Por: Regina Martínez
Miércoles, 12 de Octubre de 2011.- Habitantes de diversas regiones indígenas de la entidad, lamentaron que actualmente estos pueblos sigan viviendo en el olvido, en la marginación y la pobreza, y dominados por compañías extranjeras que continúan saqueando las riquezas de sus comunidades, “igual que cuando los españoles dominaban al país”.
Con motivo del Día de la Raza, habitantes de las regiones indígenas de la Huasteca, Totonacapan, Soteapan y de Los Tuxtlas, criticaron a las autoridades de los tres niveles de gobierno de continuar aplicando una política de exclusión contra los pueblos originarios, ya que a la fecha “seguimos en el olvido”.
Las comunidades y organizaciones adheridas al Movimiento Agrario, Indígena, Zapatista (Maíz), subrayaron que a 519 años de explotación y miseria, “declaramos hoy 12 de octubre como día de la resistencia y la dignidad de los pueblos”, ya que con el gobierno de Felipe Calderón sigue la exclusión y pobreza en los pueblos indígenas de México.
En conferencia de prensa, los activistas criticaron las políticas aplicadas por las autoridades en el combate a la delincuencia, “al desatar una guerra de exterminio y sometimiento supuestamente para combatir al crimen organizado que ha dejado más de 50 mil muertes con una estela de desolación, miseria, soledad, destrucción del tejido social en las comunidades, aldeas y barrios”.
El representante de esta organización en el municipio de Coyutla, Nemesio González, señaló que en la actualidad estos pueblos siguen sufriendo discriminación no solo por el color de su piel, sino por la lengua que hablan y a la etnia a la que pertenecen, “pues no ha habido cambios, sino que seguimos igual de pobres y marginados”.
A pesar de la situación que ancestralmente han enfrentado los pueblos indígenas, subrayó que los gobiernos, tanto estatal como federal, en lugar de atender los problemas que padecen han reducido los apoyos destinados al campo, reduciendo el presupuesto en este rubro en un 20 por ciento en los últimos años.
“Como indígenas campesinos, hemos observado que en los últimos años el gobierno se ha desentendido de las necesidades de los campesinos, que somos los que producimos alimentos, ya que ha decidido destinar más recursos al Ejército y a la guerra contra el narcotráfico que reactivar al campo mexicano”, se quejo el indígena totonaco.
Esta situación, subrayó, ha provocado que los jóvenes de sus comunidades hayan optado por emigrar a las grandes ciudades, como Monterrey y otras del norte del país donde hay industrias y fuentes de trabajo, “porque el cultivo en el campo ya no les interesa ya que no tienen cómo vivir”.
Por ejemplo, dijo, en la comunidad de Las Chacas, municipio de Coyutla, actualmente han emigrado entre 300 y 400 jóvenes de los 2 mil habitantes que había en ese pequeño poblado de la sierra del Totonacapan, “porque al no tener oportunidades prefieren irse a buscarle por otros lados, porque los apoyos al campo no llegan”.
Ante ello, señaló que es urgente que los propios pueblos indígenas se organicen para rescatar su cultura de manera integral, los valores y tradiciones para conservar sus raíces, aunque para ello, “necesitamos que el gobierno y la sociedad vean un poco más al campo, que lo apoyen y que inviertan para que nosotros podamos seguir sobreviviendo y produciendo alimentos”.
Los pueblos indígenas se enfrentan a otros problemas, entre ellos, el de la educación, señaló por su parte Julio César Primo Pascual, al explicar que en la región de Soteapan los jóvenes difícilmente pueden ingresar a estudios de nivel superior como en el caso de su comunidad, de 500 estudiantes que salen del bachillerato solo un 5 o 10% puede continuar una carrera universitaria.
El coordinador de Maíz en la región de Soteapan, al sur de la entidad, explicó que muchas veces los jóvenes no pueden continuar sus estudios no solo por la falta de recursos y los costos que significan para las familias indígenas, sino por las grandes distancias que tienen que recorrer para llegar a las escuelas, “a veces tenemos que caminar hasta 4 kilómetros de ida y vuelta”.
No obstante, subrayó que el mayor problemas para las familias indígenas son los altos costos que tienen que pagar para que sus hijos puedan seguir estudiando, pues solamente el pago de inscripción va de los 500 a los 2 mil 500 pesos, según el nivel de estudios, “es un dinero que muchos no tenemos en nuestras comunidades”.
A pesar de que la Universidad Veracruzana (UV) ha puesto en marcha algunas carreras en esa región del estado, “no son las que realmente necesitamos nosotros, pues están ofreciendo las carreras de gestión intercultural, desarrollo sustentable, pero nosotros necesitamos agrónomos, especialistas que apoyen a la producción del campo, para evitar que nuestra gente siga emigrando”.
Jóvenes de comunidades indígenas también tienen derecho a la educación
por Ángeles Godoy Morales
Xalapa, Ver. 12/10/2011.- “De 500 jóvenes que salen de nivel medio o bachillerato tan sólo 10 tienen acceso a continuar una carrera universitaria Nuestros jóvenes tienen el derecho a la educación, pero no tenemos la posibilidad de darles estudios a nuestros hijos”, declaró Julio César Primo Pascual, coordinador de la organización Maíz del municipio de Soteapan.
En conferencia de prensa, señaló que la educación para los jóvenes de comunidades indígenas muchas veces no es accesible, no sólo por el costo, sino por las distancias. Así también mencionó que el gobierno sólo ofrece opciones que a ellos no les sirve para su desarrollo.
Precisó que la educación es carísima, ya que el costo de la inscripción va de 500 a 2 mil 500 pesos lo cual representa un gasto que no pueden pagar. Aunado, está la situación que tienen que trasladarse a otras ciudades para estudiar y se encuentran con que son escuelas de paga que tampoco pueden costear.
“No están preparando a los jóvenes para nuestros servicios. Necesitamos médicos. La Universidad Veracruzana tiene dos carreras en la zona náhuatl sólo tiene a la DUVI que le llaman, ofreciendo tres carreras: gestión intercultural, desarrollo sustentable, pero necesitamos también ingenieros agrónomos, alguien que sepa de cómo asesorarnos en cuanto a la tierra que se está acabando por ejemplo con los famosos agroquímicos”.
Expresó que esto también obliga a que los jóvenes emigren y dejen sus tierras buscando nuevas opciones, “se van alrededor de 200 jóvenes al mes a lugares como Sonora, Sinaloa, Baja California. Tienen la ilusión del sueño americano, pero lo poco que les pagan en los estados del norte no les da para saltar a Estados Unidos”.
Contó el caso de un vecino que se trasladó a Estados Unidos que sólo regresó con mil quinientos pesos. Resaltó que esto ocurre en la Sierra de Santa Martha.
“Pareciera que nos estamos en el encuentro entre dos mundos, con los que tienen y los que no tenemos. Todos tenemos derecho a la educación, a la salud y a la alimentación”.
Concluyó diciendo que esta situación de no acceso a la educación obliga a los jóvenes a madurar muy rápido porque se casan y no encuentran empleo para sostener a una familia. La edad promedio para que contraigan matrimonio oscila entre los 15 y 17 años.