Bosquejo Histórico
La Unidad de Servicios Bibliotecarios y de Información tiene su antecedente inmediato en lo que fue la Biblioteca Central, constituida con las publicaciones que resguardaba la Biblioteca del Consejo Universitario y ésta, a su vez, se formó con algunas publicaciones de las primeras bibliotecas públicas creadas un poco antes de firmar la Constitución de 1917.

El 4 de octubre de 1915 se promulga la ley para la creación del Consejo de Educación Superior que establecía que la educación quedaba a cargo del estado y de los municipios, siendo laica y gratuita. Mediante esta ley el Gobernador Cándido Aguilar intenta edificar un aparato de estado sobre el cual se podían sostener sus actos gubernamentales e ideológicos (Corzo Ramírez: 1986, 119). El Consejo tuvo una vida muy corta y efímera, ya que la ley quedó abrogada en 1916. Éste, como otros órganos creados durante el periodo de la Revolución Mexicana se instituían por ley, pero desaparecían siendo proyectos políticos personales. Agreguémosle a ello el constante cambio de gobernadores a la cabeza de los estados que no permitían que un proyecto de estado se consolidara y desarrollara con continuidad. No obstante, en este periodo se constituye muy azarosamente lo que fue la primera biblioteca pública de Xalapa, cuyo proyecto se aprobó en diciembre de 1915, asignándosele un presupuesto de 50.00 pesos mensuales, cantidad con la que cubrían las necesidades básicas, como el pago de encuadernación de libros, pago de sueldos, etc.; presupuesto que fue suspendido en un corto tiempo “quedando pendientes algunas cuentas de encuadernación de libros y la hechura de muebles para colocar en ellos algunas obras místicas que se depositarían en un departamento especial de la biblioteca” (CIDU, AHUV, Sección: Bibliotecas; 1916). Las irregularidades financieras fueron muchas, sin embargo, a pesar de ser una biblioteca pública en ciernes que funcionaba azarosamente, era observada por un reglamento que, entre otras cosas, mencionaba:

“ La persona que maltrate un libro cortando estampas, arrancando hojas, escribiendo en él, marcando o tildando lo impreso, etc., está obligado a pagar el importe del libro, conforme al precio de factura, marcado en los catálogos de las librerías de México sin que por eso adquiera la propiedad de la obra maltratada, que seguirá perteneciendo a la biblioteca, si la obra fuere rara o manuscrita, la indemnización se hará a juicio de un perito nombrado por el director.
No se volverá a prestar ningún libro a las personas que hayan cometido alguna de las faltas expresada en el artículo anterior.
Las personas que deseen tomar nota de algunas obras no podrán hacerlo sino con lápiz, y al efecto se les facilitarán los medios de verificarlo, en caso de que lo soliciten.”

La primera biblioteca pública se formó y funcionaba con libros del que había sido Gobernador del Estado en el periodo dictatorial porfiriano, Don Teodoro A. Dehesa, cuyas publicaciones datan del México Virreinal. Sobre esto, Corzo Ramírez comenta en su libro “...Nunca un desleal: Cándido Aguilar 1889-1960” sobre la respuesta que el Gobernador Cándido Aguilar da en una de sus cartas a Venustiano Carranza:

“ ... sería conveniente esperar un poco antes de entregar a Teodoro A. Dehesa su nutrida biblioteca como le había pedido. Dos son los motivos que Aguilar aduce para retrasar la entrega; en primer lugar, que los mencionados libros formaban la casi totalidad de la biblioteca pública de Xalapa, la cual tendría que clausurarse si se hiciera la referida entrega; en segundo término, que el hecho de cerrar la biblioteca por tal motivo ocasionaría que sus enemigos lo atacaran de “dehesista”, sin serlo.” (Corzo Ramírez: 1986, 211)


En 1916 asume la gubernatura el General Heriberto Jara Corona, quien el 14 de septiembre promulga la Ley No. 32, por la que se crea la Secretaría de Educación Pública, la cual tendría el mismo nivel que el Secretario General de Gobierno. Pero como la educación estaba a merced de los políticos que aparecían y desaparecían continuamente del escenario, en octubre de ese mismo año, Jara queda fuera del poder. Los subsecuentes, Coronel Miguel Aguilar y Adalberto Palacios, no le dieron la importancia que merecía (Hernández Palacios: 1988, 32).

Entre todo esto, la ideología de algunos personajes públicos no comulgaba con la de la iglesia; así, por la efervescencia social y política que se vivía, el socialismo y la religión no podían mancomunarse; de esta forma la iglesia del Sagrado Corazón de Jesús, llamada también del Beaterio, fue tomada en uno de los tantos movimientos revolucionarios y acondicionada para dar alojo a esta primera biblioteca. Sin embargo, el cobijo que la iglesia le dio fue muy corto, ya que el 19 de mayo de 1919, el Oficial Mayor de la Secretaría de Gobernación, mediante oficio, expresó a las señoras María E. de Gorozpe y Dolores Zulueta, quienes representaban a la comunidad católica para la recuperación del templo al culto, lo siguiente:

“ ... en respuesta al atento oficio de ustedes dirigido al C. Presidente de la República con fecha 3 de marzo próximo pasado, les manifiesto que esta Secretaría concede permiso para que los templos de San José y Sagrado Corazón de Jesús, ubicados en ese lugar, así como las 2 casas adyacentes, sean reconstruidas por cuenta de los vecinos de ese lugar y puestas al servicio del culto católico.” (CIDU, AHUV, Sección Bibliotecas, 1919)

Como resultado de lo anterior, la Biblioteca comienza un nuevo peregrinaje, pues en uno de los documentos localizados, Fernando César, entonces Director de la Biblioteca Pública, dice:

“ ... habiendo acordado la devolución del edificio que ocupa esta biblioteca y que por lo tanto debo buscar lugar donde trasladarla, ya sea en el Palacio de Gobierno o en otro edificio, he de manifestar a usted que con ese objeto he visitado tanto dicho palacio como el de justicia...y que el local que me ha parecido más apropiado para dicho fin es el que ocupa la H. Legislatura, pues aunque en el salón que era de sesiones quedan algunos estantes con parte del archivo del H. Cuerpo, a mi entender podrían trasladarse a los salones que quedan atrás de dicha sala, o si ésto no fuera posible, en los 2 primeros salones que están completamente vacíos que hay en la parte baja del Palacio de Justicia, para en ellos guardar todos aquellos libros en su mayoría en latín y casi todos de ciencias eclesiásticas, que hay en esta biblioteca y que carecen de estantes donde colocarlos.” (CIDU, AHUV, Sección Bibliotecas, 1919)


El traslado de la biblioteca se hizo el 27 de agosto de ese año, entregándose el edificio de la iglesia del Beaterio al Sub-administrador de bienes intervenidos para que le diera su cauce. Como ya se señaló, la biblioteca estaba formada por la colección de Don Teodoro A. Dehesa, (gobernador culto y coleccionista de grandes obras), y es por ello que, en esa biblioteca itinerante se custodiaban libros en latín y de “ciencias eclesiásticas”, posiblemente de la época virreinal y esto hace suponer que algunos libros que custodia la Biblioteca Central en sus Colecciones Especiales, pertenecían a dicha colección. Al desaparecer el Consejo de Educación Popular se decreta la Constitución Política del Estado de 1917, que en su artículo 68 hace referencia a la creación de la Universidad por el Ejecutivo del Estado, donde menciona que en caso de que no se pudiera establecer, “la enseñanza quedará a cargo de un Departamento Especial del Ejecutivo, llamado Departamento Universitario, organizado conforme a la ley especial y cuyo jefe sería nombrado por el Gobernador, con quien también acordaría.” (Hernández Palacios: 1988, 33). La jerarquía que se le estaba dando era de alto nivel, ya que sólo acordaban con el gobierno quienes estaban en un estatus superior. En este sentido, la educación fue tomando su cauce paulatinamente, y no fue sino hasta el 15 de enero de 1919, que el Gobernador designa como Jefe del Departamento Universitario al Dr. Manuel Suárez Trujillo, quien había hecho una labor determinante para su establecimiento, enfrentándose a las dificultades y carencias que implica una sociedad envuelta en constante movimiento revolucionario.

Así, el Departamento Universitario acogió tanto a las escuelas de enseñanza media como a las técnicas y agrícolas de todo el estado, y a la única de nivel superior que hasta ese momento existía, la Facultad de Jurisprudencia, que había venido funcionando con todas sus vicisitudes desde 1843, acogió también a las pocas bibliotecas que funcionaban en el estado, más las que se fueron creando como parte de las mismas escuelas impulsadas por el propio Departamento Universitario en regiones estratégicas. Las escuelas primarias fueron regidas por la Dirección General de Educación (Blázquez Domínguez: 1986, 5318-5319).

El Departamento Universitario representó lo que sería la Universidad Veracruzana e impulsó la creación de numerosas escuelas secundarias, preparatorias, las de enfermeras y parteras, las libres de artes y oficios y mantuvo funcionando eficazmente la única de nivel superior que para entonces se le denominaba Escuela Libre de Derecho. Después de 25 años de vida del Departamento Universitario, el 28 de agosto de 1944, el Licenciado Jorge Cerdán,
Gobernador del Estado, promulgó el Estatuto Orgánico de la Universidad Veracruzana, mediante el cual se crea la máxima institución educativa en el estado de Veracruz, cuya inauguración se hizo el 11 de septiembre de 1944, haciendo el propio Gobernador entrega del edificio en que tendría sede la rectoría, convirtiéndose en una institución pública con personalidad jurídica, cuyo centro sería la capital del estado y que tendría bajo su responsabilidad “a las escuelas profesionales, artísticas, especiales y de estudios superiores y bajo su inspección funcionarían las escuelas particulares de la misma índole, formándose así también el Consejo Universitario. Se designa como rector de la misma al Dr. Manuel Suárez Trujillo, quien se encargaría de hacerla funcionar (Memoria de la Universidad Veracruzana: 1951-1956, 12). De esta manera el Departamento Universitario se convierte en Universidad Veracruzana, cuya tarea sería la de:

“ Establecer la investigación científica, artística, etc., en beneficio de las clases laborantes y de la comunidad en general y cooperar con la investigación particular u oficial relativa. Impartir la enseñanza universitaria en los términos del artículo 7º del estatuto orgánico; normar y reglamentar el ejercicio de ella y expedir los títulos y diplomas respectivos. Fomentar la cultura en general” (Estatuto Orgánico de la Universidad Veracruzana, 28 de agosto de 1944)

Habiéndose establecido formalmente la Universidad Veracruzana, empieza su crecimiento cultural más acelerado, tanto en la enseñanza media como en la superior; así también se crean 2 dependencias que desarrollan investigación: el Departamento de Arqueología y el Seminario de Historia. Las bibliotecas que tenía bajo su responsabilidad, según lo registra la Memoria de la Universidad Veracruzana de 1951 a 1956, son:

“ Todas las escuelas dependientes de la Universidad Veracruzana tienen bibliotecas, pero aparte de éstas, la Universidad controla las siguientes:

Biblioteca del Consejo Universitario:

Fue fundada el 15 de septiembre de 1944 y situada en el salón de sesiones del Consejo Universitario. Como base se tomaron los volúmenes que resguardaba la biblioteca del Departamento Universitario a los cuales se añadieron obras adquiridas posteriormente, como por ejemplo, parte de la Biblioteca de don Teodoro A. Dehesa. En total la biblioteca contaba con 2,200 volúmenes y fue dividida en diez secciones: generalidades, filosofía, religión, ciencias sociales, filología, ciencias puras, ciencias aplicadas, artes y deportes, literatura e historia y geografía.

Biblioteca Pública del Estado:
Fundada en la ciudad de Xalapa en 1943 por la Secretaría de Educación Pública. Constaba de 5,500 volúmenes que comprendían nueve secciones, con predominio del área de Literatura.

Biblioteca Rafael Delgado:
Biblioteca establecida en la ciudad de Orizaba en el edificio que ocupaba la Escuela Secundaria y de Bachilleres. Tenía siete secciones, con predominio de Literatura y un total de 1,515 volúmenes empastados y 1,279 en rústico más una hemeroteca.

Biblioteca Francisco Díaz Covarrubias:
Estuvo situada en el Centro Escolar Obrero y fue una de las más ricas del Estado, en cuanto al material bibliográfico y hemerográfico”. (Memoria de la Universidad Veracruzana: 1951-1956, 86-87)

En la citada Memoria se señala que la Biblioteca del Consejo Universitario y la Pública del Estado son dos entidades distintas, sin embargo, se había mencionado anteriormente que la Biblioteca de Don Teodoro A. Dehesa estaba en poder de la Pública, lo que indica que ésta finalmente fue devuelta, en algún momento, a sus propietarios y posteriormente adquirida por lo que había sido el Departamento Universitario o por miembros del Consejo Universitario. En tanto, la Biblioteca Pública dejó de funcionar para reinaugurarse en 1943. Estas bibliotecas, aún cuando dependían de la Universidad Veracruzana, funcionaban de forma independiente y no había una que rigiera a las demás.

En 1957 por iniciativa del Dr. Gonzalo Aguirre Beltrán, entonces Rector de la Universidad Veracruzana, se proyecta la creación de la Biblioteca y Archivo, donde se pretendía reunir en conjunto la Biblioteca de la Facultad de Filosofía y Letras, entidad a la que se le había transferido la Biblioteca del Consejo Universitario y los archivos de notarías existentes en el Estado que tuvieran la antigüedad suficiente para su resguardo.(CIDU, AHUV, Sección Bibliotecas: 1957).

Así, “la creación de la Biblioteca Central, que, además de proveer servicios a la comunidad, coordinaría en su medida la actividad de las bibliotecas creadas en las facultades de la Universidad en diversas ciudades, y que incluso fue prototipo de organización y calidad de los servicios, no obstante corresponder a una necesidad indubitable y por lo mismo contemplada con anticipación. Dicha empresa se acometió con información e ideas avanzadas, a resultas de lo cual el edificio, pudo ser, en su tipo y en su tiempo, único y ejemplar en el país y la región” (Maestro Dante Gómez Cervantes, inédito).


La Universidad Veracruzana fue la primera institución estatal que construyó un edificio ex profeso para el resguardo de su acervo bibliográfico y archivístico, cuyo objetivo fue el de encargarse del acopio de documentos valiosos que se encontraban dispersos, así como complementar la función educativa con la de la investigación en la consulta de la bibliografía (Mendoza Bridat, Alberto: La palabra y el Hombre, No. 4, 1957, octubre-diciembre).

La construcción del edificio estuvo a cargo del arquitecto Alberto Mendoza Bridat; obra calificada entonces como una de las más funcionales y modernas del país, construida como a continuación menciona su autor:

“ El edificio consta de dos plantas rectangulares y una torre para depósito de libros. En la primera planta al nivel del piso se localiza el acceso principal y de empleados, el archivo para el acopio de documentos destinados a la investigación; la filmoteca, taller de fotografía y microfilms; talleres de encuadernación, reparación y maniobras, además los servicios sanitarios y circulaciones tanto escalinatas, como elevador individual para el servicio de entrega y recibo de libros.

En la segunda planta se encuentra la gran sala de lectura con cuyo ventanal se piensa dotarla de buena iluminación natural. En la parte sur de esta sala estará la vigilancia y entrega y recibo de libros y el catálogo giratorio en sentido horizontal que facilitará la búsqueda de obras y dará una mejor función para este servicio. En el extremo poniente de este salón se han proyectado los cubículos para investigadores.

En el extremo oriente y en mezanina se proyectaron; la dirección, la secretaría y un pequeño salón para exhibición de películas y auditorio para conferencias.

Por lo que se refiere al depósito de libros se ha proyectado en cuatro plantas con capacidad cada una para diez mil volúmenes, más una planta al nivel de la sala de lectura que estará destinada a hemeroteca y depósito de libros para préstamo a estudiantes, con capacidad para cinco mil volúmenes. (Mendoza Bridat: La palabra y el Hombre, No. 4, 1957, octubre-diciembre)

“ En el proyecto original se consideraba una distribución de espacios, destinados a la realización de los distintos aspectos del trabajo y servicio bibliotecarios, que no se reflejó puntualmente en los hechos, entre otros motivos porque algunos de tales espacios fueron utilizados para fines ajenos, de modo que, en diversos tiempos tuvieron acomodo allí: el Seminario de Historia Contemporánea, la Tesorería de la Universidad, el depósito de las ediciones y las publicaciones de la editorial universitaria. Pero, ciertamente, la distribución más duradera y ortodoxa fue la siguiente: en la primera planta, la Dirección, el área administrativa y la de procesos técnicos; en la segunda, los servicios al público, y por lo mismo: el mostrador de préstamo, los catálogos, la gran sala de lectura, el área de consulta, y, en el extremo oriente de esa planta, y en mezanina, los cubículos para investigadores y la sala de lectura de la Hemeroteca; en la torre, de cuatro plantas, el depósito de libros – tanto clasificados como sin clasificar – y de publicaciones periódicas. Andando el tiempo fueron también ubicados en la planta baja los Archivos Notariales de Orizaba, Córdoba y Xalapa, y una mapoteca, y, hacia el final de la vida bibliotecaria del edificio, el pequeño pero bien instrumentado Centro de Información y Documentación para la Docencia y la Investigación (CIDDI) de la Dirección de Bibliotecas, genuino basamento de los ulteriores servicios informáticos de las bibliotecas de la Universidad” (Maestro Dante Gómez Cervantes, inédito).“


El edificio fue inaugurado el 6 de noviembre de 1960 por el presidente Adolfo López Mateos. En ese contexto, Enrique Cruz Huerta, exdirector de la Biblioteca Central comenta:

“ los detalles que adornan su arquitectura, y que representa a los actores principales del movimiento revolucionario de Veracruz refiriéndose al mural pintado por Mario Orozco Rivera, en la escalera que da acceso al área vestibular, así como los cuatro relieves de madera situados al fondo de la sala mayor de lectura que representan las artes y, al adolescente recientemente bautizado como “El pensador” obra de Kiyoshi Takahashi (Hernández Palacios: 1988)”.


Cuando se fundó la Biblioteca Central fungía como responsable de la misma Surya Peniche de Sánchez MacGregor; posteriormente quedó como responsable Isabel Martínez de Robles y de 1966 a 1972 el Maestro Dante Gómez Cervantes. La biblioteca tenía una capacidad para resguardar 45 mil volúmenes y para 1963 contaba ya con 25 mil, cuyo crecimiento se preveía de 2 mil ejemplares por año. Para 1969 contaba ya con alrededor de 48 mil ejemplares; las perspectivas, habían sido rebasadas y la necesidad de espacio para crecimiento era imperiosa desde entonces.

“ El proyecto de la Biblioteca Central incluía, desde luego, previsiones sobre su crecimiento “tanto horizontal para el aumento de salas de lectura, como vertical para el depósito de libros”, pero eso también se vio afectado y prácticamente anulado, tanto por el crecimiento, acaso no debidamente planificado, de las dependencias académicas de las inmediaciones, como por los requerimientos espaciales del sector administrativo de la Universidad, que, para el caso, significaron la inopinada concesión a éste de un edificio adyacente, construido para albergar a la Hemeroteca y al CIDDI.

Sin embargo no se le puede regatear a la Biblioteca Central el haber constituido un hito en la historia bibliotecaria de la Universidad Veracruzana. Las razones de ello son las siguientes, entre otras: fue la primera biblioteca en contar con edificio e instalaciones adecuados a sus fines; la primera también en haber integrado un acervo, de libros y revistas, principalmente idóneo y cuantioso - de entre cuyos componentes vale señalar como ejemplo, por su cuidada selección y su representatividad temática, la sección de obras de consulta - la primera en haber organizado sus recursos documentales y servicios de acuerdo a los cánones establecidos por la ciencia y la práctica bibliotecaria de entonces; la primera en ser dirigida por una bibliotecaria profesional; la primera en contar con una plantilla numerosa compuesta mayormente por personas con diverso grado de preparación universitaria si bien no bibliotecológica, suficiente al principio para atender los diversos servicios y a sus usuarios; la primera en instaurar el préstamo a domicilio, etc. (Maestro Dante Gómez Cervantes, inédito)“.

Citas Bibliográficas

Blázquez Domínguez, Carmen. Informe de los Gobernadores 1826-1986, Gobierno del Estado de Veracruz, 1986.

Hernández Palacios, Aureliano. Testimonio de la Universidad Veracruzana, Estudios Jurídicos y Políticos, Universidad Veracruzana, Xalapa, 1988.

Centro de Investigación en Documentación sobre la Universidad, Fondo: Archivo Histórico de la Universidad (AHUV), Sección: Bibliotecas, exps. 85, 193, 6, 21, 5, 50, 2, 6 (1960), 61, 14.

Corzo Ramírez, Ricardo. ...nunca un desleal: Cándido Aguilar, 1889-1960, El Colegio de México, Gobierno del Estado de Veracruz, 1986.

Maestro Dante Gómez Cervantes, texto inédito.
Memoria de la Universidad Veracruzana, 1951-1956, Xalapa 1956

Mendoza Bridat, Alberto. La Biblioteca Central de la Universidad Veracruzana, en La Palabra y el Hombre, No. 4, octubre-diciembre, Xalapa, Ver. 1957.