4.1 La importancia de la ecosalud para la salud humana y la sustentabilidad

Contexto

Desde la declaración de Alma Ata en 1978, se identificó la necesidad de la participación comunitaria e intersectorial para la prevención de los problemas de salud. Una gran parte de los problemas de salud en la actualidad tienen su origen en determinantes de salud que se encuentran en otros sectores, tales como el ambiente, vivienda, agricultura, trabajo, minería, entre otros. Modificaciones de las políticas públicas en estos sectores pueden resultar en la prevención de, por ejemplo, la aparición de enfermedades crónicas o trasmisibles.

Esto significa que el sector salud debe trabajar con diversos sectores, identificando aquellos incentivos que fomentarían o facilitarían el cambio de política pública con efecto sobre los Determinantes Sociales de la Salud. No obstante, se ha evidenciado que, el trabajo intersectorial tanto a nivel comunitario como en otros niveles no ha sido siempre implementado.

Tanto en América Latina y el Caribe como en Canadá, las corrientes de pensamiento que buscan articular la reflexión sobre los sistemas sociales y los ecosistemas han ido confluyendo en las últimas décadas. El acercamiento de estas dos corrientes epistemológicas ha concurrido en la generación y puesta en práctica de un enfoque ecosistémico, enfocado sobre la salud humana, animal y de los ecosistemas.

Este enfoque denominado ecosalud, facilita la implementación y el abordaje sobre los determinantes sociales y ambientales de salud, incorpora formas de pensar basadas en sistemas de pensamientos e influenciadas por el pensamiento crítico: equidad y género, los ecosistemas como base para la salud, y pensamientos complejos. Ecosalud es un enfoque sensible a las conexiones, por lo tanto, propone formas de relacionar que permiten escuchar diferentes voces: la participación comunitaria, redes sociales y la transdisciplinariedad. La ecosalud considera importante también las formas de hacer: la conexión estrecha entre la investigación-acción donde una se nutre de la otra.

Fuente: Saint-Charles, J. & Webb, J. (Eds.). (2020).

Importancia de la investigación

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La población mundial se aproximará a los 9 mil millones para el año 2050. Se proyecta que la mayor parte del crecimiento poblacional, se producirá en países en desarrollo. Estas regiones en desarrollo soportan la mayor parte del peso global, relativo a enfermedades y muertes. A pesar del avance hacia los Objetivos de Desarrollo del Milenio (Naciones Unidas, 2000) para la reducción de tasas de mortalidad infantil y mejora del control de las principales enfermedades, las vidas de los habitantes en los países más pobres siguen siendo un 30% más cortas y menos saludables que las vidas de los pobladores de las naciones más ricas (OMS, 2008).

Los problemas ambientales y sanitarios aumentan de escala, y cada vez más ocurren de manera simultánea. Estos se ven agravados por otras crisis mundiales, como por ejemplo, las crisis en los mercados financieros, y afectan sobre todo a las personas pobres del mundo.

Los ecosistemas están dando señales de no poder hacerse cargo de ofrecer los servicios que las personas esperan de ellos. Los crecientes problemas de salud y medio ambiente son interdependientes. Los mayores detonantes del cambio ambiental (cambio climático, globalización, urbanización, deforestación e intensificación agrícola) están afectando la salud humana y acumulando las desigualdades, tanto sociales y económicas como entre personas ricas y pobres.

Los problemas de la salud humana resultantes de la degradación de los ecosistemas también ocurren a nivel local. Los peligros ambientales como el agua no potable, el saneamiento inadecuado, la mala calidad del aire, los riesgos laborales, la contaminación y los ambientes gestionados en forma precaria, contribuyen a la mayoría de las enfermedades e implican una considerable carga económica en muchos países en desarrollo.

En muchas zonas del mundo, la pobreza atrapa a las personas en ambientes degradados y ocupaciones que son nocivas para su salud, como es el caso de los trabajadores en las granjas de floricultura y minas de oro en Ecuador, las canteras de piedra en la India o los habitantes de barrios marginados en Katmandú y Yaundé. Las personas pobres, o de alguna manera marginadas, a menudo se sienten impotentes y cuentan con una mínima capacidad para adaptarse a los cambios ambientales, económicos y sociales, o para protegerse de los riesgos ambientales.

Pueden recurrir al uso de los ecosistemas de tal forma que ponen en riesgo su propia salud, al aumentar su exposición a organismos infecciosos y sustancias tóxicas, y acentuando sus vulnerabilidades ante amenazas físicas, como podría ser el caso de las inundaciones. Las familias empobrecidas por lo general tienen acceso limitado a la información y atención en salud. La pobreza, muchas veces obliga a las personas a dejar sus hogares en busca de trabajo, haciendo que tanto los migrantes como las familias que dejaron atrás se vuelvan más vulnerables a los riesgos que atentan contra su salud. La enorme brecha entre personas ricas y pobres significa que los muy pobres no pueden beneficiarse del desarrollo económico tanto como otros.

Los ecosistemas sobreexplotados no pueden sustentar modos de vida saludables y son nocivos para la salud humana. En muchas de las regiones del mundo en desarrollo, los individuos ocupados en la subsistencia diaria pueden no tener más alternativa que seguir realizando actividades que continúan degradando el ambiente y que siguen poniendo en peligro su salud. Los cambios en los ecosistemas de todo el mundo tienen como consecuencia patrones climáticos menos confiables y reducción de la productividad.

Las malas condiciones de muchos de los ecosistemas del mundo afectan la probabilidad de alcanzar las metas de desarrollo económico y humano, incluida una mejor salud para las personas pobres del mundo. Contener la degradación y restaurar los ecosistemas significa un enorme desafío cuando a la vez se usan para satisfacer las crecientes demandas de sus servicios, sin poner en riesgo la salud humana. Los actuales esfuerzos que en este sentido se están realizando en varias partes del mundo quizá no estén avanzando lo suficientemente rápido como para atender este desafío.

La población mundial se aproximará a los 9 mil millones para el año 2050. Se proyecta que la mayor parte del crecimiento poblacional, se producirá en países en desarrollo. Estas regiones en desarrollo soportan la mayor parte del peso global, relativo a enfermedades y muertes. A pesar del avance hacia los Objetivos de Desarrollo del Milenio (Naciones Unidas, 2000) para la reducción de tasas de mortalidad infantil y mejora del control de las principales enfermedades, las vidas de los habitantes en los países más pobres siguen siendo un 30% más cortas y menos saludables que las vidas de los pobladores de las naciones más ricas (OMS, 2008).

Los problemas ambientales y sanitarios aumentan de escala, y cada vez más ocurren de manera simultánea. Estos se ven agravados por otras crisis mundiales, como por ejemplo, las crisis en los mercados financieros, y afectan sobre todo a las personas pobres del mundo.

Los ecosistemas están dando señales de no poder hacerse cargo de ofrecer los servicios que las personas esperan de ellos. Los crecientes problemas de salud y medio ambiente son interdependientes. Los mayores detonantes del cambio ambiental (cambio climático, globalización, urbanización, deforestación e intensificación agrícola) están afectando la salud humana y acumulando las desigualdades, tanto sociales y económicas como entre personas ricas y pobres.

Los problemas de la salud humana resultantes de la degradación de los ecosistemas también ocurren a nivel local. Los peligros ambientales como el agua no potable, el saneamiento inadecuado, la mala calidad del aire, los riesgos laborales, la contaminación y los ambientes gestionados en forma precaria, contribuyen a la mayoría de las enfermedades e implican una considerable carga económica en muchos países en desarrollo.

En muchas zonas del mundo, la pobreza atrapa a las personas en ambientes degradados y ocupaciones que son nocivas para su salud, como es el caso de los trabajadores en las granjas de floricultura y minas de oro en Ecuador, las canteras de piedra en la India o los habitantes de barrios marginados en Katmandú y Yaundé. Las personas pobres, o de alguna manera marginadas, a menudo se sienten impotentes y cuentan con una mínima capacidad para adaptarse a los cambios ambientales, económicos y sociales, o para protegerse de los riesgos ambientales.

Pueden recurrir al uso de los ecosistemas de tal forma que ponen en riesgo su propia salud, al aumentar su exposición a organismos infecciosos y sustancias tóxicas, y acentuando sus vulnerabilidades ante amenazas físicas, como podría ser el caso de las inundaciones. Las familias empobrecidas por lo general tienen acceso limitado a la información y atención en salud. La pobreza, muchas veces obliga a las personas a dejar sus hogares en busca de trabajo, haciendo que tanto los migrantes como las familias que dejaron atrás se vuelvan más vulnerables a los riesgos que atentan contra su salud. La enorme brecha entre personas ricas y pobres significa que los muy pobres no pueden beneficiarse del desarrollo económico tanto como otros.

Los ecosistemas sobreexplotados no pueden sustentar modos de vida saludables y son nocivos para la salud humana. En muchas de las regiones del mundo en desarrollo, los individuos ocupados en la subsistencia diaria pueden no tener más alternativa que seguir realizando actividades que continúan degradando el ambiente y que siguen poniendo en peligro su salud. Los cambios en los ecosistemas de todo el mundo tienen como consecuencia patrones climáticos menos confiables y reducción de la productividad.

Las malas condiciones de muchos de los ecosistemas del mundo afectan la probabilidad de alcanzar las metas de desarrollo económico y humano, incluida una mejor salud para las personas pobres del mundo. Contener la degradación y restaurar los ecosistemas significa un enorme desafío cuando a la vez se usan para satisfacer las crecientes demandas de sus servicios, sin poner en riesgo la salud humana. Los actuales esfuerzos que en este sentido se están realizando en varias partes del mundo quizá no estén avanzando lo suficientemente rápido como para atender este desafío.

Fuente: Rebollo, L., Rincón, E., León, V. & García, M. (2021).

Evaluación de ecosistemas

La Evaluación de Ecosistemas del Milenio representa un hito en el intento de vincular la salud y el bienestar humanos con la conservación y un uso más sustentable de los ecosistemas.

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Evaluación de los Ecosistemas del Milenio (MEA)

La evaluación describe la forma en que los ecosistemas aportan al bienestar humano e incluso se les define como servicios ecosistémicos. Estos son algunos de los beneficios que obtienen las personas de los ecosistemas: provisión de alimentos, agua, madera y fibra; regulación del clima, inundaciones, enfermedad, residuos, y calidad de agua; beneficios recreativos, estéticos y espirituales; y procesos biofísicos fundamentales como la formación de suelos, fotosíntesis y ciclos de nutrientes.

El marco conceptual de esta evaluación articula las relaciones entre salud humana y bienestar en relación con los ecosistemas. Los numerosos informes de la serie MEA (siglas en inglés de la Evaluación de los Ecosistemas del Milenio) dan pasos significativos hacia la integración del bienestar humano y los ecosistemas, en particular la síntesis de salud publicada por la Organización Mundial de la Salud. La segmentación de las agendas de políticas en salud, ambiente y otros temas contradice de forma persistente una verdad fundamental: la salud humana depende de entornos saludables, y la prosperidad humana depende tanto de personas sanas como de ecosistemas en buenas condiciones.

Enfoque ecosistémico para la salud humana (ecosalud)

El enfoque ecosistémico para la salud humana (ecosalud), busca incorporar las dimensiones ecológicas, ambientales y sociales (que incluye la económica, política, cultural) como determinantes de salud. Conecta formalmente los determinantes sociales y ambientales de salud humana con elementos de la ecología y el pensamiento sistémico, en un marco transdisciplinario y de investigación-acción participativa. El enfoque es concebido como una perspectiva de investigación para el desarrollo que busca integrar ideas, métodos y habilidades multidisciplinarias con saberes locales para el cambio (Corbalán y cols., 2005, Charron, 2014; Betancourt y cols. 2016) aportando a la formulación de políticas públicas que reduzcan los impactos sobre los ecosistemas (OPS, 2009; Galvao y col., 2010). La ecosalud pone énfasis en la integración multidisciplinar.

La investigación de ecosalud puede generar una evidencia contundente con respecto a las contribuciones a los cambios sociales y ambientales que mejoran la salud de las personas. Está informada por el contexto local y sus prioridades, y se conecta a los individuos y los procesos que pueden adoptar este conocimiento, aplicándolo a una mejor salud y ecosistemas a largo plazo. Sin la suficiente atención al estado de los ecosistemas y la inequidad socioeconómica, entre las personas que dependen de estos mismos ecosistemas, todo el esfuerzo por mejorar la salud mundial y el desarrollo humano fracasará.

El cambio climático, la contaminación, las distorsiones en la ecología animal-enfermedad que conllevan nuevas enfermedades para los humanos y los ecosistemas degradados que no pueden producir alimentos nutritivos, agua limpia o aire, limitarán el éxito de las iniciativas de salud pública en el mundo entero. Por el bien común y el de las futuras generaciones, la salud humana y el estado de los ecosistemas se deben mejorar conjuntamente. Para ello, se requiere generar estrategias que ayuden a mejorar la salud humana y los ecosistemas en todas las comunidades del mundo.

Fuente: Charron, D. (2013).

Aproximaciones a la ecosalud

La investigación científica hoy por hoy demuestra que, el bienestar humano no es posible cuando el ambiente está degradado. No se trata de resolver los problemas sociales para después atender los temas ambientales o viceversa, el mundo tiene procesos naturales como soporte de la vida, por lo que es necesario el desarrollo de una mirada que integre, comprenda y atienda los problemas socioambientales de manera eficaz.

Dos manifestaciones graves que se presentan del deterioro de los sistemas socioambientales son el cambio climático y la pérdida de la biodiversidad; a pesar de estas evidencias aún hay tomadores de decisiones que deciden no mirar la urgencia de atenderlos. En la actualidad, la pandemia ha visibilizado que estos problemas son globales y acentúan efectos sociales, económicos y ambientales que ya estaban presentes en los sistemas. Estos problemas requieren de entendimiento, análisis y soluciones globales.

Se necesita una perspectiva que fomente el desarrollo de proyectos e ideas que permitan un ambiente sano. Está en nuestras manos comprender que la relación con nuestro ambiente puede ser modificada de tal manera que se pueden hacer menos frecuentes, menos letales y más controlables los fenómenos que a escala global impactan negativamente en la salud, pero también en la economía y en la seguridad en general.

Identificando, en primera instancia modos y modelos de vida no sustentable, es posible el reconocimiento de estos criterios en los diferentes contextos, cotidiano o profesional, para modificar y abonar a la cultura de la sustentabilidad, y por consecuencia a la ecosalud.

Para ampliar la información, revisa la primera parte de la siguiente ponencia (desde el inicio hasta el minuto 25). La ponencia se titula One Health: una sola salud humana, animal, vegetal y ambiental. se abre en nueva pestaña