﻿{"id":1793,"date":"2013-04-29T12:31:40","date_gmt":"2013-04-29T17:31:40","guid":{"rendered":"https:\/\/www.uv.mx\/blogs\/kaniwa\/?p=1793"},"modified":"2013-04-29T12:31:40","modified_gmt":"2013-04-29T17:31:40","slug":"para-una-teoria-de-la-educacion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.uv.mx\/blogs\/kaniwa\/2013\/04\/29\/para-una-teoria-de-la-educacion\/","title":{"rendered":"Para una teor\u00eda de la educaci\u00f3n"},"content":{"rendered":"<p>Hermann Bellinghausen<\/p>\n<div>\n<p>Hacerse a un lado en el camino, as\u00ed sea brevemente, sentarse en un mont\u00edculo y ver, como dijera Dylan, el r\u00edo pasar. Qu\u00e9 cansada es la ciudad. El progreso s\u00f3lo puede ponerla peor, est\u00e1 en su condici\u00f3n de urbe. \u00bfEn su naturaleza? Hablemos pues de naturaleza, algo que ya no guarda relaci\u00f3n con la ciudad, Valerio lo sabe bien.<\/p>\n<p>Una ausencia de vocaci\u00f3n precisa lo llev\u00f3 a estudiar ingenier\u00eda geol\u00f3gica. Con eso de que de ni\u00f1o coleccionaba piedras y aprendi\u00f3 a clasificarlas, a donde iba miraba el suelo. Termin\u00f3 el Polit\u00e9cnico bajo cierta presi\u00f3n de su padre, ingeniero \u00e9l mismo, que ve\u00eda al fin una elecci\u00f3n de carrera con futuro, \u00fatil y respetable. Ay pap\u00e1, suspira con tierna condescendencia Valerio al recordar. Era cuando padres, padrinos, profesores y t\u00edos s\u00f3lo entend\u00edan de profesiones liberales. La otras eran para morirse de hambre.<\/p>\n<p>Siempre le gust\u00f3 el trabajo de campo, y con el tiempo a eso se dedic\u00f3 en las minas del norte, hasta que un d\u00eda su<q>siempre<\/q>\u00a0se transform\u00f3. Fue algo s\u00fabito y radical. Coordinaba una rutinaria voladura con dinamita en el desierto un lejano amanecer, con la dedicaci\u00f3n t\u00e9cnica propia de los eficientes, apegado al manual de procedimientos proporcionado por la direcci\u00f3n general. El sol nac\u00eda en una aurora rosada que enrojeci\u00f3 hasta florecer en capullos de sangre y los minutos se fueron haciendo amarillos tras la silueta de los cactos en su catedral majestuosa. Entonces liber\u00f3 la orden, bum, y en su vista estall\u00f3 un sucio resplandor, volaron los suelos por el aire y lo alcanzaron terrones y nubes de arena una vez que terminaron de caer los pedruscos de la devastaci\u00f3n. El dinamitero y sus peones celebraron chiflando la detonaci\u00f3n, pero Valerio se hundi\u00f3 en una melancol\u00eda que las palmadas en la espalda de sus colegas no le lograron sacar.<\/p>\n<p>Algo se rompi\u00f3 dentro de \u00e9l. Como matarife que un d\u00eda decide no matar una vaca m\u00e1s, bot\u00f3 el arpa como dec\u00eda su padre y torci\u00f3 su camino, para p\u00e1nico y decepci\u00f3n de su mam\u00e1 que no comprendi\u00f3 por qu\u00e9 su hijo dinamitaba su prometedora carrera en la industria de la destrucci\u00f3n y se hac\u00eda\u00a0<q>simple<\/q>maestro de secundaria y Vocacional. Casado estaba, y as\u00ed sigui\u00f3, respaldado por su mujer\u00a0<q>con tal de verte feliz<\/q>. El gusto por las pr\u00e1cticas de campo fue lo \u00fanico que no abandon\u00f3, al contrario, se le agudiz\u00f3 en extremo y lo convirti\u00f3 en un estimado profesor para los j\u00f3venes en materia de observaci\u00f3n de la naturaleza. Peripat\u00e9tico y rebelde, desarroll\u00f3 afinidad por autores como Henry David Thoreau y lo absorbi\u00f3 la senda de\u00a0<em>Los novicios en Sais,\u00a0<\/em>de Novalis. En el nombre de cada cosa descubri\u00f3 el signo para cada una de las cosas:\u00a0<q>La vida del universo es un di\u00e1logo eterno de miles de voces, pues en el lenguaje del hombre todas las fuerzas, todas las formas de acci\u00f3n aparecen milagrosamente unidas<\/q>.<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p>Eso ha ense\u00f1ado a una legi\u00f3n de alumnos de los que evita encari\u00f1arse, porque si algo conoce un maestro de escuela es el incesante r\u00edo de los adioses. Y hoy, acogido a la sombra de un sabino rumoroso, Valerio deja pasar el r\u00edo con atenci\u00f3n, de ella ha hecho una especialidad, y a Novalis se atiene:<\/p>\n<p><q>Variados son los caminos del hombre. Aquel que lo siga y compare ver\u00e1 emerger extra\u00f1as figuras que parecieran venir de la gran cifra que encontramos escrita en todo, en alas, cascarones, nubes y nieve, en cristales y formaciones de piedra, en aguas congeladas, dentro y fuera de las monta\u00f1as, en planta, bestias y personas, en las luces del cielo, en discos grabados en resina, cristal o hierro alrededor de un im\u00e1n, en las extra\u00f1as conjeturas del azar. All\u00ed vislumbramos la clave de la escritura m\u00e1gica, su gram\u00e1tica incluso, mas nuestra conjetura no adopta una forma definida y resiste volverse una clave mayor. Como si un \u00e1lcali se vertiera sobre los sentidos del hombre. Por un momento sus deseos y pensamientos parecen solidificar. De ah\u00ed erige sus presentimientos, pero luego de un breve instante todo se hunde nuevamente ante sus ojos.<\/q><\/p>\n<p>Sin renunciar a la sencillez, ense\u00f1a a sus disc\u00edpulos la escritura \u00edntima de la naturaleza, tan ajena para la poblaci\u00f3n de las ciudades.\u00a0<q>Todas las cosas son un gran manuscrito del cual conocemos el secreto, y nada es inesperado porque anticipamos los movimientos de su reloj. Gozamos la naturaleza con todos los sentidos, porque no destruye los sentidos, porque las pesadillas no nos asustan, porque la lucidez nos calma y hace confiados.<\/q><\/p>\n<p>Su trabajo se limita a despertar, ejercitar y afilar un sentido diferenciado de la naturaleza en las mentes de los j\u00f3venes, combinarlo con sus otros dones y permitirles producir frutos que agradezcan ellos y quienes los rodean. Cada detalle est\u00e1 conectado con todo y sucede ahora, despiadado y simult\u00e1neo. No hay viento, marea ni ala de mariposa que no pueda pertenecer a cada aprendiz de ser humano.<\/p>\n<p>Su recompensa: una pluma blanca inesperada entre las p\u00e1ginas blancas del libro blanco de Novalis, los dibujos en su memoria abierta, o cualquier otra cosa.<\/p>\n<p>Tomado de: <a href=\"http:\/\/www.jornada.unam.mx\/2013\/04\/29\/opinion\/a10a1cul\" target=\"_blank\">La Jornada<\/a><\/p>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hermann Bellinghausen Hacerse a un lado en el camino, as\u00ed sea brevemente, sentarse en un mont\u00edculo y ver, como dijera Dylan, el r\u00edo pasar. Qu\u00e9 cansada es la ciudad. El progreso s\u00f3lo puede ponerla peor, est\u00e1 en su condici\u00f3n de urbe. \u00bfEn su naturaleza? Hablemos pues de naturaleza, algo que ya no guarda relaci\u00f3n con [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1303,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[13,26],"tags":[],"class_list":["post-1793","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-educacion-media-superior-y-superior","category-sociedad-del-conocimiento"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.uv.mx\/blogs\/kaniwa\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1793","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.uv.mx\/blogs\/kaniwa\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.uv.mx\/blogs\/kaniwa\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.uv.mx\/blogs\/kaniwa\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1303"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.uv.mx\/blogs\/kaniwa\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1793"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.uv.mx\/blogs\/kaniwa\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1793\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.uv.mx\/blogs\/kaniwa\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1793"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.uv.mx\/blogs\/kaniwa\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1793"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.uv.mx\/blogs\/kaniwa\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=1793"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}