4.2 El enfoque ecosistémico para la salud

Los enfoques ecosistémicos para la salud (o investigación de ecosalud) conectan formalmente las ideas relativas a los factores ambientales y sociales determinantes de la salud con aquellos de la ecología y pensamiento sistémico, en un marco de investigación-acción que se aplica principalmente dentro de un contexto de desarrollo social y económico.

Los enfoques ecosistémicos para la salud se focalizan en la interacción de:

  • Las dimensiones ecológica y socioeconómica de una situación dada, y su incidencia en la salud humana.
  • Cómo las personas usan o impactan los ecosistemas.
  • Las implicaciones con respecto a la calidad de los ecosistemas.
  • La provisión de servicios de los ecosistemas y su sustentabilidad.

Ecosalud también se refiere a un campo de investigación, educación y práctica en crecimiento a nivel internacional que integra varias escuelas diferentes de pensamiento. No existe un único enfoque que sea el mejor, esto queda evidenciado en las diferentes interpretaciones de un enfoque ecosistémico, a pesar de su origen común en la misma escuela de pensamiento. Esta diversidad es uno de los valores de este campo en crecimiento que es la ecosalud y, es coherente con sus principios de inclusión y transdisciplinariedad.

Fuente: Charron, D. (2013).

Bases del enfoque

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, las bases de la teoría del enfoque ecosistémico también conocido como enfoque ecosalud son: los sistemas complejos, la jerarquía de los elementos del sistema y la dinámica de los ecosistemas.

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Desde la perspectiva de Jean Label este enfoque centra a los seres humanos en su medio ambiente, reconoce las complejas relaciones que se dan entre los hombres y sus entornos biológico, físico, social, cultural, político y económico, y cómo esas relaciones afectan el estado de salud de la población, así mismo reconoce que los entornos y las necesidades de las poblaciones impactan la salud de los ecosistemas y estos a su vez, afectan la salud de sus pobladores. Desde el enfoque ecosistémico, la salud es resultado del equilibrio y armonía entre los humanos y los recursos provenientes del ambiente.
La acción social efectiva sobre la salud requiere del conocimiento, holístico, sistemático, constante y participativo.

Fuente: Bustamante, P. (2010).

En esencia, el enfoque de investigación sobre problemas combinados de salud ambiental y humana, en los países en desarrollo, vinculó una mejor gestión ambiental a una mejor salud dentro de un marco de investigación transdisciplinaria y participativa. ​ Considerar la salud o la enfermedad como algo más que un simple resultado de efectos (acumulados) de factores determinantes sociales o ambientales, próximos e independientes, fue la piedra angular. Un enfoque ecosistémico reconoce que la salud y el bienestar son resultado de las interacciones complejas y dinámicas entre los factores determinantes, y entre las personas, las condiciones sociales y económicas, y los ecosistemas. ​ Las condiciones de los ecosistemas también se ven afectadas por un proceso dinámico de interacciones, a menudo debido a las actividades sociales y económicas de las personas.

La visión predominantemente ecologista de la salud y el bienestar queda equilibrada con contribuciones de la filosofía de las ciencias sociales.
La visión predominante en las ciencias naturales y médicas, considera que la ciencia ofrece información objetiva e independientemente validada como evidencia para la toma de decisiones informadas. En la investigación y práctica de ecosalud se pone énfasis en las dimensiones éticas, a través de la integración de las perspectivas y participación de los actores, mediante la intención de la investigación que es realizar cambios positivos en el mundo. La investigación de ecosalud genera nuevos conocimientos que sirven como evidencia para ayudar a que estos cambios se logren.

Fuente: Charron, D. (2013).

Desde la perspectiva de Jean Label este enfoque centra a los seres humanos en su medio ambiente, reconoce las complejas relaciones que se dan entre los hombres y sus entornos biológico, físico, social, cultural, político y económico, y cómo esas relaciones afectan el estado de salud de la población, así mismo reconoce que los entornos y las necesidades de las poblaciones impactan la salud de los ecosistemas y estos a su vez, afectan la salud de sus pobladores. Desde el enfoque ecosistémico, la salud es resultado del equilibrio y armonía entre los humanos y los recursos provenientes del ambiente.
La acción social efectiva sobre la salud requiere del conocimiento, holístico, sistemático, constante y participativo.

Fuente: Bustamante, P. (2010).

En esencia, el enfoque de investigación sobre problemas combinados de salud ambiental y humana, en los países en desarrollo, vinculó una mejor gestión ambiental a una mejor salud dentro de un marco de investigación transdisciplinaria y participativa. ​ Considerar la salud o la enfermedad como algo más que un simple resultado de efectos (acumulados) de factores determinantes sociales o ambientales, próximos e independientes, fue la piedra angular. Un enfoque ecosistémico reconoce que la salud y el bienestar son resultado de las interacciones complejas y dinámicas entre los factores determinantes, y entre las personas, las condiciones sociales y económicas, y los ecosistemas. ​ Las condiciones de los ecosistemas también se ven afectadas por un proceso dinámico de interacciones, a menudo debido a las actividades sociales y económicas de las personas.

La visión predominantemente ecologista de la salud y el bienestar queda equilibrada con contribuciones de la filosofía de las ciencias sociales.
La visión predominante en las ciencias naturales y médicas, considera que la ciencia ofrece información objetiva e independientemente validada como evidencia para la toma de decisiones informadas. En la investigación y práctica de ecosalud se pone énfasis en las dimensiones éticas, a través de la integración de las perspectivas y participación de los actores, mediante la intención de la investigación que es realizar cambios positivos en el mundo. La investigación de ecosalud genera nuevos conocimientos que sirven como evidencia para ayudar a que estos cambios se logren.

Fuente: Charron, D. (2013).

La investigación con enfoque ecosistémico para la salud es sostenido por tres pilares metodológicos:

  1. La transdisciplina que promueve la investigación con una visión de largo alcance, en la que participan grupos de investigación de diversas disciplinas, los cuales adoptan un lenguaje común para logar una comunicación altamente efectiva que promueve el análisis integral.
  2. La participación comunitaria mediante la que colaboran en el proceso de investigación diversos grupos de la población, incluyendo sus representantes o los tomadores de decisiones.
  3. El enfoque de género que muestra la forma en que la relación hombre-mujer afecta la salud.

Fuente: Bustamante, P. (2010).

Para ampliar la información, revisa el siguiente video y observa cómo el concepto de ecosalud ha venido conformándose con el paso de los años y con influencia multidisciplinaria. Es un video del Consorcio ECOSAD (Consorcio por la Salud, Ambiente y Desarrollo). En él, se habla sobre un enfoque ecosistémico de la salud humana y de cómo es un enfoque de investigación-acción para el trabajo, en la articulación salud-ambiente-sociedad. El video se titula Introducción al enfoque ecosistémico para la salud humana ECOSALUD. se abre en nueva pestaña

Ecosistemas y salud humana

Instrucción: Haz clic en el video para iniciar la reproducción.

Fuente: Sánchez, A. (2015).

Ecosistemas y salud humana

Para los enfoques ecosistémicos, la salud se concibe de manera dinámica y dependiente del entramado de interacciones socio-ambientales: estos enfoques dejan de lado la idea de un estado inalcanzable e insostenible, y abordan a la salud como un recurso y como la capacidad de hacer frente, de adaptarse y dar respuesta a los desafíos y cambios que trae consigo la vida. Esto requiere, por un lado, que la salud no se tome como responsabilidad exclusiva del sector salud, y por otro, que el camino hacia su mejora se realice con la mirada puesta en un mundo siempre cambiante.

Otra característica común de los enfoques ecosistémicos es la prioridad que se da, a través de la investigación, a la búsqueda de respuestas (entendidas como esfuerzos para transformar nuestras interacciones con el medio ambiente) sobre el análisis de problemas que persigue primordialmente descubrir algo nuevo (un conocimiento científico, imparcial y generalizable). Hay aquí una intención explícita de avanzar hacia un cambio más sustentable y equitativo, en salud y bienestar humanos.

Para lograr este cambio se requiere de una serie de acciones. El primer paso es propiciar nuevas maneras de pensar y entender un problema de salud, desde distintas perspectivas sociales y ambientales para crear nuevos horizontes de acción, nuevas ideas sobre cómo “hacer mejores cosas”, guiadas por la prevención, la promoción de la salud (individual y colectiva), y la responsabilidad frente a las generaciones jóvenes y futuras. Por ejemplo, en vez de limitarse a matar más eficientemente a los insectos que transmiten enfermedades, se exploran alternativas eficaces para prevenir y reducir la transmisión de dichas enfermedades.

El segundo paso atañe al “saber hacer” esas cosas. Es una búsqueda del “saber qué” y “saber cómo” hacer, dentro de una trayectoria de cambio hacia esas “mejores cosas”. En el ejemplo anterior, esto consiste en reducir las enfermedades transmitidas por vectores (agentes que trasmiten enfermedades) y mejorar la salud de la gente, utilizando menos veneno para insectos y provocando el menor daño al medio ambiente.

Ambos saberes se fundamentan en la experiencia vivida y en un proceso colectivo de construcción de conocimientos, que integra perspectivas de distintos actores a través de la reflexión y el aprendizaje conjunto.

Principios orientadores de ecosalud

La investigación en ecosalud apoyada por el International Development Research Centre (IDRC) se guía por seis principios que conjuntamente fortalecen y agilizan la orientación que tiene la ciencia en crear bienes públicos. Estos principios tienen como objetivo informar la práctica (o el hacer), orientan una trayectoria de cambio y ayudan a definir metas en el camino. En esencia, estos apuntan a reducir la brecha entre el conocimiento y la acción, para promover y mejorar la equidad en salud y el bienestar de poblaciones desfavorecidas de manera más sostenible.

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Su propósito es generar nuevas formas de pensar sobre el mundo y cómo actuar en él, en vez de limitarse a entender cómo funciona. Permite examinar los problemas de salud y del ambiente, con una mente abierta a cuestiones de poder y control entre los actores involucrados. Abre los ojos a la diversidad de intereses y motivaciones en juego, así como a lo imprevisto. Ofrece la posibilidad de abordar y enfrentar las consecuencias imprevistas de nuestro actuar, y adaptarse a circunstancias cambiantes y/o emergentes.

Tres son los conceptos básicos del pensamiento sistémico:

  1. Prestar atención a interrelaciones entre la gente y, su entorno social y ecológico (es decir, examinar cómo se conectan las cosas entre sí y con qué consecuencias).
  2. Incluir, de forma deliberada y estratégica, distintas perspectivas de diversos actores (o sea, abrirse a diferentes formas de entender una situación y actuar en ella).
  3. Problematizar cuestiones de poder que surgen al establecer los límites alrededor de un problema o de su investigación (por ejemplo, ¿quién decide lo que está dentro o lo que queda fuera, lo que es más o menos relevante, más o menos prioritario?).

Todas estas consideraciones facilitan dos aportes característicos de este tipo de enfoques: replantear el problema de interés desde una visión más integral, y definir estrategias de acción desde múltiples perspectivas (es decir, procedentes del diálogo y el debate entre distintos saberes, motivaciones e intereses).

Su propósito es llevar a la práctica el pensamiento sistémico, incentivando la participación de distintos saberes locales y disciplinarios (saberes explícitos y tácitos). Este tipo de investigación ofrece un espacio de encuentro cuyo fin no es abordar las prioridades de todos los actores interesados, sino establecer un proceso colectivo de discusión y negociación para entender mejor el “por qué” y el “cómo” del problema y sus distintas consecuencias del actuar o de no actuar sobre él. Cuando un grupo de científicos de distintas disciplinas se involucra y trabaja con miembros de la comunidad, con tomadores de decisiones y otros actores, se genera la oportunidad de un proceso que puede llevar a nuevos conocimientos y acciones, en torno a un conjunto de metas y preguntas comunes.

Muchas veces la fragmentación de los aprendizajes y saberes lleva a la reproducción de la desigualdad social, debido a la incapacidad o desinterés de distintos actores de reflexionar y tratar temas ajenos a su especialidad o incumbencia. Un acercamiento transdisciplinario requiere un crecimiento personal y colectivo que incluye dimensiones cognitivas (desarrollo de la imaginación y apertura mental, a distintas lógicas y su racionalidad), emocionales (motivación, empatía, intuición, humildad), y relacionales (respeto a otros, capacidad de escuchar y compartir).

El proceso de cambio se va desarrollando paulatinamente. A medida que los involucrados se conocen mejor, el problema de estudio y sus implicancias se van clarificando, y los vínculos laborales se afianzan. Las prioridades de los distintos actores también tienden a evolucionar conforme se va comprendiendo mejor el problema y las responsabilidades de cada uno, lo que hace posible la formulación de acciones colaborativas y la factibilidad de ponerlas en práctica.

Los dos principios anteriores establecen el papel fundamental de la participación. Esta permite la articulación de distintas perspectivas y enriquece la generación de nuevas ideas. No solo influencia la forma de implementar un estudio, sino contribuye a identificar vacíos de información y conocimiento que sobrepasan el ámbito de una disciplina o sector.

Permite igualmente validar y/o replantear objetivos y preguntas de investigación. Una colaboración más amplia de actores ayuda también a esclarecer barreras al cambio, ya sean políticas, sociales y/o ambientales, y contribuye a negociar pasos concretos para seguir avanzando, más allá de lo que podrían lograr expertos o consultores de manera individual y aislada.

Este principio respalda en forma explícita esfuerzos para reducir las condiciones de desigualdad e injusticia que vulneran la salud y bienestar de las mujeres, y de los grupos más desprotegidos. En toda sociedad, las diferencias entre miembros de distintos grupos (sociales, económicos, culturales, de edad y género) se reflejan en su relacionamiento con los ecosistemas que les dan sustento, así como en la exposición a distintos riesgos y daños para la salud. Al instrumentar este principio, la investigación no solo intenta documentar las diferencias sociales y de género frente a una problemática específica, sino que asume una posición ética frente a la inequidad. El camino hacia la igualdad debe pasar por avances en equidad. A menudo, este es un camino arduo que depende mucho del contexto local, por lo que se requiere problematizar las relaciones sociales, dar cabida a la introspección sobre prejuicios conscientes e inconscientes, y examinar diferencias de poder entre los actores. Un acercamiento sistémico que legitima la participación de distintas perspectivas es un insumo necesario que emana de este principio.

La ecosalud apunta a lograr cambios en interrelaciones sociales-ambientales de manera ética, positiva y duradera. Dichos cambios buscan ser ambientalmente sanos y socialmente sustentables.

Dilemas éticos surgen cuando no hay coherencia entre las necesidades y prioridades a corto plazo (de un sector de la población o de una sociedad), y un proceso más largo que busca mejorar la salud y sostenibilidad de los ecosistemas, tomando en cuenta las necesidades de generaciones presentes y futuras.

La investigación de ecosalud intenta hacer aportes significativos al atender preocupaciones locales, tratando de incidir en fuerzas sociales más amplias que, queriendo o no, favorecen ciclos de pobreza, degradación ambiental y salud precaria.

Lograr cambios locales muchas veces contribuye a cambiar percepciones a otros niveles y motiva a enfrentar problemas más amplios. Pero esto requiere también contar con estrategias que vayan más allá de lo local hacia puntos de intervención en el sistema, donde se pueda lograr una influencia más extensa y duradera. De aquí el énfasis en la incidencia en políticas públicas, aunado a acciones concretas en el terreno para transformar prácticas locales. La jornada hacia una salud sustentable empieza por acciones y políticas que reducen el malgasto y desperdicio de recursos, la contaminación ambiental y la destrucción de la biodiversidad.

Se trata de una gestión estratégica del conocimiento a la acción. El punto es guiar una intervención (logrando la traducción). El esfuerzo colectivo incorporado en los seis principios de ecosalud rompe con ese uso tradicional de la ciencia y facilita un proceso evolutivo, que permite dar el paso a imaginarse futuros más sustentables y equitativos, e invertir esfuerzos en hacer cosas distintas y mejores para llegar a ellos. La eficiencia tecnológica se pone al servicio de procesos de transformación de relaciones socio-ambientales, en vez de imponerse como una solución o meta.

La incidencia en políticas públicas y cambio de prácticas (formas usuales del hacer) son estrategias fundamentales en ese proceso de transformación. El conocimiento científico juega un papel sustancial en ambas, pero no suficiente. La investigación y sus aportes representan solo una fracción de los insumos y esfuerzos requeridos. En el ámbito de políticas públicas, por dar un ejemplo, se encuentran múltiples obstáculos, tales como: falta de reconocimiento por parte del gobierno acerca de la importancia o relevancia de la investigación; capacidad inadecuada en instituciones gubernamentales (desde el nivel municipal al nacional) para actuar con base en nuevos conocimientos y/o nuevas formas de concebir un problema y sus posibles respuestas.

Surge una sinergia importante que permite abordar problemáticas que a primera vista parecen insuperables. Enfoques basados en estos principios asumen la inevitabilidad de lo incierto e imprevisible. En ellos, esa incertidumbre irreducible se trata de manejar dentro de lo posible, en vez de ignorarla o intentar dejarla de lado. Enfrentar tal reto solo es posible si reconocemos la legitimidad de distintas perspectivas y saberes (cf. Funtowkicz y Ravetz 1993, Ciencia para la era post-normal).

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Fuente: Sánchez, A. (2015).

Los anteriores principios constituyen la base para implementar una investigación que emplee enfoques ecosistémicos para la salud. Dichos principios han sido formulados en el entendido de que los humanos y nuestros sistemas, sociales y económicos están insertados dentro de ecosistemas, y que estos sistemas socioecológicos combinados se comportan como sistemas complejos. Para lograr cambios positivos y sustentables en salud humana a través de una mejor interacción con los ecosistemas, se requiere una variedad de actores y procesos en la investigación.

Se pretende que el conocimiento generado por la investigación de ecosalud sea utilizado por las comunidades locales y aquellos que elaboran políticas a escala local y más amplia. Este conjunto de principios es útil para comprender la intención y el proceso de la investigación de ecosalud, y para informar la práctica. Sin embargo, los investigadores que busquen diseñar e instrumentar una investigación de ecosalud también deben ser capaces de entender el proceso.

Monitoreo y evaluación, validación, integración

Diseño participativo
Desarrollo del equipo de investigación

Definir sistema, actores, dinámicas de poder y naturaleza del problema(s).

Establecer visión y metas en común.

Refinar estudio y diseñar e integrar metodologías.

Desarrollo del conocimiento

Comprender relaciones del sistema.

Recolección y análisis de datos (cualitativos y cuantitativos).

Determinar avance:

¿Qué se sabe? ¿Qué otro conocimento se necesta? ¿Cómo se relaciona con otro conocmiento?

Traducción y uso del conocimiento.

Adaptación de las intervenciones, acciones (o replicación), incorporación de resultados de la investigación en el diseño de políticas, aumento y ampliación de escala.

Sistematización

Diseñar plan de acción.

Probar e implementar intervención u otra acción.
Documentar y difundir aprendizajes.

Estrategia de intervención

Proceso de investigación que emplea un enfoque ecosistémico para la salud

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Fuente: Charron, D. (2013).

Para ampliar la información, revisa el video que contiene pequeñas acciones que pueden abonar a la perspectiva de la ecosalud (desde el inicio hasta el minuto 27 ). El video se titula Salud y sustentabilidad. se abre en nueva pestaña

Para reconocer cómo se relacionan los conceptos centrales, es necesario que construyas o refuerces tu propio concepto de sustentabilidad. Con el siguiente recurso podrás clarificar nueve principios clave de una visión sistémica y crítica de la sustentabilidad. El maestro José Antonio Pensado, de la Universidad Veracruzana presenta la microcharla: De qué hablamos cuando hablamos de sustentabilidad.

Instrucción: Haz clic en el video para iniciar la reproducción.

Fuente: JAP1st. (2022, 28 de noviembre).

De qué hablamos cuando hablamos de sustentabilidad

¿Qué es lo primero que te viene a la mente cuando escuchas la palabra sustentabilidad?, ¿separar los residuos?, ¿ahorrar el agua de la llave? Sí, estas acciones son parte de la sustentabilidad, pero la sustentabilidad es mucho más que eso ¿Sabías que la sustentabilidad también tiene que ver con la salud, con la solidaridad, con la justicia, y hasta con la distribución del poder? En este video te lo contaré todo.

En un primer momento, podemos pensar en la sustentabilidad como una característica de los sistemas vivos que les permite evolucionar, mantenerse en el tiempo y adaptarse a los cambios de su entorno. Por otro lado, la sustentabilidad ha surgido como un horizonte civilizatorio ante las serias crisis a las que la humanidad se enfrenta actualmente. Hay por lo menos nueve límites planetarios que no deberían traspasarse para que continúe la vida como la conocemos, y se piensa que tres ya los hemos sobrepasado y están en muy alto riesgo de generar cambios irreversibles y para otros tres, el riesgo está aumentando considerablemente. Pero estas crisis no son solamente ambientales, los desequilibrios ocurren también en las esferas sociales, económicas, geopolíticas y culturales en forma de desigualdades, injusticias, brechas socioeconómicas, conflictos socioambientales, empobrecimiento cultural, entre otros.

¿Entonces, qué es exactamente la sustentabilidad? No sería fácil dar una definición absoluta, pues no es un concepto único ni estático, existe una gran diversidad de propuestas, discursos e iniciativas relacionadas con la sustentabilidad, las cuales pueden ser muy distintas y hasta contrarias entre sí. No entraré en detalles sobre cada una de ellas, lo que aquí te propongo son nueve principios clave de una visión sistémica y crítica de la sustentabilidad, los cuales derivan de estas propuestas.

1. Dependencia humano-naturaleza

En primer lugar, pensar la sustentabilidad de manera sistémica es reconocer que existe una relación inseparable entre los ecosistemas y los sistemas humanos, en la que los humanos dependemos de los ecosistemas para sobrevivir y aunque los ecosistemas no dependen de nosotros, sus dinámicas sí son fuertemente influenciadas por nuestras actividades. De hecho, no son dos tipos de sistemas distintos, sino dos caras de una misma moneda llamada: socioecosistema. Un océano, una cuenca, un bosque, una granja, una ciudad y un campus universitario son socioecosistemas, porque ahí ocurren actividades humanas o son afectados por ellas.

2. Integralidad

La sustentabilidad no es únicamente una cuestión ambiental, sino también económica, política, social y cultural, por lo que actuar hacia la sustentabilidad es hacerlo de manera integral, atendiendo las causas profundas de todos estos problemas, por ejemplo: la calidad y disponibilidad de agua define la vida de las personas. Una comunidad con acceso limitado a agua limpia, tiene menos tiempo libre y menores posibilidades de tener acceso a educación, de cultivar sus propios alimentos y de participar en las decisiones de la sociedad que les afectan.

3. Estabilidad, adaptabilidad y resiliencia

Nuestro planeta y los socioecosistemas, tienen un límite en su capacidad de regeneración y adaptación a los cambios ocasionados por las actividades humanas. Cuando se supera ese límite, el sistema completo puede cambiar a un estado más inestable o colapsar. La sustentabilidad entonces implica hacer lo necesario para mantener estables las condiciones que sustentan la vida del planeta y que proveen bienestar a los seres humanos. También es diseñar y construir sistemas sociales, económicos, culturales y físicos, capaces de adaptarse y recuperarse ante los cambios de estas condiciones.

4. Precaución ante la incertidumbre

Los socioecosistemas son complejos, el efecto de una actividad humana sobre ellos, puede aumentar de manera exponencial o impredecible a causa de cascada de efectos que simplifican unos a otros en bucles continuos. Esto genera incertidumbre sobre los efectos de nuestras acciones a largo plazo y en escalas amplias, por lo que algo que debe guiar nuestras acciones ante la incertidumbre, es tomar medidas precautorias que permitan prevenir o minimizar los potenciales daños. El cambio climático y la reducción de la diversidad biológica son ejemplos de fenómenos que conforme se intensifican, se generan cambios cada vez más fuertes que promueven su propia aceleración.

5. Escala humana

En muchos aspectos, el problema de la insustentabilidad del desarrollo es una cuestión de escala, muchos avances tecnológicos que han permitido a la humanidad lograr cosas que no podría con sus capacidades biológicas, llevan consigo impactos sobre la propia salud humana y la de los socioecosistemas. La sustentabilidad no significa regresar a la Edad de Piedra, pero sí satisfacer nuestras necesidades fundamentales dentro de los límites espaciales y temporales de adaptación y regeneración de los sistemas sociales y ecológicos, a modo de evitar su colapso.

6. Autosuficiencia

La sustentabilidad de un socioecosistema, como es el caso de una ciudad o una granja o de cualquier actividad humana, está muy relacionada con su capacidad de desarrollar sus procesos y funciones con poca dependencia de fuentes externas de materia y energía. En el caso de una comunidad, también tiene que ver con su capacidad de autodeterminación y autogestión, o sea, de definir y llevar a cabo sus propios objetivos, prioridades, identidad, valores y alternativas de desarrollo.

7. Equidad y justicia

Los problemas socio ecosistémicos nunca son social o políticamente neutrales, porque no todas las personas, organizaciones y naciones contribuyen de la misma manera a su creación o intensificación, ni todas sufren de la misma manera sus consecuencias. Algunos grupos, los más vulnerables, son más afectados que otros, pero no solo eso, algunos grupos incluso son beneficiados por estos cambios. La sustentabilidad es entonces también una cuestión de equidad y justicia, lo que implica reconocer que nuestra responsabilidad es compartida, pero diferenciada y que cualquier acción de sustentabilidad debe considerar, en primer lugar, la reducción de las desigualdades en la contribución a los problemas socioecosistémicos, en el acceso a recursos básicos para la vida y en la vulnerabilidad social ante fenómenos como el cambio climático o la contaminación.

8. Bien común

La sustentabilidad es un bien común. Una persona o una comunidad no pueden ser sustentables si su entorno inmediato no lo es, o si su estilo de vida genera impactos negativos fuertes sobre otras comunidades o sobre los ecosistemas. También, muchos de los sistemas asociados a la sustentabilidad, por ejemplo, el agua de una cuenca, un bosque, un huerto comunitario y el patrimonio agricultural, son bienes comunes, pues proveen beneficios directos e indirectos a un amplio número de personas y seres vivos; no pertenecen a nadie en particular y su permanencia en el tiempo depende de un uso y cuidado compartido. Transitar hacia la sustentabilidad es entonces trabajar por un bien común, que mantenga el sustento de la vida y el bienestar fundamental de todas las personas y seres vivos.

9. Acción colectiva

Las condiciones fundamentales de la vida y del bienestar humano son entonces un bien común, por lo que nos toca a los humanos establecer reglas y realizar acciones para distribuir equitativamente los beneficios que nos proveen y asegurar su estabilidad en el largo plazo, evitando superar sus límites y promoviendo su regeneración. Pero estas reglas y acciones no pueden ocurrir desde el libre albedrío de cada persona, ni ser impuestas por un gobierno o la alta dirección de una organización, lo que se requiere es la acción colectiva, el esfuerzo colaborativo y equitativo de las distintas personas involucradas a partir de acuerdos, decisiones compartidas y relaciones de confianza para el logro de objetivos comunes.

Bien, pues esta es la propuesta de sustentabilidad que te comparto, para cerrar te propongo las siguientes preguntas para reflexionar o dialogarlas con otras personas:

  • ¿Qué implica la visión sistémica y crítica de la sustentabilidad en tu vida familiar y dentro de tu ámbito de comunidad?
  • ¿Y en tu escuela o profesión?

Espero que la próxima ocasión que hables o escuches de sustentabilidad, o actúes en nombre de ella, tengas presentes estos nueve principios clave y así, puedas juzgar con tus propios criterios. ¿De qué se habla cuando se habla de sustentabilidad?