Artículo semanal del Rector

 

 

Lunes 30 de marzo de 2009

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Ernesto Cardenal y Eduardo Galeano

 

Raúl Arias Lovillo

 

En la Universidad Veracruzana Ernesto Cardenal y Eduardo Galeano nos confirmaron que la existencia de los valores de una hermandad latinoamericana supera el momento, lo cotidiano, y nos vinieron a decir que esa hermandad va indisolublemente unida, histórica y culturalmente, a nuestro pasado y a nuestro porvenir.

Los pueblos que así funden sus propósitos comunes, acumulan los mismos valores, desarrollan los mismos afectos, establecen sus amistades y sus lazos de solidaridad y de comunión cultural y política.

Eso sucedió durante varios días en la Universidad Veracruzana en el “II Encuentro de Escritores por la Tierra”, en las conferencias, en los diálogos entre los universitarios y en la sesión solemne del Consejo Universitario General, durante la cual le hicimos entrega del doctorado Honoris Causa a Galeano y a Cardenal.

Decir que me siento orgulloso como veracruzano y como universitario de la UV de que nuestro Consejo le haya hecho el recibimiento clamoroso del jueves pasado a nuestros galardonados Galeano y a Cardenal, es apenas una voz del sentimiento colectivo que estoy seguro comparten miles de universitarios que convivieron varios días con estos dos grandes latinoamericanos, sobre cuyos hombros descansa buena parte de la construcción de una América Latina de libertades, de dignidad y de solvencia literaria y poética.

El encuentro de Galeano con los estudiantes de la Universidad Veracruzana en la Unidad de Humanidades, me consta que fue apoteósico. El diálogo, la respuesta de los estudiantes, caló tanto en el escritor como en los propios estudiantes. Lo expresó en el momento de recibir el doctorado: “Según me han contado los antiguos griegos, la palabra entusiasmo significa ‘tener los dioses adentro’. Y yo he podido comprobar, en estos pocos días, que los dioses no sólo residen en el espléndido Museo de Antropología de Xalapa. También esta Universidad es casa de los dioses. La fervorosa electricidad de sus estudiantes confirma el origen de la palabra entusiasmo, y yo puedo dar fe”.

Una metáfora no solamente hermosamente escrita que quiso ser la descripción de un encuentro fervoroso de energías intelectuales y morales con nuestros estudiantes, todo lo cual hizo estremecer los sentidos de ser sensible, inteligente y valiente que es el gran escritor Eduardo Galeano, desde ese día, miembro de nuestro claustro académico.

Para Galeano, su compañero-hermano de luchas y de esperanzas, Ernesto Cardenal, ha sido y sigue siendo la voz de la revolución sandinista que sigue viva, y es ahora, dijo Galeano “pese a quien pese, guste o disguste, el símbolo de esa revolución, y ahora es también el profeta de su resurrección”.

Quetzalcóatl y Ernesto Cardenal
Ernesto Cardenal, el poeta admirado nos dejó en su discurso la historia y la épica de un pueblo, ambas lecciones profundas de la ética de una comunidad a la que ha consagrado su vida. Porque esa es la realidad. Eso ha sido Cardenal. Un hombre devoto de las causas populares, del arte, de la defensa de la Tierra, de las luchas de los pueblos de la América Latina.

Hombre confeso de dos patrias, Cardenal considera a México su segunda patria, y va a las raíces de la historia y al mito para fundirse en ese abrazo con nuestro país. Fundamenta esa visión en el culto de los nicaraguas al dios mexicano Quetzalcóatl. “Tenemos en Nicaragua una ciudad que lleva el nombre de Quetzalcóatl, y le llamamos Quezalguaque”, dijo Cardenal en su discurso, para refrendar “una vinculación prehistórica que tenemos nosotros como pueblo de Quetzalcóatl, los que entre Norteamérica y Sudamérica conformamos medioamérica. Pero hay otra unión más nueva, que apenas se está formando, la de la Patria Grande, la que Martí llamó Nuestra América. En esta unión latinoamericana México ocupa un lugar predominante, y como latinoamericanos todos sentimos mucha atracción por México, tenemos con México un lazo muy afectivo”.

Una actitud generosa y una visión abierta como la de Cardenal, revela su grandeza como ser humano.

Conciencia crítica
Dije el jueves unas palabras que hoy quiero recordar. A través de su palabra, de su esperanza, de su apuesta por la utopía, de su certeza de que otro mundo es posible, Eduardo Galeano y Ernesto Cardenal en el periodismo, el ensayo, la crónica periodística, la narración y la poesía, nos hacen mucho más conscientes como individuos y como sociedad, nos devuelven nuestra propia conciencia crítica. Se ha dicho que para reformarnos precisamos de las palabras. Galeano y Cardenal con su audacia inaudita de hombres totales, íntegros e indispensables, nos han fortalecido la capacidad de construir nuevos proyectos de justicia y de libertad.

Con sus palabras nos han dado las armas de la razón para emprender las transformaciones que nos exige la realidad; así, la Universidad Veracruzana se ha comprometido a reformarse a sí misma, a darle a su vocación social un contenido crítico humanístico, a darle un conocimiento que sirva mejor a la sociedad, sobre todo a los que menos tienen; una reforma, además, que reivindica la defensa de los valores fundamentales del hombre, el respeto a la vida y los valores de la libertad, a eso obedece que en la Universidad Veracruzana queramos que nuestros estudiantes, mujeres y hombres, se forjen en el pensamiento y la vocación humanista y en el paradigma intelectual de Ernesto Cardenal y Eduardo Galeano.

Al otorgarles el doctorado Honoris Causa a estos dos grandes latinoamericanos universales, ingresan a la Universidad Veracruzana nuevos aires de libertad y de dignidad, aumentan nuestros horizontes académicos y culturales y, al mismo tiempo, fortalecemos los cimientos históricos y orales de nuestro proyecto de futuro que, aseguramos, será de grandeza.

Almas gemelas
Me convencí, durante estos días, que Ernesto Cardenal y Eduardo Galeano son almas gemelas. Seres humanos hechos y derechos, solidarios, buenos, entregados a los demás, a los que lo material les resulta secundario, y a quienes los une una sola patria: la patria de la libertad y de la justicia. Ellos son ya, parte de nuestra comunidad académica.