Globalización no puede opacar fuerza cultural de China

  • Afirmó Filippo Costantini, sinólogo y músico italiano
  • Ofreció un concierto de guqin, el instrumento más antiguo del país asiático, en él se resume la doble personalidad de la música: herramienta de autocultivo y de entretenimiento

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Paola Cortés Pérez

Xalapa, Ver., 02/01/2017.- Filippo Costantini, sinólogo y músico, afirmó que China difícilmente podrá ser influida o absorbida por la globalización, toda vez que tiene raíces culturales fuertes y en años recientes el gobierno de Xin Jinping ha impulsado un rescate de las tradiciones.

Costantini tiene un Doctorado en Humanidades por la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona, España; es profesor de Historia y Filosofías de las Religiones en China, de la Università degli Studi di Urbino. Estudió el arte del guqin en Nanjing, siguiendo la antigua tradición de la escuela Su Zhou Wu Men.

El pasado 28 de noviembre, en el Centro de Estudios de la Cultura y la Comunicación de la Universidad Veracruzana (UV), ofreció un seminario-concierto donde abordó conceptos filosóficos a través de piezas musicales acompañadas de cuentos confucianos y taoístas.

Por medio de la interpretación de ocho melodías chinas, charló y describió tres conceptos principales: alegría, vacío y armonía. “Hay piezas que evocan imágenes, cuentos y anécdotas sobre estos conceptos. Tendremos un diálogo entre la música y la filosofía”.

Detalló que el guqin es el instrumento más antiguo de China, una especie de arpa elaborada en madera, de siete cuerdas; es considerado el instrumento de los sabios, en él se resume la doble personalidad de la música china: como herramienta de autocultivo y como arte de entretenimiento.

“En la antigüedad los músicos no tocaban este instrumento, eran los literatos, al ser una herramienta de autocultivación, meditación, así como de conexión con la naturaleza y el cosmos.”

Comentó que dentro del confucionismo y taoísmo, el guqin tiene una función importante, porque a través de su interpretación se puede alcanzar la sabiduría y la meditación.

Pese a la importancia que tiene dentro de la cultura china, fue prohibido durante el periodo maoísta por ser considerado un instrumento representativo de las antiguas tradiciones. Durante este tiempo se conservó en Hong Kong, Taiwán y Singapur.

En los últimos años, especialmente durante el gobierno de Xin Jinping, se ha retomado la cultura tradicional (artes marciales, confucianismo e instrumentos musicales), por lo que el guqin ha retomado popularidad.

“Ahora ya hay muchas escuelas para enseñar a tocarlo, incluso en el Conservatorio Central de Música de Beijing se enseña desde un sentido científico-musical, además de hacer énfasis en el rescate cultural.”

Aunque la mayoría de las personas en la actualidad lo ve sólo como un instrumento musical, todavía influye en el pensamiento taoísta y budista, como herramienta de meditación.

Los maestros que lo tocan y enseñan, lo hacen siguiendo textos y anotaciones muy antiguas (datan de los siglos XV o XVI), y en años recientes la apertura cultural ha permitido que se use en diversos géneros musicales.

Lo anterior ayudará a que el guqin sea conocido en otras partes del mundo, por el momento ya es interpretado en Estados Unidos, Inglaterra, Italia y España.

Su interés por China: Costantini

Desde pequeño, Filippo Costantini sentía una atracción por la cultura china, pues practicaba artes marciales. Al terminar sus estudios preparatorios tomó un curso universitario de lengua y cultura chinas; después viajó al “país del centro” para continuar con su preparación académica.

“Mientras cursé la licenciatura tuve un profesor muy bueno en filosofía china, su ejemplo me impulsó a estudiar y dedicarme por completo al estudio de la religión y filosofía chinas.”

Contó que vivió tres años en el país asiático, en tres ciudades completamente diferentes: Kunming, un pueblo pequeño con apenas cinco mil habitantes, cercano a la frontera con el Tíbet, donde el ritmo lento de vida le permitió perfeccionar el idioma chino.

Después, se mudó a Shanghai, ciudad parecida a New York por la cantidad de personas y la actividad, donde trabajó como traductor. Por último, estudió la maestría y doctorado en Beijing, lugar muy diferente a los dos anteriores.

“Es difícil poder describir cómo es vivir en China, porque es un país tan grande como Europa, pero eso es lo interesante, el poder observar de primera mano cómo la vida es completamente diferente de una región o ciudad a otra. Lo mismo se puede experimentar en México.”

En el tiempo que permaneció en dicho país, aprendió a tocar el guqin en una escuela tradiciones de Nanjing, aunque compartió que es un poco difícil para los extranjeros, en especial para los occidentales. Los chinos ahora tienen la disposición de enseñar, pero lo que se aprenda dependerá del interés y las intenciones que tenga la persona.

“Para mí fue un poco fácil, ya que al tener Doctorado en Filosofía China y hablar chino podía conversar con el maestro sobre textos antiguos, esto me ayudó a que me enseñara a detalle cómo tocar el instrumento.”

Sin embargo, reiteró que ya hay una gran variedad de escuelas y profesores, pero la elección dependerá del objetivo que se persiga: “Si deseas aprenderlo como un instrumento musical, puedes hacerlo en un conservatorio; pero si el deseo es alcanzar la autocultivación y la meditación, entonces será difícil encontrar un maestro”.

En su caso, ¿cuál fue su elección? Respondió que al ser músico por tradición familiar y filósofo de formación, con este instrumento busca comunicar y armonizar sus dos personalidades, “es un camino que aún no logro pero que tiendo a seguir sin parar”.

Señaló que el guqin es muy particular; por ejemplo, la guitarra puede tocarse en cualquier lugar y estado de ánimo, sin embargo para interpretar el primero se debe estar concentrado y tranquilo emocionalmente, de lo contrario no se tiene un resultado positivo.

“Hay una relación íntima entre el estado de ánimo y el sonido, a diferencia de los instrumentos occidentales.”

 

China busca influir culturalmente al Occidente

Filippo Costantini expuso que la acelerada apertura económica de China en los últimos años ha permitido el surgimiento de un denominado nuevo confucionismo, caracterizado por un diálogo intercultural.

Resultado de lo anterior es el intercambio entre la filosofía occidental con la china, de lo cual derivó “un movimiento sobre los derechos humanos a la manera china.

”Ha cambiado mucho, antes con el maoísmo era una nación cerrada en sí misma; ahora con esta apertura los filósofos chinos viajan al extranjero a impartir conferencias sobre filosofía universal.”

Sin embargo, la apertura cultural no ha ido al mismo ritmo que la económica, es más lenta, pero esto no significa que sea fácilmente influida o absorbida por la globalización, dado que tiene raíces culturales muy fuertes y la política del actual gobierno se ha enfocado en retomar las antiguas tradiciones para tener una idea de nación fuerte.

Lo que sí se puede señalar, advirtió, es el concepto Soft Power (Poder blando) acuñado por Joseph Nye, usado en relaciones internacionales para describir la capacidad de un actor político, por ejemplo un Estado, para incidir en las acciones o intereses de otros actores valiéndose de medios culturales e ideológicos, con el complemento de medios diplomáticos.

Es decir, “la idea de colonizar culturalmente a otros países, quizá sea la idea que tiene el gobierno al retomar las tradiciones chinas para incidir en la cultura occidental”. Empero, señaló, dicho país aún no está preparado para llevar a cabo un Soft Power.

“Ahora, los chinos de un nivel alto cultural y económico tienen un estilo de vida muy occidental, ellos mismos no toman sus tradiciones como su propia fuerza.

”Es un país muy complicado, incluso al interior de su política hay una lucha entre conservadores y reformadores; sólo es una parte de la clase política y social la interesada en el rescate de las tradiciones, entonces creo que aún no están muy unidos para enfrentar un objetivo común”, concluyó.