Por: Octavio Bautista Serna
Desde muy pequeño he tenido el interés por los saberes tradicionales, los cuales heredé de mis abuelos y padres en Ahuatitla Arriba, municipio de Chicontepec, Veracruz. El primero fue el náhuatl, que aprendí en casa por mi familia y amigos; el segundo, el español, al cual me familiarizó la escuela por medio de libros y maestros. Mis padres practicaban algunos usos tradicionales de la comunidad, como el Tlaitlanilistli (pedimento de mano de la muchacha); el Konemaltilistli (el primer baño del bebé), y Xantolo (día de muertos), que se celebra con gran intensidad.
La milpa fue uno de los espacios más importantes durante mi educación, ya que no es un simple lugar de trabajo, sino un centro de convivencia y lugar de aprendizaje, un lugar en donde trabaja toda la familia. La milpa no sólo da matas de elotes, sino una diversidad de plantas comestibles que el campesino produce. Mi padre y mi tío practicaban la molienda en la que participábamos todos: mi mamá, mi hermana y mis tías hacían labores de cocina, y mis hermanos, mis primos y yo acarreábamos la caña y hacíamos el pilón. Todas estas actividades se llevaban a cabo en la milpa, pero algunas se han ido perdiendo con el paso de los años.
Durante los últimos semestres de la preparatoria comencé a tomar interés por las necesidades de mi comunidad, pero había varios obstáculos que tenía que enfrentar y que me preocupaban, pues me daba cuenta de que con el tiempo, varios de los jóvenes emigraban a las ciudades. Algunos factores que los empujan son el desempleo, la falta de recursos económicos, la pobreza y la marginación. A mí no me gustaba eso, pues muchos de ellos ya no estudiaban. Fue de esa manera que decidí, en 2006, ingresar a la Universidad Veracruzana Intercultural, sede Huasteca, donde estudié la licenciatura en gestión intercultural para el desarrollo.
En los últimos semestres realicé un trabajo de investigación, junto con Elpidia Cabrera Guzmán, sobre el ritual de Elotlamanilistli, con un grupo de ritualistas de la comunidad de Colatlán, en Ixhuatlán de Madero, Veracruz. Meses después se hizo una recopilación, grabación y edición de cuentos tradicionales, junto con un video documental llamado Elotlamanilistli (ofrenda al elote), con el fin de revitalizar y difundir esta costumbre.
El vocablo Elotlamanilistli proviene de elotl = elote y tlamanilistli = ofrenda. En español puede traducirse como “ritual del elote”; sin embargo, su significado va más allá de una simple acción de ofrendar. Este ritual se realiza a mediados de septiembre en las comunidades indígenas de la Huasteca veracruzana y conserva una estrecha relación con la reproducción agrícola y el pensamiento religioso de los pueblos nahuas de la región.
La música tradicional (que nosotros la clasificamos como sones de costumbre) es común durante el ritual. También está presente la danza o baile del elote y el lenguaje simbólico compuesto por ofrendas, sacrificio de animales, rocío de sangre sobre recortes de papel, limpias y purificaciones con humo de copal.
Para noviembre de 2007 hice, junto a un equipo de promotores, un diagnóstico comunitario en el poblado de Ojital Cuayo, municipio de Ixhuatlán de Madero, con la finalidad de identificar los problemas comunitarios y conocer la relevancia de sus tradiciones y costumbres. Este trabajo cerró el 28 de noviembre del mismo año, con un taller que tuvo por nombre “Conociendo nuestros derechos”, cuyo propósito fue dar a conocer a la población elementos de sus garantías individuales.
Entre el 2010 y 2011 elaboré una investigación en mi comunidad titulada “Monografía de Ahuatitla Arriba, desde una visión auto etnográfica”, y en el curso de este año llevé a cabo un diagnóstico sobre flora y fauna para una asociación civil, en el centro turístico Tlenkuali, titulado “Centro ecoturístico TlenkualiI, patrimonio ambiental cultural”, que fue escrito en náhuatl y español. Este material se hizo con el propósito de resguardar y conservar la biodiversidad regional.