Universidad Veracruzana



UVI Huazuntlán. Evaluación personal de la experiencia vivida (y III)

Sheila López Martín
Educadora Social
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Sheila López Martín, AGISEPropuesta

Tras mi estancia, una propuesta puedo plantear a profesores/as: que analizasen, a través de nuestra presencia en la UVI, en la comunidad, cómo esto ha impactado y hasta qué punto se está o no lo que pretende el proyecto por el que luchan, trabajan…la interculturalidad…

Soy consciente de que en algunos casos mi propuesta no gustó, pero no importa, a quién no le gustó es quién no la ha realizado y probablemente, porque lo que vean en su análisis no les guste, pues como les dije: “para mi, en cierta medida, el alumnado es el reflejo del profesorado, yo cómo educadora he de educarme primero a mi antes de pretender trasmitir nada a nadie”…

Hay algo a raíz de todo esto que se me ocurrió y que aquí sugiero para posibles futuras intervenciones en la UVI por parte de compañeros/as de Educación Social. Sería muy interesante hacer un trabajo conjunto para evaluar hasta qué punto se consigue la interculturalidad en la UVI a través de la presencia de personas de fuera, con diferente cultura, creencias. Analizar el impacto en los alumnos, nos remite directamente al papel de los docentes y todo esto, sirve a su vez, a quién allá vaya a realizar las prácticas, en éste caso a nosotras, para mejorar cómo personas y/o educadoras, pues se conseguiría ver el impacto de las intervenciones, unas más acertadas y otras no tanto, a través de otras personas, otras perspectivas.
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Evaluación personal (Contextos concéntricos)

Desde la mía considero que deberíamos haber sido más precavidas al abrir las puertas de nuestra casa a cualquier persona y mostrarnos tal cuál somos, mostrar nuestra identidad. Deberíamos haber sido más perspicaces, ganarnos primero la aceptación de las personas, y después, desde dentro de dicha aceptación, intentar abrirlos a diversas perspectivas, a los diferentes puntos de vista sobre un mismo techo, tema o cosa…pues hay tantas verdades y realidades posibles como personas diferentes en el mundo…

Con referencia a lo anterior llego a destacar el hecho de no haber tenido a ninguna persona a nuestro alrededor que nos tutorizase, nos guiase, nos pusiese sobre aviso de cómo funcionan las cosas en una comunidad y nos orientase en nuestro trabajo como educadoras. Esto es algo negativo pero bastante positivo a su vez, pues hemos tenido que hacer todo solas, sin ayuda, sin guía; prendiendo nosotras mismas, mediante nuestros fallos y nuestros aciertos.

Me quedo el delicioso sabor que deja el aprendizaje autodidáctico y desecho el amargor sentido en momentos de desorientación…

Nuestra presencia, deducción sacada tras muchas pláticas con diversas personas y reflexión, ha sido positiva, pues hemos abierto los ojos y les hemos hecho darse cuenta de hasta qué punto tienen o no tienen asimilada la interculturalidad. Les hemos mostrado otra forma de vivir, de concebir, de interpretar el mundo, lo que ha servido tanto para quien estaba preparado como para quien no, pues descubre el arduo trabajo que tiene aun antes si para lograr dicha interculturalidad.

Además de esto que es a nivel más general, hemos conseguido a nivel más particular, con las personas con quién hemos trabajado que se cuestionen, que duden, y cuando al hablar con una persona se consigue que frunza el ceño… ¡aprende! se le siembra la duda, la confusión, cosa que deriva en el análisis, la reflexión, la modificación y asimilación y/o la reafirmación en el conocimiento.

Las evaluaciones realizadas tras las diferentes sesiones son alentadoras, dan a entender que nuestras intervenciones les han servido de mucho, pero eso ha de verse en la praxis, cosa que hasta ahora, no hemos percibido, y por falta de tiempo, de más estancia en la comunidad, no percibiremos.

¡Nos ha faltado tiempo!, mucho tiempo y así poder observar, tanto al iniciar los talleres como al finalizarlos, a corto, medio y largo plazo, el impacto de nuestra intervención; si se han, no sólo acercado a nuevos conocimientos, si no también si los han asimilado, interiorizado.

Y a pequeña escala, dentro de las personas con quién trabajamos, hemos observado cambios actitudinales referentes a habilidades sociales, como en el caso de Miguel, un chico muy introvertido que apenas hablaba, lo abrazabas y se quedaba estático; y al final, tras nuestras presencia y relación con el, conseguimos que exteriorizase, que intervenga en clase dando su opinión, que llore, que abrace… ¡que saque lo que tiene dentro, y eso, eso es muy grande!

Casos como éstos recompensan todos los malos momentos, todos los prejuicios sobre mí vertidos, por momentos así es por lo que lucho, por lo que deseo ser educadora y el ello estoy, con un largo y ancho camino por recorrer aún pero sin dejar de luchar

En cuanto a mí como persona, como educadora, aún me queda mucho por crecer, por aprender, mucho por leer pues la experiencia debe de ir de la mano de la teoría, cosa que aquí no hemos hecho, no indagamos sobre la comunidad, la cultura… lo poco o mucho aprendido ha sido por vivencias, por nuestro día a día en la comunidad, cosa que no está mal, pero sí incompleta.

Aún debo de trabajar más mi miedo escénico, aún no está totalmente superado, he avanzado mucho, ya no me bloqueo, pero aún así no intervengo como me gustaría y debería, compartiendo todo lo que llevo dentro, con más seguridad en mí misma. Como educadora he de tener claro que yo soy quién lleva al grupo y eso ha de notarse en mi voz, ésta ha de ser firme, no puede quebrantarse por los nervios, las emociones,… Y tampoco a de amainarse cuando otras personas se exceden en su trabajo y pisan mi campo de actuación. Si alguna voz a de amainarse, de callarse, que sea la de quién no toca que hable; y sí, ya lo sé, lo ideal es llegar a la complementariedad en el trabajo, que nadie se limite ni exceda, pero como es un hecho que ocurre no puedo dejar que me limitan cómo en algunas sesiones ocurrió.

Esto, unido a todo lo demás mencionado, como el ser capaz de marcar la distancia entre las relaciones interpersonales y las laborales, es lo que, ahora mismo, quién sabe mañana, saco en claro de mi estancia como educadora en la UVI.

Otra de las cosas más importantes que reafirmo tras esta intensa experiencia, es que no es más pobre quién menos tiene, sino quién más necesita. Pienso en esto y a mi mente acude Bryan, mi hermanito mexicano de 12 años, cuando de su boca salió: “somos ricos en pobreza” ¡que lo dijese Fardy, pero él! Fardy es un niño de tres años, mi niño, que vive con su abuela y hermanos, en una casa que se viene abajo, que no tienen para comer; su mamá anda en EEUU y no suele mandar dinero, sólo tiene más hijos. Él, Fardy, es lo más grande que dejo en Huazuntlán, lo más puro, quien con sus besos y abrazos me ha ayudado mucho, me ha llenado en los malos momentos, con sus ojos llenos de vida, con su linda y pura sonrisa…

La familia con la que hemos estado no es de las más pobres, al contrario, por tanto, Bryan anhela un mundo superfluo y material que no tiene, cosa que lo hace sentirse más pobre de lo que en realidad es. Esto, es causa directa de la globalización, del consumismo en que nos vemos inmersos; la globalización, esa que nos venden como positiva y no es más que la explotación, el despojo, el desprecio y la represión a los que no se dejan; vamos, como siempre ha sucedido pero ahora a nivel mundial.

Por eso los indígenas estorban a la globalización neoliberal y por eso se los desprecia y quiere eliminar destruyendo lo que hay en sus comunidades, su cultura, su idioma, su sistema económico, su sistema político y los modos en que se relacionan en la comunidad. O sea, que queda destruido todo lo que hace que una comunidad, o cualquier otro lugar que estorbe a la globalización, sea una comunidad.

Pero no es tan fácil para la globalización neoliberal, porque los explotados de cada país no se conforman y no dicen que ya ni modo, si no que se rebelan, los que sobran y estorban resisten no permitiendo ser eliminados. Por ello vemos en todo el mundo, ¡en México mucho más que en España!, que los que están mal hacen resistencia para no dejarse dominar, o sea, que se rebelan, lo que hace que no sólo haya una globalización neoliberal, sino también una globalización de rebeldía.

¡Más rebeldía haría falta en España, más concienciación y unión social! Me voy de México abrumada por el espíritu que emana, ese que siento, que palpo, que huelo, el espíritu luchador, donde otro mundo mejor, más justo, es posible.

Una cosa más que me cuestiono tras este viaje es si el deseo de querer lo que no se tiene es algo innato al ser humano o es creado…tras mi experiencia en Cuba, que ha ido de la mano de la de México, me cuestiono esto, pues es increíble ver, por ejemplo, cómo van con una mujer preciosa de la mano (las cubanas son las mujeres más hermosas que hasta ahora he visto) y… ¡y me piropean a mí!, y esto es sólo un nimio ejemplo. Cualquier cosa que no se tiene se desea aquí, allí y más allá, igual la disconformidad sea una parte innata en el ser humano, vaya en nuestra esencia… ¡quién sabe!

Otros aspectos de mi vida que también han cambiado han sido en relación a la naturaleza, los bichos ya no me suponen lo que antes; me he reencontrado con mi parte más animal, esa que todos tenemos y que la racional trata de estigmatizar, ocultar, eliminar.

Los indígenas valoran mucho la tierra, tuve la inmensa suerte de presenciar un ritual en el que se estaba devolviendo una réplica de una piedra Olmeca que representaba al Dios Jaguar. La original se la llevaron hace 40 años, su lucha es conseguirla, pero mientras tanto tienen la réplica. La descubrió el ingeniero Loya en el 1829, y en 1963 la redescubrió un fotógrafo francés, la fotografió y en 1966 se realizó la expedición que la cogió.

El ritual fue en Tatahuicapan, cerca de Huazuntlán, se cree que desde que los arqueólogos la robaron males naturales han acechado a la comunidad, por tanto, se ha de devolver para que la cosa cambie, para volver a la armonía con la madre naturaleza que sus antepasados tenían y ellos están perdiendo. En el ritual se daba gracias a la tierra por el maíz, por el café,… ¡por todo lo que ella nos ofrece!, que es mucho. Fue un ritual importante, pues desde que se llevaron la piedra, los popolucas, descendientes de los Olmecas y los náhuatl, descendientes de los Aztecas, no se reunían y ese día ambos estaban allí.

Y no sólo los indígenas, en menos escala que antes, valoran la tierra, sino que es un sentimiento más general, es, a mi parecer, cómo el querer recobrar este valor tan básico y tan importante pero sin abandonar el sistema capitalista y consumista que nos envuelve y… ¡así difícil! Pero bueno, al menos se lo cuestionan, cosa que en España sucede pero en mucha menos medida que aquí, que ya es decir.

El reencontrarme un poquito más, aún me queda, con mi parte animal no me proporciona más que ventajas, ahora soy más libre, pues necesito muchas menos cosas, he descubierto todo lo que la naturaleza me ofrece y… ¡tiene tanto que ofrecer! sólo hay que conocerla un poquito. A nuestro alrededor hay mil y un alimentos, mil y una medicina.

También soy más libre porque tengo menos miedos, menos prejuicios, he ganado en naturalidad, la naturalidad que no hay pero debería en el comer, en la sexualidad…

Se nos hace creer ser seres únicos, diferentes en las cosas que hacemos, decimos y/o pensamos, cuándo estas cosas tan personales e intimas que creemos, al contarlas, compartirlas con la naturalidad que las caracteriza, nos damos cuenta de que no son tan diferentes… somos seres con mil y una diferencias y esto es lo que nos hace, a su vez, ser iguales.
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Finalmente, realidades cercanas

Y una vez más, las palabras de Gunther acuden a mí:

“Cuándo estéis en las comunidades, todo aquello que encontréis parecido a situaciones que hayáis vivido, a costumbres o cosas de vuestro lugar de origen, dudad del parecido e intentar encontrar las diferencias, porque normalmente el trasfondo es muy diferente a lo que ya conocéis.

Si algo os parece extraño, pensar en vuestras realidades más cercanas y buscarle el parecido, porque habitualmente son más cercanas de lo que creemos. Sólo así evitaremos acomodarnos a lo que nos resulta más cercano y podremos comprender la realidad completa, no segregada.” ¡Qué razón que tiene! esas palabras me han acompañado cada día resonando en mi interior, en mi cabeza, y con ellas me voy a España…

Para finalizar acude a mí esto que un día leí y al volver a hacerlo ahora siento que resume muy bien esta increíble experiencia junto con mis compañeras:

“Somos experiencia, miedos, transformación. Hemos viajado en el mismo elevador con subidas y bajadas, entradas y salidas, atorones y asfixia. Ahora llegamos juntos al último piso y queremos consolidar el recorrido de nuestra historia. Hemos vencido debilidad e inseguridad; forjado nuestra fuerza y seguridad y ahora vislumbramos nuestros caminos trazados por nuestros sueños.

Estamos hambrientos de crear y seguir desarrollándonos como bailarines, coreógrafos y artistas…”
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Notas de Admin:

– «UVI Huazuntlán. Evaluación personal de la experiencia vivida (II)«, 24 de dic. (Sheila López)
– «UVI Huazuntlán. Evaluación personal de la experiencia vivida (I)«, 22 de dic. (Sheila López)
– “Educa Ché, Blog de Sheila López“, 11 de dic. (Shantal Meseguer)
– Este posteo es una versión sintetizada del documento original.
– He utilizado corchetes para agregar información no contenida en el original.

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4 comentarios en “UVI Huazuntlán. Evaluación personal de la experiencia vivida (y III)