﻿{"id":1192,"date":"2010-12-07T20:15:57","date_gmt":"2010-12-07T20:15:57","guid":{"rendered":"https:\/\/www.uv.mx\/blogs\/kaniwa\/\/2010\/12\/07\/elogio-de-la-lectura-y-la-ficcion\/"},"modified":"2010-12-07T20:15:57","modified_gmt":"2010-12-07T20:15:57","slug":"elogio-de-la-lectura-y-la-ficcion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.uv.mx\/blogs\/kaniwa\/2010\/12\/07\/elogio-de-la-lectura-y-la-ficcion\/","title":{"rendered":"Elogio de la lectura y la ficci\u00f3n"},"content":{"rendered":"<p><b>Mario Vargas Llosa<\/b><\/p>\n<p>Aprend\u00ed a leer a los cinco a\u00f1os, en la clase del hermano Justiniano, en el Colegio de la Salle, en Cochabamba (Bolivia). Es la cosa m\u00e1s importante que me ha pasado en la vida. Casi setenta a\u00f1os despu\u00e9s recuerdo con nitidez c\u00f3mo esa magia, traducir las palabras de los libros en im\u00e1genes, enriqueci\u00f3 mi vida, rompiendo las barreras del tiempo y del espacio y permiti\u00e9ndome viajar con el capit\u00e1n Nemo veinte mil leguas de viaje submarino, luchar junto a d\u2019Artagnan, Athos, Portos y Aram\u00eds contra las intrigas que amenazan a la Reina en los tiempos del sinuoso Richelieu, o arrastrarme por las entra\u00f1as de Par\u00eds, convertido en Jean Valjean, con el cuerpo inerte de Marius a cuestas.<br \/>La lectura convert\u00eda el sue\u00f1o en vida y la vida en sue\u00f1o y pon\u00eda al alcance del pedacito de hombre que era yo el universo de la literatura. Mi madre me cont\u00f3 que las primeras cosas que escrib\u00ed fueron continuaciones de las historias que le\u00eda pues me apenaba que se terminaran o quer\u00eda enmendarles el final. Y acaso sea eso lo que me he pasado la vida haciendo sin saberlo: prolongando en el tiempo, mientras crec\u00eda, maduraba y envejec\u00eda, las historias que llenaron mi infancia de exaltaci\u00f3n y de aventuras.<br \/>Me gustar\u00eda que mi madre estuviera aqu\u00ed, ella que sol\u00eda emocionarse y llorar leyendo los poemas de Amado Nervo y de Pablo Neruda, y tambi\u00e9n el abuelo Pedro, de gran nariz y calva reluciente, que celebraba mis versos, y el t\u00edo Lucho que tanto me anim\u00f3 a volcarme en cuerpo y alma a escribir aunque la literatura, en aquel tiempo y lugar, alimentara tan mal a sus cultores. Toda la vida he tenido a mi lado gentes as\u00ed, que me quer\u00edan y alentaban, y me contagiaban su fe cuando dudaba. Gracias a ellos y, sin duda, tambi\u00e9n, a mi terquedad y algo de suerte, he podido dedicar buena parte de mi tiempo a esta pasi\u00f3n, vicio y maravilla que es escribir, crear una vida paralela donde refugiarnos contra la adversidad, que vuelve natural lo extraordinario y extraordinario lo natural, disipa el caos, embellece lo feo, eterniza el instante y torna la muerte un espect\u00e1culo pasajero.<br \/>No era f\u00e1cil escribir historias. Al volverse palabras, los proyectos se marchitaban en el papel y las ideas e im\u00e1genes desfallec\u00edan. \u00bfC\u00f3mo reanimarlos? Por fortuna, all\u00ed estaban los maestros para aprender de ellos y seguir su ejemplo. Flaubert me ense\u00f1\u00f3 que el talento es una disciplina tenaz y una larga paciencia. Faulkner, que es la forma \u2013la escritura y la estructura\u2013 lo que engrandece o empobrece los temas. Martorell, Cervantes, Dickens, Balzac, Tolstoi, Conrad, Thomas Mann, que el n\u00famero y la ambici\u00f3n son tan importantes en una novela como la destreza estil\u00edstica y la estrategia narrativa. Sartre, que las palabras son actos y que una novela, una obra de teatro, un ensayo, comprometidos con la actualidad y las mejores opciones, pueden cambiar el curso de la historia. Camus y Orwell, que una literatura desprovista de moral es inhumana y Malraux que el hero\u00edsmo y la \u00e9pica cab\u00edan en la actualidad tanto como en el tiempo de los argonautas, la Odisea y la Il\u00edada.<br \/>Si convocara en este discurso a todos los escritores a los que debo algo o mucho sus sombras nos sumir\u00edan en la oscuridad. Son innumerables. Adem\u00e1s de revelarme los secretos del oficio de contar, me hicieron explorar los abismos de lo humano, admirar sus haza\u00f1as y horrorizarme con sus desvar\u00edos. Fueron los amigos m\u00e1s serviciales, los animadores de mi vocaci\u00f3n, en cuyos libros descubr\u00ed que, aun en las peores circunstancias, hay esperanzas y que vale la pena vivir, aunque fuera s\u00f3lo porque sin la vida no podr\u00edamos leer ni fantasear historias.<br \/>Algunas veces me pregunt\u00e9 si en pa\u00edses como el m\u00edo, con escasos lectores y tantos pobres, analfabetos e injusticias, donde la cultura era privilegio de tan pocos, escribir no era un lujo solipsista. Pero estas dudas nunca asfixiaron mi vocaci\u00f3n y segu\u00ed siempre escribiendo, incluso en aquellos per\u00edodos en que los trabajos alimenticios absorb\u00edan casi todo mi tiempo. Creo que hice lo justo, pues, si para que la literatura florezca en una sociedad fuera requisito alcanzar primero la alta cultura, la libertad, la prosperidad y la justicia, ella no hubiera existido nunca. Por el contrario, gracias a la literatura, a las conciencias que form\u00f3, a los deseos y anhelos que inspir\u00f3, al desencanto de lo real con que volvemos del viaje a una bella fantas\u00eda, la civilizaci\u00f3n es ahora menos cruel que cuando los contadores de cuentos comenzaron a humanizar la vida con sus f\u00e1bulas. Ser\u00edamos peores de lo que somos sin los buenos libros que le\u00edmos, m\u00e1s conformistas, menos inquietos e insumisos y el esp\u00edritu cr\u00edtico, motor del progreso, ni siquiera existir\u00eda. Igual que escribir, leer es protestar contra las insuficiencias de la vida. Quien busca en la ficci\u00f3n lo que no tiene, dice, sin necesidad de decirlo, ni siquiera saberlo, que la vida tal como es no nos basta para colmar nuestra sed de absoluto, fundamento de la condici\u00f3n humana, y que deber\u00eda ser mejor. Inventamos las ficciones para poder vivir de alguna manera las muchas vidas que quisi\u00e9ramos tener cuando apenas disponemos de una sola.<br \/>Sin las ficciones ser\u00edamos menos conscientes de la importancia de la libertad para que la vida sea vivible y del infierno en que se convierte cuando es conculcada por un tirano, una ideolog\u00eda o una religi\u00f3n. Quienes dudan de que la literatura, adem\u00e1s de sumirnos en el sue\u00f1o de la belleza y la felicidad, nos alerta contra toda forma de opresi\u00f3n, preg\u00fantense por qu\u00e9 todos los reg\u00edmenes empe\u00f1ados en controlar la conducta de los ciudadanos de la cuna a la tumba, la temen tanto que establecen sistemas de censura para reprimirla y vigilan con tanta suspicacia a los escritores independientes. Lo hacen porque saben el riesgo que corren dejando que la imaginaci\u00f3n discurra por los libros, lo sediciosas que se vuelven las ficciones cuando el lector coteja la libertad que las hace posibles y que en ellas se ejerce, con el oscurantismo y el miedo que lo acechan en el mundo real. Lo quieran o no, lo sepan o no, los fabuladores, al inventar historias, propagan la insatisfacci\u00f3n, mostrando que el mundo est\u00e1 mal hecho, que la vida de la fantas\u00eda es m\u00e1s rica que la de la rutina cotidiana. Esa comprobaci\u00f3n, si echa ra\u00edces en la<br \/>sensibilidad y la conciencia, vuelve a los ciudadanos m\u00e1s dif\u00edciles de manipular, de aceptar las mentiras de quienes quisieran hacerles creer que, entre barrotes, inquisidores y carceleros viven m\u00e1s seguros y mejor.<br \/>La buena literatura tiende puentes entre gentes distintas y, haci\u00e9ndonos gozar, sufrir o sorprendernos, nos une por debajo de las lenguas, creencias, usos, costumbres y prejuicios que nos separan. Cuando la gran ballena blanca sepulta al capit\u00e1n Ahab en el mar, se encoge el coraz\u00f3n de los lectores id\u00e9nticamente en Tokio, Lima o Tombuct\u00fa. Cuando Emma Bovary se traga el ars\u00e9nico, Anna Karenina se arroja al tren y Juli\u00e1n Sorel sube al pat\u00edbulo, y cuando, en El Sur, el urbano doctor Juan Dahlmann sale de aquella pulper\u00eda de la pampa a enfrentarse al cuchillo de un mat\u00f3n, o advertimos que todos los pobladores de Comala, el pueblo de Pedro P\u00e1ramo, est\u00e1n muertos, el estremecimiento es semejante en el lector que adora a Buda, Confucio, Cristo, Al\u00e1 o es un agn\u00f3stico, vista saco y corbata, chilaba, kimono o bombachas. La literatura crea una fraternidad dentro de la diversidad humana y eclipsa las fronteras que erigen entre hombres y mujeres la ignorancia, las ideolog\u00edas, las religiones, los idiomas y la estupidez.<br \/>Como todas las \u00e9pocas han tenido sus espantos, la nuestra es la de los fan\u00e1ticos, la de los terroristas suicidas, antigua especie convencida de que matando se gana el para\u00edso, que la sangre de los inocentes lava las afrentas colectivas, corrige las injusticias e impone la verdad sobre las falsas creencias. Innumerables v\u00edctimas son inmoladas cada d\u00eda en diversos lugares del mundo por quienes se sienten poseedores de verdades absolutas. Cre\u00edamos que, con el desplome de los imperios totalitarios, la convivencia, la paz, el pluralismo, los derechos humanos, se impondr\u00edan y el mundo dejar\u00eda atr\u00e1s los holocaustos, genocidios, invasiones y guerras de exterminio. Nada de eso ha ocurrido. Nuevas formas de barbarie proliferan atizadas por el fanatismo y, con la multiplicaci\u00f3n de armas de destrucci\u00f3n masiva, no se puede excluir que cualquier grup\u00fasculo de enloquecidos redentores provoque un d\u00eda un cataclismo nuclear. Hay que salirles al paso, enfrentarlos y derrotarlos. No son muchos, aunque el estruendo de sus cr\u00edmenes retumbe por todo el planeta y nos abrumen de horror las pesadillas que provocan. No debemos dejarnos intimidar por quienes quisieran arrebatarnos la libertad que hemos ido conquistando en la larga haza\u00f1a de la civilizaci\u00f3n. Defendamos la democracia liberal, que, con todas sus limitaciones, sigue significando el pluralismo pol\u00edtico, la convivencia, la tolerancia, los derechos humanos, el respeto a la cr\u00edtica, la legalidad, las elecciones libres, la alternancia en el poder, todo aquello que nos ha ido sacando de la vida feral y acerc\u00e1ndonos \u2013aunque nunca llegaremos a alcanzarla\u2013 a la hermosa y perfecta vida que finge la literatura, aquella que s\u00f3lo invent\u00e1ndola, escribi\u00e9ndola y ley\u00e9ndola podemos merecer. Enfrent\u00e1ndonos a los fan\u00e1ticos homicidas defendemos nuestro derecho a so\u00f1ar y a hacer nuestros sue\u00f1os realidad.<br \/>En mi juventud, como muchos escritores de mi generaci\u00f3n, fui marxista y cre\u00ed que el socialismo ser\u00eda el remedio para la explotaci\u00f3n y las injusticias sociales que arreciaban en mi pa\u00eds, Am\u00e9rica Latina y el resto del Tercer Mundo. Mi decepci\u00f3n del estatismo y el colectivismo y mi tr\u00e1nsito hacia el dem\u00f3crata y el liberal que soy \u2013que trato de ser\u2013 fue largo, dif\u00edcil, y se llev\u00f3 a cabo despacio y a ra\u00edz de episodios como la conversi\u00f3n de la Revoluci\u00f3n Cubana, que me hab\u00eda entusiasmado al principio, al modelo autoritario y vertical de la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica, el testimonio de los disidentes que consegu\u00eda escurrirse entre las alambradas del Gulag, la invasi\u00f3n de Checoeslovaquia por los pa\u00edses del Pacto de Varsovia, y gracias a pensadores como Raymond Aron, Jean-Fran\u00e7ois Revel, Isaiah Berlin y Karl Popper, a quienes debo mi revalorizaci\u00f3n de la cultura democr\u00e1tica y de las sociedades abiertas. Esos maestros fueron un ejemplo de lucidez y gallard\u00eda cuando la intelligentsia de Occidente parec\u00eda, por frivolidad u oportunismo, haber sucumbido al hechizo del socialismo sovi\u00e9tico, o, peor todav\u00eda, al aquelarre sanguinario de la revoluci\u00f3n cultural china.<br \/>De ni\u00f1o so\u00f1aba con llegar alg\u00fan d\u00eda a Par\u00eds porque, deslumbrado con la literatura francesa, cre\u00eda que vivir all\u00ed y respirar el aire que respiraron Balzac, Stendhal, Baudelaire, Proust, me ayudar\u00eda a convertirme en un verdadero escritor, que si no sal\u00eda del Per\u00fa s\u00f3lo ser\u00eda un seudo escritor de d\u00edas domingos y feriados. Y la verdad es que debo a Francia, a la cultura francesa, ense\u00f1anzas inolvidables, como que la literatura es tanto una vocaci\u00f3n como una disciplina, un trabajo y una terquedad. Viv\u00ed all\u00ed cuando Sartre y Camus estaban vivos y escribiendo, en los a\u00f1os de Ionesco, Beckett, Bataille y Cioran, del descubrimiento del teatro de Brecht y el cine de Ingmar Bergman, el TNP de Jean Vilar y el Od\u00e9on de Jean Louis Barrault, de la Nouvelle Vague y le Nouveau Roman y los discursos, bell\u00edsimas piezas literarias, de Andr\u00e9 Malraux, y, tal vez, el espect\u00e1culo m\u00e1s teatral de la Europa de aquel tiempo, las conferencias de prensa y los truenos ol\u00edmpicos del general de Gaulle. Pero, acaso, lo que m\u00e1s le agradezco a Francia sea el descubrimiento de Am\u00e9rica Latina. All\u00ed aprend\u00ed que el Per\u00fa era parte de una vasta comunidad a la que hermanaban la historia, la geograf\u00eda, la problem\u00e1tica social y pol\u00edtica, una cierta manera de ser y la sabrosa lengua en que hablaba y escrib\u00eda. Y que en esos mismos a\u00f1os produc\u00eda una literatura novedosa y pujante. All\u00ed le\u00ed a Borges, a Octavio Paz, Cort\u00e1zar, Garc\u00eda M\u00e1rquez, Fuentes, Cabrera Infante, Rulfo, Onetti, Carpentier, Edwards, Donoso y muchos otros, cuyos escritos estaban revolucionando la narrativa en lengua espa\u00f1ola y gracias a los cuales Europa y buena parte del mundo descubr\u00edan que Am\u00e9rica Latina no era s\u00f3lo el continente de los golpes de Estado, los caudillos de opereta, los guerrilleros barbudos y las maracas del mambo y el chachach\u00e1, sino tambi\u00e9n ideas, formas art\u00edsticas y fantas\u00edas literarias que trascend\u00edan lo pintoresco y hablaban un lenguaje universal.<br \/>De entonces a esta \u00e9poca, no sin tropiezos y resbalones, Am\u00e9rica Latina ha ido progresando, aunque, como dec\u00eda el verso de C\u00e9sar Vallejo, todav\u00eda Hay, hermanos, much\u00edsimo que hacer. Padecemos menos dictaduras que anta\u00f1o, s\u00f3lo Cuba y su candidata a secundarla, Venezuela, y algunas seudodemocracias populistas y payasas, como las de Bolivia y Nicaragua. Pero en el resto del continente, mal que mal, la democracia est\u00e1 funcionando, apoyada en amplios consensos populares, y, por primera vez en nuestra historia, tenemos una izquierda y una derecha que, como en Brasil, Chile, Uruguay, Per\u00fa, Colombia, Rep\u00fablica Dominicana, M\u00e9xico y casi todo Centroam\u00e9rica, respetan la legalidad, la libertad de cr\u00edtica, las elecciones y la renovaci\u00f3n en el poder. \u00c9se es el buen camino y, si persevera en \u00e9l, combate la insidiosa corrupci\u00f3n y sigue integr\u00e1ndose al mundo, Am\u00e9rica Latina dejar\u00e1 por fin de ser el continente del futuro y pasar\u00e1 a serlo del presente.<br \/>Nunca me he sentido un extranjero en Europa, ni, en verdad, en ninguna parte. En todos los lugares donde he vivido, en Par\u00eds, en Londres, en Barcelona, en Madrid, en Berl\u00edn, en Washington, Nueva York, Brasil o la Rep\u00fablica Dominicana, me sent\u00ed en mi casa. Siempre he hallado una querencia donde pod\u00eda vivir en paz y trabajando, aprender cosas, alentar ilusiones, encontrar amigos, buenas lecturas y temas para escribir. No me parece que haberme convertido, sin propon\u00e9rmelo, en un ciudadano del mundo, haya debilitado eso que llaman \u201clas ra\u00edces\u201d, mis v\u00ednculos con mi propio pa\u00eds \u2013lo que tampoco tendr\u00eda mucha importancia\u2013, porque, si as\u00ed fuera, las experiencias peruanas no seguir\u00edan aliment\u00e1ndome como escritor y no asomar\u00edan siempre en mis historias, aun cuando \u00e9stas parezcan ocurrir muy lejos del Per\u00fa. Creo que vivir tanto tiempo fuera del pa\u00eds donde nac\u00ed ha fortalecido m\u00e1s bien aquellos v\u00ednculos, a\u00f1adi\u00e9ndoles una perspectiva m\u00e1s l\u00facida, y la nostalgia, que sabe diferenciar lo adjetivo y lo sustancial y mantiene reverberando los recuerdos. El amor al pa\u00eds en que uno naci\u00f3 no puede ser obligatorio, sino, al igual que cualquier otro amor, un movimiento espont\u00e1neo del coraz\u00f3n, como el que une a los amantes, a padres e hijos, a los amigos entre s\u00ed.<br \/>Al Per\u00fa yo lo llevo en las entra\u00f1as porque en \u00e9l nac\u00ed, crec\u00ed, me form\u00e9, y viv\u00ed aquellas experiencias de ni\u00f1ez y juventud que modelaron mi personalidad, fraguaron mi vocaci\u00f3n, y porque all\u00ed am\u00e9, odi\u00e9, goc\u00e9, sufr\u00ed y so\u00f1\u00e9. Lo que en \u00e9l ocurre me afecta m\u00e1s, me conmueve y exaspera m\u00e1s que lo que sucede en otras partes. No lo he buscado ni me lo he impuesto, simplemente es as\u00ed. Algunos compatriotas me acusaron de traidor y estuve a punto de perder la ciudadan\u00eda cuando, durante la \u00faltima dictadura, ped\u00ed a los gobiernos democr\u00e1ticos del mundo que penalizaran al r\u00e9gimen con sanciones diplom\u00e1ticas y econ\u00f3micas, como lo he hecho siempre con todas las dictaduras, de cualquier \u00edndole, la de Pinochet, la de Fidel Castro, la de los talibanes en Afganist\u00e1n, la de los imanes de Ir\u00e1n, la del apartheid de Africa del Sur, la de los s\u00e1trapas uniformados de Birmania (hoy Myanmar). Y lo volver\u00eda a hacer ma\u00f1ana si \u2013el destino no lo quiera y los peruanos no lo permitan\u2013 el Per\u00fa fuera v\u00edctima una vez m\u00e1s de un golpe de estado que aniquilara nuestra fr\u00e1gil democracia. Aquella no fue la acci\u00f3n precipitada y pasional de un resentido, como escribieron algunos pol\u00edgrafos acostumbrados a juzgar a los dem\u00e1s desde su propia peque\u00f1ez. Fue un acto coherente con mi convicci\u00f3n de que una dictadura representa el mal absoluto para un pa\u00eds, una fuente de brutalidad y corrupci\u00f3n y de heridas profundas que tardan mucho en cerrar, envenenan su futuro y crean h\u00e1bitos y pr\u00e1cticas malsanas que se prolongan a lo largo de las generaciones demorando la reconstrucci\u00f3n democr\u00e1tica. Por eso, las dictaduras deben ser combatidas sin contemplaciones, por todos los medios a nuestro alcance, incluidas las sanciones econ\u00f3micas. Es lamentable que los gobiernos democr\u00e1ticos, en vez de dar el ejemplo, solidariz\u00e1ndose con quienes, como las Damas de Blanco en Cuba, los resistentes venezolanos, o Aung San Suu Kyi y Liu Xiaobo, que se enfrentan con temeridad a las dictaduras que sufren, se muestren a menudo complacientes no con ellos sino con sus verdugos. Aquellos valientes, luchando por su libertad, tambi\u00e9n luchan por la nuestra.<br \/>Un compatriota m\u00edo, Jos\u00e9 Mar\u00eda Arguedas, llam\u00f3 al Per\u00fa el pa\u00eds de \u201ctodas las sangres\u201d. No creo que haya f\u00f3rmula que lo defina mejor. Eso somos y eso llevamos dentro todos los peruanos, nos guste o no: una suma de tradiciones, razas, creencias y culturas procedentes de los cuatro puntos cardinales. A m\u00ed me enorgullece sentirme heredero de las culturas prehisp\u00e1nicas que fabricaron los tejidos y mantos de plumas de Nazca y Paracas y los ceramios mochicas o incas que se exhiben en los mejores museos del mundo, de los constructores de Machu Picchu, el Gran Chim\u00fa, Chan Chan, Kuelap, Sip\u00e1n, las huacas de La Bruja y del Sol y de la Luna, y de los espa\u00f1oles que, con sus alforjas, espadas y caballos, trajeron al Per\u00fa a Grecia, Roma, la tradici\u00f3n judeo-cristiana, el Renacimiento, Cervantes, Quevedo y G\u00f3ngora, y la lengua recia de Castilla que los Andes dulcificaron. Y de que con Espa\u00f1a llegara tambi\u00e9n el \u00c1frica con su reciedumbre, su m\u00fasica y su efervescente imaginaci\u00f3n a enriquecer la heterogeneidad peruana. Si escarbamos un poco descubrimos que el Per\u00fa, como el Aleph de Borges, es en peque\u00f1o formato el mundo entero. \u00a1Qu\u00e9 extraordinario privilegio el de un pa\u00eds que no tiene una identidad porque las tiene todas!<br \/>La conquista de Am\u00e9rica fue cruel y violenta, como todas las conquistas, desde luego, y debemos criticarla, pero sin olvidar, al hacerlo, que quienes cometieron aquellos despojos y cr\u00edmenes fueron, en gran n\u00famero, nuestros bisabuelos y tatarabuelos, los espa\u00f1oles que fueron a Am\u00e9rica y all\u00ed se acriollaron, no los que se quedaron en su tierra. Aquellas cr\u00edticas, para ser justas, deben ser una autocr\u00edtica. Porque, al independizarnos de Espa\u00f1a, hace doscientos a\u00f1os, quienes asumieron el poder en las antiguas colonias, en vez de redimir al indio y hacerle justicia por los antiguos agravios, siguieron explot\u00e1ndolo con tanta codicia y ferocidad como los conquistadores, y, en algunos pa\u00edses, diezm\u00e1ndolo y extermin\u00e1ndolo. Dig\u00e1moslo con toda claridad: desde hace dos siglos la emancipaci\u00f3n de los ind\u00edgenas es una responsabilidad exclusivamente nuestra y la hemos incumplido. Ella sigue siendo una asignatura pendiente en toda Am\u00e9rica Latina. No hay una sola excepci\u00f3n a este oprobio y verg\u00fcenza.<br \/>Quiero a Espa\u00f1a tanto como al Per\u00fa y mi deuda con ella es tan grande como el agradecimiento que le tengo. Si no hubiera sido por Espa\u00f1a jam\u00e1s hubiera llegado a esta tribuna, ni a ser un escritor conocido, y tal vez, como tantos colegas desafortunados, andar\u00eda en el limbo de los escribidores sin suerte, sin editores, ni premios, ni lectores, cuyo talento acaso \u2013triste consuelo\u2013 descubrir\u00eda alg\u00fan d\u00eda la posteridad. En Espa\u00f1a se publicaron todos mis libros, recib\u00ed reconocimientos exagerados, amigos como Carlos Barral y Carmen Balcells y tantos otros se desvivieron porque mis historias tuvieran lectores. Y Espa\u00f1a me concedi\u00f3 una segunda nacionalidad cuando pod\u00eda perder la m\u00eda. Jam\u00e1s he sentido la menor incompatibilidad entre ser peruano y tener un pasaporte espa\u00f1ol porque siempre he sentido que Espa\u00f1a y el Per\u00fa son el anverso y el reverso de una misma cosa, y no s\u00f3lo en mi peque\u00f1a persona, tambi\u00e9n en realidades esenciales como la historia, la lengua y la cultura.<br \/>De todos los a\u00f1os que he vivido en suelo espa\u00f1ol, recuerdo con fulgor los cinco que pas\u00e9 en la querida Barcelona a comienzos de los a\u00f1os setenta. La dictadura de Franco estaba todav\u00eda en pie y a\u00fan fusilaba, pero era ya un f\u00f3sil en hilachas, y, sobre todo en el campo de la cultura, incapaz de mantener los controles de anta\u00f1o. Se abr\u00edan rendijas y resquicios que la censura no alcanzaba a parchar y por ellas la sociedad espa\u00f1ola absorb\u00eda nuevas ideas, libros, corrientes de pensamiento y valores y formas art\u00edsticas hasta entonces prohibidos por subversivos. Ninguna ciudad aprovech\u00f3 tanto y mejor que Barcelona este comienzo de apertura ni vivi\u00f3 una efervescencia semejante en todos los campos de las ideas y la creaci\u00f3n. Se convirti\u00f3 en la capital cultural de Espa\u00f1a, el lugar donde hab\u00eda que estar para respirar el anticipo de la libertad que se vendr\u00eda. Y, en cierto modo, fue tambi\u00e9n la capital cultural de Am\u00e9rica Latina por la cantidad de pintores, escritores, editores y artistas procedentes de los pa\u00edses latinoamericanos que all\u00ed se instalaron, o iban y ven\u00edan a Barcelona, porque era donde hab\u00eda que estar si uno quer\u00eda ser un poeta, novelista, pintor o compositor de nuestro tiempo. Para m\u00ed, aquellos fueron unos a\u00f1os inolvidables de compa\u00f1erismo, amistad, conspiraciones y fecundo trabajo intelectual. Igual que antes Par\u00eds, Barcelona fue una Torre de Babel, una ciudad cosmopolita y universal, donde era estimulante vivir y trabajar, y donde, por primera vez desde los tiempos de la guerra civil, escritores espa\u00f1oles y latinoamericanos se mezclaron y fraternizaron, reconoci\u00e9ndose due\u00f1os de una misma tradici\u00f3n y aliados en una empresa com\u00fan y una certeza: que el final de la dictadura era inminente y que en la Espa\u00f1a democr\u00e1tica la cultura ser\u00eda la protagonista principal.<br \/>Aunque no ocurri\u00f3 as\u00ed exactamente, la transici\u00f3n espa\u00f1ola de la dictadura a la democracia ha sido una de las mejores historias de los tiempos modernos, un ejemplo de como, cuando la sensatez y la racionalidad prevalecen y los adversarios pol\u00edticos aparcan el sectarismo en favor del bien com\u00fan, pueden ocurrir hechos tan prodigiosos como los de las novelas del realismo m\u00e1gico. La transici\u00f3n espa\u00f1ola del autoritarismo a la libertad, del subdesarrollo a la prosperidad, de una sociedad de contrastes econ\u00f3micos y desigualdades tercermundistas a un pa\u00eds de clases medias, su integraci\u00f3n a Europa y su adopci\u00f3n en pocos a\u00f1os de una cultura democr\u00e1tica, ha admirado al mundo entero y disparado la modernizaci\u00f3n de Espa\u00f1a. Ha sido para m\u00ed una experiencia emocionante y aleccionadora vivirla de muy cerca y a ratos desde dentro. Ojal\u00e1 que los nacionalismos, plaga incurable del mundo moderno y tambi\u00e9n de Espa\u00f1a, no estropeen esta historia feliz.<br \/>Detesto toda forma de nacionalismo, ideolog\u00eda \u2013o, m\u00e1s bien, religi\u00f3n\u2013 provinciana, de corto vuelo, excluyente, que recorta el horizonte intelectual y disimula en su seno prejuicios \u00e9tnicos y racistas, pues convierte en valor supremo, en privilegio moral y ontol\u00f3gico, la circunstancia fortuita del lugar de nacimiento. Junto con la religi\u00f3n, el nacionalismo ha sido la causa de las peores carnicer\u00edas de la historia, como las de las dos guerras mundiales y la sangr\u00eda actual del Medio Oriente. Nada ha contribuido tanto como el nacionalismo a que Am\u00e9rica Latina se haya balcanizado, ensangrentado en insensatas contiendas y litigios y derrochado astron\u00f3micos recursos en comprar armas en vez de construir escuelas, bibliotecas y hospitales.<br \/>No hay que confundir el nacionalismo de orejeras y su rechazo del \u201cotro\u201d, siempre semilla de violencia, con el patriotismo, sentimiento sano y generoso, de amor a la tierra donde uno vio la luz, donde vivieron sus ancestros y se forjaron los primeros sue\u00f1os, paisaje familiar de geograf\u00edas, seres queridos y ocurrencias que se convierten en hitos de la memoria y escudos contra la soledad. La patria no son las banderas ni los himnos, ni los discursos apod\u00edcticos sobre los h\u00e9roes emblem\u00e1ticos, sino un pu\u00f1ado de lugares y personas que pueblan nuestros recuerdos y los ti\u00f1en de melancol\u00eda, la sensaci\u00f3n c\u00e1lida de que, no importa donde estemos, existe un hogar al que podemos volver.<br \/>El Per\u00fa es para m\u00ed una Arequipa donde nac\u00ed pero nunca viv\u00ed, una ciudad que mi madre, mis abuelos y mis t\u00edos me ense\u00f1aron a conocer a trav\u00e9s de sus recuerdos y a\u00f1oranzas, porque toda mi tribu familiar, como suelen hacer los arequipe\u00f1os, se llev\u00f3 siempre a la Ciudad Blanca con ella en su andariega existencia. Es la Piura del desierto, el algarrobo y el sufrido burrito, al que los piuranos de mi juventud llamaban \u201cel pie ajeno\u201d \u2013lindo y triste apelativo\u2013, donde descubr\u00ed que no eran las cig\u00fce\u00f1as las que tra\u00edan los bebes al mundo sino que los fabricaban las parejas haciendo unas barbaridades que eran pecado mortal. Es el Colegio San Miguel y el Teatro Variedades donde por primera vez vi subir al escenario una obrita escrita por m\u00ed. Es la esquina de Diego Ferr\u00e9 y Col\u00f3n, en el Miraflores lime\u00f1o \u2013la llam\u00e1bamos el Barrio Alegre\u2013, donde cambi\u00e9 el pantal\u00f3n corto por el largo, fum\u00e9 mi primer cigarrillo, aprend\u00ed a bailar, a enamorar y a declararme a las chicas. Es la polvorienta y temblorosa redacci\u00f3n del diario La Cr\u00f3nica donde, a mis diecis\u00e9is a\u00f1os, vel\u00e9 mis primeras armas de periodista, oficio que, con la literatura, ha ocupado casi toda mi vida y me ha hecho, como los libros, vivir m\u00e1s, conocer mejor el mundo y frecuentar a gente de todas partes y de todos los registros, gente excelente, buena, mala y execrable. Es el Colegio Militar Leoncio Prado, donde aprend\u00ed que el Per\u00fa no era el peque\u00f1o reducto de clase media en el que yo hab\u00eda vivido hasta entonces confinado y protegido, sino un pa\u00eds grande, antiguo, enconado, desigual y sacudido por toda clase de tormentas sociales. Son las c\u00e9lulas clandestinas de Cahuide en las que con un pu\u00f1ado de sanmarquinos prepar\u00e1bamos la revoluci\u00f3n mundial. Y el Per\u00fa son mis amigos y amigas del Movimiento Libertad con los que por tres a\u00f1os, entre las bombas, apagones y asesinatos del terrorismo, trabajamos en defensa de la democracia y la cultura de la libertad.<br \/>El Per\u00fa es Patricia, la prima de naricita respingada y car\u00e1cter indomable con la que tuve la fortuna de casarme hace 45 a\u00f1os y que todav\u00eda soporta las man\u00edas, neurosis y rabietas que me ayudan a escribir. Sin ella mi vida se hubiera disuelto hace tiempo en un torbellino ca\u00f3tico y no hubieran nacido \u00c1lvaro, Gonzalo, Morgana ni los seis nietos que nos prolongan y alegran la existencia. Ella hace todo y todo lo hace bien. Resuelve los problemas, administra la econom\u00eda, pone orden en el caos, mantiene a raya a los periodistas y a los intrusos, defiende mi tiempo, decide las citas y los viajes, hace y deshace las maletas, y es tan generosa que, hasta cuando cree que me ri\u00f1e, me hace el mejor de los elogios: \u201cMario, para lo \u00fanico que t\u00fa sirves es para escribir\u201d.<br \/>Volvamos a la literatura. El para\u00edso de la infancia no es para m\u00ed un mito literario sino una realidad que viv\u00ed y goc\u00e9 en la gran casa familiar de tres patios, en Cochabamba, donde con mis primas y compa\u00f1eros de colegio pod\u00edamos reproducir las historias de Tarz\u00e1n y de Salgari, y en la Prefectura de Piura, en cuyos entretechos anidaban los murci\u00e9lagos, sombras silentes que llenaban de misterio las noches estrelladas de esa tierra caliente. En esos a\u00f1os, escribir fue jugar un juego que me celebraba la familia, una gracia que me merec\u00eda aplausos, a m\u00ed, el nieto, el sobrino, el hijo sin pap\u00e1, porque mi padre hab\u00eda muerto y estaba en el cielo. Era un se\u00f1or alto y buen mozo, de uniforme de marino, cuya foto engalanaba mi velador y a la que yo rezaba y besaba antes de dormir. Una ma\u00f1ana piurana, de la que todav\u00eda no creo haberme recobrado, mi madre me revel\u00f3 que aquel caballero, en verdad, estaba vivo. Y que ese mismo d\u00eda nos ir\u00edamos a vivir con \u00e9l, a Lima. Yo ten\u00eda once a\u00f1os y, desde entonces, todo cambi\u00f3. Perd\u00ed la inocencia y descubr\u00ed la soledad, la autoridad, la vida adulta y el miedo. Mi salvaci\u00f3n fue leer, leer los buenos libros, refugiarme en esos mundos donde vivir era exaltante, intenso, una aventura tras otra, donde pod\u00eda sentirme libre y volv\u00eda a ser feliz. Y fue escribir, a escondidas, como quien se entrega a un vicio inconfensable, a una pasi\u00f3n prohibida. La literatura dej\u00f3 de ser un juego. Se volvi\u00f3 una manera de resistir la adversidad, de protestar, de rebelarme, de escapar a lo intolerable, mi raz\u00f3n de vivir. Desde entonces y hasta ahora, en todas las circunstancias en que me he sentido abatido o golpeado, a orillas de la desesperaci\u00f3n, entregarme en cuerpo y alma a mi trabajo de fabulador ha sido la luz que se\u00f1ala la salida del t\u00fanel, la tabla de salvaci\u00f3n que lleva al n\u00e1ufrago a la playa.<br \/>Aunque me cuesta mucho trabajo y me hace sudar la gota gorda, y, como todo escritor, siento a veces la amenaza de la par\u00e1lisis, de la sequ\u00eda de la imaginaci\u00f3n, nada me ha hecho gozar en la vida tanto como pasarme los meses y los a\u00f1os construyendo una historia, desde su incierto despuntar, esa imagen que la memoria almacen\u00f3 de alguna experiencia vivida, que se volvi\u00f3 un desasosiego, un entusiasmo, un fantaseo que germin\u00f3 luego en un proyecto y en la decisi\u00f3n de intentar convertir esa niebla agitada de fantasmas en una historia. \u201cEscribir es una manera de vivir\u201d, dijo Flaubert. S\u00ed, muy cierto, una manera de vivir con ilusi\u00f3n y alegr\u00eda y un fuego chisporroteante en la cabeza, peleando con las palabras d\u00edscolas hasta amaestrarlas, explorando el ancho mundo como un cazador en pos de presas codiciables para alimentar la ficci\u00f3n en ciernes y aplacar ese apetito voraz de toda historia que al crecer quisiera tragarse todas las historias. Llegar a sentir el v\u00e9rtigo al que nos conduce una novela en gestaci\u00f3n, cuando toma forma y parece empezar a vivir por cuenta propia, con personajes que se mueven, act\u00faan, piensan, sienten y exigen respeto y consideraci\u00f3n, a los que ya no es posible imponer arbitrariamente una conducta, ni privarlos de su libre albedr\u00edo sin matarlos, sin que la historia pierda poder de persuasi\u00f3n, es una experiencia que me sigue hechizando como la primera vez, tan plena y vertiginosa como hacer el amor con la mujer amada d\u00edas, semanas y meses, sin cesar.<br \/>Al hablar de la ficci\u00f3n, he hablado mucho de la novela y poco del teatro, otra de sus formas excelsas. Una gran injusticia, desde luego. El teatro fue mi primer amor, desde que, adolescente, vi en el Teatro Segura, de Lima, La muerte de un viajante, de Arthur Miller, espect\u00e1culo que me dej\u00f3 traspasado de emoci\u00f3n y me precipit\u00f3 a escribir un drama con incas. Si en la Lima de los cincuenta hubiera habido un movimiento teatral habr\u00eda sido dramaturgo antes que novelista. No lo hab\u00eda y eso debi\u00f3 orientarme cada vez m\u00e1s hacia la narrativa. Pero mi amor por el teatro nunca ces\u00f3, dormit\u00f3 acurrucado a la sombra de las novelas, como una tentaci\u00f3n y una nostalgia, sobre todo cuando ve\u00eda alguna pieza subyugante. A fines de los setenta, el recuerdo pertinaz de una t\u00eda abuela centenaria, la Mama\u00e9, que, en los \u00faltimos a\u00f1os de su vida, cort\u00f3 con la realidad circundante para refugiarse en los recuerdos y la ficci\u00f3n, me sugiri\u00f3 una historia. Y sent\u00ed, de manera fat\u00eddica, que aquella era una historia para el teatro, que s\u00f3lo sobre un escenario cobrar\u00eda la animaci\u00f3n y el esplendor de las ficciones logradas. La escrib\u00ed con el temblor excitado del principiante y goc\u00e9 tanto vi\u00e9ndola en escena, con Norma Aleandro en el papel de la hero\u00edna, que, desde entonces, entre novela y novela, ensayo y ensayo, he reincidido varias veces. Eso s\u00ed, nunca imagin\u00e9 que, a mis setenta a\u00f1os, me subir\u00eda (deber\u00eda decir mejor me arrastrar\u00eda) a un escenario a actuar. Esa temeraria aventura me hizo vivir por primera vez en carne y hueso el milagro que es, para alguien que se ha pasado la vida escribiendo ficciones, encarnar por unas horas a un personaje de la fantas\u00eda, vivir la ficci\u00f3n delante de un p\u00fablico. Nunca podr\u00e9 agradecer bastante a mis queridos amigos, el director Joan Oll\u00e9 y la actriz Aitana S\u00e1nchez Gij\u00f3n, haberme animado a compartir con ellos esa fant\u00e1stica experiencia (pese al p\u00e1nico que la acompa\u00f1\u00f3).<br \/>La literatura es una representaci\u00f3n falaz de la vida que, sin embargo, nos ayuda a entenderla mejor, a orientarnos por el laberinto en el que nacimos, transcurrimos y morimos. Ella nos desagravia de los reveses y frustraciones que nos inflige la vida verdadera y gracias a ella desciframos, al menos parcialmente, el jerogl\u00edfico que suele ser la existencia para la gran mayor\u00eda de los seres humanos, principalmente aquellos que alentamos m\u00e1s dudas que certezas, y confesamos nuestra perplejidad ante temas como la trascendencia, el destino individual y colectivo, el alma, el sentido o el sinsentido de la historia, el m\u00e1s ac\u00e1 y el m\u00e1s all\u00e1 del conocimiento racional.<br \/>Siempre me ha fascinado imaginar aquella incierta circunstancia en que nuestros antepasados, apenas diferentes todav\u00eda del animal, reci\u00e9n nacido el lenguaje que les permit\u00eda comunicarse, empezaron, en las cavernas, en torno a las hogueras, en noches hirvientes de amenazas \u2013rayos, truenos, gru\u00f1idos de las fieras\u2013, a inventar historias y a cont\u00e1rselas. Aquel fue el momento crucial de nuestro destino, porque, en esas rondas de seres primitivos suspensos por la voz y la fantas\u00eda del contador, comenz\u00f3 la civilizaci\u00f3n, el largo transcurrir que poco a poco nos humanizar\u00eda y nos llevar\u00eda a inventar al individuo soberano y a desgajarlo de la tribu, la ciencia, las artes, el derecho, la libertad, a escrutar las entra\u00f1as de la naturaleza, del cuerpo humano, del espacio y a viajar a las estrellas. Aquellos cuentos, f\u00e1bulas, mitos, leyendas, que resonaron por primera vez como una m\u00fasica nueva ante auditorios intimidados por los misterios y peligros de un mundo donde todo era desconocido y peligroso, debieron ser un ba\u00f1o refrescante, un remanso para esos esp\u00edritus siempre en el qui\u00e9n vive, para los que existir quer\u00eda decir apenas comer, guarecerse de los elementos, matar y fornicar. Desde que empezaron a so\u00f1ar en colectividad, a compartir los sue\u00f1os, incitados por los contadores de cuentos, dejaron de estar atados a la noria de la supervivencia, un remolino de quehaceres embrutecedores, y su vida se volvi\u00f3 sue\u00f1o, goce, fantas\u00eda y un designio revolucionario: romper aquel confinamiento y cambiar y mejorar, una lucha para aplacar aquellos deseos y ambiciones que en ellos azuzaban las vidas figuradas, y la curiosidad por despejar las inc\u00f3gnitas de que estaba constelado su entorno.<br \/>Ese proceso nunca interrumpido se enriqueci\u00f3 cuando naci\u00f3 la escritura y las historias, adem\u00e1s de escucharse, pudieron leerse y alcanzaron la permanencia que les confiere la literatura. Por eso, hay que repetirlo sin tregua hasta convencer de ello a las nuevas generaciones: la ficci\u00f3n es m\u00e1s que un entretenimiento, m\u00e1s que un ejercicio intelectual que aguza la sensibilidad y despierta el esp\u00edritu cr\u00edtico. Es una necesidad imprescindible para que la civilizaci\u00f3n siga existiendo, renov\u00e1ndose y conservando en nosotros lo mejor de lo humano. Para que no retrocedamos a la barbarie de la incomunicaci\u00f3n y la vida no se reduzca al pragmatismo de los especialistas que ven las cosas en profundidad pero ignoran lo que las rodea, precede y contin\u00faa. Para que no pasemos de servirnos de las m\u00e1quinas que inventamos a ser sus sirvientes y esclavos. Y porque un mundo sin literatura ser\u00eda un mundo sin deseos ni ideales ni desacatos, un mundo de aut\u00f3matas privados de lo que hace que el ser humano sea de veras humano: la capacidad de salir de s\u00ed mismo y mudarse en otro, en otros, modelados con la arcilla de nuestros sue\u00f1os.<br \/>De la caverna al rascacielos, del garrote a las armas de destrucci\u00f3n masiva, de la vida tautol\u00f3gica de la tribu a la era de la globalizaci\u00f3n, las ficciones de la literatura han multiplicado las experiencias humanas, impidiendo que hombres y mujeres sucumbamos al letargo, al ensimismamiento, a la resignaci\u00f3n. Nada ha sembrado tanto la inquietud, removido tanto la imaginaci\u00f3n y los deseos, como esa vida de mentiras que a\u00f1adimos a la que tenemos gracias a la literatura para protagonizar las grandes aventuras, las grandes pasiones, que la vida verdadera nunca nos dar\u00e1. Las mentiras de la literatura se vuelven verdades a trav\u00e9s de nosotros, los lectores transformados, contaminados de anhelos y, por culpa de la ficci\u00f3n, en permanente entredicho con la mediocre realidad. Hechicer\u00eda que, al ilusionarnos con tener lo que no tenemos, ser lo que no somos, acceder a esa imposible existencia donde, como dioses paganos, nos sentimos terrenales y eternos a la vez, la literatura introduce en nuestros esp\u00edritus la inconformidad y la rebeld\u00eda, que est\u00e1n detr\u00e1s de todas las haza\u00f1as que han contribuido a disminuir la violencia en las relaciones humanas. A disminuir la violencia, no a acabar con ella. Porque la nuestra ser\u00e1 siempre, por fortuna, una historia inconclusa. Por eso tenemos que seguir so\u00f1ando, leyendo y escribiendo, la m\u00e1s eficaz manera que hayamos encontrado de aliviar nuestra condici\u00f3n perecedera, de derrotar a la carcoma del tiempo y de convertir en posible lo imposible.<\/p>\n<p>Discurso en la entrega del Premio Nobel. Estocolmo, 7 de diciembre de 2010.<\/p>\n<div class=\"zemanta-pixie\"><img decoding=\"async\" class=\"zemanta-pixie-img\" alt=\"\" src=\"http:\/\/img.zemanta.com\/pixy.gif?x-id=43f632fc-2c0d-8866-9736-57be342836a6\" \/><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Mario Vargas Llosa Aprend\u00ed a leer a los cinco a\u00f1os, en la clase del hermano Justiniano, en el Colegio de la Salle, en Cochabamba (Bolivia). Es la cosa m\u00e1s importante que me ha pasado en la vida. 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