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La mercadotecnia de la ciencia

Rubén López Domínguez1

Nuestra especie necesita, y merece,
una ciudadanía con la mente despierta
y una comprensión básica de cómo funciona el mundo.
CARL SAGAN, EL MUNDO Y SUS DEMONIOS.

Nadie puede negar que, en lo general, vivimos inmersos en un medio eminentemente tecno-científico. Los avances científicos y tecnológicos no sólo siguen incrementándose, sino que, en algunos países antes y en otros poco después, cada vez se reduce más el tiempo en que los beneficios o el impacto de aquellos llegan al público en forma masiva y a precios más o menos accesibles. Como prueba están la televisión por cable, los teléfonos móviles (llamados “celulares”), el acceso a la Internet, las cámaras fotográficas y televisiones digitales, en el caso de la tecnología; para el caso de las innovaciones relacionadas con la salud, se pueden mencionar las cirugías que corrigen defectos visuales utilizando rayos láser controlados por computadora y con programas (“software”) especiales, y que ahora son más baratas que algunos de los productos mencionados arriba (televisiones digitales y computadoras, por ejemplo), y que mucha gente compra sin pensar en el costo siquiera.

La ciencia y la tecnología se han hecho tan ubicuas (generalizadas) en muchos países, que se podría afirmar que la mayoría de nosotros poco nos detenemos a reflexionar sobre ello. Por ejemplo, ahora prácticamente todos los automóviles de modelo reciente traen consigo una computadora (aunque no le veamos monitor, teclado y “ratón”), o usamos rayo láser en nuestros equipos de sonido. Y aquí surge la pregunta: ¿esta ubicuidad de lo tecno-científico ha llegado a un punto tal que la comprensión, al menos general, del fenómeno sea parte ya de nuestra cultura?

Me atrevería a responder que lamentablemente no. Sin embargo, se están haciendo esfuerzos concretos para que la ciencia y la tecnología sean una parte importante de nuestra cultura. Tal es el caso del creciente número de páginas electrónicas en la Internet (“páginas web”) creadas por entusiastas jóvenes (y otros no tan jóvenes, pero igual de entusiastas), sea en forma personal o agrupados en asociaciones civiles, y cuyo propósito es atraer a todo interesado al mundo de la ciencia, especialmente a niños y jóvenes (i.e. www.cienciajoven.org ) (para más direcciones, véase el Anexo1). También están los esfuerzos de hace ya unos 15 años de programas de divulgación de la ciencia, tales como “Sábados en la Ciencia” aquí en Xalapa (o sus versiones de Jueves, Viernes y Domingos en la Ciencia en otras regiones del estado y del país), que son respaldados por la Academia Mexicana de Ciencias (www.amc.unam.mx ), el CONACyT (www.conacyt.mx/dccyt/ ) y las universidades estatales, y cuya dinámica consiste en invitar a científicos a impartir charlas a niños y público en general sobre sus temas de investigación. Asimismo, se han generado diversas revistas que tienen como objetivo la divulgación y difusión de la ciencia, tales como las editadas por la UNAM (www.dgdc.unam.mx/ ): Ciencia y Desarrollo y ¿Cómo ves? (www.comoves. unam.mx/ ).

También se han creado diplomados en difusión y divulgación de la ciencia (Dirección General de Divulgación de la Ciencia, UNAM; Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente, ITESO [universidad jesuita de Guadalajara] www.diplomados. iteso.mx/ ), periodismo científico (La Jornada, en su sección semanal de Lunes en la Ciencia, es excelente: www.jornada. unam.mx ) etc. Mención aparte merece el esfuerzo, desde hace ya nueve años, de llevar a cabo en todo el país la denominada Semana Nacional de Ciencia y Tecnología, auspiciada por CONACyT. En 2002 se efectuó la Novena Semana Nacional de Ciencia y Tecnología, cuyo lema fue: “Para crecer hay que saber. Contigo es posible.” Entre las actividades desarrolladas en la semana estuvieron conferencias, exposiciones, carteles y talleres, todos relacionados con la ciencia y la tecnología.

En esta Novena Semana también se inició una nueva publicación llamada Exploraciones: aventuras con ciencia y tecnología, patrocinada tanto por el CONACyT como por la revista Scientific American Latinoamérica, y dirigida especialmente a niños y jóvenes, aunque también será de utilidad a padres y maestros. Según palabras del ingeniero Jaime Parada Ávila, actual director general del CONACyT, en esta revista “se encontrarán interesantes artículos que les ayudarán a comprender los fenómenos del conocimiento científico y tecnológico”.

Con ella se pretende “estimular la adquisición del conocimiento como un bien que ayude a definir la personalidad del niño, así como su vocación futura”. Hice mención de todas estas actividades que se están desarrollando en México por lo siguiente: parece que en relación con la difusión y divulgación de la ciencia y la tecnología se está avanzando, pero a paso muy lento.

Considero que siguen siendo necesarios mayores esfuerzos en el apartado de difusión. Aquí es importante mencionar lo que se dice en el artículo publicado por Mirna Servín en La Jornada del 29 de julio de 2002: “la divulgación de la ciencia para niñas(os) es, tal vez, una de las áreas más descuidadas, a pesar de que son —junto a los jóvenes— casi la mitad de la población”, citando a Juan Tonda Mazón, subdirector de Medios de Comunicación de la Dirección General de Divulgación de la Ciencia (DGDC) de la UNAM. También se menciona en dicha referencia que “no hay suficientes ofertas institucionales, académicas o comerciales para vincular a la población infantil con la ciencia de manera significativa”. Allí se habla de la necesidad de más museos interactivos de ciencia y tecnología, especialmente en estados donde no hay, tales como Oaxaca, Chiapas, Quintana Roo, Campeche y Tabasco. Sin embargo, se aclara que el problema no abarca solamente a los museos interactivos, sino que hacen falta más espacios para la ciencia en radio y televisión.

En esta nota periodística de La Jornada se menciona que en un estudio hecho por Marinela Servitje, en convenio con el CONACyT, se encontró que la cobertura de los periódicos destinada a la población infantil es de apenas 2 por ciento y que en radio y televisión tampoco se pasa de ese nivel, además de que en México la divulgación sirve más bien para apoyar a la educación, pero todavía no para formar una opinión. Según este artículo, en nuestro país “falta casi todo por hacer, desde generar una cultura científica en la escuela, con los libros, en los parques y hasta en las calles. Pero sobre todo [...] lo que hace más falta es que los adultos, en particular las autoridades educativas de nuestro país, entiendan que esto debe ser uno de los objetivos prioritarios en la formación de la infancia”.

Como podemos darnos cuenta, y a pesar de esfuerzos muy concretos como es el caso del proyecto “La ciencia va a tu escuela” de la Academia Mexicana de Ciencias (AMC), que funcionará durante un año, que comenzó en agosto pasado y en el que se incluirán a 250 maestros de primaria y secundaria en cuatro delegaciones del Distrito Federal, se necesita todavía mayor labor. Se requiere más trabajo conjunto en el aspecto de lo que aquí he llamado la “mercadotecnia de la ciencia y la tecnología”, para hacer una analogía con esta estrategia del comercio. ¿Está fuera de lugar usar la palabra mercadotecnia en relación con la ciencia y la tecnología? Yo creo que no, y las razones son sencillas: vivimos también en la era del conocimiento, entendido éste como un bien, no en sentido moral de bueno, sino de objeto al que se le asigna un valor económico, una mercancía.

En la presentación que el ingeniero Parada hizo a la revista Exploraciones ya citada, habla del conocimiento como un bien para ayudar a definir la vocación futura del niño, que en este contexto sería hacia carreras técnicas o científicas. Así que asumir la adquisición del conocimiento científico, en este caso como una mercancía valiosa, no debería sonar ofensivo, sino todo lo contrario: como el reconocimiento de lo valioso que es esta clase de conocimientos como para que el país invierta más recursos (económicos, logísticos, humanos) en su desarrollo y popularización. Aquí es donde entra en el cuadro la mercadotecnia. Según un diccionario, el término mercadotecnia viene de la palabra inglesa marketing, que significa comercialización, y la define como un conjunto de operaciones coordinadas que incluyen estudios de mercado, publicidad, promoción en el lugar de venta, estímulo del personal de ventas, investigación de nuevos productos, etc., que contribuyen al desarrollo de las ventas de un producto o de un servicio.

Si nos atenemos a esta definición usándola como una analogía, se puede afirmar que los estudios de mercado ya existen bastaría con consultar al Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI) y los datos que seguramente deben tener el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACyT) y la Secretaría de Educación y Cultura (SEC) sobre población estudiantil, contenidos escolares, carreras ofrecidas, selección de carreras, índices de deserción escolar, eficiencia terminal, etcétera. En donde habría que trabajar más sería en los siguientes aspectos: mayor publicidad para las carreras científicas y técnicas y para los eventos y foros de divulgación de la ciencia; lo deseable sería que estos fueran tan conocidos entre la población joven como las marcas de celulares, ropa, autos o refrescos y cigarros.

Ello implica una mayor promoción dentro de los mismos eventos (camisetas con estampados alusivos, folletos, trípticos, carteles de esa actividad o de futuras, páginas web (véase Anexo, al final), mayor publicidad en radio y televisión locales, etc.) que estimulen el interés y la curiosidad de los asistentes. Incluso se puede pensar en concursos de tipo local, regional y estatal de proyectos científicos propuestos por jóvenes estudiantes de los diferentes niveles educativos. Además, se requieren: a) Estímulos al “personal de ventas” (docentes e investigadores) en dos aspectos: 1) económicos (mejores sueldos y/o prestaciones que eviten que se haga el trabajo sólo para cumplir, o la cacería de puntos para la productividad o permanencia en el SNI (Sistema Nacional de Investigadores), o la búsqueda de chambas alternativas para completar el sueldo), y 2) el reconocimiento bien valorado de este tipo de actividades (difusión y divulgación de la ciencia y la tecnología).

Esto se logra mediante la profesionalización de dichas actividades a través de diplomados o posgrados (que ya hay en existencia en algunas instituciones) a los que se les asigne un alto valor curricular, lo que permitiría que los mejores académicos se interesaran en dedicar más tiempo a la educación pública a través de la elaboración de libros de texto y apariciones en radio y televisión. b) Investigación de “nuevos productos”, lo cual significa utilizar de manera más imaginativa todo aquel recurso que esté disponible para alcanzar el objetivo de la difusión y la divulgación.

Ello requiere estimular a la gente interesada en esta problemática para diseñar e implementar estrategias o mecanismos novedosos y efectivos operativamente, para cumplir con el objetivo de hacer más extensa la difusión y divulgación de la ciencia y la tecnología. Por ejemplo, y retomando lo ya citado, se puede establecer un concurso de proyectos científicos o tecnológicos a diferentes niveles (primaria, secundaria, bachillerato y licenciatura) en diferentes modalidades: local, regional, estatal. Dicho concurso podría estar enmarcado dentro de la Semana Nacional de la Ciencia y la Tecnología, que no sólo facilitaría la difusión y la divulgación, sino que también serviría para detectar a talentos jóvenes (como lo viene haciendo Ciencia Joven, A. C.) que puedan ser premiados por su imaginación, iniciativa e innovación con estancias de cierto periodo de tiempo con algún investigador relacionado con el tema del proyecto presentado.

Tal vez un aspecto importante para algunos sería cuestionarse sobre cuáles son los beneficios de aplicar la mercadotecnia en la ciencia. Como cualquier empresa, la sociedad que conforma un país espera ganancias o beneficios por sus inversiones. Y las ganancias de invertir en la difusión de la ciencia y la tecnología son muchas: una sociedad menos ignorante, más libre de supersticiones y prejuicios nocivos, más tolerante hacia la diversidad de pensamiento (en sus vertientes ideológicas o religiosas), más democrática (si se gusta de esta corriente política o forma de gobierno). Una sociedad más informada es una sociedad más crítica, con individuos más inteligentes y equilibrados, más libres. Finalmente, toda esta analogía adquiere coherencia si nos concentramos en dos palabras clave: operaciones coordinadas. Si las actividades hasta ahora desarrolladas por los individuos, científicos profesionales o no, y las instituciones oficiales, dependencias académicas y los organismos civiles encuentran más puntos de convergencia para optimizar los recursos en tales acciones coordinadas, entonces los resultados pueden ser más tangibles y abarcadores, al mismo tiempo que esta dinámica reduciría costos de todo tipo y optimizaría los beneficios hacia las diferentes niveles de la sociedad, pues se aprovecharían de manera más eficiente los organismos, estructuras y presupuestos ya existentes. Con ello se estaría decididamente en el camino real y efectivo de desarrollar una cultura científica en la población.

Es decir, de convertir a la ciencia y la tecnología no en el único conocimiento deseable para afrontar la realidad, pero sí como una parte importante de nuestro saber, de nuestra cultura. Y si “para crecer hay que saber”, para saber hay que realizar esos esfuerzos coordinados para suministrar todo lo necesario para que el conocimiento de la ciencia y la tecnología forme parte de la cultura del ciudadano común, a fin de que éste tenga una mejor comprensión de la época que le tocó vivir y tenga mayores elementos para una conducta participativa e informada en las cuestiones que le interesen, relacionadas con los avances técnicos y científicos. Para lograr todo esto se requiere generar una visión de mediano y largo plazo que impulse de manera factible el desarrollo de una cultura científica dentro de la educación nacional. La solución es fácil; la operatividad es el problema, pero no debemos olvidar que el costo de la educación es trivial comparado con el de la ignorancia.

ANEXO Direcciones electrónicas de ciencia para niños.
Para los papás: www.netnanny.com www.surfcontrol.com

Para los niños: Museo de los Niños Abasto www.museoabasto.org.ar

Es Más, sección niños. http://niños.esmas.com

El Rincón de los niños www.coroweb.com/rincon2.htm

Mundo Latino Rinconcito www.mundolatino.org/rinconcito

Biblioteca del Condado de Multnomah. www.multcolib.org/libros/index.html

Cultura Clásica www.culturaclasica.com

Noticias Latinas www.yle.fi/fbc/latini/

Ciencia para Niños www.cienciaparaninos.com

NASA http://ciencia.msfc/nasa.gov

El Espacio para Niños geocites.com/capecanaveral/hangar/2346

Yahooligans www.yahooligans.com

Alfy www.alfy.com

Mamamedia www.mamamedia.com

Gannet-Time for Kids www.timeforkids.com

Referencias

Sagan, C. 1997. El mundo y sus demonios. La ciencia como una luz en la oscuridad. Editorial Planeta, México.

Parada, J. A. 2002. Exploraciones: aventuras con ciencia y tecnología. Vol. 1, núm. 1, Sección Editorial, CONACyT / Scientific American Latinoamérica, Octubre, 2002. Servín, M. 2002.

“Abandonadas, las fuerzas básicas de la ciencia”. Lunes en la ciencia, La Jornada, julio 29, 2002. Diccionario Enciclopédico Larousse. 3a. ed., 1998. Larousse, Bogotá.

1 Lab. de Comportamiento y Bioinformática. Instituto de Investigaciones Biológicas, Universidad Veracruzana.