar en función del grado de alteración que introducen en un sistema de producción y de la inocuidad del producto generado, en este caso haremos alusión a diversos tópicos donde se procura el desarrollo de una agricultura sostenible a través de procesos que excluyen el uso de materiales sintéticos.
Por fortuna, la obtención de alimentos libres de residuos tóxicos, que se denominan en general “orgánicos”, tiene una demanda cada vez mayor en los mercados nacionales e internacionales, en los que los clientes están dispuestos a pagar precios más altos debido a que buscan comestibles saludables. Y es precisamente ahí donde se vislumbra a México como protagonista importante para establecer y sostener cultivos orgánicos en virtud de las oportunidades que se ofrecen a través de los Programas de Apoyo al Desarrollo Rural que viene instrumentando la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (SAGARPA), los cuales tienen la finalidad de asesorar a los pequeños y medianos productores de nuestro país.

¿Cómo se ingresa al mercado de productos orgánicos?

Para ingresar a este tipo de mercado los productores deben lograr el denominado “sello verde” en sus cultivos, lo que significa que la producción se certifica siempre y cuando cumpla con las normas y exigencias de sanidad, atributos e inocuidad establecidas, mismas que aseguran su calidad orgánica y responden a la justa demanda de los consumidores en todo el mundo.
Afortunadamente, los sobreprecios (o“precios premium”) derivados del quehacer agroproductivo han sido bastante atractivos para los productores de alimentos orgánicos en México, y prueba de ello es que durante la última década la superficie de producción pasó de 25 mil a 220 mil hectáreas, de las cuales casi 80% están certificadas y el resto en proceso de serlo.

¿Por qué son importantes los abonos orgánicos?

La importancia de los abonos orgánicos surge de la imperiosa necesidad que se tiene de mejorar las características físicas, químicas y biológicas del suelo, lo que redunda en el aumento de su fertilidad, así como de reducir la aplicación de fertilizantes y plaguicidas sintetizados artificialmente, cuyo uso frecuente o excesivo ocasiona problemas graves de contaminación.

Efectos de los abonos orgánicos

Los constituyentes de un abono orgánico casi siempre son los residuos de animales y vegetales más o menos transformados que a menudo tienen altos contenidos de materia orgánica. Entre ellos pueden mencionarse a los residuos de cultivos dejados en el campo después de una cosecha; a las plantas que se han sembrado para fijar nitrógeno en el suelo, incorporadas después a poca profundidad y sin voltear la tierra (como abono verde), o bien al compuesto obtenido de los restos del huerto y el jardín, de la cocina y el corral (estiércoles), los que pueden ser descompuestos por microorganismos. Esta clase de abonos tiene la asombrosa peculiaridad de proveer al suelo de toda una gama de microorganismos que no sólo aumentan la disponibilidad y absorción de nutrimentos por parte de las plantas, sino que contribuyen también al desarrollo estructural de los suelos y al incremento de su productividad.
Básicamente, los efectos de un abono orgánico sobre el suelo son los siguientes:
En sus propiedades físicas:
• Su color oscuro retiene con mayor facilidad las radiaciones lumínicas, con lo que el suelo aumenta su temperatura y absorbe mejor los nutrimentos.
• Mejora la estructura y la textura del suelo, lo que significa que hace más ligeros los suelos arcillosos y más compactos los arenosos.
• Mantiene la permeabilidad de los suelos y, por lo tanto, favorece la infiltración de agua al drenaje y su aireación.
• Aumenta en el suelo la retención de agua que las plantas requieren para su crecimiento.
• Disminuye considerablemente la erosión de los suelos.
En sus propiedades químicas:
Influye en la disponibilidad de los nutrimentos y en la fertilidad de los suelos al reducir los niveles de acidez o alcalinidad (pH).
En sus propiedades biológicas:
Al promover la aireación y la oxigenación del suelo, se amplifica la actividad radicular y la multiplicación de los microorganismos aerobios; para esto último, la energía de los materiales orgánicos es crucial.
Beneficios de abonar una parcela
Como los terrenos agrícolas se cultivan año tras año, van sufriendo paulatinamente la pérdida de una gran cantidad de nutrimentos que más tarde o más temprano deben ser restituidos para mantener su fertilidad. En estos casos, parece ser que el abonado de los suelos es una opción atinada –sobre todo cuando el contenido de materia orgánica es bajo y el efecto de la erosión evidente– debido a los beneficios directos e indirectos derivados del mejoramiento de sus propiedades físicas, químicas y biológicas. Así, su aplicación puede optimizar la calidad de la producción de los cultivos en cualquier tipo de suelo y restablecer en forma gradual sus cualidades naturales.

Las ventajas de los abonos verdes

El término “abono verde” se refiere a la práctica de sembrar plantas, especialmente leguminosas (como trébol, alfalfa y frijol), gramíneas (como avena, centeno, ray grass y cebada) y crucíferas (como brócoli, rábano y coliflor) en una parcela vacía o cultivada, donde poco antes de su floración se les incorpora en estado verde y sin previa descomposición.
En este caso, la mezcla de especies vegetales es muy recomendable porque, aparte de la función oculta de las raíces en las distintas capas del suelo (horizontes superficiales o profundos), mejoran el contenido de materia orgánica en las tierras malas o empobrecidas, y éstas se vuelven más fáciles de trabajar.
Así, entre las ventajas obtenidas al añadir abonos verdes en un suelo destacan las siguientes:
• Se amplía la disponibilidad de nutrimentos asimilables por las plantas.
• Se eleva el pH del suelo, básicamente por la acción de las leguminosas.
• Se incrementa el reciclaje y la movilización de nutrimentos que las plantas requieren para su crecimiento.
• Se renueva la estructura del suelo y, con ello, se conserva la humedad.
• Se mantiene una cobertura vegetal aceptable, la cual reduce la erosión.
• Se favorece la actividad de los microorganismos del suelo.
• Se generan beneficios complementarios cuando se usan como forraje.

Características de un abono verde

Aunque la elección de leguminosas como abono verde es frecuente debido a la capacidad que tienen sus raíces de fijar nitrógeno atmosférico en el suelo cuando éstas han sido colonizadas por bacterias del género Rhizobium, también son elegibles aquellas plantas cuya afinidad con diferentes hongos micorrizógenos arbusculares (HMA) resulta imprescindible para movilizar agua y nutrimentos esenciales para el buen crecimiento y desarrollo de nuestros cultivos agrícolas.
Por otra parte, las especies utilizadas como abono verde deben ser de ciclo corto, manifestar habilidad para adaptarse a condiciones marginales de fertilidad y humedad y evitar la erosión.
En consecuencia, al ser deseable una mayor cobertura del suelo y el enraizamiento de sus horizontes (superficiales y profundos), se recomienda la asociación de distintas plantas para promover la formación de abundante follaje y generar así biomasa en la par te aérea e interna del suelo, lo que será imprescindible para renovar sus propiedades físicas, químicas y biológicas, las cuales demostrarán sus bondades en los nuevos cul t ivos que ahí se establezcan.

¿Qué es un compuesto?

El compuesto, tierra vegetal o mantillo, es un abono natural que resulta de la descomposición de residuos orgánicos de origen animal y vegetal que los microorganismos realizan bajo condiciones controladas. Es excelente para conseguir rendimientos sostenidos en la agricultura, y su calidad depende de los insumos utilizados en su formación (por ejemplo, el tipo de estiércol y los residuos vegetales); mas si se ha utilizado basura urbana, es probable que contenga elementos contaminantes que puedan ser perjudiciales para los cultivos.

¿Cómo se prepara un compuesto?

Si bien son varios los métodos que se pueden emplear para preparar un abono compuesto, lo ideal es apilar e intercalar restos de vegetales verdes, restos de cocina, paja, estiércol y tierra en capas sucesivas hasta formar un montículo de un metro y medio de alto. Se puede colocar un poco de cenizas o cal para balancear la acidez.
Para lograr que los microorganismos trabajen eficientemente en el proceso de descomposición de estos materiales se requiere suministrar aire, y para ello se sugiere hacer lo siguiente:
1. Remover el montículo del compuesto cada semana.
2. Evitar que éste sea demasiado grande (lo recomendable es 1.5 m de alto y 2 m de ancho).
3. Regarlo en forma abundante para asegurar una buena cantidad de humedad
(60-70% es un rango óptimo).
4. Protegerlo con algún plástico o chapa para evitar que las lluvias perjudiquen
la fermentación del preparado.
5. Ubicarlo de preferencia en la sombra.

Efectos de un compuesto aplicado en el suelo

El abono orgánico está “maduro” o listo para aplicarse al suelo cuando ya no es posible distinguir los residuos incorporados, es decir, cuando están lo suficientemente desintegrados y tienen un aspecto de tierra negra y esponjosa.
Así, los efectos más sobresalientes de un abono son los que a continuación se citan:
• Estimulan la diversidad y actividad de los microorganismos.
• Incrementan la estabilidad de los agregados del suelo y mejoran su estructura.
• Promueven la porosidad total, la penetración y el movimiento del agua a través del suelo y el crecimiento de las raíces.
• Reducen la población de organismos que son dañinos y ocasionan enfermedades en las plantas (fitopatógenos) debido a la cantidad y dinamismo de los microorganismos presentes.
• Contienen gran cantidad de nutrimentos que son esenciales para el crecimiento vigoroso de las plantas.

¿Cómo se aplica un compuesto en el campo?

Por lo general, se aplica al voleo (se arrojan puñados del compuesto) en áreas donde se ha sembrado trigo, cebada y pastos; en forma de camas donde se pondrán hortalizas, y en forma localizada, al lado de las líneas de siembra, en los cultivos de papa, maíz y frutales.
Abonar el suelo con compuesto es una tarea que se debe realizar al menos una vez por año, pero si se trata de volúmenes pequeños, conviene aplicarlos a lo largo de intervalos definidos que no interfieran en el ciclo agrícola. En consecuencia, es aconsejable que la cantidad aplicada no sea menor de más o menos tres palas por metro cuadrado, y es muy conveniente incorporarlo al momento de comenzar la preparación del terreno para los cultivos.
Por lo antes expuesto, la aplicación de abonos orgánicos al suelo es imperiosa debido a que puede ser una alternativa biotecnológica viable para el manejo sostenible de la fertilidad en los sistemas agrícolas modernos de producción intensiva.

 

Para el lector interesado
Capistrán, F., Aranda, E. y Romero, J.C. (2001). Manual de reciclaje, compostaje y lombricompostaje. México: Instituto de Ecología, A.C.
Escalona, M.A., Hernández, L.G. y Zulueta, R. (2001). “¿Son las bacterias microorganismos benéficos para las plantas?” La Ciencia y el Hombre, 14(3), 21-24.
Zulueta R., R., Vázquez T., V. y Hernández Q., A. (1995). Memorias del Primer Curso-Taller sobre Agricultura Orgánica. México:
Universidad Veracruzana.