En una sociedad democrática, el reconocimiento de la diversidad no debe promover jerarquías, el respeto de los derechos implica equidad y no hacerlo es un acto de violencia suprema, expresó Patricia Ponce Jiménez, investigadora del Centro de Investigación y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS)-Golfo, durante su ponencia en la mesa Diversidad sexual, identidades, representaciones, que forma parte del foro Diversidades.
La especialista en familias y relaciones de género expuso que en 2001, la OMS declaró que la homosexualidad es una preferencia sexual tan saludable como la heterosexual y en 2009 la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos colocó el tema en su agenda política; por lo tanto, agregó, para tratar el tema de la diversidad sexual, debemos hacerlo desde el reconocimiento de los derechos humanos.
Señaló que las personas con diferentes preferencias sexuales o diferente identidad de género tienen los mismos derechos que todos los ciudadanos; por lo que es necesario borrar el estigma que le ha adjudicado un sistema basado en androcentrismo y heterosexismo. El binarismo genérico, macho y hembra, es una construcción social, una convención que debe cambiar, indicó.
Finalmente hizo hincapié en que la exigencia del respeto a los derechos humanos es una lucha de todos y todas los que conformamos esta sociedad, quienes debemos pedirle al Estado, partidos políticos, maestros, doctores, que en el ejercicio de su práctica separen su moral de la ética y lleven a cabo su labor como servidores públicos.
Al respecto, puntualizó; “Hoy más que nunca debemos exigirles que cumplan con sus obligaciones, dejando sus creencias y prácticas personales al ámbito privado; también hay que recordarles que no deben permitir que la impunidad campee, que tienen que implementar mejores prácticas para la impartición de justicia y si no pueden que renuncien, que se vayan”.
Por su parte, María Elena Olivera, del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades de la UNAM, en su ponencia "Crítica literaria lesbiana y democratización", dijo que uno de los problema a los que se enfrentan los estudios sobre lesbiandad es que la misma palabra, al insertarse dentro del vocabulario popular y en los medios de comunicación, ha sido despojada de su sentido político.
En ese sentido, indicó que la crítica literaria lesbiana debe entenderse como un activismo toda vez que busca visibilizar un discurso que ha sido constantemente rechazado por grupo conservadores que lo consideran nocivos.
Esta actividad, abundó, permite hacer visible las inequidades que se mantienen en nuestra sociedad, a las cuales las políticas generales no le quieren entrar toda vez que la existencia de grupos marginales pone en entredicho los valores de una parte de la población blanca, masculina, heterosexual y occidentalizada que se entiende mayoritaria y ejerce presión contra otros sectores de la sociedad.
A veces se olvida que los que pertenecemos a grupos marginales también somos ciudadanos y ciudadanas con derechos, dijo.
Finalmente, la investigadora señaló que desde su actividad busca contribuir al proceso de democratización de la sociedad, para que ésta tenga en cuenta la diversidad que la conforma y se pueda crear un mundo menos injusto.
La mesa sobre Diversidad sexual, identidades y representaciones concluyó con la exposición de Amaranta Gómez Regalado, activista social en apoyo a los derechos de la comunidad Lésbico, Gay, Bisexual, Transgénero, Transexual e Intersexual (LGBTTI), quien hizo un listado de identidades transgénero que existen en diversas culturas alrededor del mundo, con especial atención a la comunidad muxhe de Juchitán, Oaxaca, de donde es originaria.