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      Hipatia: la primera científica de occidente
     
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HIPATIA la primera científica de Occidente

Angélica Salmerón Jiménez1

Hacer de Hipatia de Alejandría el símbolo emblemático de la participación de las mujeres en el ámbito de la ciencia es, en buena medida, recuperar a la heroína legendaria que represente la voz femenina como parte de la narrativa en que se inscribe la aventura toda de la búsqueda del conocimiento y la verdad. Narrar la historia de Hipatia es introducir en el ámbito de la cultura las voces que se han mantenido en silencio y que es necesario escuchar para ir configurando una historia cada vez más completa. Por eso Hipatia, al ser considerada la primera científica y filósofa de Occidente, nos proporciona la oportunidad de recuperar el otro lado de la moneda: esa cara oculta tras las sombras de los rostros más conocidos, y esa voz silenciada tras las voces más cotidianamente escuchadas.
Hay que hacer c aso de la historia: los estudios actuales revelan que la trayectoria del pensamiento occidental está atravesada y revestida de voces y de rostros femeninos; son estas figuras de mujer las que intentan situarse en el decurso epocal de los distintos horizontes que vienen constituyendo lo que denominamos la historia occidental. Y n o cabe duda de que las mujeres -científicas, literatas, artistas, filósofas - han venido constituyéndose en una pieza clave para entender mejor nuestro pasado, y con él nuestro presente, es decir, para comprender mejor nuestro lugar en el universo, este universo que para ser verdaderamente tal tiene por definición que ser diverso.
Hipatia de Alejandría, figura legendaria y simbólica, oculta tras el velo de los grandes nombres de los científicos de su época, y silenciada por el estruendo de las potentes voces masculinas de esos mismos contemporáneos con que le tocó en suerte compartir un periodo histórico, se nos aparece más como un mito que como una realidad. Un mito que en la lejanía de los tiempos nos narra la historia de una mujer que se atrevió a aventurarse en un mundo de hombres, científicos y filósofos, que, embarcados en la tarea de arrancarle sus secretos a la naturaleza, creyeron en su momento que tales aventuras no podía n ser atractivas a las mujeres. Pero Hipatia representa ejemplarmente la falsedad de tales imaginarios y representaciones de la cultura antigua. Por ello, Hipatia ha sido recuperada por feministas, científicas y filósofas para insertarla en el decurso de la propia historia -que también han escrito las mujeres -, para que funcione a modo de símbolo vivo de que la mujer, desde el más remoto pasado, no se ha conformado con ser mera compañera del hombre, por más que al imaginario colectivo todavía le cueste trabajo desarticular a la mujer de la imagen de figura puramente decorativa, totalmente artificial, que es, en la mayoría de los casos, falsa.
Por todo lo dicho, y aunque en honor a la más rigurosa verdad Hipatia no sea en sentido estricto la primera mujer que se atrevió a pensar, ni la primera en buscar un espacio propio en el campo de conocimiento (pues hoy sabemos que la anteceden otras cuyos nombres aún no se han fijado ni consolidado en la historia), lo cierto es que sigue siendo el emblema de la participación de las mujeres en la historia de la ciencia y la filosofía. Como tal la tomamos aquí, en tanto que es centro de referencia y recuperación de una historia que hay que explorar hacia atrás, y que, a partir de Hipatia, tratamos de leer hacia adelante. Se trata, pues, de encontrar un punto de referencia, una palanca que, al modo de Arquímedes, nos permita, si no mover el mundo todo, sí al menos movilizar dentro de la historia de la ciencia a sus figuras femeninas más representativas. Tomamos así a Hipatia como centro y núcleo de referencia para tal narración a partir de su propia historia.
Ahora bien, tendremos que empezar a preguntarnos qué fue lo que hizo esta mujer para ser motivo de tales consideraciones y de nuestra atención. Lo que de Hipatia sabemos con seguridad no es mucho, ni tampoco contundente y definitivo, pero de lo escaso y especulativo que hay en su aún opaca historia podemos recuperar parte de su trayectoria vital e intelectual.
Sabemos de cierto que el ámbito espacio-temporal en que llevó a cabo su actividad fue el de la Alejandría del siglo IV, y que sus intereses intelectuales estaban dirigidos fundamentalmente a la ciencia y a la filosofía. Encontramos, pues, a Hipatia situada en el centro de gravedad intelectual que se había desplazado desde Atenas a Alejandría, metrópoli que en esa época vive lo que se ha dado en considerar un "renacimiento científico". Hipatia pertenece al mundo de la antigüedad clásica desde el cual se empiezan a vislumbrar los senderos que conducirán finalmente a un nuevo periodo epocal: el Medievo. Recuperar y reconocer esta situación histórica es de suma importancia para acercarnos mejor a nuestro personaje, ya que sólo a través de esta suerte podremos comprender su vida, su actividad intelectual y también su muerte.
En efecto, si partimos de la consideración de que nuestra filósofa y científica se mueve entre el final del mundo antiguo y el naciente mundo medieval, tendremos en cuenta que el espectro general por el que transita es el mismo que, por un lado, la hace coincidir con un panorama que poco después será motivo de enormes disputas, esto es, el que remite concretamente al de las relaciones entre razón y fe, querella que ha de constituirse en uno de los problemas fundamentales con el que se enfrente el pensamiento medieval y que, en parte, continuará en el mundo moderno.
Ciencia, filosofía y religión; misticismo y alquimia; razón y fe; diversos y distintos espacios de conocimiento, verdades opuestas o conciliadas, métodos y estrategias de acercamiento a la naturaleza. Todo ello configura en buena parte las tendencias que pugnan por consolidarse y que en buena medida anuncian ya la decadencia del mundo antiguo. Y es justamente en este panorama histórico -un espacio de transición de épocas - donde reconocemos con Hipatia el horizonte desde el cual habrá de dar cuenta y razón de su ser y de su hacer, y que, para decirlo concretamente, no es otro que el ámbito de la ciencia y la filosofía helenística en su encuentro con el cristianismo.
Alejandría fue, como ha señalado Carl Sagan, "una ciudad cosmopolita en cuyo seno se albergaban ya las semillas del mundo moderno; pero fue también en los tiempos de Hipatia -entonces bajo el dominio romano una ciudad bajo graves tensiones". Y es que, entre otras cosas, el Imperio Romano se convertía paulatina mente al cristianismo, y los cristianos empezaban a sospechar de todo aquello que no se apegaba a la religión naciente. En este ambiente de confusión y fanatismo, la ciencia se constituyó en el blanco perfecto de sus asechanzas, pues el tufo pagano que despedía olía a herejía y maldad. Y aquí encontramos a Hipatia, defendiendo contra quienes mal entendían la labor científica y el ámbito de conocimientos que custodiaba -y que en buena medida representaba - el derecho a pensar y a explorar la naturaleza bajo los principios de una sana razón de la que no había motivos para sospechar, ni mucho menos para condenar de tal modo. Por des gracia, el esquema mental de algunos cristianos exigía una su misión total y absoluta, y en cuanto que Hipatia se negó a tales atropellos, todo aquello que ella representaba y defendía la fue conduciendo a un trágico final.
Hipatia, lo sabemos, fue muerta por una turba de fanáticos cristianos, y en esta forma de morir se ha visto en el entresijo de la historia la construcción de ese símbolo que reconoce en Hipatia a la figura señera que representa la primera científica y filósofa de Occidente.
Y es justo en este punto donde tendremos que preguntarnos por el núcleo esencial de todo ello: ¿qué hizo Hipatia por la ciencia además de morir por ella? La cuestión fundamental implica reconstruir su pensamiento, recuperar sus aportes, determinar en cuanto es posible su concepción teórica y, sobre todo, tratar de escuchar su voz, esa voz que viene desde lejos y que intenta hablarnos hoy de lo que era, en el remoto pasado, la ciencia, la ciencia antigua, esa que hoy es ya parte de nuestra historia intelectual y cultural. Para ese propósito habremos de narrar la historia de Hipatia desde el principio.
Su vida parece comenzar, según algunas variantes, en el año 370, y se desarrollará, como ya antes señalábamos, en el ambiente intelectual y político de la Alejandría del siglo IV. Al momento de su trágica muerte, ocurrida en el año 415, tendría aproximadamente 45 años de edad. Otras fuentes ubican su nacimiento en una fecha anterior, por lo que llegan a la conclusión de que cuando Hipatia muere es ya una mujer vieja, de aproximadamente unos sesenta y tantos años. Nos atenemos aquí a la primera versión, sin embargo, en tanto que la consideramos más documentada.
La historia nos presenta a Hipatia como una mujer inteligente e inquieta que se lanzó a vivir en un universo que por naturaleza le estaba vedado, o sea, un mundo de hombres y para hombres, tradición que su padre tuvo el buen gusto de romper desde un principio, pues educó a su hija de modo tal que la introdujo des de pequeña en el mundo intelectual al que él mismo pertenecía. Teón, matemático y astrónomo que trabajaba en el Museo2, buscó instruir a su hija tanto en el aspecto físico como en el intelectual: cuerpo y mente sanos eran el principio de la perfección, y no quería otra cosa Teón para su hija. Así, Hipatia hizo todo tipo de ejercicios físicos y se educó en disciplinas como la astronomía, la matemática y la filosofía, pero también en el arte de la oratoria y en el conocimiento de las diferentes religiones. Se ha señalado también que fue educada en Atenas por Plutarco el Joven y su hija Asclepigenia en matemáticas y astronomía, y asimismo en el Museo, la Biblioteca y la escuela neoplatónica de Alejandría, donde luego enseñaría. Así que, además de científica y filósofa, Hipatia fue maestra; suplió a su padre en el Museo, enseñó matemáticas y filosofía en distintos centros, y parece que fue nombrada de manera oficial para enseñar las doctrinas de Platón y Aristóteles.
Con toda esa carga intelectual a cuestas, Hipatia, como era de esperar, se dedicó a enseñar y escribir sobre distintos temas y fue una maestra y una intelectual reconocida en su ambiente. Estudiosos de otras ciudades llegaban a escuchar sus lecciones, y se dice que su casa terminó por convertirse en un centro intelectual donde se discutía en torno a cuestiones científicas y filosóficas. Según se sabe, sus escritos, siguiendo esta tónica, eran comentarios y explicaciones a los textos científicos de reconocidos autores, como Diofanto, Apolonio de Perga, Tolomeo, Euclides y otros, en temas como las matemáticas, la geometría o la astronomía. También escribió libros de texto para sus estudiantes, que tal vez consistían en alguna especie de lecciones de filosofía y ciencia. De hecho, poco sabemos sobre sus obras escritas ya que no se conservó ninguna de ellas.
Por ello, para poder reconstruir su pensamiento y su obra, es preciso sondear profunda y atentamente en lo que otros pueden decirnos, pues, dado que sus obras se han perdido y que por lo mismo nos es prácticamente imposible escuchar la voz de la propia autora, tendremos que asumir que nos movemos en un ámbito en el que sólo tenemos indicios, pequeñas pistas que no siempre nos dejan ver con claridad las huellas dejadas por Hipatia; pese a todo, es a través de esos minúsculos fragmentos -las voces de quienes nos hablan de ella, los hechos y acontecimientos de los que ha quedado noticia, las previas reconstrucciones históricas que otros historiadores han realizado - que podemos acercarnos y conocer someramente el trabajo científico que realizó y el meollo de sus preocupaciones filosóficas, que, valga decirlo desde ahora, no son terrenos estrictamente separados; en efecto, no podemos olvidar que la ciencia y la filosofía en el mundo antiguo son dos ámbitos de conocimiento que están animados por el mismo espíritu teorético.
Trataremos, siguiendo algunas de estas pistas, de dar una idea del trabajo científico de Hipatia. Nuestro punto de partida serán por el momento algunas de las obras y autores que comentó.
Su padre Teón, célebre matemático, fue un comentarista de Tolomeo y de Euclides, y estos son, como sabemos, dos de los grandes representantes que en el campo de las matemáticas y la astronomía sobre todo contribuyeron a conformar el espectro toral de lo que conocemos como ciencia antigua. Así, es posible decir que, e n gen eral, fueron también estos dos personajes quienes seguramente tuvieron la mayor influencia en la edificación de la mentalidad científica de Hipatia. Sabemos que Teón revisó y mejoró los Elementos de geometría de Euclides, cuya edición de esa obra es la que se sigue empleando hasta nuestros días; es probable que Hipatia haya colaborado con él en dicha revisión, y que más tarde los dos escribieran juntos por lo menos un tratado sobre Euclides. Hipatia también es autora de por lo menos uno de los libros de Teón sobre Tolomeo. Este último había sistematizado todos los conocimientos contemporáneos sobre matemática y astronomía en un texto compuesto por trece libros al que llamó modestamente Tratado matemático. Los eruditos árabes medievales le dieron el nombre de Almagesto ("Gran libro"). El sistema de Tolomeo siguió siendo el trabajo astronómico más importante hasta la aparición del de Copérnico en el siglo XVI. Es posible que el Canon astronómico (las tablas que elaboró para los movimientos de los cuerpos celestes) haya formado parte del comentario de Teón sobre Tolomeo, pero también puede haber constituido una obra aparte.
Ahora bien, ¿qué nos dice esto a nosotros sobre el pensamiento matemático y astronómico de Hipatia? Tal vez no mucho, a menos que sepamos algo sobre estas obras y sus autores; de ser este el caso, quizá pensemos que efectivamente Hipatia debió de ser una mujer muy inteligente ya que pudo embarcarse en semejantes cuestiones. Así que si queremos entender la labor científica de Hipatia, algo hemos de decir de los textos que estudió y comentó. Por supuesto, todo ello tendrá que ser motivo de un trabajo más amplio y más documentado, producto de una investigación más profunda y madura. Valgan por lo pronto unos señalamientos generales.
Digamos de entrada que Euclides fue el gran sistematizador de la matemática en el mundo antiguo, y que su obra los Elementos es el texto en que se presenta esta síntesis, que aprovecha todo lo que el pensamiento heleno había construido en tal materia durante los tres siglos anteriores, gracias a lo cual -según se ha afirmado - la matemática griega pasó a la historia. En cuanto al contenido del texto, digamos brevemente que está estructurado en los trece libros citados antes y que Euclides trata en él los temas concernientes a la geometría del plano, la teoría de las proposiciones, la teoría de los números, la geometría del espacio y la irracionalidad algebraica. El procedimiento que utiliza es el del discurso axiomático, que consiste en el establecimiento de un enunciado inicial del cual se siguen otros por necesidad. El sistema axiomático es, pues, un sistema deductivo que se con figura por un grupo de enunciados llama dos "axiomas", los cuales, una vez debidamente formalizados y definidos, permiten deducir otro conjunto de enunciados llamados "teoremas". De este modo, podemos comprender que la axiomatización llevada a efecto por Euclides consistió precisamente en la organización estructural y sistemática en el campo del saber matemático y geométrico, por lo que en su obra se reconoce el más antiguo sistema deductivo. Pero hay que decir también que este procedimiento euclidiano sigue de cerca las formulaciones estructurales de la ciencia y la estructura de la deducción, tal y como las entendía Aristóteles. Se han reconocido además en la elaboración euclidiana la utilización del método de la reducción al absurdo, heredero de una larga tradición filosófica: la escuela eleática, la dialéctica socrática, y más tarde Platón y Aristóteles, y la apelación a lo que después habrá de llamarse el método de exhaución, por cuyo camino, dicen los entendidos, se hace posible hallar siempre una magnitud que sea más pequeña porque no existe una magnitud mínima, y cuyo antecedente puede encontrarse en Anaxágoras.
Digamos ahora algo sobre la obra de Tolomeo, que, de forma análoga a la de Euclides, representa también otra síntesis. En efecto, se trata ahora de una summa en el campo de la astronomía: el Almagesto, nombre dado por los árabes al tratado que Tolomeo denominó Composición matemática, por considerarlo como el mayor o más grande tratado de astronomía. Y ciertamente que lo fue ya que, como es bien sabido, su tesis fundamental (la teoría geocéntrica) lo convirtió en autoridad primera y última en materia astronómica durante catorce siglos, pues su influencia perduró hasta la revolución copernicana. Así que el mundo antiguo y el medieval se rigieron por este saber tolemaico, cuya derrota científica sólo vino aparejada al surgimiento del mundo moderno. Grandes y espectaculares cosas debió haber establecido este científico para haberse mantenido vigente durante tantos y tantos siglos. Trataremos de concentrar su pensamiento en una breve reseña y ciñéndonos a la estructura y temática del Almagesto. La investigación de Tolomeo está enmarcada también por la concepción que tenía Aristóteles de las ciencias, las que había dividido en teóricas, prácticas y creadoras, y subdividido a su vez las teóricas en física, matemática y teología o meta física. Nuestro científico supone la clara superioridad de las ciencias teóricas, y de entre ellas concede un lugar privilegiado a la matemática, sobre todo a esa parte que tiene por objeto las cosas divinas y celestiales. Y no podía haber elegido de otro modo si lo que buscaba era un a estabilidad ontológica que le permitiera la aprehensión clara y ordenada de un conocimiento científico del universo. Amparado en este marco de referencia, Tolomeo se dio a la tarea de investigar los cielos y la tierra y estableció así las tesis fundamentales que darían origen a su sistema geocéntrico. Las tesis son las siguientes: 1) El cielo es esferoide y se mueve al modo de una esfera; 2) La Tierra es también una esfera; 3) La Tierra se encuentra en el centro del mundo; 4) En cuanto a distancia y tamaño, la Tierra es como un punto en comparación con la esfera de las estrellas fijas, y 5) La Tierra es inmóvil. Todas y cada una de estas tesis es avalada por una serie de argumentos de los que no vamos a dar cuenta detallada aquí, pero podemos decir someramente que sobresale entre ellos el hecho mismo que nos brinda la observación y la experiencia, además, claro está, de los específicos procedimientos deductivos y sus formulaciones matemáticas. Tolomeo lleva así la astronomía planetaria a un nivel de potencia matemática, pues, como lo han puesto de manifiesto los especialistas, sus modelos tienen como objetivo descubrir la combinación d e movimientos circulares uniformes para explicar las posiciones observadas en los planetas, por un lado, y por otro el de establecer pronósticos cuantitativos precisos de las futuras posiciones planetarias.
Este sucinto panorama de las dos grandes construcciones del saber matemático y astronómico nos pueden ofrecer una idea general de la actividad intelectual en que Hipatia concentraba sus fuerzas. Hay que imaginarla leyendo voluminosos textos para comenzar a comprender la magnitud de su trabajo; hay que representárnosla discutiendo con su padre la geometría del espacio o la teoría de los números de Euclides, o bien tratando explicar y comentar las formulaciones argumentativas de la astronomía tolemaica, para hacernos una idea más o menos clara de la faena científica que nuestra Hipatia emprendía día con día, a fin de ir delineando el perfil de su pensamiento. Ciertamente que para des cubrir a la científica Hipatia no basta con lo dicho, pero cuando menos nos sirve por el momento para perfilar su formación en el campo del saber astronómico y matemático.
¿Qué nos dice el que Hipatia hubiese conocido, explicado y comentado los textos de Euclides y Tolomeo? Mentalidad racional y científica podemos derivar de todo eso. En efecto, es posible pensar que el procedimiento del discurso axiomático establecido por Euclides en sus Elementos, así como la situación privilegiada que había otorgado Tolomeo, en su Almagesto, a las matemáticas dentro de las ciencias teóricas, avalan en más de un sentido la afirmación de que Hipatia fue una defensora y propagadora del racionalismo científico del que estaba imbuida toda la ciencia griega. Pero además podemos decir que el espíritu de síntesis que caracteriza a ambos científicos y que se consolida en estas obras, consideradas verdaderas summas del pensamiento matemático, nos puede conducir a la conclusión de que tal vez los libros de texto escritos por Hipatia fueran una especie de pequeños tratados sintéticos de las diversas ciencias que enseñaba; es decir, textos bien documentados en fuentes y autores que permitieran a los alumnos tener un acercamiento cabal a las teorías y propuestas científicas, y en los que quizá la autora estableciera sus propias conclusiones al respecto. No lo sabemos de cierto, y quizá nunca podamos saberlo con certeza. Pero una lectura atenta de los diversos textos que revisó, analizó y comentó pudiera quizá más adelante ayudar a afirmar con mayor contundencia que bien pudo ser así.
Por lo pronto, nos conformamos con señalar esta vía de acercamiento al pensamiento de Hipatia; vía que consideramos "regia" en tanto que nos conduce a través de los mismos caminos recorridos por ella, esto es, los caminos mismos de la ciencia; así, vía regia será la que nos lleve a conocer lo que ella conoció, a leer lo que ella leyó, a acercarnos más a la ciencia -y concretamente a la ciencia de su tiempo - para tratar de reconstruir con mayor precisión su pensamiento y su obra. Así, este pequeño ejercicio que realizamos a través de Euclides y Tolomeo habrá que hacerlo también con las otras obras con las que tuvo contacto, obras como la Aritmética de Diofanto y las Secciones cónicas de Alejandro de Perga que, como han señalado los estudiosos, también fueron objeto de análisis y comentarios por parte de Hipatia.
Por otro lado, hay que considerar también que, dado que la ciencia griega y helenística -según lo han hecho notar algunos autores - se mantuvo al margen de los prejuicios religiosos y de los dogmas filosóficos, pero que al mismo tiempo quiso asumir su propia identidad autónoma con respecto a la técnica, se h a deducido que la mentalidad tecnológica se halla en los antípodas de la ciencia antigua, pues a pesar de que cambió el objeto de la indagación si se le compara con el de la filosofía, conservó sin embargo el espíritu de la antigua filosofía, es decir, que estaba animada por esa fuerza teórico-contemplativa que impulsa a considerar las cosas visibles como trasunto para acceder a las invisibles, fuerza que la mentalidad pragmático-tecnológica de nuestra época parece haber suprimido. Tal señalamiento nos orienta a otras ver tientes del pensamiento de Hipatia, que son la filosofía como tal y la tecnología práctica.
Digamos algo sobre esa tecnología. Se tienen noticias de que Hipatia diseñó varios instrumentos científicos, entre los cuales sobresalen algunos aparatos empleados para la destilación del agua y para medir su nivel, y un hidrómetro graduado de latón que determinaba la densidad de los líquidos. Este tipo de instrumentos nos hace pensar en Arquímedes, y dado que también se ha seña lado que a nuestra científica le interesó la mecánica, seguramente estuvo familiarizada con su obra. Ahora bien, un acercamiento al trabajo de Arquímedes -que ha sido considerado por algunos especialistas como un espíritu verdaderamente moderno en el arte de combinar las matemáticas con la investigación experimental - nos puede ayudar a dar una idea del ejercicio práctico que llevó a efecto Hipatia en el campo de la investigación. Una mujer cuyos alcances teóricos no se confina a la sola reflexión, sino que a través de ella busca su aplicación, la que combina lo teórico y lo experimental, nos pone sobre la pista de una científica con cierto aire de modernidad. Nos explicamos: si Hipatia y Arquímedes son hijos de su tiempo - en el sentido de lo que señalamos anteriormente - y que seguían inspira dos por el patrón del antiguo modelo de la ciencia (es decir, de su aspecto teórico puro), también es cierto que se interesaron por el ejercicio y la aplicación de los conocimientos en el ámbito de su utilización práctica. Quizá esta incipiente tecnología era sólo una especie de entretenimiento en el cual no se implicaba la importancia que tales cosas tendrían con el correr de los siglos para un espíritu estrictamente moderno, pero que no por ello dejaban de ser una manifestación de modernidad. Así, el propio Arquímedes aceptaba que su interés y preocupación fundamental se hallaba en la geometría pura, al tiempo que consideraba que mecanismos como la polea compuesta y el tornillo hidráulico eran simples divertimentos de geómetra; pero lo cierto es que estos y otros aparatos, como las máquinas de guerra que sirvieron en su momento para atajar a los soldados romanos, o bien la famosa palanca o el espejo para quemar, nos hace pensar en un espíritu tan moderno como el del mismo Leonardo da Vinci. Sea lo que fuere, el caso es que Hipatia también se inscribe en este ámbito práctico de la ciencia. Parece que también diseñó un astrolabio plano que servía para medir la posición de los planetas, las estrellas y el sol, así como para calcular el tiempo y el signo ascendente del zodíaco.
La historia también nos ha legado la figura de la Hipatia filósofa. Su símbolo nos remite a ver en ella a la primera científica y filósofa de Occidente, y en la medida en que, como hemos visto anteriormente, ciencia y filosofía son en el pensamiento antiguo dos saberes que mantienen ciertas relaciones y cuyas tradiciones y parecidos de familia no son del todo independientes unos de otros, es necesario que nos acerquemos a la Hipatia filósofa y recuperemos cuando menos el trasfondo general en el que se mueve su concepción de la ciencia. Este telón de fondo, que también forma parte de su instrucción y educación intelectual, hay que buscarlo en la escuela neo platónica de Alejandría.
La escuela neoplatónica de Alejandría era un centro de investigación de las ciencias especiales, así como de estudio de las obras de Platón y Aristóteles. Hipatia, maestra de esta escuela, daba clases de matemática s y astronomía y enseñaba las doctrinas de Platón y Aristóteles, y ya sabemos que en ambos filósofos se hallan los planteamientos y derroteros que ha de explorar la ciencia antigua ya que en sus doctrinas quedan formuladas las dos teorías sobre la relación entre las matemáticas y la naturaleza, las que han de convertirse -como alguien ha seña lado - en "los polos entre los cuales los científicos naturales han oscilado desde la antigüedad hasta el presente". En este trasfondo filosófico se mueve la ciencia antigua en general. Podemos entonces preguntarnos qué posturas asumiría Hipatia en relación con estos dos filósofos.
Por lo pronto, sabemos que en la escuela neoplatónica se prestaba especial atención a las obras lógicas de Aristóteles, por lo que podemos suponer que Hipatia conoció y enseñó la lógica aristotélica, proposición que también es avalada por el hecho de que nuestra filósofa esté tan cerca de las teorías de Arquímedes y Tolomeo, cuyos planteamientos se derivan en buena medida de un marco aristotélico tanto lógico como metafísico. La escuela neoplatónica, no obstante, parecía alejarse de las preocupaciones metafísicas y religiosas, y en particular de neo platónicos del corte de Jámblico y Proclo, cuyas teorías tendían a multiplicar los seres intermedios; tampoco la escuela parecía interesada en las doctrinas del éxtasis y el misticismo a que lleva de suyo cierto tipo de neoplatonismo. O sea que esta escuela de Alejandría parecía tender a las explicaciones más naturales y a una cierta moderación en la especulación; era así una institución filosóficamente neutra cuyos centros eran la lógica y la ciencia, un ámbito -según han dicho otros - en donde paganismo y cristianismo podían encontrar un sitio común, y cabe aquí señalar en favor de esto último que Hipatia tuvo como discípulo a Sinesio de Cirene, que llegó a ser obispo, pero cabe también, en contraparte, apuntar que los partidarios del patriarca Cirilo y del prefecto Orestes asesinaron a Hipatia. Pero dejemos esta parte de la historia de Hipatia para más adelante y volvamos a la escuela neoplatónica de Alejandría, cuyo carácter, decíamos, era más científico que metafísico, más lógico que religioso-místico, y también más interesado en las ciencias naturales, lo que nos acerca al perfil del Aristóteles que la escuela recupera y que enseña Hipatia. Y eso nos pone también en camino para pensar que, dado el interés de la escuela por la matemática, Hipatia perfila al Platón que en aquélla se enseñaba y que con toda seguridad le era más afín, es decir, el matemático y no el metafísico-místico, no el de la contemplación de las ideas, sino seguramente el de la derivación matemática del universo. Sí, tal vez Hipatia enseñara y comentara al Platón del Timeo.
Muchas cosas quedan por decir en esta reconstrucción del retrato intelectual de Hipatia que aquí nos propusimos como tarea. Estamos conscientes de que dejamos en el tintero un sinfín de cuestiones, pero al final de cuentas tal es el destino de toda investigación, y en general de toda búsqueda del saber: luces y sombras se abalanzan sobre los aventureros, se abren nuevos rumbos, se cierran otros, y en el viaje pocas veces vislumbramos claramente la meta; a veces ni siquiera sabemos con certeza que ese destino efectivamente exista, pero avanzamos unos cuantos pasos más y algo logramos entrever. Así ahora, con los cortos y pocos pasos dados, nos parece haber visto una Hipatia más sólida y real: una mujer de carne y hueso que se paseó por las calles de Alejandría, que asistió a la escuela, que aprendió en ella y en ella también enseñó, que iba y venía por la espléndida Biblioteca, y que seguramente en ella leyó a los clásicos de la ciencia y la filosofía: el Almagesto de Tolomeo, los Elementos de Euclides, las Secciones cónicas de Apolonio de Pérgamo, la Aritmética de Diofanto, la Lógica de Aristóteles, el Timeo de Platón y segura mente a muchos más. Una mujer que deambulaba también por el Museo y sus institutos utilizando instrumentos e indagando sobre cuestiones astronómicas y matemáticas (algunos dicen que también médicas), hablando y comentando sus trabajos con otros matemáticos, astrónomos, geógrafos y científicos de todo tipo. Y podemos también imaginar a Hipatia dirigiéndose a impartir sus clases e inundando los salones con su presencia, con su sabiduría, con sus materiales e instrumentos de estudio; dirigiéndose a sus alumnos, explicando su ciencia y resolviendo las dudas, preguntas y problemas. Finalmente, podemos pensar ahora en la Hipatia de las largas noches de vigilia, escribiendo, dando forma a sus pensamientos, pues aunque no conocemos ninguna obra suya, sabemos por Suidas que escribió tres obras matemáticas y astronómicas y que compuso algunas obras filosóficas. Este retrato de Hipatia es la representación más viva que podemos hacernos de ella a través del camino recorrido: Hipatia leyendo, escribiendo, dando clases, comentando, discutiendo, diseñando artefactos y pensando seguramente en la inmensa suerte que había tenido de hallarse en semejante situación y en lo que debía a su padre por haberla introducido en un mundo tan espléndido.
Nosotros también agradecemos a Teón el habernos dado a Hipatia. La ciencia y la filosofía están orgullosas de cobijarla en su seno, y por ello la historia se muestra dispuesta a seguir desentrañando el relato de su vida.
Terminemos pues el relato de la vida de Hipatia refiriéndonos a su muerte. ¿Fue Hipatia una víctima del fanatismo cristiano? La historia nos relata que nuestra científica murió a manos de una turba de fanáticos cuando se negó a convertirse al cristianismo. Su asesinato, muestra de un cruel ensañamiento, nos es descrito por algún autor de la siguiente manera: "Todos los hombres la reverenciaban y admiraban por la singular modestia de su mente, por lo cual había gran rencor y envidia en su contra. Y porque conversaba a menudo con Orestes, y se contaba entre sus familiares, la gente la acusó de ser la causa de que Orestes y el obispo no se habían hecho amigos. Para decirlo en pocas palabras, algunos atolondrados, impetuosos y violentos cuyo capitán y guía era Pedro, un lector de esa iglesia, vieron a esa mujer cuando regresaba a su casa desde algún lado; la arrancaron de su carruaje; la arrastraron a la iglesia llamada Cesárea; la dejaron totalmente desnuda; le tasajearon la piel y las carnes con caracoles afilados, hasta que el aliento dejó su cuerpo. Descuartizan su cuerpo, llevan los pedazos a un lugar llamado Cinaron y los queman hasta convertirlos en cenizas".
Trágica y desastrosa forma de morir de quien tan bien parece haber vivido, pero que en todo caso completa el retrato que hemos delineado de Hipatia como defensora de la racionalidad cien tífica griega: la pagana Hipatia, que no renuncia a su ciencia ni a su razón. Y es su trágica muerte la que ha construido alrededor de Hipatia una especie de velo que la cubre de gloria y a la vez la reserva como la figura femenina que, congruente en vida y obra, funge como el símbolo filosófico y científico por antonomasia; en efecto, asesinaron a la mujer, a la científica y filósofa Hipatia, pero, según se ha dicho, no lograron con ello matar ni la ciencia ni la filosofía. Y es precisa mente ésta la metáfora que recuperamos de la historia: la ciencia y la filosofía son figuras femeninas que, como Hipatia y su narración, son inmortales y eternas. Hipatia vive en nuestra memoria histórica, la ciencia y la filosofía han continuado su curso, y es en este tiempo y en este espacio donde mantienen sus fueros y siguen escribiendo su historia.
El pasado y el presente se unen e insisten en buscar la reescritura de esta mujer que proyecta su imagen   en el futuro. Rescribamos con Hipatia la historia toda de la ciencia y la filosofía, acerquémonos a ella a través de las mismas disciplinas que ella cultivó, y busquemos en el remoto pasado y en la silueta de nuestra legendaria heroína -un poco leyendo entre líneas y en los a veces torcidos renglones de la historia - a la primera filósofa y científica de Occidente. Acerquémonos a la cada vez más real Hipatia de Alejandría y recuperemos su pensamiento y su obra como parte del legado intelectual que también por derecho nos corresponde.

Para el lector interesado:

Dampier, W.C (1997). Historia de la ciencia y sus relaciones con la filosofía y la religión. Madrid: Tecnos.
Lindberg, D.C. (2002). Los inicios de la ciencia occidental. Barcelona: Paidós.
Martino, G. y Bruzzese, M. (1996). Las filósofas. Madrid: Cátedra.
Reale, G. y Antiseri, D. (1995). Historia del pensamiento filosófico y científico. Barcelona: Herder.
Sagan, C. (1980). Cosmos. New York: Random House.

 

1 Facultad de Filosofía, Francisco Moreno y Ezequiel Alatriste, col. Ferrer Guardia, 91030 Xalapa, Ver., tels. (228) 815-24-12, 815-24-90 y 815-68-29.
2 El Museo era el centro intelectual de Alejandría. Fue una institución consagrada a las musas y estaba dividido en cuatro secciones: literatura, matemáticas, astronomía y medicina, que funcionaban como institutos de investigación y como escuelas, y junto a los cuales se hallaba su famosa Biblioteca. Así, este enorme centro ofrecía los aparatos necesarios para la investigación biológica, médica, astronómica y matemática, y la Biblioteca brindaba la producción literaria de los griegos y llegó a contar con 700 mil libros.