﻿{"id":815,"date":"2010-06-09T15:28:24","date_gmt":"2010-06-09T15:28:24","guid":{"rendered":"https:\/\/www.uv.mx\/blogs\/kaniwa\/\/2010\/06\/09\/relectura\/"},"modified":"2010-06-09T15:28:24","modified_gmt":"2010-06-09T15:28:24","slug":"relectura","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.uv.mx\/blogs\/kaniwa\/2010\/06\/09\/relectura\/","title":{"rendered":"Relectura"},"content":{"rendered":"<p>Por Arnoldo Kraus<\/p>\n<p>La relectura implica una dosis, peque\u00f1a o grande, de nostalgia. Los escritores y los lectores avezados sugieren que al releer un libro, un ensayo o un poema, el mensaje cala distinto. Entra por otras partes y toca sitios desconocidos. Tienen raz\u00f3n: el texto es el mismo, pero quien lee ha cambiado; quien lee bajo la luz (o la oscuridad) de otro tiempo, escruta diferente.<\/p>\n<p>El paso de los a\u00f1os modifica a la persona. La mirada y el sitio de lectura son otros, son distintos. A trav\u00e9s de los resquicios del tiempo la nostalgia se filtra y transforma la experiencia de la lectura. No la hace m\u00e1s viva ni mejor. La integra a la vida. Testigos mudos de las diferencias entre lectura y relectura son los libros subrayados o que llevan notas al margen. Las palabras y las ideas no se modifican; cambian el acento de la mirada, los tonos de los l\u00e1pices y la profundidad de la nostalgia.<\/p>\n<p>La relectura abre espacios desconocidos. Lo que en un tiempo fue importante deja de serlo; lo que ahora llama la atenci\u00f3n antes pas\u00f3 inadvertido. Coger un libro viejo, con otras manos, con otros ojos y desde otro sitio ofrece vivencias diferentes. Hay quienes piensan que la relectura es una suerte de div\u00e1n, o una casa vieja que se habit\u00f3 durante muchos a\u00f1os en la cual hab\u00eda rincones propios, privados, ajenos al ruido de la existencia. En el div\u00e1n se repasan fragmentos de la vida y en las moradas de otros tiempos se atesoran secretos \u00edntimos. Lo mismo sucede con la relectura. Nuevos polvos llegan a las p\u00e1ginas viejas y los l\u00e1pices desvelan nichos desconocidos.<\/p>\n<p>Las notas desperdigadas en las hojas de los libros o las l\u00edneas subrayadas dan cuenta de lo que uno fue, de lo que uno ve\u00eda y de lo que no ve\u00eda, de lo que hac\u00eda falta y de lo que parec\u00eda superfluo. Las notas y las l\u00edneas subrayadas son como los viejos pasaportes: dan cuenta del pasado.<\/p>\n<p>El gusto y la necesidad de releer caminan de la mano de la necesidad de recordar. La relectura toca algunas puertas del pasado y muestra muchos rincones olvidados. En ocasiones se relee por obligaci\u00f3n, otras veces por nostalgia o para entender algunos vericuetos del presente.<\/p>\n<p>Muchos piensan que la relectura y la nostalgia caminan por calles similares. Yo me adhiero a esa idea. Algunos acuden a lo viejo para menguar la tristeza; otros buscan paliar sus dolores al tocar lo que se fue o al sacar del estante los libros de otra \u00e9poca. Ni la relectura ni la nostalgia acatan reglas. Aunque con frecuencia dialogan entre s\u00ed, cada una tiene su propia vida. Hojear un libro y tocar sus p\u00e1ginas suele ser antesala de la melancol\u00eda. Lo inverso tambi\u00e9n sucede: la nostalgia abre libros cuando requiere hurgar en el pasado para mitigar los sinsabores del presente o para buscar en las p\u00e1ginas le\u00eddas alguna respuesta olvidada, alguna voz otrora querida. Poco importan las razones de la relectura. Importa lo que se mira. Quedan las p\u00e1ginas viejas vestidas de nostalgia, quedan los renglones tocados por otros tiempos, por otras realidades. Los libros viejos son compa\u00f1eros, son testigos. Contagian el cari\u00f1o de lo perdido.<\/p>\n<p>Se regresa a los cuadernos o a los libros deshojados cuando la melancol\u00eda irrumpe en el presente. Releer no cura. En ocasiones aten\u00faa algunas tristezas y en ocasiones recuerda viejas heridas. Haga lo que haga, la relectura imprime nuevos significados a las vidas de las personas. La enfermedad y la relectura tienen algunas similitudes. Quien sana encuentra que la vida es distinta, quiz\u00e1s mejor, quiz\u00e1s m\u00e1s rica. Quien relee y comprende que el mundo tiene muchas aristas, cambia, se modifica. Releer no desdibuja la crudeza de la vida ni borra los tragos amargos del presente pero s\u00ed reconforta y acompa\u00f1a. Lo mismo sucede con quien cura. Los dolores que se fueron, aunque se almacenen en alg\u00fan lugar del alma, permiten vivir mejor.<\/p>\n<p>El contacto \u2013o el deseo\u2013 con el papel; el ambiente \u2013o el calor\u2013 de las bibliotecas; la man\u00eda \u2013o la profesi\u00f3n\u2013 de anotar o subrayar; el cari\u00f1o \u2013o la devoci\u00f3n\u2013 por acomodar los libros en los libreros; la obsesi\u00f3n \u2013o la necesidad\u2013 por ordenarlos de acuerdo al tema o al abecedario; el vicio \u2013o la pasi\u00f3n\u2013 de recordar alguna idea sobresaliente y escribirla en un cuaderno, en una servilleta, en una bolsa de papel o en un boleto de teatro; el amor \u2013el amor, no hay otra palabra\u2013 por los l\u00e1pices y sacapuntas, y el respeto hacia las gomas de borrar, forman parte del vicio de la relectura. Releer y regresar al cobijo que ofrecen los libros no cura pero s\u00ed mengua las inclemencias de la vida. El premio es inmenso: la relectura acompa\u00f1a, abraza, mitiga.<\/p>\n<p>La era de los celulares y de los libros en computadora amenaza muchos espacios. Uno es el de la relectura. Volver a los libros es algo m\u00e1s que leerlos de nuevo. Es tocarlos. Es utilizar alg\u00fan pegamento para engomar la pasta a punto de desprenderse. Es abrirlos con cuidado para evitar que todos los recortes que pernoctan entre sus p\u00e1ginas se pierdan. La relectura se convierte en compa\u00f1ero inmejorable al releer los programas de alg\u00fan concierto, al abrir una noticia del peri\u00f3dico, al recordar la librer\u00eda donde se adquiri\u00f3 el libro o el pasillo de alg\u00fan cine donde se hoje\u00f3. Los libros de papel son partes de la persona. Son ejes fundamentales del tiempo y testigos de la vida.<\/p>\n<p>Los libros guardan entre sus pastas muchas historias. Una es la que cuenta el autor y otra es la que escribe el lector. La relectura no s\u00f3lo es un rencuentro con el autor y con uno mismo. Es algo m\u00e1s. Es el tejido que borda el lector sobre el telar del autor. Es un ropaje nuevo que forma parte de la historia del lector. El libro siempre ser\u00e1 el mismo. El lector siempre ser\u00e1 diferente. Quien relee despu\u00e9s de muchos a\u00f1os el mismo libro es el encargado de escribir algunas de las historias que no alcanzaron espacio entre las pastas de los libros y que el autor dej\u00f3 de trazar.<\/p>\n<p>La nostalgia y la relectura son compa\u00f1eras. Ambas se retroalimentan. Ambas, al regresar al tiempo viejo, permiten conjugar la vida por medio de otros verbos, por medio de otras palabras. Algunas nuevas, algunas viejas, muchas inexistentes.<\/p>\n<p>Tomado de: <a href=\"http:\/\/www.jornada.unam.mx\/2010\/06\/09\/index.php?section=opinion&amp;article=022a1pol\">La Jornada<\/a><\/p>\n<p>Hace algunos d\u00edas preguntamos en la p\u00e1gina en FaceBook de la Direcci\u00f3n de Bibliotecas \u00bfqu\u00e9 leen? Ahora agregamos esta otra pregunta \u00bfqu\u00e9 has rele\u00eddo y por qu\u00e9? Estamos a la espera de sus participaciones.<\/p>\n<div class=\"zemanta-pixie\"><img decoding=\"async\" class=\"zemanta-pixie-img\" alt=\"\" src=\"http:\/\/img.zemanta.com\/pixy.gif?x-id=fbe156db-00b4-8333-829d-fd3e3f1bcb2b\" \/><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Arnoldo Kraus La relectura implica una dosis, peque\u00f1a o grande, de nostalgia. Los escritores y los lectores avezados sugieren que al releer un libro, un ensayo o un poema, el mensaje cala distinto. Entra por otras partes y toca sitios desconocidos. 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