3.2 La salud emocional y la ecoansiedad

Salud emocional

La salud emocional hace referencia a un estado mental que nos permite desarrollar nuestra vida cotidiana con suficiente motivación, tranquilidad y eficacia. Nos posibilita hacer frente a las tensiones normales de la vida sin sentirnos superados, relacionarnos con los demás de forma satisfactoria o cumplir con nuestras obligaciones de forma adecuada.

Fuente: Osasun Eskola. (2022, 7 de julio).

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Las emociones positivas tienden a potenciar la salud tanto física como mental mientras que las emociones negativas tienden a disminuirla. A su vez, las personas que gozan de un buen estado de salud tienden a experimentar más emociones positivas y menos negativas que quienes han perdido su bienestar.

En un primer momento, las emociones negativas se consideran adaptativas, es decir, nos ayudan a protegernos de determinados problemas. Sin embargo, permanecer indefinidamente enfadados, tristes o aterrados supone un sobre esfuerzo y un sobre coste que no es posible mantener a lo largo del tiempo y, que puede acarrear un trastorno de la salud física y mental.

Hay varias explicaciones por las que un elevado estado de emocionalidad negativa puede tener consecuencias para la salud, entre ellas destacan:

  • Experimentar ira, tristeza o depresión de manera intensa, produce cambios de conducta de abandono de los hábitos saludables como el ejercicio físico o la vida social, y los sustituye por otros como el sedentarismo o la adicción al tabaco o al alcohol.
  • Las reacciones emocionales que se prolongan en el tiempo también hacen que se activen mecanismos fisiológicos como la tensión, la elevación de la presión sanguínea, etc. que pueden desembocar en problemas musculares o cardiovasculares altamente perjudiciales.
  • También, un malestar psicológico propio de las emociones negativas puede desencadenar mecanismos de autorregulación poco adecuados que se utilizan para contrarrestar o eliminar estas experiencias emocionales. Un ejemplo es el uso de sustancias para reducir el malestar o tratar de evitar las situaciones que provocan nuestras reacciones, desencadenando trastornos de tipo fóbico.
  • Una alta emocionalidad negativa produce también sesgo cognitivo, es decir, una manera de interpretar las situaciones alejada de la realidad. Si la atención se focaliza en sensaciones físicas puede desarrollarse trastorno del pánico, si lo hace en la propia conducta ante situaciones sociales, fobia social, si se fija en pensamientos intrusos, trastorno obsesivo compulsivo, si lo hace en la pérdida, trastorno depresivo, etc.
  • Las emociones positivas a veces pueden alterar la salud. Por ejemplo, una elevada euforia en personas muy impulsivas puede conducir a un atracón de comida o de consumo de sustancias psicoactivas, que puede aumentar el riesgo de sufrir un accidente o alguna otra consecuencia negativa para la salud.

Las emociones positivas tienden a potenciar la salud tanto física como mental mientras que las emociones negativas tienden a disminuirla. A su vez, las personas que gozan de un buen estado de salud tienden a experimentar más emociones positivas y menos negativas que quienes han perdido su bienestar.

En un primer momento, las emociones negativas se consideran adaptativas, es decir, nos ayudan a protegernos de determinados problemas. Sin embargo, permanecer indefinidamente enfadados, tristes o aterrados supone un sobre esfuerzo y un sobre coste que no es posible mantener a lo largo del tiempo y, que puede acarrear un trastorno de la salud física y mental.

Hay varias explicaciones por las que un elevado estado de emocionalidad negativa puede tener consecuencias para la salud, entre ellas destacan:

  • Experimentar ira, tristeza o depresión de manera intensa, produce cambios de conducta de abandono de los hábitos saludables como el ejercicio físico o la vida social, y los sustituye por otros como el sedentarismo o la adicción al tabaco o al alcohol.
  • Las reacciones emocionales que se prolongan en el tiempo también hacen que se activen mecanismos fisiológicos como la tensión, la elevación de la presión sanguínea, etc. que pueden desembocar en problemas musculares o cardiovasculares altamente perjudiciales.
  • También, un malestar psicológico propio de las emociones negativas puede desencadenar mecanismos de autorregulación poco adecuados que se utilizan para contrarrestar o eliminar estas experiencias emocionales. Un ejemplo es el uso de sustancias para reducir el malestar o tratar de evitar las situaciones que provocan nuestras reacciones, desencadenando trastornos de tipo fóbico.
  • Una alta emocionalidad negativa produce también sesgo cognitivo, es decir, una manera de interpretar las situaciones alejada de la realidad. Si la atención se focaliza en sensaciones físicas puede desarrollarse trastorno del pánico, si lo hace en la propia conducta ante situaciones sociales, fobia social, si se fija en pensamientos intrusos, trastorno obsesivo compulsivo, si lo hace en la pérdida, trastorno depresivo, etc.
  • Las emociones positivas a veces pueden alterar la salud. Por ejemplo, una elevada euforia en personas muy impulsivas puede conducir a un atracón de comida o de consumo de sustancias psicoactivas, que puede aumentar el riesgo de sufrir un accidente o alguna otra consecuencia negativa para la salud.

Existe una relación estrecha entre emociones y salud. Por un lado, una persona saludable disfruta de mayores niveles de bienestar y emocionalidad positiva, mientras que una persona enferma, tiende a preocuparse y deprimirse. Por otro lado, las emociones positivas tienden a potenciar la salud, mientras que las reacciones emocionales negativas tienden a producir algunos trastornos de la salud que podríamos denominar "desórdenes emocionales".

La reacción ante determinadas situaciones y las emociones son diferentes en cada individuo. Hay personas que ante un exceso de carga emocional tienen problemas físicos como los dolores de cabeza o los trastornos digestivos, otras, problemas cognitivos como la excesiva preocupación y la obsesión, y otras, problemas conductuales como el consumo de determinadas sustancias. Por tanto, hay una situación de alarma diferente para cada persona.

Ecoansiedad

"Podemos decir que un número significativo de personas están estresadas por los impactos potenciales del cambio climático, y el nivel de preocupación está aumentando", señaló Susan Clayton, profesora de psicología y estudios ambientales en College of Wooster, una facultad en Ohio, y coautora de un informe titulado "La salud mental y nuestro clima cambiante".

La Asociación Estadounidense de Psicología describe la "ecoansiedad" como un "temor crónico de un cataclismo ambiental", un estrés causado por "observar los impactos aparentemente irrevocables del cambio climático, y preocuparse por el futuro de uno mismo, de los niños y las generaciones futuras".

Fuente: Fawbert, D. (2019, 28 de marzo).

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La ecoansiedad no está considerada como una enfermedad, pero la preocupación elevada por la emergencia climática que vivimos sí puede derivar en trastornos psicológicos. La American Psychology Association (APA) describe la ecoansiedad como “el temor crónico a sufrir un cataclismo ambiental que se produce al observar el impacto aparentemente irrevocable del cambio climático y la preocupación asociada por el futuro de uno mismo y de las próximas generaciones”. La APA, por tanto, considera que la interiorización de los grandes problemas medioambientales que afectan a nuestro planeta puede tener secuelas psicológicas, más o menos graves, en algunas personas.

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¿Cuáles son esos grandes problemas medioambientales asociados al cambio climático? Hablamos de la proliferación de fenómenos meteorológicos extremos (olas de calor e incendios, ciclones y tifones, terremotos y maremotos, etc.), el aumento de la contaminación y su impacto en la salud, la acumulación de basura en los océanos, la pérdida de biodiversidad, el estrés hídrico y la escasez de agua, la sobreexplotación de recursos naturales y la deforestación, la subida del nivel del mar, entre otros.

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Aunque no hay datos acerca de la cantidad de población que sufre ecoansiedad, es posible afirmar que, a medida que los problemas relacionados con el clima crecen, también aumenta el número de personas que la experimentan. Un informe respecto al impacto psicológico del cambio climático —Mental health and our changing climate: impacts, implications and guidance, APA (2017)— alertaba que la inquietud de los ciudadanos estaba incrementándose.

La ecoansiedad no afecta a todo el mundo por igual. De hecho, suele calar más en aquellos más concienciados con la protección del medioambiente.

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Temor crónico

La ecoansiedad no está considerada como una enfermedad, pero la preocupación elevada por la emergencia climática que vivimos sí puede derivar en trastornos psicológicos. La American Psychology Association (APA) describe la ecoansiedad como “el temor crónico a sufrir un cataclismo ambiental que se produce al observar el impacto aparentemente irrevocable del cambio climático y la preocupación asociada por el futuro de uno mismo y de las próximas generaciones”. La APA, por tanto, considera que la interiorización de los grandes problemas medioambientales que afectan a nuestro planeta puede tener secuelas psicológicas, más o menos graves, en algunas personas.

Cambio climático

¿Cuáles son esos grandes problemas medioambientales asociados al cambio climático? Hablamos de la proliferación de fenómenos meteorológicos extremos (olas de calor e incendios, ciclones y tifones, terremotos y maremotos, etc.), el aumento de la contaminación y su impacto en la salud, la acumulación de basura en los océanos, la pérdida de biodiversidad, el estrés hídrico y la escasez de agua, la sobreexplotación de recursos naturales y la deforestación, la subida del nivel del mar, entre otros.

Población afectada

Aunque no hay datos acerca de la cantidad de población que sufre ecoansiedad, es posible afirmar que, a medida que los problemas relacionados con el clima crecen, también aumenta el número de personas que la experimentan. Un informe respecto al impacto psicológico del cambio climático —Mental health and our changing climate: impacts, implications and guidance, APA (2017)— alertaba que la inquietud de los ciudadanos estaba incrementándose.

La ecoansiedad no afecta a todo el mundo por igual. De hecho, suele calar más en aquellos más concienciados con la protección del medioambiente.

Entre los síntomas propios de la ecoansiedad, podemos enumerar los siguientes: cuadros ligeros de ansiedad, estrés, alteraciones del sueño, nerviosismo, etc. En los casos más graves, la ecoansiedad puede provocar sensación de ahogo o, incluso, depresión. Entre este último grupo, es bastante común que las personas expresen un fuerte sentimiento de culpa por la situación del planeta, que puede agravarse, en el caso de tener hijos, al pensar en su futuro.

Fuente: Iberdrola. (s.f.).

¿Cómo afecta el cambio climático a la salud física, mental y comunitaria? - Gráfico

Adaptado de: Iberdrola. (s.f.).

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La población más joven es la más afectada por la ansiedad climática ya que ven las consecuencias de aquello que han hecho las generaciones anteriores. Según el resultado de un estudio reciente de la plataforma Avaaz, en el que han participado investigadores de seis universidades del mundo, se revela que el 75% de los encuestados (es decir, más de 7 de cada 10 jóvenes de entre 16 y 25 años) sienten que su futuro es aterrador, un porcentaje que se eleva al 81% en los jóvenes encuestados en Portugal y al 92% en Filipinas. Además, el 65% piensan que los gobiernos no están haciendo lo suficiente para evitar una catástrofe climática; y el 39% dudan en tener hijos o no, a raíz de la emergencia global a la que nos enfrentamos.

Según este mismo estudio, casi la mitad de los jóvenes encuestados a nivel mundial, el 45%, asegura que la ansiedad relacionada con el cambio climático está afectando a su vida cotidiana: la forma en la que juegan, comen, estudian y duermen.

Fuente: MAPFRE. (2022, 1 de abril).

Consejos para combatir la ecoansiedad

La psicóloga Patricia Ramírez comparte ocho recomendaciones para poder controlar esta emoción.

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1. No conviertas el cambio climático en un monotema
Es indispensable informarse, pero no sobreinformarse. Si solamente atendemos información relacionada con el cambio climático y con la devastación del planeta, nos producirá ansiedad.

2. Atento a lo que sí ayuda a cuidar el planeta
Es cierto que hay muchas personas, empresas, países que lo están haciendo mal, pero también hay muchas acciones que ayudan a cuidar del planeta y que a veces son menos visibles. Trata de estar centrado en lo que suma.

3. Contribuye
Contribuir es reciclar, ahorrar agua y energía. No solamente es importante el reciclaje, también es necesario saber lo que compras. Muchos alimentos y objetos que compramos no vienen de empresas que cuidan el medio ambiente.

4. Controla aquello que sí puedes
Así como tienes que desatender todo aquello que no depende de ti, tienes que estar pendiente de cuáles son tus acciones, de tu entorno más cercano.

5. Medita, respira y relájate
Si el impacto que está sufriendo nuestro planeta de alguna manera te genera tal nivel de ansiedad que afecta a tu vida cotidiana, a tu trabajo, a tu estado de ánimo y te imposibilita llevar una vida 'normal', trata de realizar algún ejercicio de meditación, relajación o respiración que te ayude a gestionar esa emoción.

6. Vive en el presente
Imaginar los cambios climáticos y el calentamiento como una imagen devastadora de nuestro planeta y aterrorizarnos por el futuro, no impide que podamos disfrutar del presente. Es importante recordar que visualizar esas imágenes devastadoras también genera ansiedad.

7. Confianza en las nuevas generaciones
Los niños y las futuras generaciones también quieren un lugar donde puedan respirar, donde puedan educar a sus hijos en un planeta que valga la pena.

1. No conviertas el cambio climático en un monotema
Es indispensable informarse, pero no sobreinformarse. Si solamente atendemos información relacionada con el cambio climático y con la devastación del planeta, nos producirá ansiedad.

2. Atento a lo que sí ayuda a cuidar el planeta
Es cierto que hay muchas personas, empresas, países que lo están haciendo mal, pero también hay muchas acciones que ayudan a cuidar del planeta y que a veces son menos visibles. Trata de estar centrado en lo que suma.

3. Contribuye
Contribuir es reciclar, ahorrar agua y energía. No solamente es importante el reciclaje, también es necesario saber lo que compras. Muchos alimentos y objetos que compramos no vienen de empresas que cuidan el medio ambiente.

4. Controla aquello que sí puedes
Así como tienes que desatender todo aquello que no depende de ti, tienes que estar pendiente de cuáles son tus acciones, de tu entorno más cercano.

5. Medita, respira y relájate
Si el impacto que está sufriendo nuestro planeta de alguna manera te genera tal nivel de ansiedad que afecta a tu vida cotidiana, a tu trabajo, a tu estado de ánimo y te imposibilita llevar una vida 'normal', trata de realizar algún ejercicio de meditación, relajación o respiración que te ayude a gestionar esa emoción.

6. Vive en el presente
Imaginar los cambios climáticos y el calentamiento como una imagen devastadora de nuestro planeta y aterrorizarnos por el futuro, no impide que podamos disfrutar del presente. Es importante recordar que visualizar esas imágenes devastadoras también genera ansiedad.

7. Confianza en las nuevas generaciones
Los niños y las futuras generaciones también quieren un lugar donde puedan respirar, donde puedan educar a sus hijos en un planeta que valga la pena.

Fuente: ABC Bienestar. (2022, 8 de agosto).