Editorial
      La ciencia en México
y El Colegio Nacional
     
      La posteducación y sus éxitos en el campo de los valores
     
      Un efecto pernicioso de la fuerza de gravedad
     
      ¿Determinismo, azar o probabilidad?
      La ciencia de lo humano
     
      Microorganismos que benefician a las plantas: las bacterias PGPR
     
      Encuentro con un hongo muy xalapeño
     
      Catálogo de pescados y mariscos del litoral veracruzano
     
      Oxitocina: la hormona del amor materno
     
      Un abuso del fórceps: ¿igual a desuso?
     
      Cristales fotónicos: una amardura en las alas de las mariposas
     
      El CEVIM suma fuerzas para diversificar la industria cañera
     
      Ciudades-fortaleza y rutas de comercio en el Veracruz prehispánico
       
      ENTREVISTA /
      Ernesto Rodríguez Luna
       
      CIENCIA TECNOLOGÍA Y SOCIEDAD /
       
      Construcción de una cultura científica
     
      La mercadotecnia de la ciencia
       
      CURIOSIDADES CIENTÍFICAS
       
      Saber de perros
       
      Cepillo de dientes: el mejor invento en la historia de EU
       
      Publicaciones
       
 
     

Ernesto Rodríguez Luna:
talento, pasión y liderazgo

Liliana Calatayud y Aída Pozos Villanueva

Engrosar las filas de científicos jóvenes comprometidos, e igualmente al grupo que iniciara la investigación biológica en nuestra Máxima Casa de Estudios desde hace 23 años, es el mayor logro de la trayectoria, larga, intensa, del investigador Ernesto Rodríguez Luna.

Corría el comienzo de los años ochenta y un equipo de muchachos entusiastas encabezados por nuestro entrevistado arribaba a cuanta oficina se le indicaba con la finalidad de alcanzar una serie de objetivos puntuales para hacer investigación científica en la Universidad Veracruzana. Su notable visión futurista y trascendental definía su misión profesional. Aún siendo estudiantes de la Facultad de Biología, miraban su entorno allende fronteras. No era fácil formalizar una empresa de esa envergadura. Combinar burocracia y quehacer científico resulta agotador, pero no para jóvenes veinteañeros con las ilusiones a flor de piel. Ernesto Rodríguez Luna es prueba fehaciente de ello.

El talento, la ambición y un consumado liderazgo lo han colocado en plataformas nacionales e internacionales, desde donde maniobra para fortalecer lo hasta ahora alcanzado. Actual director Académico del Área de Ciencias Biológicas y Agropecuarias de la Universidad Veracruzana, está por concluir sus estudios de doctorado en Humanidades, en la línea de Filosofía de la Ciencia; ha desarrollado múltiples programas de actualización, impartido diversos talleres y seminarios sobre la conservación de fauna silvestre y organizado y colaborado en la organización de cualquier clase de cursos sobre comportamiento de primates.

Toda esa labor aún le deja tiempo para participar en una infinidad de otras actividades académicas. Además, ofrece asesoría científica y práctica dirigiendo proyectos y casi una veintena de tesis. Como buen divulgador del trabajo científico, ha dictado numerosas conferencias sobre biodiversidad y desarrollo sustentable y participado en diversos organismos concernientes al campo de la primatología. Platícanos ¿cómo es que te inicias en el campo de la investigación? Desde el momento en que decidí estudiar biología, tenía bien claro que mi destino académico sería el de ser un investigador que trabajaría en el ambiente natural y tratando de comprender la naturaleza humana. Influido por algunas lecturas, sabía que para comprender a esta última debía estudiar biología.

Ese fue el motivo que me llevó a realizar mis estudios. Durante los años de mi instrucción en la licenciatura se fue gestando la idea de trabajar en el área de la conducta animal y utilizar la etología para comprender el comportamiento del hombre; asentamieneso era lo que me animaba en aquel tiempo, cuando tuve la fortuna de compartir ese interés y entusiasmo por la investigación con otros compañeros de la carrera. Fuimos generando esa idea, aunque sólo éramos un grupo animado de estudiantes. Como te digo, yo era ayudante en el Laboratorio de Metodología de la Ciencia y buscaba entender la conducta humana. En el grupo de trabajo que generalmente se reunía en mi casa, tratábamos de entender y buscar algunas rutas de estudio formal; así, nos uníamos periódicamente y compartíamos estos entusiasmos juveniles.

Fuiste una parte muy importante en la creación del Centro de Investigaciones Biológicas, ¿cómo se gestó este proyecto?

Cuando llegó el momento de salir de la facultad y se presentó la oportunidad de presentar algunos proyectos de investigación a la Secretaría de Educación Pública, a través de la Dirección General de Investigaciones Científicas, que estaba invitando a las universidades de provincia a presentar proyectos de investigación, y, claro, con ese entusiasmo juvenil que impide medir consecuencias y límites, presentamos proyectos que resultaron beneficiados por una sustancial asignación presupuestal y que ayudaron al establecimiento del Centro de Investigaciones Biológicas; éste se inició alrededor del año de 1980.

El proyecto de creación de un centro con el apoyo de la SEP y de algunos otros organismos se materializó en ese momento en la Universidad Veracruzana con un grupo de tres egresados de la carrera de Biología, cuyo interés estaba orientado hacia el estudio del comportamiento animal, específicamente de primates y concretamente de un grupo de macacos confinados en una isla de la laguna de Catemaco. Ese fue el origen del Centro de Investigaciones Biológicas, y aunque nosotros tres lo iniciamos, ya existía todo un grupo alrededor de quienes nos fertilizábamos con ideas. Yo creo que esos fueron momentos que marcaron la vida académica de todos nosotros, porque la mayoría de los que participábamos en eso seguimos actualmente dedicándonos a lo mismo, todos en distintos lugares, pero siempre vinculados.

¿Qué líneas de investigación se desarrollaron en los inicios del CIB?

El Centro de Investigaciones Biológicas tuvo en realidad su origen con los estudios primatológicos, aunque posteriormente ampliamos las líneas de estudio y desarrollamos un proyecto al que llamamos Estudios florísticos y faunísticos en la sierra de Santa Martha, que es una parte de la región de los Tuxtlas a donde encaminamos nuestros esfuerzos, mismos que nos llevaron a estudiar la conducta animal de los primates y a plantearnos los problemas de conservación de la naturaleza, lo cual generó en nosotros una reflexión muy profunda acerca de la relación del hombre con la naturaleza, y ese fue el elemento que incorporamos al CIB: el estudio de la fauna y flora silvestre y el interés por conservar la especies.

En sus inicios, aparte de la SEP y la UV, ¿qué otras instancias apoyaron esos proyectos de jóvenes inquietos? Tuvimos un crecimiento institucional significativo y empezamos a recibir financiamiento de fuentes externas a la Universidad, incluso algunos apoyos internacionales importantes, como el recibido de parte del Fondo Mundial para la Vida Silvestre y un financiamiento que recibió Gilberto Silva López de la Fundación Charles Lindbergh; posteriormente, se recibieron más, como el de la Sociedad Zoológica de Chicago y del Zoológico de Brooklyn.

Todos estos apoyos se recibían básicamente para la investigación con primates. En 1984 realizamos un estudio que hasta el momento sigue siendo una referencia en su tipo; se trataba del efecto de la fragmentación del hábitat sobre una especie. Se tomaban primates de los Tuxtlas —el mono araña y el mono aullador— como indicadores de la transformación natural. Ese fue un estudio importante que se publicó en una revista especializada y permitió llamar la atención de la comunidad científica internacional, porque empezábamos a incorporar el elemento humano para explicar la transformación del hábitat, el exterminio y la eventual extinción de las especies, dándole importancia al desarrollo de los asentamieneso tos humanos; y ante las diversas modalidades de protección y transformación de los recursos naturales, sugeríamos que se condicionaba la desaparición de especies.

Era algo importante, pues frente a la concepción de muchos investigadores norteamericanos y europeos, nuestras propuestas conservacionistas tenían mucho que ver con los habitantes de la región.

El hecho de anteponer cualquier acción conservacionista a una reflexión acerca de la situación de los habitantes de la región empezó a llamar la atención.

Y así fuimos logrando poco a poco una influencia en la comunidad científica, lo que, visto desde un punto de vista histórico, supone un cambio de percepción sobre los problemas de conservación, a tal grado que fui nombrado presidente de la Sociedad Internacional de Primatología, siendo el primer latinoamericano en ocupar una posición de este tipo.

También fui secretario para las Américas y después vicepresidente para la Conservación en la Sociedad Internacional de Primatología, en donde confronté puntos de vista acerca de cómo se debe enfrentar el reto de conservar especies, lo cual era realmente un reto, pues existían diferencias de concepción notables. Pero también era notable que los etólogos de países como México pudiéramos fácilmente compartir perspectivas, pues la forma en que entendemos la ciencia es diferente de la de otros países. Este es un pasaje que fue muy aleccionador.

Tu nombre refiere inmediatamente a la selva de los Tuxtlas. Platícanos, ¿cómo es que se pone en marcha este importante proyecto y qué se está haciendo actualmente? Cuando terminó mi ciclo como responsable del CIB, empecé a trabajar para encontrar una nueva forma de manejar los espacios naturales, y se logró la creación del Parque de la Flora y Fauna Silvestre en esa región. Centramos todos nuestros esfuerzos para crear una Estación de Biología, la que se convirtió en una escuela de biólogos. Se dieron cursos nacionales e internacionales a los cuales acudieron estudiantes que ahora están ocupando posiciones importantes en el ámbito científico nacional.

Además, hemos participado de casi todas las iniciativas de conservación en los Tuxtlas, y actualmente la propuesta es la de asegurar la conservación del área a través de la conformación de una reserva de la biosfera, y en eso la UV ha contribuido muchísimo.

Actualmente se trabaja con algunas colaboraciones institucionales muy importantes, aunque esto es muy difícil pues hay que trabajar no sólo con instituciones, sino con los distintos sectores que componen la sociedad, así como con diversos niveles de gobierno y representaciones sociales; se trata de generar una visión común a través de visiones parciales, sectoriales o disciplinarias. La conservación de la naturaleza parte de cómo se le perciba, y construir esa percepción es una tarea exhaustiva que tiene que ver con el desarrollo de las sociedades.

Es una parte de la filosofía de la ciencia sobre la que estoy trabajando en mi doctorado, pues siempre he estado interesado en las razones para conservar la naturaleza.

¿Que rescatas, en primer término, de este proyecto en la selva de los Tuxtlas, que ha alcanzado dimensiones insospechadas?

Toda la experiencia institucional es para mí un largo proceso de aprendizaje personal y colectivo, eso es lo más importante. Por otra parte, rescato de este pasaje el que un grupo de jóvenes entusiastas que ahora ocupan diferentes puestos dentro de la Universidad y que han venido sucediéndose en generaciones compartan una idea básica de hacer biología aplicada al estudio de la conducta para la conservación de la naturaleza. Cada vez que la pienso, es esta parte la que me parece la más significativa. Yo doy clases en la Facultad de Biología sobre planificación de áreas naturales protegidas, y hacerlo significa compartir toda esa experiencia. Yo creo que eso es muy revelador, independientemente de las contribuciones puntuales que se han hecho y que aparecen en la literatura especializada.

Otro punto importante es el efecto multiplicador que tiene el compartir las experiencias, porque los estudiantes aprenden de ello y son capaces de generar sus propias expectativas para contribuir al desarrollo de la ciencia.

¿Crees que tus aportaciones han sido novedosas e interesantes para el resto del mundo?

Yo creo que lo más relevante ha sido la independencia de pensamiento, la capacidad de generar ideas originales; aunque no es un mérito propio sino producto de las circunstancias, porque en esos momentos no teníamos maestros o guías que nos indicaran el camino; sin embargo, lo encontramos y llegamos a un lugar que ahora es reconocido. Nos recuerdo en nuestro Primer Congreso Internacional de Primatología, celebrado en 1982, presentando una contribución sobre la conducta social de los macacos, donde fuimos prácticamente ignorados pues era un problema que muchos estudiaban, gente reconocida, con mayores recursos y camino institucional, y nosotros no teníamos ningún padrino académico. No obstante, los tiempos cambiaron, y en 1986 nos presentamos con un trabajo con un enfoque original y propio en el que analizábamos los efectos de la fragmentación del hábitat de los primates e incorporábamos el elemento humano como factor decisivo para cambiar el curso histórico del exterminio de las especies.

Y entonces, de pronto, la gente se volvía hacia nosotros, pedía incluso una copia del trabajo o solicitaba intercambios estudiantiles. Creo que esto sucede porque se busca y se encuentra la manera de abordar el problema indicado. Fuimos incluso muy osados, pues proponíamos hacer un manejo de las especies.

Tales propuestas fueron detonantes que nos hicieron recibir diversos financiamientos; fue un programa piloto que hizo que llamáramos la atención. Éramos hasta arrogantes, pero lo éramos porque al mismo tiempo éramos entusiastas y estábamos decididos a la aventura, aunque sabíamos que no estaba exenta de riesgos. A punto de ingresar a las filas del Sistema Nacional de Investigadores, Rodríguez Luna no sabe cruzarse de brazos, y prosigue. Sin duda, en este andar se han encontrado con dificultades.

¿Cuál sería el principal problema al que se han tenido que enfrentar?

Ha habido de todo tipo. La vida institucional de un investigador en una universidad pública como la nuestra es enfrentar toda clase de altibajos. El problema del financiamiento ha sido sin duda un problema crucial; en estudios de este tipo la propia naturaleza es impredecible y genera cambios, por lo cual el dinero es un factor importante para desarrollar cualquier investigación, ya que fácilmente se encontrará uno debiendo cambiar el plan de trabajo debido a circunstancias aleatorias ambientales que incrementan los costos y acarrean problemas de tipo administrativo; por ejemplo, gastos de más, cambio de fechas, gastos incomprobables, descomposturas inverosímiles, etcétera; incluso es un factor importante el que los jóvenes estudiantes que se suman a la aventura no siempre cuenten con recursos para asegurar, por ejemplo, la realización de la tesis; entonces, siempre se debe estar haciendo malabares con los recursos. Provienes de una camada de estudiantes que se ha caracterizado por ser muy activos hecho que se ha reflejado en el nivel que ha alcanzado dentro de la biología.

¿Crees que los tiempos han cambiado? ¿Aún existe ese entusiasmo en los estudiantes para hacer investigación y generar ciencia?

Sí, claro, hay mucho entusiasmo. Yo recibo muchos estudiantes que vienen a hacer estancias, que dejan el confort de un hogar, el prestigio de una universidad, por venirse a trabajar en un pedazo de selva y compartir experiencias. Se reciben muchos estudiantes interesados por el trabajo que se hace acá, y también aquellos que son producto de los intercambios formales con algunas universidades

Pero tú, ¿cómo consideras al estudiante de la UV?

Yo creo que sí hay estudiantes entusiastas. Como profesor en la Facultad de Biología te puedo decir que en cada generación encuentro jóvenes notables por su interés y aptitudes a quienes les auguro —casi podría asegurarlo— mucho éxito. Sin embargo, es importante encontrar jóvenes con características de líderes para que dirijan los esfuerzos en estas tareas, ¿no es así?

Yo no creo ser un líder; en nuestro caso las situaciones fueron circunstanciales, pues tuvimos la fortuna de encontrar factores que nos ayudaron; recibimos incluso apoyo y simpatía de muchas personas; generamos aprecio y agradecimiento. A mí me revitaliza dar clases porque tengo la misión institucional, y no hay cosa que me motive más como profesor que encontrar un estudiante atento, lo cual es muy esperanzador porque la experiencia que he acumulado en el trabajo académico es puesta al servicio de un joven que se entusiasma por hacer contribuciones a la ciencia. Inclusive hay estudiantes que me confrontan, que me retan cuando no están de acuerdo, y eso me retroalimenta y es muy satisfactorio. Vemos que para ti es muy importante la capacitación y la formación de recursos humanos, y como académico te debes sentir muy orgulloso de participar en ello.

¿Cómo acceden a tus proyectos de investigación los estudiantes?

Para mí es un halago cuando un estudiante, al finalizar un curso, me pide ingresar al grupo de trabajo y quiere hacer la tesis conmigo, o bien me pide orientación para seguir sus estudios; eso es algo invaluable; y cuando son tres, cuatro o más estudiantes por generación, pues me siento homenajeado.

El instituto1 es actualmente muy demandado por los estudiantes para trabajar, aunque no hay mucho espacio. De los estudiantes de la generación anterior, sólo se pudieron aceptar tres para dirigir sus tesis; además, hay muchos buenos estudiantes que por falta de tiempo no pueden ser aceptados, pues no se les puede dar lo que realmente merecen y necesitan, pero regularmente tratamos de crear espacios para atenderlos al menos una vez por semana y estamos constantemente en contacto a través del correo electrónico, siempre tratando de ayudarlos.

Ahora que has asumido la Dirección del Área Biológico-Agropecuaria, ¿cuál es tu proyecto y cómo piensas utilizar toda la experiencia adquirida a través de tus años como investigador?

La encomienda del rector es fortalecer la vinculación de la enseñanza con la investigación, y yo me he desempeñado más en el área de investigación que en la docencia; así que ese es el reto original: tratar de que los investigadores participen más en la docencia y, a su vez, que los docentes se incorporen cada vez más en las líneas de investigación; debemos lograr conjugar ambos aspectos.

¿No crees que tu área es precisamente la que más vincula la docencia con la investigación? Sí, claro, aunque hay varios retos en este momento. Yo creo que llegó la hora de una clara redefinición profesional de las ciencias biológicas.

El reto es poder enfrentar los grandes problemas de uso sostenido de los recursos naturales en nuestras regiones, en nuestro país y en el mundo. Todo debe partir de una nueva visión de lo que es la naturaleza y de su relación del hombre. Mi misión dentro del área es generar ese cambio de paradigma educativo; eso es lo más importante.

Hoy día estamos en un proceso de renovación curricular, por lo que estamos apelando a las diversas experiencias de otras universidades para hacer una definición de ese paradigma y tratar así de formar a los nuevos biólogos, agrónomos y veterinarios, buscando que estén debidamente capacitados para resolver los problemas actuales y buscar el desarrollo sustentable.

¿Qué nivel consideras que tienen las facultades de tu área frente a otras universidades de México?

Estamos viviendo procesos similares y no creo que haya grandes diferencias; sin embargo, lo que nosotros queremos es formar profesionales competitivos internacionalmente, y por eso estamos considerando en este momento como referentes no a las universidades nacionales, sino a las universidades norteamericanas y algunas europeas.

Específicamente, se está haciendo un análisis comparativo regional de los planes de estudio de nuestras áreas, y posteriormente lo haremos con otras universidades que son referentes clave. La UV ha entablado relaciones con la Universidad de California y se nos ha dado la oportunidad de conocer sus sistemas de enseñanza de la biología, agronomía y veterinaria, y hay otras universidades con las cuales estamos compartiendo experiencias.

Nosotros admiramos algunos logros de estas universidades, y con satisfacción también sabemos del reconocimiento que ellos hacen de nuestros logros, lo que nos da la oportunidad de establecer convenios de cooperación y no actuar solamente como demandantes de favores o bienes, sino como un socio ejecutivo.

¿Cómo se manifiesta tu área respecto del Modelo Educativo Integral Flexible, o MEIF? ¿Ya se está aplicando? Tenemos ya varias experiencias: las de la Facultad de Ciencias Agrícolas en la región de Xalapa y de la Facultad en Sistemas de Producción Agropecuaria; estas experiencias nos van a nutrir al momento de crear nuestros nuevos modelos.

Este año vamos a estar en el proceso de revisión curricular; queremos no solamente cumplir con el expediente de diseñar un plan de estudios con criterios de flexibilidad e integralidad, sino realmente hacer una propuesta pedagógica y disciplinaria trascendente.

¿Cómo han recibido los académicos y alumnos de tu área el MEIF?

El MEIF es una alternativa para brindar procesos de aprendizaje que nos permitan tener un nuevo perfil de egresados. Más que resistencia, yo creo que hay muchas preguntas sin contestar, y eso genera ansiedad o preocupación; pero en la medida en que construyamos una propuesta de manera colectiva vamos a poder contestarnos esas preguntas en lo individual y en lo colectivo, y es sobre la base de la certeza que estaremos planteando transformaciones curriculares y, en general, en nuestra vida institucional, Entonces, todo es un proceso de socializar una iniciativa para lograr el consenso que asegure su realización.

A más de veinte años de trabajar en la UV, ¿cómo te encuentras?

Pues veo una universidad que se ha ido transformando, y eso genera en mí un entusiasmo muy parecido al que viví cuando era estudiante. Me siento muy comprometido con lo que hago, tengo voluntad, imaginación y realmente disfruto mucho mi trabajo. Estoy trabajando y encontrando compañeros que comparten la visión de crear algo nuevo generando y compartiendo una prometedora aventura académica.

¿Tu compromiso con la UV sigue siendo sólido?

Sí, soy netamente universitario. Yo no me explico si no es en el seno de la UV. He tenido algunas oportunidades para irme y finalmente he renunciado a ello porque tengo el compromiso con nuestra universidad, en la que me siento profundamente arraigado. Y aunque he tenido estancias en otros lugares, encuentro que mi vocación es trabajar aquí; eso lo tengo muy claro. Incluso nunca he gozado un año sabático, pues siempre que pienso que pudiera postergar lo que estoy haciendo en un momento dado y dejar, por ejemplo, a estudiantes y tesistas que van a la mitad, no puedo siquiera considerarlo.

¿Qué es lo que más te satisface de lo que has realizado?

Quizá sea una vanagloria decir que he influido en gente que se ha venido a incorporar a una legión que trabaja en ideas que, aunque no sean mías, son positivas, y eso es una satisfacción muy grande. Por ejemplo, algo que me satisface es que tuve la fortuna de trabajar con personas que permitieron la creación de un centro que ahora se ha convertido en instituto. Tuve asimismo la suerte de encontrar a otros asociados académicos, y gracias a ello fundamos un instituto más.

Lo que fueron en principio ideales se convirtieron en realizaciones: laboratorios con gente trabajando trabajando y desarrollando ciencia. Me satisface pensar que de alguna manera contribuí a generar una línea de investigación que ha durado veinte años y que sigue formando biólogos interesados en el estudio de la conducta animal o estudiantes interesados en la conservación de la naturaleza. Todo eso son mis satisfacciones, vanas o no, pero esas son, y, como maestro, pues simplemente son invaluables.

Tu dices que “hubo fortuna” para esto y para lo otro, pero ¿les dirías a los estudiantes que se necesita solamente tener fortuna para hacerse investigador? ¿Qué consejo darías a los jóvenes que en un futuro harán la ciencia?

No, yo les diría que hay que atreverse, que hay que tener una convicción plena y muchas aspiraciones; que si quieren dedicarse a la investigación científica, que lo piensen así; que si escogen algo, se dediquen a ello. Yo creo que en la elección está la clave del éxito; después hay muchos otros intereses que pueden ser aparentemente contradictorios. Hay muchos que dicen que no saben si dedicarse a las ciencias o a las artes. Y no es así, pues al final se acaba haciendo uso de las aptitudes que se tengan. Por ejemplo, te metes de repente de documentalista de la ciencia y ya tienes la oportunidad de ponerte atrás de la cámara, de comprender cómo se edita un documental y de conocer los recursos que utiliza un cineasta o “videoasta”. O cuando escribes el guión de una conferencia te encuentras echando mano de la pluma y de las letras, y piensas: “Voy a generar aquí una tensión dramática”, o cuando recurres al histrionismo a la hora de dar clases hace que puedas convertirte en un artista. Y así se te van presentando oportunidades de sacar a flote tus aptitudes, que pueden ser muy diversas. Así que yo diría que, como estudiante, debe echársele un vistazo a todo y disfrutar lo que se hace; eso permitirá establecer una comunión no solamente en el ámbito de lo intelectual, sino en cualquier plano personal. Se supone que entre más ortodoxos sean los científicos serán más fríos. Pero yo no soy muy ortodoxo, así que soy muy apasionado con lo que hago.

Actualmente tu desarrollo personal continúa, pues te encuentras realizando un posgrado en filosofía de la ciencia, ¿cómo te sientes?

Estoy por presentar la tesis y, bueno, ese es un interés que tiene como antecedente muchos años y que surge desde que era estudiante de biología, cuando esos textos clave de la filosofía de la ciencia me apasionaban y eran para mí como objetos de culto a los cuales siempre regresaba, pues eran y siguen siendo la oportunidad para reflexionar.

Actualmente, la filosofía es para mí cada vez más significativa y me ha abierto otras perspectivas. Este es Ernesto Rodríguez Luna, quien conjugando el arte con la ciencia ha montado un gran número de exposiciones fotográficas con las que muestra el trabajo desarrollado en la zona de los Tuxtlas. Además, encontramos que su desempeño académico desde 1979 le ha llevado a publicar una inmensa cantidad de artículos en revistas nacionales y extranjeras, capítulos de libros y múltiples publicaciones. Y algo que no puede dejar de enfatizarse es su participación como comisionado y gestor de numerosos proyectos que han enaltecido y siguen elevando el nombre de lo que él mismo declara es su Alma Máter: la Universidad Veracruzana, institución que le ha reconocido haciéndolo merecedor de distinciones y estímulos por el trabajo que desarrolla con convicción plena. Para terminar, indagamos en su nueva faceta de funcionario.

Ahora que estás a la cabeza del Área Biológica-Agropecuaria, ¿qué es lo que no quieres dejar de hacer?

En principio, quisiera capitalizar todas las experiencias académicas que hay hacia la UV para tener la base para el nuevo diseño curricular en el cual la enseñanza y la investigación sean una sola cosa. Creo que la definición curricular frente a los retos de nuestro tiempo —no solamente los retos locales sino también los mundiales— será un referente importante en el proceso de globalización, que no es únicamente económico, sino social y cultural.

También pienso en las grandes ventajas del acceso a la información que nos da la Internet al proporcionarnos recursos que antes eran muy lejanos. Está cambiando el paradigma educativo y por ello hay que desarrollar aptitudes y competencias que antes no eran tan valoradas. Todo esto es muy excitante para mí y estoy aprendiendo de las experiencias de ésta y otras universidades, y espero tener la fortuna de encontrarme compañeros en esta aventura académica que me permitan arribar exitosamente a donde queremos, que es el que nuestra universidad sea una institución con un prestigio que se reconozca nacional e internacionalmente.

Esa sería mi meta y mi concepción por ahora. No siento que profesionalmente tenga tantos logros, pues hay mucha gente como yo que trabaja, que ha logrado mucho, que ha dedicado su vida a la UV y que ha hecho aportaciones sustanciales en su campo. Creo que hay muchos valores dentro de nuestra universidad. Se ha hecho mucha y buena investigación. Nos hace falta un poco de conciencia comunitaria para aprender a reconocernos en nuestros logros, en nuestros alcances; hace falta cultivar eso, con lo que ganaríamos mucho.

Después de una entretenida hora y pico de entrevista, la concluimos dejando pendientes un cúmulo de anécdotas que sin duda enriquecieron la trayectoria de Ernesto Rodríguez Luna, las que platicaremos en otra ocasión.

Por ahora, el Nuevo Modelo Educativo, los programas de estudios de las facultades en su área de responsabilidad, sus proyectos de investigación y demás requieren este espacio. Nos despedimos de él, no sin que antes nos muestre la foto de su hijo de dos años, Tito, en cuyo rostro vemos las mismas inquietudes e inteligencia de su destacado progenitor.

1 Instituto de Antropología de la Universidad Veracruzana
Avenida Xalapa 310, tel. 2288-401231, fax 2288-405915
correo electrónico: rramírezherrera@yahoo.com.mx
Universidad Veracruzana, tel. 2288-143340