Editorial
      ¿Qué es la creatividad?
     
      El poder de la abstracción: el uso de los símbolos
     
      Un breve análisis del método científico
     
      Dos visiones de la ciencia: Wartofsky y Hacking
     
      Criaturas dentro de otras: la generación espontánea
     
      El polen de pinos
     
      Agricultura microbiológica y productividad sostenible
     
      ¿Estudiar ecología con vacas y toros? ¡Por supuesto!
     
      Modelo de doble hélice: ADN y genética aplicada
     
      La cebolla: entre la comida mexicana y... ¿la talidomida?
     
      ¿Qué son los sistemas de información geográfica?
     
      ENTREVISTA
     
      Arturo Gómez Pompa: Buenos programas y apoyos institucionales
     
      DISTINTAS Y DISTANTES: MUJERES EN LA CIENCIA
   

 

      Hipatia: la primera científica de occidente
     
      CURIOSIDADES CIENTÍFICAS
     
      Quantentheorie des einatomigen idealen Gases
   
       
       
       
       
       
       
     
       
     
       
 
     

¿Estudiar ecología con vacas y toros? ¡Por supuesto!

Magda Estela Domínguez Machín y Gilberto Silva López1

Algunas de las más graves consecuencias en el medio ambiente natural son ocasionadas por la práctica de la ganadería. Numerosos estudios hechos en México lo han demostrado. La mayoría de ellos, sin embargo, se han concentrado en analizar el crecimiento del número de cabezas de ganado, el incremento en la superficie de tierra que ha sido transformada en potreros, y otros variados aspectos relacionados con la producción de carne y leche. La presencia del ganado en ambientes tropicales con poca o ninguna modificación, en los que los animales pastorean libremente, con poco o ningún manejo, ha recibido escasa atención desde el punto de vista ecológico. En otras palabras, apenas empezamos a conocer más acerca de la magnitud del daño que estos animales pueden ocasionar a la flora y fauna nativas de un sitio, su interacción con las especies silvestres y los tipos de alteraciones que la ganadería ocasiona directa e indirectamente en los ecosistemas.
Sin duda, hay toda una legión de preguntas técnicas y científicas sobre este tipo de planteamiento que aún esperan respuesta. En este artículo no queremos hacer su listado y mucho menos con testarlas. Nuestro interés -que queremos compartir con el lector- se centra simplemente en llamar la atención sobre el tema de la ganadería y sus implicaciones, que no son sólo económicas sino también ecológicas. Para ello tomamos como punto de partida los trabajos de diversos investigadores, muchos de los cuales son veracruzanos o han realizado buena parte de su trabajo en esta entidad, y otros que se hallan en diversas partes del mundo. Sin duda, estos trabajos deben ser considerados un precedente muy importante para sustentar el planteamiento y examen de este tipo de preguntas.

Vacas y toros
en el mundo natural

Las vacas y toros pertenecen a la familia Bovidae, de ahí el nombre de "bovinos". Contrariamente a lo que algunas personas creen, los bovinos son una familia increíblemente diversa de animales cuya distribución incluye a prácticamente toda África, Norteamérica y la mayor parte de Europa y Asia. Al parecer, existen en la actualidad unos 45 géneros y 128 especies de bóvidos en el mundo.
Aunque pudiera pensarse otra cosa después de observar vacas Hereford o toros cebú, no todos los bóvidos son animales de gran talla, aunque algunos son verdaderamente impresionantes. De hecho, la talla a la altura del hombro de los bóvidos puede variar de 22.5 centímetros en el antílope pigmeo (género Neotragus) a 2.20 metros en algunas especies del género Bos. Alcanzar estas colosales tallas no fue algo casual en la historia de la Tierra. Entre las rápidas modificaciones climáticas que ocurrieron en los ecosistemas hace 5-7millones de años como consecuencia del vulcanismo ocurrido durante el Terciario, la evolución de los pastos tuvo lugar de una forma muy rápida. Al expandir su distribución y aparecer como un alimento disponible en grandes cantidades, los herbívoros empezaron a "hacer su agosto" en el curso de la evolución, adaptando su fisiología y morfología al consumo de pastos y otras plantas y aumentando tanto el número de especies como su talla. Con ello, un profundo cambio sucedió en los ensambles de especies de varias partes del planeta, y los bóvidos se encontraron entre los que respondieron de manera más exitosa a esta repentina superabundancia de alimento.
Como en las demás especies de mamíferos, la morfología de los bóvidos tiene características muy particulares y es en extremo variada. En ellos, los principales huesos del pie están fusionados y las extremidades anteriores y posteriores no tienen la misma longitud. Su estómago tiene cuatro cámaras y son rumiantes. Los machos de todos los integrantes de esta familia tienen cuernos, lo mismo que la mayoría de las hembras; algunos cuernos son cortos y curvos, mientras que otros son largos como sables. Los antílopes, cabras, búfalos, bisontes, elands, nilgais, duikers, orix, ñús, dik-diks y toros y vacas domésticos (algunos de los cuales alcanzan tallas impresionantes, como lo podemos apreciar en las ferias ganaderas), son todos ellos miembros de la familia de los bóvidos.
El ganado bovino doméstico pertenece al género Bos, que entre otros incluye a las especies Bos taurus, que son los bovinos sin joroba, como el tipo europeo, y Bos indicus, que son los bovinos con joroba, como el cebú. Tuvieron como antecesores silvestres a los uros (Bos primigenius), animales que aparecen representados en algunas pinturas, como las de Altamira, en España.
Los bovinos son animales herbívoros, mamíferos y ungulados. Se llaman animales rumiantes porque se caracterizan por colectar forraje (pastos, hierbas, hojas de arbustos y árboles, frutos, flores y semillas), tragándolo rápidamente, casi sin masticación alguna, y conduciéndolo a la cámara de fermentación que se llama "rumen" o "panza".

Un poco de historia

Estos animales fueron domesticados en Asia hace unos 10 mil años y las evidencias muestran que alrededor del año 2000 a. de C., llegaron a la parte sur de Europa. En América, fue con la conquista del continente y la llegada de los españoles que los animales domésticos fueron introducidos. Los primeros registros de ganado bovino se encuentran en las Antillas en 1512, en México en 1520, en la región inca en 1530 y en Florida en 1565. Ya hacia fines del siglo XVI se hallaban hasta Nuevo México, y para 1768 alcanzaban hasta la Alta California.
La ganadería mexicana tiene su antecedente más importante en la ganadería ibérica. El doctor Morales García ha apuntado que en 1521 el capital español Gregorio Villalobos ancló en el puerto de Veracruz trayendo un toro negro de casta brava y una vaca, representantes del ganado común de leche, carne y trabajo del siglo XVI. El clima y los abundantes forrajes que entonces encontraron, aunados al avance y establecimiento de las colonias españolas, hizo que se continuaran trayendo más animales, lo que propició un gran incremento del ganado. Con la llegada de estos animales domésticos y lo que ello significó al aumentar la presión del pastoreo, las comunidades vegetales cambiaron. Las plantas que fueron más apetecibles al ganado doméstico declinaron en vigor y abundancia y llegaron a ser elementos menores en la comunidad natural.
En la actualidad, el uso del suelo en gran parte del mundo se ha dedicado a la cría de ganado. En México, los trópicos húmedos y subhúmedos se han ido convirtiendo en las áreas preferidas para la expansión ganadera en los últimos 35 años, lo que en buena medida ha originado la acelerada deforestación de grandes extensiones de nuestras selvas tropicales. De hecho, los ecólogos consideran a la ganadería como una perturbación de gran envergadura en los ecosistemas que acarrea la desaparición de especies nativas y la invasión de especies exóticas, y que asimismo causa cambios en la estructura física y la fertilidad del suelo. Estas ideas surgen de un desarrollo ganadero enfocado exclusivamente a la producción y basado en la transformación del ambiente natural.

La ganadería en Veracruz
y los cambios ambientales

La ganadería de vacunos se ha desarrollado durante décadas a través de un modelo extensivo, el cual tiene un tremendo impacto ecológico debido a la transformación del uso del suelo y a la degradación de éste. Igualmente, su crecimiento y rentabilidad se fundaron en la extensión de la superficie dedicada al pastoreo, entendido como la localización, mordedura y arrancado de una planta por el ganado. Desde que Hernán Cortés arribó a lo que ahora es Veracruz en 1519, la comarca de este puerto llegó a ser la puerta de entrada para la invasión de Mesoamérica y, después, l´entrepôt (el almacén) de la Nueva España. Como ha anotado A. Stuyter, esta tierra baja tropical fue la primera en sufrir los efectos de la guerra, las enfermedades y el ganado.
Al revés de lo que ahora ocurre en muchas partes de Norteamérica, donde las praderas y áreas áridas y semiáridas han sido las elegidas para desarrollar la ganadería, el mayor impacto de esta actividad en el estado de Veracruz ha ocurrido en la vegetación selvática, la cual ha sido drásticamente reducida. Algunos estudios señalan que los índices de deforestación en la sierra de los Tuxtlas son de 4% anual, quedando actualmente alrededor de 14% de la superficie original cubierta por la selva. La superficie de las selvas y bosques que ha logrado sobrevivir en la sierra de Santa Marta, también en Veracruz, es de apenas la tercera parte de lo que existía hace más de veinte años. La doctora Luisa Paré y sus colaboradores han señalado que esto no sólo tiene consecuencias en términos de la pérdida o disminución de la biodiversidad; significa también la disminución de la potencialidad de los suelos por la erosión, el empobrecimiento de nutrientes o el desecamiento del suelo.
Los estudios de la propia doctora Paré y su equipo les han llevado a señalar que los incendios forestales, ligados a la práctica de quemar los pastizales para propiciar su regeneración ("renuevo"), constituyen un fuerte impacto ambiental vinculado a la ganadería. A diferencia de la quema de milpa, la del pastizal no suele hacerse con las mismas precauciones y, sea accidental o intencionalmente, es el origen de muchos incendios forestales. También ha habido un gran impacto en términos de la pérdida de especies, pues algunos de estos terrenos estaban ocupados también por selvas tropicales.
Esto no es nuevo. El doctor Narciso Barrera Bassols ha comentado que desde los primeros momentos de la Colonia la gran expansión ganadera en la entidad veracruzana se debió a las llamadas "mercedes reales" o "mercedes ganaderas", que consistían en entregar al conquistador grandes extensiones de tierra para ser dedicadas a la ganadería. En efecto, la ganadería de bovinos de tipo extensivo se desarrolló de manera importante durante ese periodo al constituirse enormes haciendas con superficies mayores a las 100 mil hectáreas, que vincularon la producción pecuaria con el cultivo del algodón y con el comercio de maderas preciosas. Ello implicó una masiva deforestación de las selvas y bosques veracruzanos y una subsiguiente "praderización" de esos ecosistemas. Como una cadena en la que un eslabón lleva al siguiente -como bien lo ha hecho notar el investigador José Velasco-, el crecimiento de los hatos de ganado fue muy acelerado en Pánuco, Nautla y el centro de Veracruz, así como en las inmediaciones del río Grijalva.
Gracias al trabajo del equipo del doctor Barrera Bassols, entre muchos otros, sabemos que la cuenca del Papaloapan, en el centro-sur de la entidad, no fue la excepción en la ocupación del suelo por los hatos de ganado. En este sitio, no obstante, la abundancia de agua ha sido una limitante para el crecimiento explosivo de la frontera pecuaria; sin embargo, la región ha mantenido producciones ganaderas importantes, derivadas de la desaparición de una gran proporción de su superficie forestal.
En la parte baja de la cuenca, particularmente en el ecosistema de manglar en los humedales de Alvarado, ha predominado la conversión de extensas áreas de terrenos forestales a ganaderos. Los desmontes y sustitución de manglares y otros tipos de vegetación por potreros han provocado una disminución de la cobertura vegetal natural de la que poco se sabe con precisión, de acuerdo con los trabajos de María T. Rodríguez Zúñiga, Enrique Portilla Ochoa y otros investigadores.

Daños ecológicos

El impacto ocasionado por estos herbívoros, tales como el pastoreo, el pisoteo del suelo y el ramoneo de hojas y otras partes de plantas silvestres, pueden afectar directa y negativamente la forma, crecimiento, densidad y fecundidad de las especies  que consumen. En algunas áreas del mundo se ha podido demostrar que ocurren cambios en la estructura y composición de las plantas provocados por el pastoreo, haciendo que el número de ciertas especies vegetales sea significativamente menor en los sitios dedicados a éste. Tales cambios se deben a que algunas plantas nativas se hallan entre las "favoritas" del ganado; de esta manera, el número y la cobertura de esas especies se reducen. La ganadería extensiva, con pocas o ninguna cerca que restrinja el movimiento del ganado, es con mucho una de las causas de este daño a la vegetación.
La introducción del ganado doméstico en muchos de los ecosistemas áridos y semiáridos ha sido masiva e incontrolada, y se ha visto que su pastoreo es uno de los agentes principales de la destrucción ecológica de dichos ecosistemas. La ganadería ha causado diversos impactos en el oeste de Norteamérica, donde también se maneja la ganadería extensiva; es decir, el ganado ha permanecido libre en los ecosistemas, lo que ha con tribuido a causar muchos problemas. Entre ellos se pueden enlistar la pérdida de la vegetación nativa; la invasión de plantas introducidas y de malezas; la degradación de las zonas ribereñas; la erradicación de los carnívoros nativos, que ven en el ganado una presa fácil y que son perseguidos por los ganaderos; las enfermedades comunes en el ganado ante las cuales los herbívoros nativos no tienen defensa, y, principalmente, los cambios en la frecuencia de los incendios debidos al desmonte para las tierras de pastoreo; la transformación de la hidrología de un sitio que ha perdido la cobertura vegetal original; la composición de un suelo que ha perdido sus fuentes originales de nutrientes, y muchas otras propiedades de los ecosistemas. Un ejemplo claro de este tipo de problemas es la elevada mortandad provocada por la brucelosis que padecieron los alces y los bisontes del Parque Nacional de Yellowstone, en Estados Unidos, derivada de la introducción de ganado. Como dice Thomas L. Fleischner, del Colegio Prescott de Arizona, los costos ecológicos de la ganadería pueden sintetizarse de esta forma: 1 )alteración de la composición de especies en las comunidades, incluida la disminución de la biomasa vegetal de muchas especies y la riqueza misma o número de especies, 2 )la perturbación del funcionamiento de los ecosistemas, debida a una grave interferencia en el ciclo de los nutrientes y en la sucesión ecológica (es decir, el reemplazo continuo, natural, de la vegetación) y 3) la alteración en la estructura de los ecosistemas, como los cambios en la estratificación de la vegetación, la contribución neta a la erosión del suelo y la disminución de la disponibilidad de agua para las comunidades bióticas naturales.
Teniendo en cuenta que la introducción de grandes herbívoros tiene efectos dramáticos en la composición de las especies, principalmente en las comunidades de plantas, el propio doctor Fleischner ha expuesto una serie de cuadros donde sintetiza los estudios de otros autores sobre los efectos del pastoreo del ganado en las regiones áridas y semiáridas del oeste de Norteamérica en las comunidades de plantas, insectos, animales vertebrados y animales forrajeros. En uno de los casos que cita, el consumo de Krameria -un arbusto silvestre preferido por el ganado- disminuyó de manera dramática en el Desierto de Sonora, Arizona; en otro caso, ocurrido en Mountain Canyon, Utah, las poblaciones de unas diez especies de pastos nativos prácticamente desaparecieron de los sitios de pastoreo del ganado. Basado en estos y otros estudios, este investigador no ha dudado en afirmar que el pastoreo del ganado en las áreas silvestres no protegidas, refugios de vida silvestre, reservas e inclusive algunos parques nacionales, tiene un costo ecológico que repercute directamente en la pérdida de la biodiversidad.
Los investigadores T. Stanley y F. Knopf reportaron en 2002 los resultados de un estudio hecho en una zona de vegetación ribereña del Refugio de Vida Silvestre Nacional Arapaho, en Colorado, Estados Unidos. Este sitio tiene la característica de proporcionar hábitats reproductivos muy importantes para las aves y, al mismo tiempo, valiosos forrajes nativos para el ganado. Interesados en el efecto del ganado sobre la vegetación y las aves, Stanley y Knopf eligieron para su estudio dos pastizales "control" (sin ganado) y dos pastizales "experimentales" (con ganado). Después de dos ciclos de pastoreo, seguidos por 34 meses sin ganado, encontraron que había pocas diferencias en la densidad de las especies de aves entre los pastizales; sin embargo, al analizar lo que había ocurrido con los pastizales propios de la zona y la vegetación acompañante, hallaron cambios importantes en el vigor de los arbustos presentes y en su distribución espacial entre los pastizales con y sin pastoreo, lo que claramente era una evidencia de los efectos producidos por el ganado. Así, sus resulta dos demuestran que, en ciertos hábitats, las aves sensibles al pastoreo pueden reestablecerse poco después de que se ha retirado el ganado, aunque algunos daños, como los experimentados por los arbustos, pueden subsistir a más largo plazo. Dicho de otra forma, la recuperación del ambiente natural que se ha empleado para la ganadería no es total, aunque, de mantenerse ésta, el daño puede ser muy profundo.
En las zonas boscosas de Inglaterra, R. J. Hobbs reportó en 1987 que el pastoreo de ovejas o ganado bovino produce drásticas alteraciones en la estructura de la vegetación nativa y afecta incluso algunos intereses económicos ya que puede impedir la regeneración de especies maderables, como el encino Quercus petreae. En un ejemplo similar, el pastoreo de ganado y de conejos impidió la regeneración de árboles de Acacia papyrocarpa y otras especies maderables en el sur de Australia. En un tercer caso, Guadalupe Hernández Vargas y sus colaboradores han encontrado que el ganado bovino provoca cambios en la composición florística y la disminución del número de árboles por hectárea en ciertas zonas de bosque de la sierra de Manantlán, Jalisco.
Algunos daños no son tan evidentes, pero sí importantes. N. L. Fowler, en 2002, después de realizar experimentos con y sin ganado en parcelas con seis especies nativas de pasto, descubrió que en las parcelas con ganado fue tal el daño que los pastos Schizachrium sp. y Boutelaoua curtipendula llegaron a reducir sus tallos en 95 % y 79%, respectivamente.

Ganado o no ganado,
¿es esa es la cuestión?

No todas las experiencias ganaderas han causado problemas ecológicos. En el río Rhin, en Holanda, el ganado está siendo utilizado para manejar la vegetación como sustituto de algunos herbívoros extintos -como el uro y el caballo salvaje- que alguna vez habitaron la región. En otros sitios se ha empleado para manejar o restaurar pastos nativos, o como una alternativa posible en lugares en los que la quema para el control de pastizales no es aconsejable. En general, sin embargo, tal como hemos visto y como ha señalado Reed Noss, el presunto manejo del ganado ha contribuido a la pérdida de la vegetación nativa, la invasión por plantas exóticas, la declinación de peces nativos debido a la extracción de agua de arroyos para irrigación, la degradación de zonas ribereñas, la erradicación de carnívoros nativos y muchos cambios importantes en el funcionamiento y propiedades de los ecosistemas asociados con la quema de pastos o la alteración de la hidrología y los suelos.
No deja de llamar la atención el hecho de que en muchos ecosistemas terrestres del continente, la ganadería y sus efectos ambientales han sido de poco interés para biólogos de la conservación y ecólogos. Tal y como lo expresó un colega hace algún tiempo, palabras más, palabras menos: "Si el ganado te causa problemas en las plantas nativas de tu sitio de estudio, ponle una cerca".
Sin duda, estamos avanzando en la creación de listas de especies amenazadas al caracterizar la biología y la situación de cada una de ellas. No obstante, desde nuestra perspectiva, la atención a problemas específicos que amenazan la pérdida de la biodiversidad también debe tener la más alta prioridad. En Estados Unidos, por ejemplo, Miller, Ceballos y Reading han discutido si la declinación de más de 98% de los perritos de la pradera es una consecuencia de los programas de erradicación iniciados para beneficiar la industria ganadera en el corto plazo. Pero este problema no termina ahí, pues -como seguramente ha ocurrido y ocurre en muchos otros casos-, dado que los perritos de la pradera se consideran una especie clave, de gran importancia para otras especies en los ecosistemas áridos y semiáridos en que habitan, su pérdida origina toda una serie de efectos en cascada para esas especies.
Para el público en general -como ha apuntado el mismo Noss-, el problema ha sido trivial debido a que los efectos del pastoreo son mucho menos visibles que el corte de la vegetación para el establecimiento de centros comerciales y otras formas de desarrollo. Pese a ello, no podemos darnos el lujo de hacer de lado ejemplos como los comentados aquí. Las investigaciones de campo sobre los efectos reales de la ganadería en los ecosistemas y en tipos de vegetación específicos; las propuestas sobre formas alternativas de manejo de la biodiversidad y su integridad en las zonas ganaderas; el desarrollo de modelos predictivos sobre los efectos de la ganadería; el diseño y prueba de estrategias de restauración en tierras afectadas por la ganadería; la educación ambiental a todo tipo de público para ilustrar los efectos de la ganadería y las opciones para su operación, y el manejo de información para apoyar acciones que fomenten un mayor balance entre la ganadería y la conservación de la biodiversidad, son algunas de las propuestas de solución que ha sugerido Reed Noss para enfrentar los problemas que se han derivado del mal manejo de esta actividad.
Como señalan Peter Brussard y su equipo de colaboradores, no hay que olvidar que el problema no puede reducirse diciendo que "el pastoreo es malo y el no pastoreo es bueno". Esto sería simplificar demasiado las cosas. Estos investigadores sugieren que tal vez sea mejor preguntar: "¿Cómo es que el pastoreo de ganado puede ser manejado de manera que ocasione el menor impacto posible sobre la biodiversidad y la integridad de los ecosistemas?". La realidad es que hay muchas preguntas sin resolver en este campo, y algunas de ellas pueden partir del hecho de que el ganado, un herbívoro de enorme talla -como tal vez nunca existió en los ambientes que hoy se emplean para la ganadería- está produciendo efectos muy particulares sobre el hábitat que aún no conocemos bien. ¿Qué elementos de la biodiversidad son los más afectados por la ganadería? ¿Bajo qué condiciones se aumentan o disminuyen estos efectos? ¿Qué acciones de manejo pueden disminuir tales problemas? Este es el tipo de preguntas que desde nuestro punto de vista deben orientar el desarrollo de estudios de ecología en zonas ganaderas d e Veracruz.

Para el lector interesado

Barrera B., N. y Rodríguez, H. (1993). Desarrollo y medio ambiente en Veracruz. Impactos económicos, ecológicos y culturales de la ganadería en Veracruz. Xalapa: Instituto de Ecología y CIESAS-Golfo.
Hernández, L. (Comp.) (2001). Historia ambiental de la ganadería en México. Xalapa: Instituto de Ecología, A.C.

 

1 Área de Biología de la Conservación del Instituto de Investigaciones Biológicas, Universidad Veracruzana, Apartado Postal 294, Xalapa, Ver., México, correos electrónicos: hirundi@hotmail.com y gsilva@uv.mx.