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Darwin y los demonios

Arturo Venebra Muñoz

Desde la teoría de Darwin y la postulación inherente del individuo como unidad de selección (inherente debido a que los individuos son los que luchan por la sobrevivencia), hasta la reciente teoría fenogenetista, propuesta por Guillermo Foladori, pasando por los trabajos de Fisher, Haldane y Wright
sobre la genética de poblaciones, la pregunta acerca de qué es lo que se selecciona siempre ha estado en el aire.

Tras el surgimiento de la teoría neodarwinista y su tesis de la teoría sintética de la evolución, se les dio a los genes un papel primordial en el proceso de selección. Al surgir importantes evidencias físicas de los mecanismos moleculares y bajo el manto del dogma central de la biología molecular, la tesis neodarwinista se hizo más fuerte y se planteó la linealidad de la relación genotipofenotipo, es decir, un gen para una característica fenotípica. Esta corriente, mezclada con ciertas orientaciones sociológicas, dio a luz a un raro híbrido llamado “corriente ultradarwinista”, cuyos seguidores proponen a los genes como los blancos de la selección, responsables de las “decisiones” de los organismos, todo en aras del evento reproductivo. En otras palabras, el fenotipo no es más que un vehículo para los genes, un recipiente temporal, mientras que los genes pasan y fluyen a lo largo de las generaciones. Pese a
lo anterior, últimamente se le está concediendo otra vez al fenotipo un peso específico en el mecanismo de selección a través de teorías como la fenogenetista o el tópico de la epigenética. Algunos ejemplos de esto se verán a continuación.

Ciertos experimentos realizados con virus bacterianos demuestran que se necesita de alguna organización fenotípica para su correcta replicación; cuando se colocan en un tubo de ensayo templados de RNAm de fago bacteriano, así como ribonucleótidos y Q_replicasa, después de un total de 75 ciclos de replicación se aprecia que el templado original se hace cada vez más corto, es decir, el templado, en ausencia de una organización fenotípica simple, tiende hacia una organización más simple. La interpretación que se ha dado a la evolución en la Tierra es la de la simplicidad hacia la formación de estructuras y organismos más complejos.Algunos autores afirman que las moléculas replicadoras no pueden durar mucho en ausencia de un fenotipo variado o “complejo”. Este “vehículo”, según los ultradarwinistas Dawkins y Wilson, entre otros, es totalmente necesario en la carrera evolutiva, pues es el que se puede ver o es visto por la selección: “Es ver al gen no como conductor, sino como pasajero del vehículo”, señala el doctor Aranda.

Otro ejemplo referido por Aranda, en donde la idea ultradarwinista no puede explicar cómo el gen puede ser la unidad de selección, es el cáncer. Un organismo regula las actividadescelulares de manera que no actúen en forma aislada sino en armonía con el resto del organismo. Una desviación en el funcionamiento celular “normal” no ocurre debido a la total independencia y aislamiento de una célula, aunque así lo parezca; es decir, una enfermedad como el cáncer es entendida si y sólo si se refiere al organismo entero y dentro de la idea de enfermedad. La enfermedad sólo existe dentro de la idea general de lo mórbido, y por lo tanto una enfermedad como el cáncer sólo es entendida si se refiere a un organismo y dentro de la idea general de lo mórbido. Sin embargo, al haber un estado mórbido, también hay un estado de “normalidad”, pero con la salvedad de que lo mórbido no es definido por su falta de normalidad; esto es, sólo se relaciona de manera diferente con lo que las normas definen como normalidad: tiene sus propias normas, por lo que, más que una falta de normalidad, es una forma particular de vida.

Una célula cancerosa tiene sus propias reglas, tanto así que las mutaciones acumuladas le parecen benéficas y no son incompatibles con el ciclo celular. Es una entidad totalmente autónoma. Si se le separa y cultiva, expresa genes que, con las reglas de las “células normales”, no expresaría habitualmente. De esta forma, su reproducción es más rápida que la de las células normales. Se trata, pues, en términos ultradarwinistas, de un excelente “replicador”; pero estas mutaciones y autonomía sólo le son benéficas si se le mantiene aislada, ya que un tumor, un cáncer, en el contexto del organismo, resulta incompatible con la vida del organismo en sí.

¿Dotados de un proyecto?

Si se ve a los genes como los únicos que importan en el proceso de selección, entonces debería de verse el producto de estos genes (el fenotipo) como un proyecto para alcanzar un objetivo. Intentaré explicar esto de la siguiente manera: Jacques Monod señala que hay características con las cuales podemos definir a los seres vivos: la teleonomia, la morfogénesis autónoma y la invarianza reproductiva. Si se toma como ejemplo la morfogénesis autónoma, veremos que la estructura de un organismo no debe casi nada a las fuerzas exteriores, pero al mismo tiempo la mínima variación de ellas podría conducir a un fracaso en el proceso. Si las condiciones se mantienen en los rangos de tolerancia del organismo, el resultado final se deberá casi en su totalidad a interacciones morfogenéticas internas del organismo en formación. Se trata de un mecanismo muy riguroso y con una amplia libertad ante los agentes externos que son capaces de transformar o cambiar el rumbo del proceso, pero no de dirigirlo o conducirlo hacia otra organización. Todo este proceso y orquestación de interacciones representa una gran cantidad de información, de la cual faltaría definir su fuente, ya que toda información expresada o recibida supone un emisor que, en primera instancia, podría achacársele al organismo anterior, y con ello a los genes. Esa sin duda sería la causa material: los genes. Sin embargo, todo organismo
parece representar en sus estructuras un cumplimiento de performances, es decir, parecería estar dotado de un proyecto que a simple vista podría ser el de la reproducción. Esta podría ser probablemente la causa final.

Si suponemos –como suponen de hecho algunas teorías ultradarwinistas, como la sociobiología de Wilson– que los organismos están dotados de un proyecto, que tienen estructuras y que son complejos de estructuras que cumplen con performances, entonces nos faltaría definir qué es lo que los propone; es decir, podemos suponer el proyecto, pero todo proyecto proviene de un autor. Conocemos el proyecto, pero no el autor del proyecto. De ello nos hablaría quizás el saber la causa formal y la eficiente. A mi parecer, puede ser que se sepan los dos extremos, pero se tiene un problema de causalidad: se sabe o se cree saber la causa material (los genes) y la causa final (reproducción), pero no se saben o no se puede saber las otras dos: la eficiente y la formal.

Estamos ante una visión clásica mecanicista y determinista en donde un observador registra los fenómenos sin hablar del proceso que dio lugar al fenómeno registrado, y sin lugar a dudas dentro de dicho proceso –que va desde la ontogenia o la morfogénesis autónoma, tal como lo expresa Monod, hasta la tentativa causa final o reproducción– es de primordial importancia el fenotipo. El vehículo de los ultradarwinistas (el complejo de estructuras o la inmensa carga de información dotada de un proyecto, sin la cual no sería posible llegar a la causa final) es el que afronta y resuelve los problemas que se le plantean en el ambiente. El concepto de adaptación es eso precisamente: el ser apto no es más que ser o tener la solución de determinados problemas, como la depredación o la misma reproducción; el vehículo es el que es evaluado y seleccionado junto con su pasajero (los genes). Citando a Mayr, “es él el que es visto por la selección”.

La teoría darwiniana y la termodinámica

Darwin, en El origen de las especies, justifica el término “selección” diciendo que no se trata de ninguna deidad, pues la expresión es metafórica. No obstante, cabe preguntarse si existe intrínsecamente en la selección un tipo de capacidad inteligente, tal como lo cita Andrade. Esta pregunta se manifiesta cuando se ve que los sistemas biológicos son entidades sumamente ordenadas, con un comportamiento similar al llamado “demonio de Maxwell”2, capaz de ordenarse y contribuir con ello a una disminución de la entropía, pero que en una instancia posterior retribuye al sistema un aumento de la entropía por la liberación de energía en forma de calor. Es como si en la selección existiera un ente que escogiera precisamente a los fenotipos y genotipos más aptos. Lo anterior es sin duda una idea que puede abandonarse justificadamente por la dificultad que tiene de ser comprobada; pese a ello, podríamos abordar el problema si le adjudicamos al fenotipo un poder para autoelegirse, dándole una parte totalmente activa en el proceso y sin verlo como una entidad pasiva que espera ser evaluada y escogida en un mundo gobernado por el azar. Darle a los fenotipos la capacidad para cambiar constantemente el sistema mediante el aporte de energía, y al mismo tiempo reafirmar su prevalencia o no en el sistema, dependerá de si son capaces de encontrar la energía libre en el mismo sistema para realizar un trabajo, cuyo fin o causa última sería la reproducción.

Este es un punto de vista diferente a la teoría del llamado “gen egoísta” y de otras teorías reduccionistas similares. Aquí se alude al organismo en su totalidad. El organismo en un sistema físico-químico gigante con tendencia constante al desorden o equilibrio térmico, que no hace otra cosa más que comportarse como los demonios de Maxwell.

Con todo, durante el proceso que implica el encontrar la energía para realizar trabajo y llegar a la causa última, o reproducción, existe todo un proceso que necesita de una serie de elecciones por parte del fenotipo. Si las decisiones tomadas son las correctas, podrá tener acceso a la causa última y con ello reafirmar la existencia del genotipo en el sistema. El mismo doctor Andrade ve a los organismos como un paquete de información analógica (fenotipo) y digital (genotipo). El cambio de una forma a otra está dada por la reproducción sexual y por la ontogenia, y por ende la información analógica que ha tomado decisiones correctas puede acceder al cambio de la forma analógica a la digital y a la consecuente mezcla de informaciones digitales, además de las variantes de dicha información (mutaciones). Dicha mezcla y variación en la información digital será evaluada en la siguiente generación, no sin antes pasar nuevamenten cambio en la forma de la información: de la digital a la analógica, la que será evaluada por su capacidad para conseguir energía y realizar un trabajo. En otros términos, la unión de las anteriores informaciones digitales logra llegar a la causa final por el éxito de la información analógica de ambas. Pero eso habrá ocurrido en un espacio y tiempo determinado para esas dos cargas de información; ahora el espacio y el tiempo son diferentes
para la información analógica que las anteriores han engendrado; por lo tanto, la circunstancia y la información son diferentes. Esto nos remite a un problema caótico, no lineal, tal como lo veían los ultradarwinistas, quienes daban por sentada la linealidad de la relación genotipo fenotipo. Los organismos se están autoevaluando a cada momento dentro de un sistema cambiante que se debe a ellos mismos y a sus circunstancias (ambiente), para lo cual deben tener soluciones, adaptarse.

Instituto de Neuroetología de la Universidad Veracruzana, Dr.
Luis Castelazo Ayala s/n, col. Industrial Ánimas, 91190 Xalapa,
Ver., tel. (228)841-89-00, correo electrónico:
avenebra@yahoo.com.mx. El autor agradece al maestro
Heriberto G. Contreras la revisión de este texto.

Para el lector interesado

Andrade, L.E. (1999). Selección y codificación biológicas: una mirada
desde las ciencias cognitivas. En v.v.a.a.: Estudios en historia y
filosofía de la biología. México: Centro de Estudios en Filosofía,
Política y Sociología Vicente Lombardo Toledano, pp. 1-27.
— — — —. (2000).

La relación “genotipo-fenotipo” y su posible extrapolación al estudio del comportamiento y cultura humana. Ludus Vitalis, Journal of Philosophy of Life Science, 8(14), 189-202
Aranda-Anzaldo, A. (1996). Darwin y Derrida: evolución y deconstrucción. Ludus Vitalis, Journal of Philosophy of Life Science, 4(10), 25-37.
Bacarlett-Pérez, M.L. (2004). “Mirko Drazen Grmek y el concepto de patocenosis.
El caso de la Grecia Antigua”. Ciencia Ergo Sum, 11(3), 284-295.
Foladori. G. (2000). El comportamiento humano con su ambiente a la luz de las teorías biológicas de la evolución. Ludus Vitalis, Journal of Philosophy of Life Science, 8(14), 165-187.
Monod, J. (1988). El azar y la necesidad. Ensayo sobre la filosofía de la
biología moderna. Madrid: Tusquets.
Templado, J. (1982). Historia de las teorías evolucionistas. Madrid:
Alhambra..