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Criaturas dentro de otras: la generación espontánea

Viridiana Platas Benítez1

Es común en nuestros días identificar a la ciencia con ese aire positivista que la caracterizó por cerca de dos siglos: vemos en seguida al clásico científico con bata blanca, cara impasible y laborando entre matraces y tubos de ensayo. Sin embargo, si atendemos un poco a la historia de la ciencia, podemos encontrar que el conocimiento científico no siempre se desarrolló así. Desde los orígenes de la civilización occidental en Grecia hasta entrada la Ilustración, la filosofía y la ciencia constituían una esfera del saber total y universal. Para ilustrar un poco esta idea del científico-filósofo, basta con observar el ejemplo de Anne Finch, vizcondesa de Conway, en quien encontramos esa actitud.
La mencionada filósofa británica, nacida el 14 de diciembre de 1631 y fallecida el 23 de febrero de 1679, dedicó su relativamente corta vida a la empresa nada pequeña de refutar los sistemas filosóficos imperantes de su época: el cartesianismo, el spinozismo y el hobbesianismo. Conway estaba convencida de que las explicaciones acerca de Dios, el alma, la materia y la sensación ofrecidas por estos filósofos eran insuficientes y erróneas. Por ello escribe su tratado Los principios de la   más antigua y moderna filosofía2, en el cual desarrolla su monismo vitalista, un sistema original que le permite no sólo resolver el problema de la interacción entre el alma y el cuerpo, sino también desarrollar una teoría acerca de procesos naturales como la percepción sensible, la naturaleza de los animales y la generación espontánea, evitando la visión mecanicista de época. Para lo anterior, la vizcondesa lleva a cabo una metodología neutral con respecto a las tradiciones dominantes (es decir, el innatismo y el empirismo): utiliza tanto la deducción de las ideas bajo un procedimiento lógico, como la confirmación mediante la contrastación empírica.
Entre los más importantes argumentos contenidos en sus Principios hallamos una curiosa tesis acerca de "las criaturas dentro de otras". Este argumento (que a su vez constituye uno de los seis argumentos que demuestran cómo el alma se convierte en cuerpo y viceversa) está basado en la idea de que dentro de un ser vivo existen otros más pequeños, lo cual le sirve para probar, en primer lugar, la naturaleza viva de la materia (idea contraria al cartesianismo ); en segundo lugar, los atributos de dicha materia, como la figura, la impenetrabilidad, la composición, la división y el movimiento; por último, su afirmación de que el alma y el cuerpo son una misma sustancia.
Para lograr la verificación empírica de estas tesis, propone la idea de la generación espontánea, la cual explica a partir de las categorías del monismo vitalista. Sin más preámbulos, dejemos que la propia Anne Conway nos muestre su visión de esta teoría sobre la reproducción animal.

Capítulo VIII, § 4

"Tomo el quinto argumento a partir de lo que observamos en todos los cuerpos visibles, tales como tierra, agua, piedras, madera, etc. ¡Qué abundancia de espíritus se encuentran en todas estas cosas! La tierra y el agua continuamente producen animales, como lo hicieron en el principio. Por ello, un charco lleno de agua produce peces, aunque no haya pez alguno ahí para reproducirse. Ya que, originalmente, todas las cosas vienen de la tierra y el agua, necesariamente se sigue que los espíritus de todos los animales estén en el agua. Por esta razón, el Génesis dice que el espíritu de Dios se cernió sobre la faz de las aguas, y así es como, de las aguas que Él creara, cualquier cosa fue creada después.
Alguien puede decir que este argumento no prueba que todos los espíritus sean cuerpos, sino que sólo prueba que todos los cuerpos tienen en sí mismos los espíritus de todos los animales; por lo tanto, cada cuerpo tiene un espíritu dentro de él, y aunque el espíritu y el cuerpo estén unidos, siempre permanecerán diferentes el uno   del otro en sus naturalezas y, por ende, no podrán transformarse el uno en el otro.
Como sea, replico que si cada cuerpo, aun el más pequeño, tiene en sí mismo los espíritus de todos los animales y de otras cosas, justo como se dice que la materia tiene todas las formas dentro de ella, ¿tiene un cuerpo todos esos espíritus dentro de él en acto o sólo potencialmente? Si es en acto, ¿cómo es posible que tantos espíritus esencialmente diferentes al cuerpo puedan existir en acto en esas esencias diferentes en un cuerpo pequeño (incluso en el más pequeño concebible) sino por íntima presencia, la cual no puede ser comunicada a ninguna criatura, como se probó anteriormente? Además, si todos los tipos de espíritu existen en cualquier cuerpo, aun en el más pequeño, ¿cómo sucede que tal animal sea producido y no otro? Ciertamente, ¿cómo ocurre que todos los tipos de animales no son inmediatamente producidos de uno y el mismo cuerpo? Esto es contrario a la experiencia, porque vemos que todas las operaciones de la naturaleza tienen un orden, de acuerdo al cual un animal es formado a partir de otro y una especie a partir de otra, aun ascendiendo a una perfección más alta o descendiendo a un nivel inferior. Pero si alguien dice que todos los espíritus están contenidos en cada cuerpo en sus diferentes esencias, no en acto sino potencialmente, entonces debe conceder que el cuerpo y todos esos espíritus son lo mismo; esto es, que el cuerpo puede transformarse en ellos, como cuando decimos que la madera es potencialmente fuego (que se puede transformar en eso) y que el agua es potencialmente aire (que se puede transformar en eso), etcétera.
Inclusive si espíritus y cuerpos están tan inseparablemente unidos los unos con los otros que ningún cuerpo puede existir sin espíritu, y ciertamente, sin ningunos espíritus, seguramente que este es un argumento de peso "para demostrar" que son una "misma" naturaleza original y sustancia. Por otra parte, podríamos no comprender por qué finalmente no se separan el uno del otro en varias y asombrosas disoluciones y separaciones, como cuando vemos a la materia sutil separarse de la materia gruesa.
Finalmente, ¿cómo sucede que cuando un cuerpo se descompone otras especies son generadas de esta putrefacción? Además, los animales nacen de agua o tierra putrefacta. Aun las piedras, cuando se pudren, se convierten en animales. También el lodo u otra materia putrefacta genera animales, todos los cuales tienen espíritus. ¿Cómo la corrupción o disolución del cuerpo lleva a la nueva generación de animales? Si alguien dijera que los espíritus de esos animales son, "como alguna vez" fueron, aliviados de sus cadenas y liberados por esta disolución, y entonces, en razón de sus naturalezas plásticas, forman nuevos cuerpos y figuras de sí mismos a partir de la antes mencionada materia, replico: ¿cómo el primer cuerpo mantuvo a tal grado cautivos a esos espíritus? ¿Fue porque era muy duro y denso? De esto se sigue que todos esos espíritus no son nada sino cuerpos sutiles porque la dureza y densidad del cuerpo los aprisionaría para que no pudieran escapar. Porque si el espíritu pudiera fácilmente penetrar al cuerpo más duro como al más suave y más fluido, éste podría fácilmente salir del uno al otro para generar nueva vida. Esta cautividad de espíritus en ciertos cuerpos duros y su liberación cuando los cuerpos se vuelven suaves ofrece un claro argumento de que el espíritu y el cuerpo son de una naturaleza y sustancia original, y que el cuerpo no es nada más que espíritu sujeto o condensado, y el espíritu nada más que cuerpo volátil o sutil".

 

1 Maestría en Filosofía, Facultad de Filosofía, Francisco Moreno y Ezequiel Alatriste, col. Ferrer Guardia, 91030 Xalapa, Ver., tels. (228)815-24-12, 815-24-90 y 815-68-29.
2 Conway, A. (1996). The Principles of the Most Ancient and Modern Philosophy (Editado por Allison P. Coudert y Taylor Corse). Cambridge Texts in the History of Philosophy, Cambridge University Press. Nota: la traducción es nuestra.